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Sobre la existencia o no de Dios, una vez más…

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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Sobre la existencia o no de Dios, una vez más…
« en: Enero 14, 2018, 03:34:03 pm »
                           Sobre la existencia o no de Dios, una vez más…
                                       Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.-


                           “Es absolutamente necesario persuadirse de la existencia de Dios;
                                                         pero no es necesario demostrar que Dios existe”.
                                                                                             Immanuel Kant.



               


Santa Cruz de Tenerife. España.- La idea acerca de la necesidad de los hombres de tener una concepción sobre el origen de su existencia, y de modo muy particular, qué o quién pudo ser su creador, es algo que se nos pierde en un remoto pasado.

Todas las civilizaciones, culturas, tradiciones, sistemas filosóficos, y religiones, han hecho, de una u otra forma, con mayor o menor énfasis, referencia a la idea de la existencia de un Ser más allá de toda existencia, y que, sin embargo, es la mayor de las existencias, más allá de lo concebible, y sin embargo formulado, conceptualizado y establecido, más allá de lo terrenal, y al propio tiempo dador de todo cuanto existe y existirá en la tierra.

A este Ser Supremo se le ha dado indistintamente el nombre de Dios, Divinidad, Deidad, Gran Arquitecto, Demiurgo, entre otros tantos calificativos. No obstante, desde los orígenes mismos de la especulación el hombre, tan necesitado de saber acerca del origen de su posible existencia, ha tenido que enfrentarse a múltiples problemas filosóficos, de los cuales el de mayor complejidad es, sin duda, la ausencia de pruebas demostrables sobre la existencia de dicho Ser Supremo, algo que no ha sido tan difícil respecto a probar la existencia de los redentores de la humanidad, a los que se les ha asociado a dicho Ser, por cuanto, las religiones sostienen que son sus hijos o Avatâras, esto es, su propia expresión en cuerpo humano o su encarnación.

Pero dejemos el tema de los Avatâras de la Divinidad a un lado – no porque carezca de valor, sino porque lo abordaré en otro momento-, y fijemos nuestra atención en la idea de la posibilidad de la existencia de un Ser superior, anterior a todo lo manifestado, cuya razón de ser es nuestra propia existencia.
 
¿Qué pruebas tenemos acerca de la existencia de Dios? Las mismas que no tenemos sobre su inexistencia. Sin embargo, afirmar que existe en ausencia de pruebas que lo demuestren es mucho más criticado por aquellos que, dejados arrastrar por un acérrimo escepticismo, ponen en duda el nivel intelectual de los que han llegado a ciertas conclusiones acerca de la necesidad de una entidad que garantice el orden, la simetría y el equilibrio del Universo.
 
En cambio, afirmar categóricamente que Dios no existe, y no tiene sentido la razón de ser de su existencia, es menos criticable, a pesar de que no hay nada que pruebe su inexistencia – el no haber sido visto o escuchado, esto es percibido, desde el punto de vista sensorial, al menos científicamente, no significa que no exista-. No obstante, un grupo significativo de personas se acogen a la idea de que no puede haber una existencia que no haya sido demostrada objetivamente.

Surgen entonces otras interrogantes. ¿Podrá ser posible que a través de los siglos millones de hombres hayan podido errar al afirmar su existencia? ¿Somos quiénes para cuestionar la sinceridad de un grupo considerables de hombres sabios y devotos que al parecer han conquistado determinados estados de autorealización espiritual como para poder percibir su presencia más allá de las sensopercepciones comunes de los humanos? ¿Es que acaso no nos damos cuenta que las afirmaciones científicas acerca de la existencia de una inteligencia para el Universo no son más que la aceptación científica de la realidad de Dios?
 

               


Arash Arjomandi, quien es filósofo y profesor de la Escuela Universitaria Salesiana de Sarrià, EUSS, (UAB), ha afirmado recientemente que “el tema de Dios ha sido, en la historia de la filosofía, un problema por cuanto no se ha podido aportar ninguna prueba racional de su existencia o de su ausencia que no haya sido razonablemente refutada”, algo muy cierto, toda vez que siempre que se ha hecho referencia al controversial asunto se llega a lo que pudiéramos considerar un punto muerto: ausencia de elementos sustanciales concretos que puedan demostrar su existencia o no.
 
Veamos desde el punto de vista filosófico, sin entrar en detalles acerca de la existencia de una filosofía para cada sistema religioso, que se supone sea su propio sustento, ni en los pormenores especulativos que desde el punto de vista religioso se pretenden dar sobre el polémico tema que nos ocupa, es decir, que dejaré la idea de la aceptación de la realidad de Dios por un acto místico de verdadera fe, para dar paso a un análisis especulativo desde el punto de vista filosófico propiamente dicho.
 
El propio profesor Arjomandi ha afirmado que “el argumento ontológico, que afirma que un Ser cuya grandeza sea de tal magnitud que no pueda pensarse ningún otro ser por encima de él debe, necesariamente, existir, pues de no existir podría pensarse en otro Ser superior a él por cuanto ese otro Ser, además de ser pensado, tendría una propiedad más: la existencia”.

Este argumento ontológico está basado en la concepción de una existencia necesaria, una existencia que sería, por tanto, imposible negar, toda vez que su propia negación presupone la existencia de otro Ser Supremo por encima de su propia existencia.
 
Este primer argumento resulta diferente de las demostraciones cosmológicas y físico-teleológicas, las que también resultan necesarias considerar al hacer un análisis especulativo sobre la existencia o no de Dios. Los lectores podrán remitirse a los argumentos ontológicos fundamentados por Descartes y Anselmo, considerados paradigmas en este sentido, aunque lo trataré próximamente en lo que sería una continuidad de este escrito.
 
Para Kant la prueba ontológica de Dios descansa sobre el supuesto de que la existencia es una propiedad analítica, y que ésta es una propiedad positiva del ens realissimum, sin embargo, para él ésta proposición es errónea. Kant hizo un detallado y profundo análisis sobre el argumento ontológico; aunque finalmente consideró que dicho argumento carece de validez objetiva, sin embargo desde el punto de vista práctico es importante.

En este argumento se considera a Dios como el ser supremo “(ens summun); aquí pienso a Dios como un ser que tiene toda realidad, y deduzco, precisamente del concepto de un ens realisimum tal, y de sus atributos, la originariedad y la necesidad absoluta del mismo; este concepto de Dios como ens maximum  es el fundamento de la ontoteología”.
 
Entonces llegamos a un punto en el que nuestra encrucijada adquiere dimensiones inusitadas, por cuanto, un ens realissimum, se considera un ser de tal magnitud que contiene en sí todas las realidades, y si la existencia es una realidad, entonces el ens realissimum también tiene que existir como necesidad para el sustento de dicha realidad.
 
Negar categóricamente la existencia de Dios es atrevido, por cuanto, cabe la posibilidad de negar nuestra propia existencia, y todo parece indicar que existimos como realidades aparentemente aisladas, esto es, con cierta independencia, pero además como partes integrantes de Aquella Realidad Indivisa que algunos se han empeñado en negar.
 
Recordemos la enseñanza de Kant en este sentido: “Si algo existe, sea lo que sea, hay que admitir que algo existe de modo necesario. En efecto, lo contingente sólo existe bajo la condición de otra cosa que sea causa suya. A ésta se aplica, una vez más, la misma conclusión, hasta llegar a una causa que no sea contingente y que, por ello mismo, exista necesariamente sin condición alguna”.

                                            (Continuará)