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Octubre 08, 2018, 09:53:35 am por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas sociales y políticos.

 
                 ELECCIONES EN BRASIL: BUSCANDO LA OPCIÓN MENOS MALA
                                       Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


Acaban de tener lugar las elecciones en Brasil. Este domingo 7 de octubre se alzó con el primer puesto Jair Bolsonaro, el representante del Partido Social Liberal, con el 46% de los votos (99 % de las mesas escrutadas), seguido por Frenando Haddad, candidato del Partido de los Trabajadores, con el 29.3 %. Cubanálisis, el prestigioso sitio que en Estados Unidos dirige el escritor y analista político Eugenio Yáñez, publicó mi escrito sobre el tema de las elecciones en Brasil en su edición del lunes 17 de septiembre, escrito que publico en este Blog, tal vez con un poco de retraso, pero con la convicción de su valor mantenido, algo que apreciarán mis lectores.

                      ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS       
                     ELECCIONES EN BRASIL: BUSCANDO LA OPCIÓN MENOS MALA


             

Fernando Haddad, representante de la sobreviviente izquierda regional y Hair Bolsonaro, el derechista radical defensor de la dictadura militar brasileña, se enfrentarán el próximo 28 de octubre por la presidencia de Brasil.  
 
Santa Cruz de Tenerife. España.- En el 2018 han tenido lugar elecciones presidenciales en varios países de América Latina, lo que nos ha mantenido a quienes nos interesamos por estos temas en la expectativa acerca de los posibles resultados comiciales, y en primer lugar, a las consecuencias resultantes de una inadecuada elección en algunas de las naciones de la región.

Con las excepciones de Cuba y Venezuela, cuyos regímenes dictatoriales ejercen el control absoluto de todo el acontecer nacional, hasta el momento en los países donde se desarrollaron procesos electorales de acuerdo a los procedimientos que establecen sus protocolos de manera legal y constitucional, las cosas han salido bien, aunque hubiéramos preferido otro presidente para México, la última de las naciones inmersa en comicios electorales, a pesar de que hasta el presente Andrés Manuel López Obrador solo ha dado muestras de tolerancia, aplicabilidad de una disciplina austera e inclinaciones por recuperar el terreno perdido con la administración Trump, con quien ha mantenido relaciones adecuadas que pudieran contribuir a una reversión de la política del mandatario estadounidense hacia su vecino del sur.

Por suerte para la región los gobiernos de Paraguay, Costa Rica y Colombia son seguidores de líneas políticas bien distantes del fenómeno sociopolítico conocido como Socialismo del siglo XXI, tendencia que estuvo muy de moda en Latinoamérica desde los primeros años de este siglo, en los que a partir del maléfica influencia del desaparecido presidente venezolano Hugo Chávez bajo los auspicios del ya también inexistente líder comunista cubano Fidel Castro, se difundió por varios de los países de la región.

El reciente triunfo de Iván Duque en Colombia, a pesar de los fuertes momentos de tensión dada la posibilidad del triunfo de Gustavo Petro, su principal adversario en la contienda (político vinculado años atrás a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, y de postura izquierdista), ha sido determinante para la reorientación política de esta nación, cuya misión ha de ser extraordinaria no solo para Colombia, sino que pudiera ser de vital importancia como principal estandarte contra la dictadura de Nicolás Maduro, toda vez que el fenómeno de Venezuela repercute sobremanera en Colombia dada su cercanía, lo que se incrementa cada día con el éxodo masivo de venezolanos hacia territorios colombianos.

Pero como ya he dicho, las cosas hasta el momento van saliendo bien, exceptuando los atípicos casos de Cuba y Venezuela, cuyos regímenes manipularon todos los pormenores de sus procesos electorales, algo que ya sabíamos ocurriría de antemano, así como de México, cuyos resultados los habíamos previsto, y lamentablemente se alzó con un triunfo Andrés Manuel López Obrador, un candidato de la izquierda, aunque hasta el presente todo parece indicar que ese izquierdismo se va moviendo gradualmente y pasará a posiciones intermedias en lo adelante, esto es, se oficializará como centro-izquierda, tendencia muy de moda, junto al centro-derechismo, por estos tiempos tan complejos en los que muchos se alejan de los radicalismos extremos para no aparecer como derechistas e izquierdistas propiamente dichos, los dos grandes extremos, sino que han preferido autollamarse progresistas que asumen la esencialidad de una u otra tendencia para al final aparecer y parecer como de centro derecha o de centro izquierda, con lo que se suprimen los absolutismos de ambas polaridades políticas.

El escenario de la campaña preelectoral en Brasil. Un enfrentamiento de las polaridades contrapuestas.

Y es justamente este asunto de las polaridades extremas lo que nos conduce al fenómeno que actualmente se está dando en Brasil, la última de las naciones de América Latina que tendrá sus elecciones en este 2018.

En el extremo de la izquierda Luiz Inácio da Silva, expresidente de Brasil, y uno de los representantes pioneros del socialismo de “nuevo” tipo en el continente, quien cumple prisión actualmente por corrupción, apareció hasta hace solo unos días como candidato a la presidencia del país, y no solo candidato, sino que, de manera paradójica, era el favorito con una cifra de seguidores que hubiera conquistado con facilidad el triunfo definitivo si su candidatura no hubiera sido rechazada por el Tribunal Superior Electoral.

Mientras que hacia el extremo de la derecha nos encontramos con Jair Bolsonaro, el polémico personaje defensor de la dictadura militar brasileña (1964-1985), conocido por sus fuertes ataques de naturaleza racista, xenófoba y homofóbica, atacado por un fanático en medio de la campaña electoral, hecho del que salió gravemente herido y por el que acaba de salir de las unidades de terapias intensivas, aunque sigue hospitalizado.

Así las cosas, los brasileños -hasta hace solo unos días que el Tribunal Electoral determinó la retirada de la candidatura de da Silva- han contado con estas dos “brillantes” opciones para que los representen por un período de cuatro años con la posibilidad de ser reelegidos, al menos por una vez, siendo los principales candidatos si consideramos su grado de aceptación popular según investigaciones antes de la retirada de la candidatura de da Silva.

De acuerdo con la firma brasileña MDA para la Confederación Nacional de Transporte, la que precisa que su margen de error es solo de 2.2 puntos porcentuales, hacia el final de agosto, Lula da Silva ocupaba el primer lugar con un por ciento de aceptación del 37.3%, mientras que Jair Bolsonaro ocupaba el segundo lugar con el 18.3%.

La indiferencia y la apatía hacia los temas de naturaleza política no es un fenómeno exclusivo de aquellos países en los cuales existen sistemas dictatoriales de gobierno, o de aquellos que aun se encuentran en etapas de transición luego de haber sido sometidos a formas de dictadura, sino que es un fenómeno que resulta patente en los países latinoamericanos. Recordemos el caso de Colombia, país en el que menos del 50% de su población acude a las urnas, o el de otras naciones como Ecuador, donde si acuden toda vez que está establecido en sus leyes constitucionales el voto obligatorio como deber ciudadano, aunque desconozcan acerca de los candidatos presidenciales, ni tengan criterios propios para ejercer el voto.

Por otro lado la incultura política constituye un grave flagelo -tan dañino como el hambre, la miseria y las enfermedades- en aquellos pueblos de nuestra América en los que el analfabetismo y la pobre instrucción son cosas comunes. No se puede aspirar a que las multitudes carentes de la instrucción elemental puedan tener conocimientos profundos, o al menos nociones acerca del acontecer político de sus países, siendo este uno de los elementos determinantes para que al final los grandes sectores poblacionales den su voto a aquellos candidatos que, en buena ley, ni siquiera son dignos de aparecer en los listados de las candidaturas.

Nuestra América tan desigual no solo se caracteriza por su pobreza, su extrema pobreza, su desempleo, sus altos grados de delincuencia y criminalidad, sino por sus elevados niveles de personas sin instrucción o en total analfabetismo -los que tienen su derecho pleno a ejercer el voto aun cuando desconocen el por qué lo hacen y por quien lo hacen-, y esto último no solo influye en la toma de partido por uno u otro candidato, sino que juega un papel decisivo en la asunción del poder de gobernantes no idóneos para poder conducir a sus pueblos e integrarse con un mínimo de decoro en el acontecer internacional.

Del mismo modo que en Venezuela Nicolás Maduro sigue tiene teniendo seguidores, los tuvo en Cuba Fidel Castro hasta el día de su muerte, y aun los sigue teniendo, y en Colombia estuvieron apoyando a Gustavo Petro a pesar de sus antecedentes criminales, ahora en Brasil un por ciento de su población ha estado respaldando a alguien que cumple una condena de doce años por corrupción pasiva y lavado de dinero, y a un despreciable ser que impondrá, de resultar electo, el racismo, la xenofobia y la homofobia como aspectos sociales claves de su sistema político.

¿Es que acaso no tienen otras opciones los brasileños? Este es pues, otro elemento medular del grave conflicto preelectoral de Brasil. Opciones si existen, pero no muchas para escoger si se trata de elegir a un presidente, lo que ya es algo mayor, por cuanto no se trata de un puesto en una alcaldía municipal o de una figura que con frecuencia suele ser decorativa en el senado. Y es justamente otro factor que está influyendo decisivamente en el mal ambiente que precede a las elecciones brasileñas previstas para este 7 de octubre.

Ciro Gomes, representante del Partido Democrático Laborista, PDT, a pesar de haber ganado en simpatizantes luego de la exclusión de Lula, y Marina Silva, con su poco influyente Partido Red de Sustentabilidad, REDE, no logran ascender hasta posiciones que puedan aproximarse a las de los candidatos favoritos extremos, de los que ya solo queda uno toda vez que la candidatura de Lula da Silva no fue finalmente permitida, mientras que Geraldo Alckmin, el socialdemócrata representante del Partido de la Social Democracia  Brasileña, PSDB, a pesar de su favorecedora relación con el sector financiero, al parecer le falta carisma para atraer con más fuerza y poder conquistar a los brasileños.

Del resto de los candidatos guardaré silencio,  por cuanto no logran ir más allá del 1%, de acuerdo a los sondeos de la segunda quincena de agosto, lo que no experimentó variaciones en las investigaciones de septiembre. De modo que las multitudes han preferido optar por un presidente que se encuentra tras las rejas, algo que considero inconcebible e improcedente, y por un racista que no será mucho mejor que da Silva a pesar de su postura política diametralmente opuesta, y que, aunque no está en prisión como Silva, no se escapa de acusaciones sobre asuntos de corrupción.

En una investigación basada en datos de organizaciones internacionales como el Banco Mundial, el Banco Africano de Desarrollo y el Foro Económico Mundial, publicada el 21 de febrero en Infobae, Brasil obtuvo una puntuación de 37 en una escala de 0 a 100 donde el 0 significa el más corrupto y el 100 el menos, lo que nos da la medida del nivel de corrupción en esta nación, aunque si se compara con otras de Latinoamérica su puesto no es de los peores, por cuanto es superada por casi todos los países centroamericanos. No obstante, Brasil está considerado dentro de los cinco países menos corruptos de América Latina, algo que no debe considerarse un triunfo, dado el elevado nivel de corrupción en América Latina.

Posiciones de los candidatos a la presidencia de Brasil con Lula da Silva y sin Lula da Silva como aspirante.

Veamos el comportamiento de las investigaciones según encuestas antes y después de la  exclusión de la candidatura de da Silva. Las fuentes consultadas precisan que las investigaciones se realizaron a una totalidad 2.002 electores de 137 ciudades de todas las regiones del país, lo que se hizo entre el 15 y 19 de agosto (firma brasileña MDA para la Confederación Nacional de Transporte), y cuenta con solo 2.2 puntos porcentuales para posible margen de error.

Igual número de electores fue consultado, aunque en una totalidad de 142 municipios del país, lo que solo deja el margen de posible error de 2 puntos porcentuales (Encuesta del Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadística, Ibope, a pedido de la Red Globo de Televisión y del periódico O Estado de Sao Paulo). Ambas con resultados similares y aun contando con la candidatura de Lula da Silva, lo que luego se modificó al ser retirada por la no aceptación por parte del Tribunal Superior Electoral. 

Según la primera de las encuestas Luiz Inácio Lula da Silva, representante de la izquierda, ocupó el primer lugar con un apoyo del 37,3 %. En segundo lugar el representante de la derecha Jair Bolsonaro  con el 18,3 %, seguido por la ecologista Marina Silva (5,6 %), el socialdemócrata Geraldo Alckmin (4,9 %), el laborista Ciro Gomes (4,1 %) y el liberal Álvaro Dias (2,7 %). Los otros siete candidatos registrados para las elecciones del 7 de octubre también fueron contemplados, pero ninguno de ellos llegó al 1 %, según el sondeo realizado.

De acuerdo con las investigaciones del Ibope da Silva apareció con un 37 % de intención de voto, contra el 18 % que el sondeo le atribuyó a Jair Bolsonaro, Marina Silva contó con un 6 % de apoyo, mientras que Gomes y Alckmin quedaron empatados con el 5 %.

Otra encuesta de Ibope, esta vez sin la presencia de Lula toda vez que ya no podrá participar en la recta final de la campaña ni en los próximos comicios, arroja los siguientes resultados: Jair Bolsonaro, tuvo un 20 % de apoyo y se perfilaría primero en intención de votos, seguido por la ambientalista Marina Silva con un 12 %, el centroizquierdista Ciro Gomes con un 9 % y Geraldo Alckmin, con un 7 %. El compañero de fórmula de Lula, Fernando Haddad, que reemplazará al expresidente, logró apenas un 4%.

Según estos resultados Bolsonaro logró una ventaja que aparentemente lo podría convertir en el futuro presidente de Brasil. No obstante, las investigaciones realizadas a posteriori nos dicen otra cosa, lo que debemos considerar, por cuanto creo que existe seriedad en el rigor de las empresas encuestadoras, y ante todo, no parece haber una intervención de favoritismo hacia uno u otro candidato como ha sucedido en algunos países de la región en que los resultados han sido manipulados para mantener cierta expectativa.

El Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadística, Ibope, retomó sus investigaciones y dio a conocer este 6 de septiembre nuevos resultados sobre la intención de voto, esta vez sin Lula da Silva y con una cercanía mayor a la fecha exacta de los comicios, los que se realizarán el próximo 7 de octubre en primera vuelta y el 28 de octubre en la segunda ronda.

Jair Bolsonaro sigue en primer lugar, pero a pesar de la ausencia de Lula, solo logró pasar del 20% que tuvo en agosto al 22% en septiembre, lo que debemos tener en cuenta,  por cuanto las perspectivas cambiarán definitivamente en una segunda vuelta prevista para el 28 de octubre, en la que algunos de sus contrincantes lo pudieran superar; al menos esto es lo que percibo al analizar este mínimo ascenso porcentual, y lo confirmo al consultar las investigaciones realizadas por las encuestadoras mencionadas antes, las que afirman de modo categórico que Bolsonaro sería vencido, al menos por tres de sus adversarios en una segunda vuelta. Ya para la noche de este viernes, 14 de septiembre, se difundieron los resultados de la encuesta de Datafolha en los que Bolsonaro se mantiene ocupando el primer lugar con un 26%.

Tras Bolsonaro aparecen empatados en segundo lugar con el 12% Marina Silva y Ciro Gomes, ambos exministros del gobierno de Lula da Silva. Geraldo Alckmin pasó del 7% al 9%, mientras que Fernando Haddad, postulado como fórmula vicepresidencial de da Silva, ocupó el quinto puesto al obtener el 6% de aceptación; resultados que han variado en solo una semana si consideramos los resultados de este viernes según la encuesta de Datafolha, en los que Marina Silva descendió al solo obtener un 8%, la única de los candidatos que experimentó un descenso como este; Ciro Gomes obtuvo un 13% ocupando el segundo lugar, esta vez compartido con Fernando Haddad, a quien haré referencia en breve; en tanto que Geraldo Alckmin obtuvo un 9%, con lo que lamentablemente se estaciona sin sacar ventajas sobre sus fuertes contrincantes.

La encuestadora del Ibope ensayó como sería el comportamiento de los electores en el caso de una segunda vuelta en la que se enfrentaría Jair Bolsonaro a cada uno de sus adversarios por separado, tal y como deberá ser en realidad en una segunda vuelta prevista para el 28 de octubre. De acuerdo con las simulaciones de Ibope para un posible balotaje Jair Bolsonaro no ganaría frente a sus principales rivales. Dicha encuesta recién acaba de realizarse entre los días 1 y 3 de septiembre a 2.002 electores con solo posible margen de error de dos puntos porcentuales.

En este sentido los resultados fueron los siguientes: Marina Silva vs. Bolsonaro, 43% contra 33%. Ciro Gomes vs. Bolsonaro, 44% contra 33%. Alckmin vs. Bolsonaro, 41% contra 32%. Jair Bolsonaro solo resultará vencedor si se tuviera que enfrentar a Fernando Haddad, por cuanto este último logró el 36% contra el 37% de Bolsonaro. 

Veamos entonces, acudiendo al análisis especulativo, pero basándonos en los elementos que de manera concreta tenemos hasta el momento, el posible desenlace de esta encrucijada brasileña, mucho más preocupante de lo que parece por lo que pudiera ocurrir en una nación cuyos pobladores están decepcionados de sus gobernantes ante la serie de escándalos de corrupción que los ha caracterizado, lo que, sin duda, ha influenciado en ese comportamiento aparentemente absurdo de las multitudes al apoyar a un candidato en prisión -más absurdo aun es el hecho de que se permitiera la inscripción de una candidatura a un prisionero que cumple condena de doce años por lavado de dinero y corrupción pasiva- y a otro que ha tenido expresiones xenófobas y racistas de manera reiterada, justamente en Brasil, un país de gran diversidad racial y de mestizaje sin igual en la región, amén de sus amplias reacciones de rechazo hacia las comunidades indígenas a las que desprecia sobremanera.

Las segundas vueltas o balotajes con frecuencia nos dan una sorpresa, y aunque creo en la seriedad de las encuestadoras y en la posible exactitud de sus datos, todo puede ocurrir en los próximos días antes de que cierre el período de campaña previo a las elecciones.

Un primer punto importante, Luis Inácio da Silva ya no estará como candidato, y esto favorece al resto de los postulados, los que no se igualan, aunque parezca increíble, en por cientos de simpatizantes al expresidente corrupto y encarcelado. Al no aparecer da Silva el resto de los candidatos, al menos los de mayor aceptación, aumentaron sus intenciones de voto de acuerdo a los resultados de las encuestas. Ciro Gomes y Marina Silva logran situarse por debajo de Bolsonaro, quien fue el menos favorecido luego de la salida de Lula, y es lógico que los simpatizantes de este último no se pasaran de golpe para un candidato que representa la polaridad opuesta de Lula da Silva. Lo más lógico en este caso es que se redistribuyeran, como efectivamente ocurrió en la encuesta experimental y como deberá ocurrir en realidad el día 28 de octubre, entre aquellos candidatos que de una u otra manera se aproximen a sus intereses políticos; aunque como ya he expresado antes, en Brasil se están dando situaciones en torno a las elecciones que resultan bastante incoherentes, y todo pudiera ocurrir.

Así las cosas, lo más importante de todo este proceso es la retirada de Lula. El resto de los acontecimientos dependen de esta sabia y justa determinación del Tribunal Superior Electoral. Sin Lula, Bolsonaro lejos de ser favorecido, experimenta un leve estancamiento a pesar de que al analizar fríamente los números pudiera parecer diferente. Bolsonaro con Lula obtuvo el 18% de intención de voto, sin Lula y como prueba experimental antes de la salida de su candidatura, obtuvo el 20%, y luego en la última encuesta con la salida definitiva de Lula de manera oficial por orden del Tribunal Electoral, llegó solo a un 22%, esto es, en todo el proceso solo logró un incremento del 4%, a diferencia de Ciro Gomes, quien se vio mucho más favorecido al lograr un ascenso del 7% de intención de voto (5% con Lula, 9 % sin Lula de manera experimental y 12% sin Lula oficialmente). El viernes en la noche se conoció el resultado de otra encuesta en la que Bolsonaro ascendió hasta un 26%.

En cambio Marina Silva ascendió sorpresivamente desde un 6% inicial con Lula aun en la candidatura, hasta un 12% en la variante de la encuesta experimental de Ibope, pero se estacionó en el mismo por ciento entre agosto y septiembre luego de la retirada definitiva de Lula; lo que no ocurrió con Geraldo Alckmin, en mi percepción el único candidato que pudiera salvar a la nación, quien ascendió en 4% entre la encuesta inicial con Lula (5%) y la última, reportada este 6 de septiembre (9%), según las mismas encuestadoras, y obtuvo el 9% según Datafolha en su más reciente información; y por último Fernando Haddad, el hombre de pensamiento socialista a la manera de los líderes corruptos de la región y seguidor de Lula, quien solo asciende un 2% entre agosto y septiembre, aunque ya ha afirmado que ganará las elecciones, solo que no explicó cómo lo haría toda vez que las cifras no dicen lo mismo en el momento de su afirmación, lo que por desgracia acaba de experimentar un giro significativo que lo favorece sobremanera. Ahora Haddad registra una intención de voto de 13%, según la última encuesta de Datafolha divulgada este viernes 14 de septiembre. Tras crecer cuatro puntos, empató en segundo lugar con el centroizquierdista Ciro Gomes y se ubicó detrás del 26% del ultraderechista Jair Bolsonaro.

 (Continuará)

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 Acerca de mí

Dr. Alberto Roteta Dorado. Cienfuegos, Cuba. Graduado de doctor en medicina, especialista en Medicina General Integral y Pediatría por el Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara y de Máster en Ciencias, especialista de segundo grado en Endocrinología y de segundo grado en Medicina General Integral por la Universidad Médica de Cienfuegos. Ejerció su profesión de médico por más de veinticinco años en Cuba. Profesor auxiliar de Pediatría y Endocrinología, se dedicó al magisterio por más de veinte años. Ha realizado estudios de filosofía, teología, antropología y teosofía. Presidió en su ciudad natal la Fundación Cultural “Oasis Teosófico-Martiano” desde 1993 hasta su salida de Cuba en 2014. Actualmente presidente de honor de dicha institución. Dictó conferencias sobre temas martianos y filosóficos en diferentes instituciones cubanas como: Fundación Cultural “Oasis Teosófico-Martiano”, de Cienfuegos, “Memorial Presidente Salvador Allende”,  de La Habana, entre otras.  Tiene inéditos dos libros de ensayos sobre el sentido de la religiosidad y el pensamiento filosófico de José Martí. Colaborador de medios de prensa como Cubanet, Noticias de Cuba. Ha visitado varios países de América: Perú, Ecuador, Colombia, Costa Rica y Panamá. Radicado en Estados Unidos de Norteamérica.





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