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La violencia en América Latina. Primera parte. ¿México?

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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La violencia en América Latina. Primera parte. ¿México?
« en: Febrero 03, 2018, 08:19:15 pm »

                                                La violencia en América Latina.
                                                   Primera parte. ¿México?
                                              Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.



                 


Santa Cruz de Tenerife. España.- ¿Cuál es el país de mayor violencia de América Latina? Esta es la incógnita, algo que no resulta difícil de formular, toda vez que sabemos perfectamente que la extensa región que va en sentido norte a sur desde el gran Río Bravo hasta la inhóspita Península de La Patagonia es una de las más violentas del orbe; aunque siempre el mito de algunas lejanas tierras influenciadas por tendencias terroristas nos venga a la mente.

Lo que no resulta tan fácil es poder responder con precisión a la interrogante. Algunos dirán que se trata de México – la cuna de la violencia continental–, otros se inclinarán, y con sobradas razones, por las naciones del llamado Triángulo Norte, es decir, El Salvador, Honduras y Guatemala, mientras que otros situarán a Venezuela en el primer peldaño.

Y todos tendrán razón, aunque esto parezca en cierta medida contradictorio, por cuanto, estamos preguntando por el país más violento y no por las naciones de mayor índice de violencia, es decir, en plural; por lo que la exactitud se impone a la hora de ofrecer una respuesta que debe ser única.  Pero es justamente esta inexactitud a lo que nos enfrentamos cuando buscamos estudios serios apoyados por encuestas y datos estadísticos que puedan ofrecernos una idea exacta del tema de la violencia continental.

El hecho de que trate el asunto limitado a nuestro contexto latinoamericano no excluye en modo alguno la idea acerca de la existencia de naciones extremadamente violentas en otras regiones y continentes; pero como latinoamericanos hemos de ver primero nuestros problemas para luego hurgar más allá de las fronteras que nos corresponden, por lo que en lo adelante me limito a la problemática en nuestra región.
 
Con una media mensual de más de 2.000 homicidios dolosos, México está a solo un paso de superar los 27.199 ocurridos en 2011, el histórico año de elevada violencia en este país. En 2006, año en que los militares se lanzaron a las calles, los índices de asesinatos-homicidios dolosos, el delito más relacionado con el crimen organizado se incrementaron hasta el pico de 2011, para luego ir disminuyendo hasta marcar un suelo en 2014, año en el que paradójicamente se produjeron dos sucesos de gran repercusión nacional: la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y la matanza de civiles a manos del ejército en la localidad de Tlatlalya.

La cifra acumulada de asesinatos hasta diciembre de 2017 fue de 26.573, el equivalente de 80 muertes por día, algo que se acerca a la de los peores años de la guerra contra el narco. El 2017 fue uno de los más violentos en la historia reciente de México. Regiones que no habían sido problemáticas, resultan ahora destacadas en los índices delictivos. En octubre de 2017 tuvieron lugar  2.764 asesinatos, siendo el mes de mayor incidencia desde que se tienen registros oficiales confiables en esta nación.
 
Los sexenios de los presidentes Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto suman 234 mil 996 homicidios dolosos hasta octubre de 2017, el mes más violento del año más violento del que se tenga registro. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), Calderón sumó durante su mandato un total de 120 mil 935 homicidios dolosos. Por su parte, Peña Nieto acumula 114 mil 061 asesinatos en lo que va de su administración.


             


De mantenerse la tendencia de homicidios de 2017, que es ya el año más violento de la historia reciente, bastarían poco más de tres meses para que el gobierno de Peña establezca una nueva marca como el sexenio más violento desde los tiempos de la Revolución Mexicana.

De acuerdo con los datos del Uppsala Conflict Data Program, UCPD, un estudio realizado por el Departamento de Investigación sobre Paz y Conflicto de la Universidad de Uppsala, muestran que desde el 2006, año en el que el expresidente Felipe Calderón inició la llamada Guerra contra el narcotráfico, la cantidad de muertes relacionadas con el combate al crimen organizado aumentaron de manera significativa.
 
Según datos del propio programa de dicha universidad, México suma 17, 964 muertes desde 1989, considerando la suma del aumento de muertes registrado una década después de la declaratoria de guerra contra los grupos delictivos. Solo en los diez años las muertes ascienden a 17, 964 por el conflicto armado entre organizaciones criminales, grupos de autodefensa y el propio gobierno mexicano.

La cifra asciende a 18,675 personas muertas si se consideran a los muertos por violencia unilateral y conflicto del estado. Según estos datos, registrados por la universidad, y publicados por el medio El Economista en julio de 2017, México es el país más violento del continente americano. Los 23, 953 homicidios registrados en 2016, superado por los 26, 573 correspondientes al 2017 así lo demuestran, según estos reportes a pesar de los que respaldan la idea del primer puesto para Venezuela o El Salvador. 

El Global Peace Index, el más reciente estudio del Institute for Economics and Peace, IEP, reveló que dicha nación descendió dos lugares ocupando el sitio número 142 del ranking con un nivel bajo de paz, además del último lugar regional, y según Semáforo Delictivo, con el paso de los años los asesinatos se han convertido en una constante del crimen organizado, toda vez que en el 2006, del total de homicidios dolosos registrados en el país, 18% se le atribuía a bandas delictivas, lo que contrasta con los datos de 2017 en que escaló peldaños para alcanzar el 75%.

No obstante a que numerosas fuentes señalan a México como la nación más violenta del continente y una de las mayores del mundo, hay estudios referidos a índices de criminalidad en los que Guatemala y El Salvador, dos de los países del Triángulo Norte, ocupan sitios por encima de México, así como Colombia y Venezuela, incluido el más reciente estudio de este tipo publicado por Infobae en el que se afirma que Venezuela es el segundo país más violento de la tierra, solo superado por El Salvador, y no precisamente por México como pudiera creerse.
 
Fuentes como el Institute for Economics & Peace en sus investigaciones sobre la paz mundial correspondientes al final de 2017 señala a Venezuela y Colombia por encima de México en la región, y con los peores puestos en el  ranking mundial, y en el año 2016 la balanza se inclinaba por Venezuela con la posición 119 de los 127 países evaluados, seguido por México en el puesto 118 y Honduras en el 116.


               


En cinco años hay variaciones respecto a los principales lugares de algunas naciones; aunque se mantienen ocupando los primeros peldaños los países del Triángulo Norte, Venezuela y Colombia. En este estudio correspondiente al año 2012 México no mostró el lugar que ocupa actualmente. Pero lo más importante no es que país ocupa el primer puesto, sino el fenómeno de manera global en la región, lo que debe ser motivo de preocupación extrema. 

De cualquier modo, y aunque existen ciertas diferencias en dependencia de las fuentes consultadas, lo cierto es que estamos ante un fenómeno social muy preocupante y bien difícil de detener, o al menos atenuar, algo que no es imposible, y en este sentido Ecuador, una nación latinoamericana inmersa en un proceso político trasformador en este momento, ha dado pasos significativos.

La parte más visible del gran iceberg de la violencia en esta parte del mundo está en relación con el narcotráfico, pero este no es solo el elemento desencadenante. El crimen organizado ha expandido sus fronteras de operación y ha expandido sus actividades criminales en áreas como el tráfico de armas, migrantes, el contrabando, y lo peor, la trata de personas.
 
Sea México, El Salvador o Venezuela, lo cierto es que cada día son asesinadas en la región cientos de personas, cuyo destino debió haber sido otro. Las autoridades gubernamentales, las instituciones religiosas y fraternales, los organismos internacionales encargados de velar por los derechos ciudadanos han de estar alertas y no limitarse a la descripción de un fenómeno, cuya realidad ya es conocida, sino a ejecutar acciones precisas que puedan salvar a Latinoamérica de esta difícil problemática, tan preocupante como el hambre, las enfermedades, el analfabetismo, la prostitución, entre otros males que nos azotan.

*Constituye un subtipo de homicidio en el cual el criminal lleva a cabo una acción a sabiendas de que con ello puede provocar la muerte de personas, y asume ese posible resultado a pesar de que la acción tenga otra finalidad. El criminal busca intencionadamente el resultado de muerte de la víctima.

                      (Continuará con la segunda parte dedicada a Venezuela)