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El estatismo mental inducido. Uno de los grandes males de estos tiempos. III P.

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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            El estatismo mental inducido. Uno de los grandes males de estos tiempos.
                                                                  Tercera parte.
                                                      Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


           

Naples. Estados Unidos.- Una apertura de la mente hacia nuevas posibilidades especulativas que puedan explicar, y más que explicar, poder ofrecer una solución a sus grandes interrogantes, conflictos internos y problemas en el orden práctico, resulta necesaria en estos tiempos.  Pero habría que cuestionarse entonces cuál es el significado de esa apertura mental que pueda conducir al hombre hacia nuevas posibilidades especulativas.
 
Para lograr una apertura de esta naturaleza es necesario un cambio de carácter trascendente, esto es, una actitud interna que debe nacer de lo más profundo del ser y no como una simple meta – como las tantas que nos  proponemos - que el hombre pueda plantearse en su vida. No se trata de un simple cambio de actitud pasajera; sino de un verdadero despertar de su conciencia.
 
Estos temas, al menos, desde esta perspectiva suelen ser más tratados por las filosofías orientales, incluyendo los autores y pensadores modernos. En la segunda mitad del siglo XX, el hindú Jiddu Krishnamurti, una de las figuras más controversiales de estos tiempos, se refirió reiteradamente a los condicionamientos de la mente, es decir, a todo aquello que de manera gradual se nos va inculcando, ya sea para bien o para mal, consciente o inconscientemente, con buenas o no con tan buenas intenciones; pero de cualquier modo, se nos impone a través de los años y durante toda la vida.

Esto va creando estos estados en que nos creemos que alguien es bueno o malo, que una idea es o no correcta, que Dios existe o es una invención humana, que resurgimos en un mundo espiritual o sencillamente termina nuestra existencia con la muerte, entre otras tantas cosas; y lo hacemos porque alguien, a quien consideramos una autoridad – según la creencia de Krishnamurti-, lo ha dicho, y lo aceptamos como un hecho mecánico, sin análisis reflexivo y sin la especulación teórica necesaria que presupone cualquier incorporación conceptual a nuestro intelecto, lo que lamentablemente va quedando como algo establecido que se arraiga en la mente humana. Esto constituye un ejemplo de estatismo mental; aunque desde una óptica un tanto diferente a como lo habíamos estado viendo hasta el momento.
 
También desde la India, Radha Burnier, una de las pensadoras más prominente de estos tiempos, continuadora de la enseñanza de Krishnamurti, a quien conoció personalmente, y con quien tuviera una fuerte amistad, insistió en estos estados de la mente, consagrando muchos años a ofrecer charlas y conferencias por el mundo en las que centralizó su atención en lo que llamó: la regeneración humana.

Según ella, el hombre tenía que regenerarse a través de un profundo y radical cambio de su mente. No se necesitan más religiones, más sistemas filosóficos, más sectas, más organizaciones e instituciones; sino un cambio de actitud en los hombres desde una perspectiva mental con la cual podrá lograrse esa transformación necesaria con urgencia.
 
No obstante, resulta bien difícil conseguir ese cambio si la mente está bajo los efectos del hipnotismo inducido de manera premeditada por aquellos que pretenden ejercer un dominio sobre la mente de los hombres, y que, como hemos estado analizando, no es solo de los dictadores tiránicos de los sistemas totalitarios del mundo; sino de todos aquellos que pretenden ejercer su dominio en la mente humana, algo de lo que no quedan excluidos muchos líderes religiosos, activistas sociales, comentaristas y analistas políticos, etc.

           
             Imagen del artista español Jesús Antonio Lozano Fuentes.
                 Cortesía para mi publicación. 


Ya he precisado que mediante un ejercicio consciente, sistemático y progresivo que nos permita la reflexión profunda de las cosas, aun de las que nos pudieran parecer insignificantes y que forman parte de la cotidianidad nuestra, el hombre podrá abrirse camino hacia posibilidades inusitadas en niveles mentales, intuicionales y espirituales. Una aproximación a la filosofía, por cuanto, es justamente, según José Martí, “el ejercicio de la inteligencia”; pero no solo esto, sino, “una potencia, es una condición del ser humano, es una fuerza”, y como condición humana no la podemos dejar a un lado, resulta imprescindible en nuestros días si es que no queremos perecer definitivamente bajo el dominio de la superficialidad, de la idiotez y de la ignorancia.

La libertad en la que tanto el hombre insiste, no solo consiste en el establecimiento de sistemas democráticos que permitan la libre expresión y la acción; sino dejar atrás una serie de ataduras y de limitaciones a nivel mental. Se puede vivir bajo el gobierno de la mejor democracia del mundo y estar prisioneros desde el punto de vista de nuestros esquematismos mentales y de nuestras ideas predeterminadas, lo que significa que nos mantenemos atados bajo el dominio de una inercia similar a ese estatismo mental inducido en el que tanto he insistido.
     
De cualquier modo, no solo existe el gran temor por parte de los gobiernos dictatoriales de poder ser invadidos por la información a través de los avances de la tecnología de estos tiempos; sino el temor - ya sea manifiesto en toda su expresión, de manera sutil, o en estado de latencia- de los hombres al sentirse vigilados y perseguidos como consecuencia de las acciones represivas. Este estado que experimentan una gran cantidad de personas en todas partes del mundo los hace verdaderos prisioneros. Todo hombre que se sienta perseguido o vigilado es en sí una víctima como consecuencia de la represión mantenida por parte de regímenes dictatoriales.  

¿Cómo poder explicar que las multitudes hayan adorado a ciertos líderes a través de la historia a pesar de su perversidad y malignidad? Los casos de Hitler, Mao Zedong, Ho Chi Minh, Stalin, Fidel Castro, Hugo Chávez, entre otros, son ejemplos muy demostrativos de una idolatría desmedida que no se puede justificar si tenemos en cuenta el daño que ocasionaron a la humanidad. Solo un adoctrinamiento que los llevara a esos estados de inercia mental, a través de los cuales todo puede lograrse ulteriormente, puede servirnos como fundamento para poder comprender este lamentable fenómeno que ha existido siempre; pero que en el presente adquiere dimensiones colosales.

Así las cosas, el restablecimiento de la enseñanza de filosofía – de la verdadera, la tradicional, aunque se asuma desde una perspectiva de mayor contemporaneidad, y con la exclusión de las aberrantes formas del marxismo-leninismo- resulta necesario si es que queremos que el hombre salga de esos estados de estatismo en los que se aniquila su inteligencia, y no le deja ya lugar para el poder de análisis y reflexión inherentes a su condición humana.

Recordemos las sabias palabras del genial cubano - lamentablemente ignorado como filósofo- José Martí: “Se busca hoy una filosofía clara, que concilie todas las fuerzas, que no tenga la soberbia de la infalibilidad, ni la pretensión de la supremacía. El hombre tiene una fuerza de conocer: la aplica observando: he aquí lo que se llama ciencia filosófica”, justo lo que estamos necesitando en estos duros tiempos de inercia mental. Esta será la forma de poder salir del estatismo mental inducido para abrirnos paso a la plenitud de la libertad. 

      (Final)