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Octubre 10, 2018, 06:09:59 am por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas sociales y políticos.

                              ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                              EL VERDADERO DÍA DE LA REBELDÍA NACIONAL IIª PARTE.
                                                 Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


                     


El verdadero día de la rebeldía. Una desafiante provocación para su olvido

¿Cómo es posible que los cubanos hayan olvidado en nuestros días el hecho inicial de nuestras luchas independentistas y a su gestor, el otrora venerado Padre de la Patria?

Durante la primera mitad del pasado siglo veinte, Céspedes era motivo de cierta veneración, no comparable al tributo martiano, pero sí era considerado en la medida de sus actos y en el lugar que por justicia se ganó. Sin embargo, en nuestros días el hecho fundacional de la gesta independentista es solo recordado por una exigua minoría que ha permanecido fiel al verdadero nacionalismo cubano, así como a la autenticidad de la historia patria, sin dejarse penetrar por la maléfica influencia que a la fuerza ha pretendido ejercer sobre todos el comunismo castrista.

Tal vez la inmensidad de uno de los líderes de la insurrección posterior, la del noventa y cinco, y el hecho de que la acción terminara con éxito, lo que consolidó el nacimiento de la república  -pasada ya la presencia norteamericana que tuvo lugar en el momento final de la guerra- el 20 de mayo de 1902, fueron aspectos determinantes para que la gesta del noventa y cinco le quitara el protagonismo a la contienda del sesenta y ocho.

La carismática figura de José Martí, cuya personalidad se enmarca entre los enigmas de la genialidad y los misterios del misticismo, sin que por ello se aparte del sentido práctico de la cotidianidad como hombre de acción, le garantizaron un grado de aceptación popular poco usual entre aquellos que han sido marcados con estos dones, al menos en su propio contexto, toda vez que lo usual es que trasciendan con el transcurso de los años y una vez que ya no se encuentren entre los vivos, algo que no ocurrió en el héroe cubano, que fue venerado desde su propio tiempo.

La valentía, rectitud, inteligencia, y ante todo ese inusual  altruismo de Céspedes fueron quedando a un lado cuando la emblemática figura de Martí, el noble hombre que sin tener nada, al menos en el aspecto material, lo dio todo, se alzaba triunfante para la eternidad. José Martí tuvo un arraigo popular que llegaba al delirio, hasta el punto que sus compatriotas le llamaban presidente, aunque jamás tuvo tal cargo, o lo vieran como el supremo jefe que no fue, y sus opiniones se respetaban como leyes sin serlo. Por otra parte, en el exilio convocaba a cientos de hombres, a los que unía en la contienda, y su palabra electrizaba a unos y despertaba a otros hasta convertirse en el símbolo de la nación, algo que no ocurrió con Céspedes, aunque se le reconociera su gran mérito y su justo lugar como iniciador de la rebeldía por la independencia cubana.

Pero este desplazamiento del protagonismo de una acción por otra resulta comprensible si se analiza desde esta perspectiva. Se trata de contextos históricos similares, pero con peculiaridades distintivas, así como líderes con matices de sus personalidades que los llevarían a ciertas dimensiones más allá de lo previsible en el caso de José Martí. No obstante, resulta inadmisible que aquella acción que marcara el inicio de la extensa lucha insurreccional sea olvidada en nuestros días.

Hacia el final del siglo diecinueve, José Martí se encargó desde el exilio de que el trascendental hecho permaneciera como algo viviente entre los cubanos. Sus sendos discursos en Nueva York cada 10 de octubre, ente 1887 y 1891, en el Masonic Temple y en el Hardman Hall, a los que ya he acudido como referencias anteriormente, son una muestra de lo que representaba tal fecha para el colosal cubano.

Durante la primera mitad del siglo XX, la fecha fue considerada como una de las más significativas para la nación; aunque ya no estaba el Apóstol bendito para evocarlo con su inigualable elocuencia, el hecho protagonizado por Céspedes se reiteraba como algo viviente cada 10 de octubre como una necesaria invocación que a modo de recuerdo se le tributaba no solo al bien llamado Padre de la Patria, sino a todos los que contribuyeron a cimentar las condiciones ulteriores para la contienda siguiente, la de 1895, con la que definitivamente se logró la independencia nacional.

A solo nueve años de la toma del poder por el dictador Fidel Castro se conmemoraba el centenario de la histórica fecha. Durante una velada efectuada en La Demajagua, Manzanillo, el mandatario pronunció un extenso discurso que considero fue determinante para cambiar la percepción del curso de la historia cubana, y de manera particular la real dimensión de la citada fecha.

Con su egocentrismo distintivo aprovechó la ocasión para establecer vínculos entre el 10 de octubre y su rol como líder asaltante al Cuartel Moncada. Para esto utilizó, una vez más, la paradigmática imagen del Apóstol  -en aquella ocasión fuera de contexto teniendo en cuenta que conmemoraba el 10 de octubre y no el 28 de enero o el 19 de mayo, fechas en relación directa con el héroe cubano evocado, ni tampoco el 26 de julio, día de la llamada rebeldía nacional- para ratificar su absurda idea sobre la influencia martiana en su fracasado asalto: “Y eso no es algo que se diga hoy como de ocasión porque conmemoramos un aniversario, sino algo que se ha dicho siempre (…) y que se dijo en el Moncada. Porque allí cuando los jueces preguntaron quién era el autor intelectual del ataque al cuartel Moncada, sin vacilación nosotros respondimos: ¡Martí fue el autor intelectual del ataque al cuartel Moncada!”

Pero no solo esto, sino que estuvo constantemente intentando articular aquellos valerosos acontecimientos que de manera inevitable conducirían a la libertad de Cuba con los sucesos que él protagonizó en el siglo XX. Para esto utilizó su reiterado recurso verbal al acudir a la idea de una continuidad desde los tiempos de Céspedes hasta el presente: “en Cuba solo ha habido una revolución: la que comenzó Carlos Manuel de Céspedes el 10 de Octubre de 1868. Y que nuestro pueblo lleva adelante en estos instantes” (téngase presente que corrían los años iniciales de la revolución cubana -que ya dejó de serla- en los que cierto ímpetu arrollador convocaba a multitudes adoctrinadas que le apoyaban en todas sus andanzas).

Por supuesto que no podía faltar su insulto al imperialismo yanqui, su habitual ataque por la injerencia norteamericana en la economía cubana, y lo peor, los cuestionamientos que hiciera acerca de la república que se había establecido desde 1902, que si bien tuvo sus desaciertos -como lo tienen todas las naciones y todos los gobiernos y gobernantes- estos no fueron peores que los desafortunados pasos emprendidos por la dictadura castrista a partir de 1959, amén de haber tenido aquella etapa (mal llamada pseudorepública por la historia oficialista al servicio del régimen) sus aspectos positivos tanto en el orden económico y político, así como en el aspecto social, ético y moral.

No se trata de ver una sombra tras cualquier paso del delirante comandante, por suerte ya no andante entre los vivos, pero este desplazamiento del protagonismo del 10 de octubre, a diferencia del que ya había tenido tras la grandeza de los hechos del noventa y cinco, fue causado por el dictador Fidel Castro y sus “bondades” al declarar la fracasada acción que él protagonizara como el día de la rebeldía nacional, y ofrecerle a “su pueblo” no un día de descanso como ocurre en el 10 de octubre, sino tres jornadas libres para olvidar sus penas, a la vez que garantizara la presencia popular en el suntuoso acto que a modo de ritual comunista emprendió cada 26 de julio.

De ahí que el 10 de octubre quedara en el olvido para que en su lugar se alzara el 26 de julio, y la venerada figura de Céspedes fuera relegada a un segundo plano -ya ahora prácticamente sepultada para siempre- para que Fidel Castro, el siniestro y vengativo dictador, ocupara una inmerecida supremacía en la historia de la nación cubana.   

Los ideales de libertad determinados por un código ético basados en el amor patrio, y un sentido de la libertad sustentado en un naciente nacionalismo, fueron reemplazados por aquel ímpetu vengativo que con rapidez se diseminaba por un país que no había llegado a consolidar sus conceptos de nacionalismo e identidad; lo que, sin duda, les hizo más vulnerables a la manipulación, al extremo que han pretendido cambiar los designios de un pueblo, se sustituyeron los héroes y hasta sus fechas históricas, entre ellas el 10 de octubre, que ha quedado en el olvido por no haber sido protagonizada por el comandante y sus revoltosos barbudos, sino por un hombre altruista, masón y versado en leyes, con sus humildes esclavos recién liberados y los que le siguieron en el oriente cubano, quienes deben ser reconocidos en el verdadero día de la rebeldía de una nación necesitada de una nueva contienda, y de hombres ejemplares como el Padre de la Patria.

En estos duros tiempos en que el pueblo cubano está necesitado de que se produzcan grandes y trascendentales cambios el extraordinario mensaje del Maestro sigue vigente. Su bendita sabiduría debe ser retomada junto al inolvidable día que marcó el inicio de las luchas independentistas, y de manera especial a Céspedes, aquel que en simbólico gesto fue capaz de erguirse con sus hombres en pos de la ansiada libertad.

Recordemos que para José Martí: “Un pueblo está hecho de hombres que resisten, y hombres que empujan: del acomodo que acapara, y de la justicia, que se rebela: de la soberbia, que sujeta y deprime, y del decoro, que no priva al soberbio de su puesto, ni cede el suyo: de los derechos y opiniones de sus hijos todos está hecho un pueblo, y no de los derechos y opiniones de una clase sola de sus hijos”.

(FINAL)

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 Acerca de mí

Dr. Alberto Roteta Dorado. Cienfuegos, Cuba. Graduado de doctor en medicina, especialista en Medicina General Integral y Pediatría por el Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara y de Máster en Ciencias, especialista de segundo grado en Endocrinología y de segundo grado en Medicina General Integral por la Universidad Médica de Cienfuegos. Ejerció su profesión de médico por más de veinticinco años en Cuba. Profesor auxiliar de Pediatría y Endocrinología, se dedicó al magisterio por más de veinte años. Ha realizado estudios de filosofía, teología, antropología y teosofía. Presidió en su ciudad natal la Fundación Cultural “Oasis Teosófico-Martiano” desde 1993 hasta su salida de Cuba en 2014. Actualmente presidente de honor de dicha institución. Dictó conferencias sobre temas martianos y filosóficos en diferentes instituciones cubanas como: Fundación Cultural “Oasis Teosófico-Martiano”, de Cienfuegos, “Memorial Presidente Salvador Allende”,  de La Habana, entre otras.  Tiene inéditos dos libros de ensayos sobre el sentido de la religiosidad y el pensamiento filosófico de José Martí. Colaborador de medios de prensa como Cubanet, Noticias de Cuba. Ha visitado varios países de América: Perú, Ecuador, Colombia, Costa Rica y Panamá. Radicado en Estados Unidos de Norteamérica.





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