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Octubre 10, 2018, 05:49:56 am por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas sociales y políticos.

                        ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                              EL VERDADERO DÍA DE LA REBELDÍA NACIONAL Iª PARTE.
                                            Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


               


Santa Cruz de Tenerife, España.- Un 10 de octubre del año 732 en un sitio cercano a Poitiers, en territorio francés, los francos derrotaron al ejército musulmán en la conocida batalla de Tours, con lo que impedían su avance hacia Europa. Siglos después en Estocolmo, en 1471, también un 10 de octubre, se libró la batalla de Brunkeberg, en la que Sten Sture, el Viejo, entonces regente de Suecia, apoyado por granjeros y mineros, rechazó el ataque de Cristián I de Dinamarca.

En Cuba, este mismo día, pero en 1868, Carlos Manuel de Céspedes, un abogado de privilegiada posición social y económica seguido por muchos de sus esclavos -a los que en gesto altruista y emancipador había puesto en libertad- y otros humildes hombres de pueblo, como si se repitiera la hazaña “del Viejo” de Suecia con sus pobres hombres, emprendía el camino libertador de su patria e iniciaba la llamada Guerra de los 10 años, hecho considerado como el elemento referencial que marcó el inicio de la gesta independentista cubana más prolongada.

El repique de la campana de su ingenio La Demajagua, Manzanillo, en el oriente del país, hace 150 años, significó el triunfo de las ideas independentistas, frente al integrismo hispano y las corrientes reformistas y anexionistas de la segunda mitad del siglo diecinueve en Cuba.

Sin embargo, este acontecimiento en nuestros días resulta prácticamente desconocido para muchos cubanos, no solo para aquellos que desde su inercia intelectual han preferido permanecer enajenados de la realidad ante la adversidad del medio social donde lamentablemente se desarrollan, sino para los más instruidos que se han graduado o cursan estudios superiores en las universidades de la isla.

Si se les preguntara a los jóvenes cubanos cual es el hecho fundacional de la Revolución cubana de 1868 con seguridad no serían capaces de responder con certeza la interrogante. Si se desconoce la existencia de una gesta independentista que comenzó en 1868 y se extendió por una década, no es posible que sepan acerca del hecho fundacional considerado como punto de partida para el inicio de dicha contienda.

Si se simplificara el hecho y expresáramos la misma idea de otra manera, esto es, preguntar qué se conmemora el 10 de octubre, la respuesta no sería muy diferente ante el desconocimiento que se tiene sobre la historia de la nación. En última instancia puede existir en algunos una idea difusa acerca de que ese día “se les dio la libertad a los esclavos”. El por qué se liberó a los esclavos -solo a un grupo de hombres de esta condición y por parte de alguien en particular-, quien los liberó, y qué motivos tuvo para la toma de su decisión, ya sería pedirles demasiado.

No crean mis lectores que lo que presento como hipótesis carece de valor, toda vez que hasta el momento lo he explicado como una posibilidad en el supuesto caso de que se pretendiera investigar el tema en el contexto actual de la juventud cubana. Por el contrario, quien redacta estas líneas dedicadas el histórico día, interrogó a sus alumnos que cursaban el cuarto año de la carrera de medicina hace solo unos años cuando ejercía el magisterio en Cuba, y quedó perturbado ante el grado de desinformación generalizada que existía en torno a un día que debe considerarse de extraordinaria importancia para los cubanos de todos los tiempos.   

Acudiendo a la enseñanza socrática, cuyo eje de la polémica consistía en la formulación de nuevas interrogantes a partir de cada situación concretada, hemos de cuestionarnos el por qué este acontecimiento que durante la primera mitad del siglo XX mantuvo su vigencia ahora quedó en el olvido, tema que desarrollaré mas adelante en este escrito, una vez que analicemos el significado que tuvo para José Martí el histórico día. 

El 10 de octubre en José Martí. Sus trascendentales discursos pronunciados en el Masonic Temple de New York

Entre 1887 y 1891, tanto en el Masonic Temple como en el Hardman Hall, ambos en la ciudad de Nueva York, José Martí, con su sabia palabra y su visión profética, protagonizó las grandes reuniones, devenidas en sagrado culto para la evocación a aquellos que emprendieron el camino liberador.

Un 10 de octubre de 1888, a solo veinte años de la acción emprendida por Carlos Manuel de Céspedes, José Martí se dirigió a los cubanos emigrados en Nueva York, desde el  Masonic Temple y se refirió al “ardor inevitable del corazón” y a “las pasiones evocadas por el recuerdo y la presencia de nuestros héroes”.

Para José Martí la gesta independentista de 1868, a pesar de su fracasado fin, tuvo una connotación trascendental, y el gesto inicial de la contienda que protagonizara Céspedes, un significado real y a la vez simbólico; tal vez el más genuino símbolo de la nación cubana. Sus reiteradas intervenciones durante varios años en los Estados Unidos de América para recordar el 10 de octubre son una prueba irrefutable de lo expreso.

Esas “pasiones evocadas por el recuerdo y la presencia de nuestros héroes” adquirieron un significado real y trascendente cada 10 de octubre en las reuniones convocadas por el héroe cubano, las que no solo eran motivo para la evocación del histórico día, sino que se convirtieron en tenida necesaria para el llamado coloquial que sirvió para la reunificación de los cubanos con ansias libertadoras dispersos en el exilio.

José Martí en el citado discurso es capaz de convocar a los cubanos de su tiempo cuando expresó: “Miente a sabiendas, o yerra por ignorancia o por poco conocimiento en la ciencia de los pueblos, o por flaqueza de la voluntad incapaz de las resoluciones que imponen a los ánimos viriles los casos extremos, el que propale que la revolución es algo más que una de las formas de la evolución, que llega a ser indispensable en las horas de hostilidad esencial, para que en el choque súbito se depuren y acomoden en condiciones definitivas de vida los factores opuestos que se desenvuelven en común”.

Lo que nos permite apreciar el conocimiento y dominio de lo que más tarde los teóricos de la historia política llamaron factores subjetivos. José Martí con una extraordinaria agudeza perceptiva fue capaz de adentrarse en el complicado mundo de los móviles que conducen al enfrentamiento de las polaridades extremas, lo que llevado al contexto particular de la nación cubana de su tiempo marcó el enfrentamiento entre los cubanos oprimidos y dominados por el colonialismo español, y los representantes de una España que se expandió por territorios suramericanos y caribeños.

Pero su mayor mérito radica en haber logrado conceptualizar la idea acerca de la necesidad de una revolución como ley evolucionista, según él, “indispensable en las horas de hostilidad esencial”. Téngase presente que el cubano inigualable, de profético pensamiento y de visión futura, fue capaz de prever que: “los pueblos que no creen en la perpetuación y universal sentido, en el sacerdocio y glorioso ascenso de la vida humana, se desmigajan como un mendrugo roído de ratones”, lo que trató de impedir desde su permanente llamado a la lucha insurreccional en pos de salvar a una nación que por aquellos tiempos aun creía en ese concepto del glorioso ascenso de la vida humana.

Así las cosas, el autor de los Versos Libres, supo como nadie en su tiempo interpretar con verdadero sentido la praxis latinoamericana y los males que aquejaban a su patria, y aún más, alertarnos de las posibles consecuencias futuras ante la instauración de sistemas de carácter totalitaristas, “con el pretexto de enseñar doctrinas modernas”, como sucedió en Latinoamérica en los últimos años a partir de la expansión del llamado Socialismo del siglo XXI, y como ocurrió en Cuba con el establecimiento de la dictadura comunista en 1959, hechos que el genial cubano no alcanzó a ver, pero desde su tiempo se anticipó en alertarnos sobre el peligro de las ideas de carácter socialista y de la destrucción de las naciones al ser dominadas por sistemas totalitarios.

No obstante, independientemente de la profundidad de su mensaje, cuya esencia, desde el punto de vista de su contenido, le aproxima a Montesquieu (el gran político y jurista francés, cuyas ideas fueron determinantes para el impulso teórico que luego se concretó en la Revolución francesa de 1789), la sabia palabra del Maestro cubano tenía como objeto la evocación del trascendental acontecimiento que marcó el inicio de la gesta independentista cubana de 1868. 

Su histórico discurso de 1887 en el Masonic Temple de Nueva York, ofrecido un año antes del citado anteriormente, constituye un símbolo inspirador, no solo para la evocación del Padre de la Patria y el comienzo de la lucha emancipadora, sino para la reunificación de los cubanos de su tiempo en pos de reiniciar la lucha y alcanzar la independencia.

Con elocuente palabra el Apóstol realza el gesto de Céspedes al afirmar:

“Los misterios más puros del alma se cumplieron en aquella mañana de la Demajagua, cuando los ricos desembarazándose de su fortuna, salieron a pelear, sin odios a nadie, por el decoro, que vale más que ella: cuando los dueños de hombres, al ir naciendo el día, dijeron a sus esclavos: ¡Ya sois libres!”

Hoy, cuando nos separan 150 años del histórico hecho de la Demajagua protagonizado por Céspedes, el olvidado Padre de la Patria, y 131 años del primer discurso de José Martí en conmemoración del 10 de octubre, hemos de preguntarnos como sabiamente lo hizo el autor de Versos Libres. ¿Qué sentimiento inspirador nos mueve para que volvamos a evocar de manera cíclica el histórico día? ¿Qué relación podrá existir entre el gesto emancipador de Céspedes, las ideas libertadoras del héroe bendito de Dos Ríos y la necesidad de que se concreten esos grandes cambios que todos, de una u otra forma, queremos para nuestra patria en el actual contexto? ¿Es que acaso el hecho de acudir a la colosal sabiduría del Maestro y al gesto altruista del simbólico padre que los cubanos han olvidado en estos tiempos no es la expresión actual de nuestras ansias libertadoras?

Tal vez las palabras de José Martí en su discurso a los cubanos emigrados reunidos en el Masonic Temple, en 1888, durante la conmemoración del 10 de octubre, nos den la respuesta en la justa medida de nuestras aspiraciones: “¿Qué nos alienta, a más de nuestra gratitud, para reunirnos a conmemorar a nuestros padres? ¿Qué pasa en nuestras huestes que el dolor las aumenta y se robustecen con los años? ¿Será que, equivocando los deseos con la realidad, desconociendo por la fuerza de la ilusión o de nuestra propia virtud las leyes de naturaleza que alejan al hombre de la muerte y el sacrificio, queramos infundir con este acto nuestro, con este ímpetu, con este anuncio esperanzas que sin culpas cuando puedan costar la vida al que las concibe, y el que las pregona no puede realizarlas?”

Lo que hemos resistido durante todos estos años de represión, de carencias no solo materiales -a las que nos hemos adaptado a modo de supervivencia-, sino espirituales (que van desde la ausencia de valiosos textos prohibidos o restringidos hasta la imperdonable ironía de querer dominar nuestro pensamiento y nuestra expresión), la ausencia de libertades de todo tipo, el irrespeto y la violación de los derechos ciudadanos, entre otros tantos males, han sido en nuestro actual contexto elementos claves para que en “nuestras huestes” (…) “el dolor las aumente y se robustezcan con los años”, acudiendo a la inspiradora palabra del Maestro cuando convocó a los cubanos del exilio reunidos para recordar el sagrado día que hoy los cubanos han olvidado.

El contexto político cubano actual resulta bien diferente si se compara con las circunstancias  de la Cuba del siglo diecinueve; pero sin duda, se requieren grandes cambios que conduzcan al país a una nueva independencia que quedó frustrada, no con la instauración de la república en 1902, como han querido imponer a partir de una reinterpretación de la historia cubana, los historiadores oficialistas; sino a partir de la toma del poder político por el dictador Fidel Castro en 1959, y más tarde al declarar solo por su voluntad el carácter socialista de la llamada revolución cubana.

La evocación de la acción liberadora emprendida por el Padre de la Patria en un día tan significativo para los que anhelamos la libertad, deberá convertirse en símbolo para la continuidad de una lucha que de manera pacífica está llevando el pueblo cubano en estos tiempos. El ejemplo de Céspedes debe ser inspirador, olvidarle es pecar contra nuestros principios, contra nuestro sentido de la identidad y contra nuestro verdadero nacionalismo.

La imposición por la dictadura comunista de aquellas fechas que guardan relación solo con los sucesos emprendidos por ellos, ha contribuido a que se dejen a un lado ciertos hechos de nuestra historia como el 20 de mayo, día de la independencia, y el 10 de octubre, día del inicio de las luchas independentistas de la nación, verdadero día de la rebeldía, que lamentablemente los cubanos olvidan porque la dictadura impuso el 26 de julio, fecha de la fracasada acción del grupúsculo de revoltosos dirigidos por Fidel Castro, ofreciéndole un protagonismo para engrandecer una acción carente de sentido y jamás comparable con el heroico gesto de Céspedes y sus honestos y humildes hombres, los que se emanciparon en pos de la independencia cubana.

(Continuará)

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 Acerca de mí

Dr. Alberto Roteta Dorado. Cienfuegos, Cuba. Graduado de doctor en medicina, especialista en Medicina General Integral y Pediatría por el Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara y de Máster en Ciencias, especialista de segundo grado en Endocrinología y de segundo grado en Medicina General Integral por la Universidad Médica de Cienfuegos. Ejerció su profesión de médico por más de veinticinco años en Cuba. Profesor auxiliar de Pediatría y Endocrinología, se dedicó al magisterio por más de veinte años. Ha realizado estudios de filosofía, teología, antropología y teosofía. Presidió en su ciudad natal la Fundación Cultural “Oasis Teosófico-Martiano” desde 1993 hasta su salida de Cuba en 2014. Actualmente presidente de honor de dicha institución. Dictó conferencias sobre temas martianos y filosóficos en diferentes instituciones cubanas como: Fundación Cultural “Oasis Teosófico-Martiano”, de Cienfuegos, “Memorial Presidente Salvador Allende”,  de La Habana, entre otras.  Tiene inéditos dos libros de ensayos sobre el sentido de la religiosidad y el pensamiento filosófico de José Martí. Colaborador de medios de prensa como Cubanet, Noticias de Cuba. Ha visitado varios países de América: Perú, Ecuador, Colombia, Costa Rica y Panamá. Radicado en Estados Unidos de Norteamérica.





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