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OSCAR PÉREZ, NI COBARDE, NI TERRORISTA, SINO HÉROE Y MÁRTIR.

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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             OSCAR PÉREZ, NI COBARDE, NI TERRORISTA, SINO HÉROE Y MÁRTIR.
                                       Por el Dr. Alberto Roteta Dorado.-



             


Santa Cruz de Tenerife. España.- Han asesinado a un hombre. Estamos consternados porque toda pérdida humana tiene un significado que va más allá de los sentimientos y emociones humanas para adquirir una connotación de carácter universal, algo que solo aquellos que han alcanzado una comprensión holística del verdadero sentido de la vida lo pueden percibir; pero no solo por esto, sino porque nos resulta difícil poder admitir que ciertos hechos estén ocurriendo en esta, “nuestra América”, en pleno siglo XXI, y que todo siga igual, toda vez que las pocas dictaduras de izquierda que van quedando en la región permanecen intocables bajo el disfraz de una aceptación popular que en realidad no tienen, cual estados de perpetua inmunidad ante leyes que son violentadas día a día.
 
La dictadura venezolana esta vez ha ido demasiado lejos. Hace solo unos meses, durante las múltiples acciones de protesta que tuvieron lugar en Caracas y otras de las principales localidades del país, fueron asesinados más de un centenar de personas, la mayoría jóvenes, como el que nos acaba de dejar hace solo unas horas.
 
Y digo que Nicolás Maduro y su terrorista y corrupto desgobierno han ido muy lejos, por cuanto, Oscar Pérez, el piloto e inspector especializado en acciones especiales en el Cuerpo de Investigaciones Penales, Científicas y Criminalísticas de la Policía, que se hizo célebre por su acto de valentía sin igual en los últimos tiempos – recordemos que atacó desde el aire el Tribunal Supremo de Justicia, acción en la que no hubo muertos, ni heridos, en son de protesta contra el régimen madurista–, no es un hombre común; sino un símbolo de la rebeldía venezolana y latinoamericana.

Altos funcionarios del régimen se han referido a un “grupo terrorista fuertemente armado” para calificar a lo que algunos han llamado una célula guerrillera.  Ahora acusan de terrorista al joven expolicía que resistió heroicamente el ataque de las fuerzas represivas del régimen madurista. En estos tiempos se les suele llamar actos terroristas – como si las acciones emprendidas en la llamada clandestinidad por los agentes del Movimiento 26 de Julio, y los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en el caso de Cuba, o la serie secuencial de asesinatos de jóvenes que participaron en las recientes protestas, en el caso de Venezuela, no lo fueran– a las acciones armadas de la oposición contra los regímenes totalitaristas.


             


El régimen venezolano y sus más recalcitrantes seguidores ante el temor de desaparecer se las agencian para emprender una cruel persecución contra aquellos que, como Oscar Pérez, se levantan para enfrentarlos, desacreditarlos ante el mundo, y destruirlos, como única posible vía para restaurar la democracia en la patria de Bolívar.
   
Una parte del mundo – aquella que de manera sensible se identifica y respalda al pueblo venezolano– está dando muestras de apoyo a la oposición venezolana, y a su vez siente tristeza e indignación por el violento acto cometido por las fuerzas represivas del Nicolás Maduro, hecho que no solo terminó con la existencia del joven militar, sino con algunos de los que le acompañaban en la osada acción.

De cobardía también se le ha atacado. La ministra para el Servicio Penitenciario, Iris Varela, una vez que confirmó el operativo en un mensaje de Twitter se refirió de manera despectiva a un "show de la llorantina" (el término es una “venezolada”, ya sabéis como se expresan los altos mandatarios de la izquierda latinoamericana); pero a la cruel mujer no le bastó y lo llamó rata, y se cuestionó:  "¿Dónde quedó su valentía para ir a atracar unidades militares, asesinando e hiriendo a funcionarios y robando armamento?", con lo que pretendió desvirtuar el verdadero rostro de quien debemos considerar en lo adelante como héroe y mártir.

La desgarradora frase previo a su adiós definitivo – “No quieren que nos entreguemos, literalmente nos quieren asesinar. Nos lo acaban de decir”–, nos da la medida de las intenciones premeditadas de la dictadura venezolana. Las múltiples imágenes publicadas en diversos medios de prensa y en las redes sociales son impactantes, pero a su vez, constituyen las pruebas fidedignas de uno de los peores actos de estos tiempos.
   
El régimen chavista-madurista mantuvo el silencio durante las primeras horas que siguieron a su asesinato. Cuando ya por el mundo circulaban diferentes versiones, en las que no podía considerarse definitiva la idea de la muerte de Pérez, aunque si la desactivación de la célula guerrillera por el dirigida, no quedó otra alternativa que afirmar ante el mundo la muerte del joven agente policial.
 
Poco después de la masacre, Nicolás Maduro hizo una referencia brevísima al operativo, mientras rendía cuentas ante la Asamblea Constituyente; aunque no hizo mención directamente a la muerte de Oscar Pérez, para en su lugar felicitar a aquellas instituciones encargadas de poner fin a su existencia: Policía Nacional Bolivariana, Guardia Nacional, Contrainteligencia Militar y Servicio Bolivariano de Inteligencia; aunque amenazó con que aquellos que “entren por el camino del terrorismo y haga armas contra la República” correrían la misma suerte.
 
Muchos se preguntarán qué ocurrirá tras este acto de masacre llevado a efecto por parte del régimen de Nicolás Maduro. Sería especular demasiado temprano, y es algo que no suelo hacer, por cuanto, los que nos respetamos en esta labor, experimentamos siempre el temor de poder errar en nuestras opiniones, toda vez que parten de hipótesis, de posibilidades a priori, y no justamente de elementos concretos. No obstante, y esto no significa necesariamente un estado de pesimismo de mi parte, debo admitir que me inclino por la idea de que no pasará absolutamente nada.
 

         


¿Qué ocurrió luego de la matanza de más de un centenar de jóvenes que, a diferencia de Oscar Pérez, que estaba armado y ya había protagonizado ciertas acciones que no fueron precisamente pacifistas, marcharon reclamando la reinstauración del sentido de la democracia venezolana? Ya todos sabéis que Maduro se salió con las suyas, que estableció y le dio carácter legal a su constituyente, que violentó de manera fraudulenta unos comicios simulados, entre otros desatinados actos, y sin embargo, permanece inmutable ante la opinión internacional, por cuanto, unos cuantos escritos de opinión, múltiples vídeos, y centenares de mensajes en su contra en las redes sociales, no son suficientes para destituirlo y expulsarlo definitivamente del poder.
 
Luis Almagro, el Secretario General de la Organización de Estados Americanos, hace años está tratando teóricamente de poner orden en medio del caos venezolano, pero sin éxito alguno. Las reuniones de un respetable grupo de presidentes y líderes de la región para interferir en el gran conflicto de Venezuela ya va quedando en la historia, por cuanto, en el orden práctico tampoco ha resultado ser efectivo. Los pocos engendros del llamado Socialismo del siglo XXI le apoyan hasta el cansancio, con lo cual, se hacen copartícipes del mal y confirman su complicidad, y hasta la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, abandonó su postura respecto a una posible intervención suya en el país suramericano a raíz de las acciones de protestas del pasado año – hecho muy poco difundido; pero consta en mis archivos, y puedo mostrar sus fuentes, todas confiables–.
 
La Iglesia Católica, como instancia que se supone muestre preocupación por el orden mundial, la paz y el futuro de la humanidad, mientras esté regida por un Sumo Pontífice que al parecer está aliado a los gobiernos comunistas de la región, permanecerá ajena al gran conflicto venezolano, y en última instancia, pedirá por el alma del joven que se nos acaba de morir, como si con la oración el curso de la historia de la patria de Bolívar pudiera cambiar para su bien.

Así las cosas, con el asesinato de Oscar Pérez y otros jóvenes opositores venezolanos, la dictadura chavista ha demostrado hasta donde es capaz de llegar, y como ha dicho la doctora Luisa Ortega Díaz, la verdadera; aunque destituida Fiscal General de Venezuela, este acto es la evidencia de que el gobierno de Nicolás Maduro “es genocida y violador de derechos humanos”.