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Ecuador, entre grandes transformaciones y en la víspera de una Consulta Popular.

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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                 Ecuador, entre grandes transformaciones y en la víspera de una
                                               Consulta Popular y Referéndum.
                                                Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.



               


Santa Cruz de Tenerife. España.-  Por esta fecha, hace justo un año, el ambiente político de Ecuador resultaba demasiado tenso, no solo por el cansancio de un pueblo que estaba soportando los embates de un régimen dictatorial promovido por el farsante de Rafael Correa, sino porque la nación estaba inmersa en una campaña electoral caracterizada por la bajeza, la suciedad y la manipulación por parte del exmandatario, al propio tiempo líder del Partido Alianza PAIS, sin que dejemos a un lado la violencia extrema que terminó con la agresión al candidato de la oposición, Guillermo Lasso, en un estadio de la capital del país.
 
Finalmente en la segunda vuelta o balotaje, tras una reñida competencia entre Lenín Moreno, representante del oficialismo por el Partido Alianza PAIS, y Guillermo Lasso, al frente del Movimiento CREO-SUMA, que en aquel entonces se habían unido como una única fuerza de coalición, tuvo lugar el anuncio público del triunfo de Lenín Moreno con apenas unos pocos votos por encima de su contrincante; algo que fue motivo de numerosas especulaciones – en la mejor de las acepciones del término–, toda vez que se esperaba el triunfo definitivo de Guillermo Lasso, y hasta se había anunciado unas horas antes por una renombrada encuestadora que más tarde fue asaltada y expropiada de sus instrumentos de trabajo por parte de la dictadura correísta.
 
Así las cosas, y a pesar del descontento popular y las múltiples manifestaciones que tuvieron lugar no solo en Quito, sino en las principales localidades de la nación andina, llegó el momento de la toma de posesión de Lenín Moreno, el nuevo mandatario, algo que ocurrió hacia el final de mayo de 2017, apenas unos pocos meses atrás.

Hasta este momento las relaciones entre Rafael Correa y Lenín Moreno eran cordiales, al menos eso es lo que parecía desde la distancia del formalismo y la diplomacia política. Correa defendió hasta el cansancio la candidatura de Moreno, tal vez no tanto por Moreno en sí, sino porque su sucesor representaría el continuismo político que el necesitaba para garantizar más tarde su retorno a la política del país, por cuanto, las disposiciones constitucionales – que el tanto modificó y enmendó– impedían su reelección hasta el próximo 2021 en las nuevas elecciones presidenciales.

Pero Correa no contaba con que Lenín Moreno una vez que asumiera el control del país no permitiera ninguna influencia correísta, y lejos de esto, comenzó desde el inicio mismo de su mandato a actuar en contraposición a los rígidos esquemas antidemocráticos de su predecesor.

Al escucharlo en su primera intervención pública, en la que se refirió a la idea de una inclusión de todos, sin distinción alguna, en la vida política y social de la nación, amén de saber escuchar detenidamente a los periodistas reunidos respecto al tema de la ley de comunicación impuesta por Correa y que limita el trabajo periodístico en plena libertad, supe que aquel hombre, del cual yo mismo había dudado de su capacidad y de sus virtudes como posible mandatario, podía dar un viraje radical a la política de Ecuador.

Pero no solo esto, sino que me anticipé a escribir – algo que fue publicado en medios como Cubanálisis, en Estados Unidos, y Cuba democracia y vida, en Suecia, entre otros– que Lenín Moreno pondría fin al Socialismo del siglo XXI en Ecuador, y que lo haría solapadamente, sin aspavientos, con inteligencia y a la vez con decoro, sin herir, sin fragmentar, sin destruir lo aparentemente construido mediante el eslogan de Revolución Ciudadana; pero que definitivamente lo haría.

Y es justamente esto lo que ha ocurrido. Atrás quedaron los “hasta la victoria siempre”, los “enfoques socialistas” en la economía – por cierto una economía destruida por los efectos del mal llamado socialismo durante solo una década–, y sobre todas las cosas, ese despilfarro de recursos monetarios salidos del pueblo para hacer presentaciones públicas propicias para la idolatría, y para mantener una popularidad entre los manipulados desposeídos que suelen seguir a los líderes populistas como Correa. Recordemos que Moreno eliminó radicalmente las sabatinas establecidas por el arrogante y prepotente líder anterior, esto es, las grandes tenidas en las que se invertían cifras millonarias, al estilo de las legendarias tribunas antiimperialistas de la dictadura castrista.
 
Moreno logró salirse del Socialismo del siglo XXI, y es este su mayor logro, creó un Frente Anticorrupción, logró meter en la cárcel a un vicepresidente corrupto vinculado a Odebrecht, acaba de permitir abrir una senda investigación que pudiera vincular a Rafael Correa a los escándalos de corrupción a través de una auditoría a la millonaria deuda heredada, permitió que varios dirigentes del gobierno de Correa, además de Glas, fueran juzgados por asociación ilícita en el caso Odebrecht, se abrió al mundo tras dejar la histeria izquierdista, amén de establecer diálogos inclusivos con la oposición –con lo que ha logrado limar asperezas y frenar la marcada polarización engendrada por el correísmo–.

Y todo esto ha dejado estupefacto a Correa quien ahora es solo un opositor más en Ecuador, como muy bien lo ha calificado el propio Lenín Moreno, y el mayor opositor del morenismo como se ha autodefinido Correa, quien ahora retornó a Ecuador para encabezar una campaña en contra de la Consulta Popular a la que ha convocado el presiente Moreno.

Surge entonces la interrogante acerca del por qué Correa le hace resistencia a un acto eminentemente popular. Por varias razones que resumiré brevemente y que trataré en otro escrito cuando ya se conozcan los resultados de dicha consulta.

El objetivo concreto de Correa  es lograr que no se proceda con aquellas preguntas, cuyos temas le perjudican directamente en sus proyectos de retorno a la política del país. De ahí que se limite a inculcar el NO solo en los puntos referentes a eliminar la reelección indefinida, al cese del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, así como la derogación de la ley de Plusvalía, la ley orgánica para evitar la especulación sobre el valor de las tierras y fijación de tributos.

Todos estos temas forman parte de las sendas enmiendas que el dictador hiciera a la Carta Magna de Montecristi, el modelo democrático constitucional que ahora intenta restaurar Lenín Moreno mediante el voto del SI en su Consulta Popular.

De cualquier modo la intromisión de Rafael Correa ha sido un verdadero fracaso. Desde el inicio de su llegada a la ciudad de Guayaquil apenas se ha hecho sentir. Su rechazo es unánime, salvo las mínimas excepciones de algunos de sus adoradores y seguidores.
 
Una lluvia de huevos y piedras lo ha perseguido por doquier y hasta agresiones violentas al coche que lo conducía se ha registrado en una comunidad de los suburbios de Quinindé, en la provincia de Esmeraldas, a donde se ha tenido que presentar, por cuanto, en los principales escenarios de Quito, Cuenca, Ambato, Latacunga, Quevedo, y Riobamba, por citar solo algunas de las más importantes ciudades, no encontrará eco alguno, como tampoco lo encontrará con sus intentos de desestabilizar al país e impedir el desarrollo exitoso de la Consulta Popular prevista para este domingo 4 de febrero.


                 



               


Coches en los que trasladaban a Rafael Correa fueron llenados de basura en la comunidad costera de Quinindé, provincia de Esmeraldas.