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ELECCIONES DEL 2018 EN CUBA Y LATINOAMÉRICA. PRIMERA PARTE

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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ELECCIONES DEL 2018 EN CUBA Y LATINOAMÉRICA. PRIMERA PARTE
« en: Febrero 07, 2018, 08:34:59 pm »
                 ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                        Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

                   ELECCIONES DEL 2018 EN CUBA Y LATINOAMÉRICA. PRIMERA PARTE

 
En el 2018 varios países de América Latina podrán experimentar nuevos bríos a partir de las elecciones presidenciales que tendrán lugar en países como México, Colombia, Brasil, Costa Rica, Cuba y Paraguay, algo que ya está siendo motivo de algunos análisis, y sobre todo de múltiples comentarios en los casos específicos de países como Colombia y Cuba, dadas sus particularidades, aunque ahora se suman las especulaciones en torno al inesperado anticipo venezolano que acaba de anunciar su ilegítima Asamblea Constituyente.   

Analicemos algunos de los principales aspectos que caracterizan a las naciones que tendrán sus comicios dentro del contexto regional, considerando aquellos elementos que pudieran ser determinantes para que tengan lugar de la forma más exitosa posible, al menos en aquellas naciones donde existe un mínimo de respeto a la democracia, algo que lamentablemente no se cumple en todos los casos, así como los desafíos que han de enfrentar quienes salgan triunfantes en esas consultas.

En América Latina resulta significativo un extraordinario contraste en lo político, lo social y lo económico, lo que deriva en una diversidad de situaciones disímiles para cada país. Esto determina que la extensa región sea una zona de desigualdad significativa en la que contrastan países de cierto desarrollo económico como Costa Rica, Panamá, Chile y Argentina, en contraposición con otros como Paraguay, Ecuador, Venezuela y Honduras, cuyos índices de pobreza son alarmantes; o de naciones como Costa Rica y Uruguay, que son ejemplos de democracia ante el mundo, los que le hacen la contrapartida a otras como Cuba y Venezuela, cuyos sistemas dictatoriales se caracterizan por el absolutismo y la represión.

En medio de esta variabilidad democrática el 2018 promete ser un año de grandes cambios, aunque muchas cosas están aún por definirse en torno al tema de las elecciones que tendrán lugar en la enorme extensión que el colosal cubano, que hemos recordado sobremanera por estos días, definiera como “Nuestra América”.

El domingo 4 de febrero los costarricenses elegirían al sustituto de Luis Guillermo Solís, en tanto que en Ecuador tuvo lugar la esperada y controversial Consulta Popular y Referéndum, que independientemente de no ser unas elecciones propiamente dichas, será incluida en este análisis considerando su connotación política no solo para Ecuador, sino para la región. No obstante, estas dos naciones serán analizadas detenidamente en la segunda parte de este trabajo que saldrá en la próxima edición una vez que tengamos los resultados definitivos de los eventos de ambos países.

Para el mes de abril están previstos los “comicios” en Cuba -que con sus particularidades como antítesis de todo lo que tenga relación con la democracia, cualquier término o concepto resultan inadecuados para abordar el tema-  y Paraguay, mientras que en mayo serán en Colombia, y en julio en México, quedando para el mes de octubre la esperada contienda en Brasil; aunque el régimen madurista haciendo gala de sus poderes absolutos para manipular a su capricho los designios del país ha determinado realizar su simulacro electoral de manera adelantada en el primer cuatrimestre del presente año.

Así las cosas, analicemos pues algunos aspectos en torno al tema de las elecciones en países como Cuba, Paraguay, México y Colombia en esta primera parte, dejando para un segundo momento Costa Rica, Brasil y Venezuela, así como un comentario sobre la Consulta Popular y Referéndum convocado por la presidencia de Ecuador, país que tuvo sus comicios el pasado año. 

“Elecciones” en Cuba. El continuismo político está garantizado, su farsa electoral está diseñada para permitirlo.

En abril no solo tendrán lugar los comicios en Paraguay, sino también en Cuba, y aunque me resulta extremadamente difícil poder decir “comicios” -en este caso escribir- teniendo en cuenta el significado del término, tendré que hacerme entender de alguna forma. Así que lo primero que hemos de hacer para abordar el tema de las “elecciones” en Cuba es ratificar que en esta nación no hay elecciones propiamente dichas, sino un proceso que el régimen ha querido denominarlo de esta forma, pero que carece de aquellos elementos mínimos como para poder ubicarlo en esta categoría.

Según la investigación de The Economist Intelligence Unit citada en artículos anteriores, que examina el índice democrático en América Latina mediante fortalezas y debilidades, Cuba ocupa el peor lugar de la región -y preciso a mis lectores que la fuente me resulta confiable, no solo por su precisión y seriedad, lo que no significa la posibilidad de algún pequeño sesgo, dada la magnitud del tema y la subjetividad de algunos de los parámetros evaluados, sino por su imparcialidad, y por la coincidencia entre las caracterizaciones hechas para las diferentes categorías con los hechos en el orden práctico- con una puntuación de 3.52, incluso por debajo de Haití que obtuvo 3.82, y en el lugar 127 del ranking mundial, lo que indica que está en la categoría de regímenes autoritarios, cuya puntuación es por debajo de 4, caracterizados por pluripartidismo político ausente, se les considera dictaduras, las elecciones, de haberlas, ni son libres ni justas, se reprime la crítica al gobierno, y no existe poder judicial independiente, lo que sin duda es el retrato fiel del régimen castrista.

Mientras que todas las naciones de la región -independientemente de las manipulaciones, las acciones fraudulentas y las dudas de la transparencia, entre otros males- conocen previamente los candidatos a la presidencia y vicepresidencia del país, sus características, su postura política, el partido al cual representan, etc., en Cuba se desconocen los candidatos presidenciales, algo que tiene su “justificación” en la idea de una “inexistencia de campañas electorales discriminatorias, millonarias, ofensivas, difamatorias y denigrantes. Los candidatos no pueden hacer campañas a su favor”, según lo establecen las inviolables leyes cubanas.

La investigadora Marlene Azor ha resumido magistralmente el sistema eleccionario cubano como una farsa, la “farsa de las elecciones cubanas sin candidatos independientes al Partido y a las comisiones de candidaturas no se puede discutir. El Gobierno cubano como el de cualquier otra dictadura de partido único -como la de Teodoro Obiang a quien Evo Morales aspira a copiar-, copió el sistema soviético de elecciones con supuestos 90 por cientos de apoyo al régimen político con represión y fraudes electorales”.

Pero este aspecto resulta extremadamente ambiguo, toda vez que, independientemente de que “los candidatos no pueden hacer campañas”, no existen candidatos establecidos optando por la presidencia del país, sino que esto se refiere a los candidatos a las asambleas municipales del gobierno, que en realidad son por los únicos que vota el pueblo, es decir, que la participación popular queda limitada a este primer peldaño, que los comunistas cubanos han denominado elecciones parciales, y que de acuerdo a la Ley No. 72 de 1992, de la Ley Electoral, en dichas elecciones parciales se elige a los delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular y sus Presidentes y Vicepresidentes, proceso que tiene lugar cada dos años y medio.

Al no existir candidatos, al menos conocidos para el pueblo, a la presidencia del país, las campañas -que de cualquier modo están prohibidas- carecen de sentido, suponiendo que se pudieran hacer. El no al pluripartidismo presupone el hecho que desde el seno del partido único, el Partido Comunista de Cuba, salgan las “propuestas”; pero dichas propuestas son desconocidas por el pueblo cubano, que ofreció su “voto” por un candidato municipal, que al propio tiempo lo hizo a favor de otros candidatos provinciales, y así sucesivamente de modo algorítmico hasta llegar a los diputados de la Asamblea Nacional, y todo un diabólico mecanismo incomprensible que, en última instancia, “dicen” que “eligen al presidente”, algo que tiene lugar con un secretismo total, y de manera esquemática “aprueban” por “unanimidad” al presidente del país, en este caso, el presidente del Consejo de Estado, lo que también reestructuró el llamado líder histórico de la revolución cubana en 1976, con lo que asumía de manera absoluta todos los poderes, al menos de manera oficial, por cuanto ya lo había hecho desde los años iniciales de su tenebroso mandato.

Así las cosas, en Cuba, las elecciones, “de haberlas, ni son libres, ni justas”, según ha caracterizado The Economist Intelligence Unit en la categoría de regímenes autoritarios. De más está entrar en detalles acerca de la participación popular, algo que ha estado disminuyendo, aunque discretamente en los últimos tiempos, independientemente de la falsedad de los datos y de las condicionantes represivas por las que el pueblo asiste masivamente a las urnas, así como del grado de una transparencia innecesaria, toda vez que los diputados nacionales eligen de manera unánime, sin abstenciones y sin votos en contra.

Cuba registró en el 2017 la peor cifra de participantes en la historia de sus “elecciones” municipales, un récord de participación de solo 85,9% votantes, la cifra más baja desde las primeras elecciones a las Asambleas Municipales realizadas en 1976.


             


Respecto a los posibles sucesores del dictador de turno, el general Raúl Castro, prefiero no profundizar en el tema para no contribuir a una polémica un tanto estéril. Téngase en cuenta que el secretismo de estado caracteriza al régimen comunista cubano, y ante la no difusión oficial de posibles sucesores del anciano presidente los analistas, comentaristas y políticos de posiciones de derecha han estado ofreciendo sus versiones al respecto, unas muy coherentes y con posibilidades de acertar en sus pocos candidatos, entre los cuales sobresale Miguel Díaz-Canel Bermúdez, de 57 años, actual Vicepresidente Primero de los Consejos de Estado y de Ministros, exprofesor universitario, quien pudiera ser el candidato “preferido”. Sin que dejemos a un lado al actual canciller Bruno Rodríguez Parrilla, de 60 años, licenciado en derecho, y que ejerció como profesor de Derecho Internacional Público en la Universidad de La Habana. Y aunque la balanza se inclina  a favor del primero, este último -independientemente de su servilismo al régimen, su retórica arcaica y demasiado anclada en las inmensidades de la influencia bolchevique, amén de su desagradable presencia- parece ser un hombre de mayor cultura y de un bagaje político más abarcador que Díaz-Canel, quien es el prototipo de “hombre nuevo” ideado por el Che Guevara y perfilado luego por el más acérrimo castrismo.

Respecto a los sucesores por la línea directa de la dinastía de los Castro todo parece indicar que el fin se acerca, al menos de modo público y oficialmente. Recordemos que el viejo, enfermo y muy cansado general seguirá desde las filas del único partido reconocido en Cuba “orientando” nuevas disposiciones, lineamientos, estrategias, nuevos modelos, y cualquier otra rimbombancia castrista.

De cualquier forma, todo estará dispuesto y listo para el momento de la gran actuación en el simulacro que servirá para hacer creer a ese pueblo -al que tanto acuden en su obsoleta retórica con remanentes de los soviets- que tienen “elecciones” y una “democracia participativa” única en el mundo. Hasta el 19 de abril no se conocerá con certeza al nuevo Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, que es el “honorable” cargo equivalente a presidente en el caso particular de Cuba.

Sea uno u otro, el continuismo político está asegurado, y no creo que en Cuba ocurra lo mismo que en Ecuador, país en el que su nuevo presidente, a pesar de proceder del seno de la izquierda socialista, tomó valientemente las riendas de su mandato y sacó a la nación suramericana de las garras del socialismo del siglo XXI. Ni Díaz Canel ni Bruno Rodríguez tienen para eso.

 Continuará

Publicado inicialmente en Cubanálisis.
http://www.cubanalisis.com/ART%C3%8DCULOS/ROTETA%20DELGADO%20-%20ELECCIONES%20EN%20CUBA%20Y%20LATINOAM%C3%89RICA%202018%20PRIMERA%20PARTE.htm