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Lenín Moreno en la ONU, desde la humildad, aunque con férrea firmeza.

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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 Lenín Moreno en la ONU, desde la humildad, aunque con férrea firmeza.
      A propósito de la primera salida al extranjero de Lenín Moreno como presidente
      actual del Ecuador.
      Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.

     
     

  “La paz y el desarrollo se construyen con el diálogo”. Lenín Moreno, presidente actual de Ecuador.

Naples. Estados Unidos.- Con su idea de acudir más al diálogo que a la imposición, cual sagrado talismán del nuevo gobernante de Ecuador, que se alza como necesario, y a la vez, polémico estandarte en una nación polarizada, y aun bajo los efectos hipnotizantes de aquella palabra encendida incitante a la discordia y a la confrontación, y de la seductora imagen y la personalidad excéntrica de Rafael Correa – defensor de un socialismo a su manera durante una década matizada por la imposición, la represión, la ausencia de libertades, la carencia de democracia, amén de un estado de corrupción que llevó a la nación al caos, algo que ha salido a la luz, una vez que el actual mandatario asumiera el poder hace solo cuatro meses–, Lenín Moreno, el presidente actual del país andino, sorprendió a los asistentes a la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, ONU.
     
Moreno acaba de hacer su primera proyección internacional como presidente, y lo ha hecho desde la humildad y la sencillez que hasta ahora lo han caracterizado; pero con una firmeza y una seguridad en sus actos que le han asegurado el triunfo. Asistió a la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, desarrollada este mes en Estados Unidos, donde además sostuvo un encuentro con periodistas de la BBC Mundo, en el que reafirmó sus principios, haciendo énfasis en la idea de una nación dividida, y en la importancia y necesidad de mantener el diálogo como la clave del éxito para la reunificación del país.

De hecho, según la apreciación del mandatario, la reducción de la polarización política de Ecuador no es ya una simple propuesta, sino un verdadero logro. El proceso de reconciliación nacional, mediante el cual, aquellos que no coinciden ideológicamente, se vuelven a encontrar a pesar de sus diferencias, ha sido un paso determinante en la aceptación de su estilo de mandato. “Todos acudieron a un gran diálogo nacional. Se han implementado muchísimas mesas, en las cuales, de manera libre y espontánea, cada uno de los sectores está exponiendo sus puntos de vista. Y los resultados están empezando a verse. Hemos tomado algunas decisiones y vamos a tomar muchas más”, ha expresado Lenín Moreno.
 
El actual presidente pertenece al Partido Alianza PAIS, de orientación izquierdista, movimiento fundado y dirigido por el expresidente Rafael Correa. No obstante, una vez que Moreno asumió el poder, fue desprendiéndose de modo muy sutil de aquellas ataduras y remanentes de socialismo obsoleto – llámese del siglo XXI o como le quieran decir–, un verdadero cadáver en estado de putrefacción, que al parecer, al menos por ahora, no podrá ser resucitado en la tierra de los enormes volcanes.

Esta actitud tan digna que asumió Moreno le ha costado enormes críticas por parte de los simpatizantes del correísmo y por aquellos más recalcitrantes en el seno del propio partido Alianza PAIS, amén de la sucia campaña que desde Bélgica ha desatado el anterior presidente Rafael Correa, a quien Moreno con su forma mesurada ha respondido desde la sede de la ONU:  “Con frecuencia parece que los expresidentes se olvidan, no se han dado cuenta que son expresidentes y suelen comportarse de manera diferente. Como que tendrían todavía la potestad de decidir. (…) “De todas formas, es un ciudadano más. Respeto su opinión, aún cuando está cargada a veces de una dosis alta de agresividad. No he contestado así. Un presidente debe comportarse como espera que se comporte su pueblo: con cortesía, respeto, tolerancia”.

Su discurso en la ONU está siendo motivo de ciertas interpretaciones y críticas por aquellos que, dejados arrastrar por la fuerza arrolladora del populismo desmedido que promueve el comunismo, pretenden perpetuar la extinguida llama de los conceptos de Marx en la nación suramericana. (Conceptos que ya he afirmado antes, jamás han estado presentes en aquel país, y sus simpatizantes no tienen ideas precisas acerca del legado del teórico alemán, por no decir que lo desconocen). 

Siendo imparcial, – algo que debo asumir desde mi posición de comentarista de temas de naturaleza política y social en Latinoamérica–  he de reconocer que jamás fui defensor de la candidatura de Lenín Moreno, y lejos de situarme a su lado, traté desde mi postura, de difundir con esmero las cualidades de Guillermo Lasso, representante de la oposición ecuatoriana y su principal adversario en la reñida campaña electoral.

No obstante, una vez que Moreno asumió el poder, hacia finales del pasado mes de mayo, he seguido detenidamente su trayectoria, desde sus primeras conversaciones con miembros de la prensa, a solo unos días de asumir su mandato, en las que escuchó a los miembros del sector, e hizo declaraciones que ponían en evidencia lo negativo de la ley de comunicación promulgada durante el correísmo, hasta su reciente discurso en la ONU, y tengo que reconocer su grandeza en pos de levantar un país que dejaron en las ruinas, no solo desde el punto de vista económico – con una millonaria deuda y una grave crisis que no podrá ser solucionada ni siquiera a mediano plazo–; sino en lo ético y en lo moral. Recordemos los graves escándalos de corrupción en los que se han visto envueltos algunos de los más altos mandatarios del anterior gobierno, incluyendo al actual vicepresidente, suspendido de sus funciones por orden de Moreno.
   
Es cierto que carece del don de la palabra, algo que es capaz de compensar con aquella sencillez y al propio tiempo seguridad, con la que aborda los más polémicos temas sin perder jamás el control. No todos los mandatarios, presidentes, líderes sociales y políticos han recibido todos los dones que, según las tradiciones de la cristiandad, otorga el espíritu santo. Es preferible que los que nos representan en el mundo de la política sean hombres honrados, cargados de buenas intenciones y que pongan en práctica sus ideas en pos del bienestar de las naciones bajo su mando, y esto, hasta el momento, lo cumple el actual presidente ecuatoriano.
     
En su discurso en la ONU afirmó: “Sin duda, un gobierno debe cuidar a sus ciudadanos, todos, para que tengan todos una vida decente en un planeta sostenible en que construimos cada día la paz. Nuestra filosofía de gobierno coincide en que debemos preocuparnos por nuestros ciudadanos toda una vida, desde el mismo momento de la concepción hasta cuando Dios decida cerrarnos los ojos. Debemos garantizar un buen vivir y un buen morir, por eso hemos organizado la gestión de gobierno en torno al plan que hemos llamado “Toda una vida”. Un país y un gobierno responsables deben cuidar, inspirar, impulsar, acompañar y ser gratos con sus ciudadanos durante toda la vida, bajo el principio de la corresponsabilidad”.

Se refirió además al tema de las migraciones humanas, lo que asoció a la eliminación de la xenofobia y la discriminación, con lo que apoyó el Pacto Global sobre Migración, uno de los temas centrales de la tenida en las Naciones Unidas.

Sus afirmaciones en torno a la necesidad de diálogo, al considerarlo, “la herramienta para construir sociedades de paz” (…) “Con el diálogo se construye la democracia, es un camino y a la vez es un fin”, así como, las que hiciera sobre la importancia de la renovación de los líderes políticos: “estamos en la obligación de generar nuevos liderazgos para que nos tomen la posta”, y de manera particular, sus conceptos acerca del nuevo orden mundial “basado en la paz, el respeto a las diferencias, la igualdad y sobre todo la solidaridad”, son dignas de elogiarse, y pasarán a la historia como verdaderos ejemplos de las intenciones sinceras de un mandatario, que desde su tónica del llamado y la convocatoria, está restaurando – sin temor a equivocarme–  el germen de la democracia en Ecuador.