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El estatismo mental inducido. Uno de los grandes males de estos tiempos. I parte

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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                  El estatismo mental inducido. Uno de los grandes males de estos tiempos.
                                                                   Primera parte.                                                 
                                                      Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


         

Naples. Estados Unidos.- Las dictaduras y sistemas totalitaristas tienen establecidos ciertos cánones para garantizar la total sumisión de aquellos que han de vivir bajo su dominio. El adoctrinamiento a través de un sistema educacional único, al que de manera obligatoria han de acudir todos los ciudadanos desde etapas bien tempranas de sus vidas, constituye pues, una de las tantas formas de poder ejercer un poderío que contribuirá, a mediano y largo plazo, a conservar una condición de estatismo que parte de una inercia mental inducida.

Actualmente el mundo sufre de una crisis intelectual y espiritual, al menos, esto se dice con frecuencia, y se publican numerosos escritos, algunos muy valiosos y con la intervención de destacadas figuras del campo de la filosofía, la sociología y la antropología social. Esta idea la comparto, y hasta la defiendo, pero solo de manera parcial, por cuanto, estoy convencido que la crisis actual – que es evidente en los estereotipos extremadamente pragmáticos de los hombres de estos tiempos que, dejando a un lado la excesiva especulación teórica se han apartado tanto del ejercicio del pensar que se han idiotizado, esto es, han limitado su exiguo pensamiento a un reducido campo, que solo incluye aspectos extremadamente prácticos, que están en relación mucho más con lo emotivo, que con el intelecto propiamente dicho- no es un fenómeno exclusivo del presente; sino una continuidad que a través del tiempo hace exacerbaciones de modo cíclico, tal vez, siguiendo el propio ritmo periódico del universo; pero insisto, es un fenómeno que ha prevalecido desde lejanos tiempos. 

Nadie podrá negar que a través de la historia han existido mentes brillantes dentro del mundo de la ciencia, el arte, la filosofía, la política, la historia, la literatura, etc., los que se han destacado entre las multitudes ignorantes, que siempre han existido también, y dada su condición de ignorantes han sido sumisos y explotados por aquellos que han ejercido su poderío para mantenerlos en este estado de estatismo, que no solo significa inmovilidad de lo que permanece estático; sino que va mucho más allá, hasta implicarse en la política, por cuanto, es además una tendencia que destaca todo el poderío del poder estatal en todos los órdenes, al menos, así se nos enseña en filosofía política   

Así las cosas, la existencia en nuestros días de grandes sectores poblacionales que permanecen en un estado de ignorancia, ya sea porque carecen de las posibilidades de poder ser instruidos, porque sus gobiernos no muestren intenciones verdaderas de hacerlo, o porque por cuestiones étnicas, raciales, culturales, religiosas y éticas quieran permanecer aislados de la llamada civilización, es un fenómeno perceptible en el presente que nos tocó vivir; pero hemos de ser conscientes que no es algo exclusivo de nuestros tiempos.

Pero retomemos la idea de la crisis actual – que al fin de cuentas es como se maneja en todas partes- y veamos que sucede en algunas esferas de la educación en el mundo. La necesidad de formar hombres prácticos, listos para la acción, para las respuestas rápidas, para asumir roles sencillos y hasta con cierto mecanicismo – todo lo que se resuelve instruyendo el pensamiento concreto-, ha hecho que se prioricen ciertas disciplinas que están en relación con lo que se pretende del hombre que saldrá egresado de los centros de enseñanza, y que se enfrentará a un mundo cada vez más pragmático. Las maestrías en Marketing, el auge de las carreras de comercio, las licenciaturas en turismo, entre otras carreras y disciplinas de la actualidad, son ejemplos muy precisos en este sentido.

De modo que las llamadas humanidades – ciencias humanísticas para decirlo con mayor rimbombancia; sobre todo en aquellos lugares en los que apenas se les deja lugar- han perdido espacios, y en algunos países desde las enseñanzas básicas las han relegado a un segundo plano, lo que originó hace poco en España sendas protestas por parte de profesores y también de estudiantes, que preocupados por el destino de la madre de todas las disciplinas salieron en su defensa ante el temor de una posible extinción de la sabiduría de las edades.

¿Pero, por qué una defensa de la filosofía? Pues por una cuestión de honor y de principios, en primer lugar. No es justo que los hombres del presente sean formados desconociendo el legado de seres como Paltón, Plotino, Aristóteles, Kant, Bruno, Hegel, Balmes, Sartre, San Agustín, Santo Tomás, y una interminable lista de figuras que contribuyeron a la conformación del pensamiento filosófico a través del tiempo.
Pero no solo se trata de honores y principios, sino que por el bien de los propios hombres del presente, la filosofía debe formar parte inseparable de nuestras vidas, por cuanto, la constante especulación que supone el conocimiento de la filosofía, constituye un ejercicio que puede conducir a nuestra mente hacia nuevas perspectivas y posibilidades de desarrollo cognitivo, esto es, nos liberaría de esos estados de inercia mental tan comunes en estos tiempos, en que los hombres dejaron de pensar, algunos por voluntad propia, otros porque se han dejado idiotizar por aquellos que, carentes de valores éticos y de principios morales los pretenden esclavizar a través del dominio de su pensamiento.

Los sistemas dictatoriales totalitaristas ejercen de manera brutal un control estricto sobre el pensamiento de los hombres. Manipulando la mente humana se puede lograr, no solo la obediencia estricta que los hace ovejas sumisas, sino que las multitudes adoren a los dictadores, a los que ven como grandes héroes en el menor de los casos, pues con frecuencia les confieren un carácter semidivino y sobrenatural, lo que recuerda a los hombres-dioses de las epopeyas homéricas, esto es, los ven como dioses, que cual avatares de la Divinidad, han de ser venerados, y es lo que terminan haciendo.
 
Esto último se logra a través de la imposición de un ateísmo desmedido que despoja a las masas de posibles formas de adoración a los dioses, santos o ángeles, lo que resulta sustituido por un culto a la personalidad del líder del momento, a quien gradualmente van dotando de poderes mágicos y de facultades sobrenaturales. La idea de lo invencible y de lo eterno se va acrecentando cada vez más, hasta llegar a expresiones inusitadas que los hacen afirmar en medio de su ateísmo, que no creen en Dios, pero si alguna vez creyeran, lo harían en su líder quien representa el poder supremo, la bondad infinita, y todas las virtudes solo conferidas a los grandes santos y dioses.

Los ejemplos de los regímenes dictatoriales de los países socialistas de la Europa Oriental durante varias décadas del pasado siglo XX constituyen verdaderos paradigmas en este sentido, sin que olvidemos el caso de Cuba, con la declaración del carácter socialista de su revolución a solo unos meses de haber asumido el poder el dictador Fidel Castro, con lo que copiaba el modelo de la ya desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, no solo en el aspecto económico, en su forma o estilo de gobierno; sino en las posibilidades de adoctrinar a las masas desposeídas que fueron vilmente engañadas desde los inicios mismos del llamado proceso revolucionario.

               
                          Obra del artista español Jesús Antonio Lozano Fuentes.

Una desmedida eliminación de todo vestigio religioso se impuso de manera premeditada y con alevosía. La instauración de la enseñanza del marxismo-leninismo vendría a reemplazar definitivamente una instrucción guiada en gran medida por el catolicismo y en menor escala por las variantes evangélicas. La nacionalización emprendida facilitaba la expropiación de todos los bienes particulares con el consiguiente dominio por parte del estado oficialista de todo, incluido, como era de esperar, el noble y difícil proceso de la enseñanza, que ahora se vería matizado por nuevas variantes que, a mediano y largo plazo, facilitarían la hipnotización del pensamiento del llamado hombre nuevo. 
 
En el mundo, de manera general, las generaciones actuales inmersas en ese pensamiento demasiado concreto, al que ya hice referencia, no son capaces de detenerse a reflexionar en estos aspectos de una historia que algunos prefieren ignorar, otros están bajo los efectos de la hipnosis que los ha llevado al estatismo mental, lo que les impide percibir la magnitud de ciertos hechos, mientras que muchos sumergidos y entregados al consumismo, la superficialidad, la enajenación a través de drogas, píldoras antidepresivas, o la dependencia de los celulares con sus juegos o la última canción de moda, no ven la realidad de un mundo que aún resulta muy cercano en el tiempo, al menos, para los que vivimos en algún momento de nuestras vidas bajo la influencia del terror de los estados totalitarios.

     (Continuará)