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El estatismo mental inducido. Uno de los grandes males de estos tiempos.II parte

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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                  El estatismo mental inducido. Uno de los grandes males de estos tiempos.
                                                             Segunda parte.
                                                Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


         

Naples. Estados Unidos.- La perspectiva del temor de los regímenes totalitarios ante la posibilidad de que la información real del acontecer mundial llegue a los ciudadanos que mantienen bajo su dominio debe cambiar. No se trata de una supresión del temor – algo que una vez que se establece resulta difícil de eliminar, y en el caso particular de estos sistemas de gobierno, la inseguridad generada por el mal actuar y sus consecuencias los hace estar en un estado de alertidad constante- , sino de un cambio de cualidad.

Lo que ocurre en el mundo les llegará de cualquier modo, independientemente de las pretensiones al bloquear páginas, sitios, o cualquier otro medio o modo que, a través de Internet pueda penetrar más allá de las delimitadoras murallas prohibitivas que han logrado mantener a través de los años. Si bien es cierto que a través del dominio y el estricto control cometen las más atroces violaciones a las libertades individuales de los hombres, siempre habrá formas de poder llegar con el mensaje renovador de aquellos que tienen la posibilidad de expresarse libremente y de tramitar formas sutiles de difundir los hechos más significativos que se intentan ocultar.

No obstante, hemos de cuestionarnos el por qué acerca de una cualidad diferente respecto a ese temor de ser invadidos por la información. En este sentido conviene explicar que las estáticas mentes de las grandes multitudes no están aptas para asimilar los textos de carácter analítico, es decir, aquellos que se supone, los hagan reflexionar.
 
Es justamente un bloqueo de esa posibilidad reflexiva lo que acontece en una mayoría que ha recibido la influencia gradual y sistemática del proceso de adoctrinamiento que los ha llevado al estatismo mental, de ahí, que la mayoría de los lectores no se detengan en este tipo de escritos, los que lamentablemente pasan “sin penas ni glorias”, para a cambio sumergirse en todo aquello que tiene que ver con el aspecto emotivo a través de las sensaciones.
 
Las ya célebres frases acerca de “no tener que estar pensando mucho”, “solo para desconectar un poco”, “no me gusta complicarme mucho”, “no me interesa tanto la política”, o “esto es demasiado complicado para mí”, son realidades innegables, y son la consecuencia directa de esa labor solapada; pero mantenida durante décadas, lo que determina los condicionamientos de la mente y su marginación a un estado de inercia, condición de la que muchas veces no se puede salir a pesar de los intentos por experimentar un cambio de actitud.
 
Esto justifica, en cierta medida, el por qué de la preferencia por todo aquello que se le ha denominado el amarillismo en la prensa, o en los medios, para ser más abarcadores, lo que incluye actualmente las llamadas redes sociales, que para bien o para mal, invaden - cual indetenible plaga- el mundo. Resulta más llamativo para esas multitudes de mente inerte el número de víctimas de un atentado terrorista que el análisis acerca de los móviles del hecho, y de igual modo, se prefiere ver las imágenes – por muy fuertes y dolorosas que puedan ser (recordemos el aspecto emotivo al que ya hice referencia) - a través de fotos y vídeos, que leer un buen escrito que intente explicar los posibles orígenes, las consecuencias y las acciones para evitar futuros daños, o detenerse en algunas palabras reflexivas difundidas por algún líder religioso o  reformador social o político sobre el tema, es decir, aquello que debe poner a “funcionar” al intelecto, y a lo que el hombre adoctrinado le hace una resistencia inconsciente, con lo que continúa su enajenación que facilita la consumación de un círculo que promete no terminar, y que lo sigue sumergiendo cada vez con más ímpetu en los estados de estatismo.   

Pero no solo los países dominados por regímenes absolutistas padecen del terrible mal de estos tiempos. En lugares como Estados Unidos de América – llamado a todo viento la tierra de la libertad, de la democracia y de las oportunidades- se vive en un estado de enajenación muy sui generis. Su gente – extremadamente pragmática, que casi llegan a un mecanicismo- vive inmersa en sus trabajos, en sus preocupaciones para asumir gastos de todo tipo – que muchas veces incluye el pago de enormes deudas-, en sus entretenimientos – que incluyen las excentricidades de exhibir coches parecidos a naves espaciales, perros que ya casi son humanos, amén de la excesiva preocupación por una imagen que muchas veces no resulta susceptible de ser cambiada mediante cirugías estéticas-; pero ignorando su propia historia, el extraordinario legado de sus presidentes, insensibles ante la extraordinaria obra de Copland, Gershwin y Berstein – sus monumentales músicos clásicos contemporáneos-, y sin haber leído a sus escritores modernos, los que sin llegar a la altura de las insignes figuras del viejo continente, son sus escritores.

En estos casos, el consumismo excesivo propio de las sociedades estériles y carentes de verdaderos valores, la competencia, la ostentación, la frialdad y ese excesivo pragmatismo al que ya he acudido reiteradamente,  los ha llevado a estos estados tan estáticos de su mente de igual modo que las dictaduras han condicionado a los hombres bajo su mando a la enajenación mental inducida. De ahí que la apatía intelectual propia de estos tiempos de crisis espiritual, y de pérdida de valores, no sea un fenómeno limitado a aquellos lugares que lamentablemente sufrieron, o aun padecen, los efectos dictatoriales de regímenes totalitarios.
         
Retomando la idea de no temer a la información que pueda llegar de todas partes, sino al aspecto cualitativo del temor, hemos de precisar que lo que se necesita en el mundo es un cambio en el pensar de los hombres y no la llegada de una información. De modo que los gobiernos absolutistas deberían estar al tanto, no solo de la información que inevitablemente llegará; sino de lo que pudieran hacer los hombres con esa información, y como sería asimilada por ellos.

                       

                Las imágenes del artista español Jesús Antonio Lozano Fuentes nos ayudan a
                  interpretar la realidad del mundo en la modernidad de estos tiempos.
                La imagen visual que nos hace reflexionar juega un papel determinante - como
        la filosofía a través del arte de lo especulativo- para ese cambio que necesita el hombre.


¿De qué vale recibir un caudal de información que lamentablemente resulta ignorado por las multitudes que, o no la comprenden, o la rechazan, o ambas cosas?  La filosofía sirve para ayudarnos a entender cómo seguir adelante en nuestras vidas y salir de estos estados de inercia y de enajenación mental. El autoconocimiento es parte esencial de la filosofía, y desde los lejanos tiempos de Sócrates ya formaba parte de la tradición.

Sócrates, quien según José Martí, enseñaba de aldea en aldea y de campo en campo, trató de ofrecerle al hombre el lugar que le correspondía, y lo convirtió en el centro de su sistema especulativo, con lo que dejaba a un lado las abstracciones sobre los orígenes del universo que hasta el momento habían predominado en la filosofía antigua, al menos, para el occidente. Su peculiar método de convertir cada interrogante que le hacían en un motivo para la autoreflexión de sus seguidores, sirvió pues, para despertar ciertos estados de la mente humana, esto es, los ponía  a pensar a través de un ejercicio mental a través del cual, el hombre por sí mismo llegaría a su conclusión aparentemente definitiva, por cuanto, a partir de esta conclusión surgirían luego otras interrogantes, y así hasta que la mente queda exhausta ante la magnificencia del conocimiento transmutado entonces en verdadera sabiduría.
   
La filosofía no puede desaparecer, ni quedar relegada a un papel secundario en los sistemas de enseñanza, o lo peor, sustituirla por “formas menores” de filosofía como el llamado marxismo-leninismo, algo que se asumió en los países de la Europa Oriental, y el régimen dictatorial cubano lo copió de manera íntegra y lo traspoló a un contexto que nada tenía que ver son las tradiciones europeas; pero lamentablemente la filosofía se estudia cada vez menos en el mundo, y muchas universidades apenas cuentan con un mínimo de apoyo porque los rectores quieren dinero fácil, y los gobiernos no están interesados en que la gente salga adelante a través de la enseñanza y del estudio de la filosofía.

El destacado filósofo Marinoff,  fuerte crítico a las tendencias de excluir a la filosofía de la enseñanza general ha declarado recientemente: “Me resulta obvio que los Gobiernos actuales arrinconan la filosofía porque quieren una ciudadanía compuesta por ovejas sumisas, sin capacidad para el pensamiento independiente. No quieren tener gente capaz de analizar el mundo en el que viven”

El hombre necesita respuestas a sus interrogantes, que son muchas. Pero estas respuestas no deben ser proporcionadas por sistemas religiosos decadentes que a base de un dogmatismo acérrimo pretenden invadir su espacio. Estos no son tiempos de oraciones ni de testimonios. Este hombre pragmático de nuestros días no tiene paciencia para orar, ni “nervios” para soportar las absurdas ideas de las tendencias protestantes – por solo referirme a las modalidades más conocidas dentro del Cristianismo-.

Una apertura de la mente hacia nuevas posibilidades especulativas que puedan explicar, y más que explicar, poder ofrecer una solución a sus grandes interrogantes, conflictos internos y problemas en el orden práctico, resulta necesaria en estos tiempos.

       (Continuará)