FOROFILO
Septiembre 17, 2018, 06:19:18 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.


                  ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                          DECADENCIA Y OCASO DEL ALBA Y UNASUR II.
                                        Dr. Alberto Roteta Dorado.


               


Santa Cruz de Tenerife, España.-

El ocaso de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América. Dos convocatorias en menos de un año para hacer declaraciones políticas y no resolver ningún problema económico.

A pesar de los dramáticos acontecimientos que estaban teniendo lugar en Venezuela - téngase en cuenta la muerte de más de un centenar de personas, en su mayoría jóvenes civiles, así como la infinidad de heridos y prisioneros durante las acciones de protesta realizadas en todo el país-, así como su grave crisis económica, en La Habana, la capital cubana, se convocó en abril de 2017 a una tenida para celebrar el XV Consejo Político de la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América y Tratado de Comercio de los Pueblos, ALBA-TCP, ahora con la incorporación de TCP por una sugerencia que hizo anteriormente Evo Morales.

De esta forma, entre lo onírico y un absurdo surrealista extremo, el decadente grupúsculo pretendió arreglar el grave conflicto del país suramericano, algo que por supuesto se hizo desde sus posiciones de aparentes víctimas atacadas siempre por “el maligno enemigo imperial” que los quiere desestabilizar y que desde el “norte revuelto” planifica sus actos alentando a la derecha; al menos esta es la percepción que me llevo al consultar las declaraciones e intervenciones hechas por los “altos mandatarios” allí reunidos.

Como era de esperarse, una vez más, los pocos cancilleres, acudiendo a su obsoleta retórica, se pronunciaron “por un mundo mejor” y criticaron las acciones de Estados Unidos contra Siria, como si con sus graves conflictos no fueran suficientes para completar sus agendas de trabajo y agotar cada tema tratando de resolver primero lo suyo para luego ocuparse de los asuntos globales que azotan la humanidad en general. Cuestiones que resultan extremadamente graves solo si se analiza el conflicto de Venezuela, país que tuvo un especial protagonismo en el encuentro dada su crítica situación, aunque solo se culpó a otros y se felicitó al gobierno de Maduro, el único responsable en sí de la dura tragedia en que vive inmerso el país desde hace varios años.

El canciller cubano Bruno Rodríguez se refirió a las amenazas contra la Revolución Bolivariana y al papel de la Alianza en la defensa de la soberanía venezolana, lo que constituyó el eje del encuentro; aunque enfatizó de igual modo en el respaldo al pueblo ecuatoriano y a su Revolución Ciudadana -aún no había comenzado la etapa de Lenín Moreno en el poder, y como es lógico nadie podía vaticinar el giro radical ulterior de la nación andina-, a la Nicaragua sandinista y a los intereses de los pueblos insulares miembros del bloque.

Dejando a un lado a los “hermanos insulares” -que como ya expresé antes, no cuentan para nada- detengámonos brevemente en la incongruencia de estos apoyos en los que insiste el canciller de Cuba.

El problema de Venezuela no lo resuelve ni el ALBA, ni la OEA, ni la ONU, ni el Vaticano. Se trata de todo un pueblo que protestó en sus calles y que a pesar de la fuerte represión estaba, y hoy aun está, decidido a acabar, incluso violentamente con sus opresores. Ya tuvieron la calma necesaria para esperar resultados de sendas rondas de conversaciones, posibles diálogos entre ambas partes, intervenciones del Vaticano y de la OEA, y al final Nicolás Maduro hizo de las suyas abusando de su poder y violando todas las normas y leyes constitucionales posibles hasta alcanzar su objetivo de privar de funciones a la Asamblea Nacional y en su lugar establecer la supremacía de la Asamblea Constituyente.

Por aquellos días el régimen de La Habana anunció en la primera plana de su diario Granma que Venezuela no se rendirá; lo que, sin duda, fue el resultado de las conversaciones de la reunión de Nicolás Maduro con el dictador cubano Raúl Castro, a quien Maduro llamó en su intervención “hermano mayor”. Lamentablemente, el problema de esta nación podría tener un final sangriento en el peor de los casos. La hipótesis acerca de la posibilidad de una intervención en la nación no puede ser excluida, algo que cobra mayor vigencia en los últimos días a partir de la activa participación de Colombia en pos de esto último.

En aquella ocasión el canciller cubano se solidarizó a nombre de Cuba con el pueblo ecuatoriano por sus recientes elecciones, las que supuestamente garantizarían el continuismo político conveniente para los miembros del ALBA. En cambio se omitió por completo el malestar generalizado que reinaba en la tierra de Eloy Alfaro ante la inconformidad por los resultados de dichas elecciones y ante la sospecha de un gigantesco fraude electoral proporcionado por el exmandatario Rafael Correa. Por aquellos días nadie se imaginaba que Ecuador se retiraría para siempre del proyecto castro-chavista como resultado de las grandes transformaciones emprendidas por Lenín Moreno, el nuevo presidente de Ecuador que daría un giro trascendental a la política de su país.

Así las cosas, esta ridícula reunión efectuada en 2017 en La Habana no sirvió para otra cosa que no fuera la de estrechar los lazos fraternos de los eternos aliados de una debilitada izquierda que intenta sobrevivir. La fecha escogida no fue la mejor opción toda vez que el mundo se estremecía con grandes acontecimientos de mucho más peso, los que restaron importancia a una efímera reunión local que quedó en algunas notas de reunión sin haber aportado nada al complejo panorama mundial del momento, y que hoy las retomo para demostrar el gradual desmembramiento de un organismo que desde su nacimiento fue un engendro absurdo, como casi la totalidad de propuestas del Socialismo del siglo XXI.

Pero de todos los absurdos de la reunión celebrada el pasado año, encuentro que anunciaba a modo de presagio el hundimiento definitivo del organismo, el de mayor connotación fue la idea de reafirmar el compromiso de ese bloque con la paz y la unidad de la región. ¿Cómo es posible pronunciarse por la paz cuando en el seno de las naciones protagónicas tienen graves conflictos internos por los que han muerto más de un centenar de personas, refiriéndome solo a los muertos de las protestas que por aquellos días tuvieron lugar en Venezuela? Si hay gobiernos que no pueden tratar el tema de la paz, esos son justamente los de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Al parecer no les resultó suficiente este XV Consejo Político del decadente organismo y en la brevedad de menos de ocho meses convocaron al XVI consejo, también con sede en La Habana, y con la participación de los cancilleres del exiguo grupo de naciones implicadas en este proyecto castro-chavista.

Sería interminable si nos detenemos a comentar la serie secuencial de ideas absurdas, que a modo de declaraciones del grupo, se dieron a conocer en diciembre de 2017. No obstante, vale la pena que analicemos algunas de sus propuestas.

Dejando a un lado el reclamo del respeto al cese del llamado bloqueo del gobierno de Estados Unidos a Cuba, tema demasiado tratado y siempre reiterado en reuniones de este tipo, centremos nuestra atención en la declaración referida al apoyo a la Revolución Bolivariana: “Renovamos nuestro firme respaldo a la Revolución Bolivariana, su unión cívico-militar y su gobierno, conducido por el presidente constitucional Nicolás Maduro Moros. Celebramos con regocijo las victorias de la democracia en Venezuela basados en los resultados de las elecciones regionales y municipales recientemente celebradas y la creación de la Asamblea Nacional Constituyente, los cuales mediante el voto han derrotado la estrategia imperial de violencia golpista dirigida a sumir a Venezuela en el caos y derrocar la Revolución Bolivariana”.

Esto constituye una ofensa a la comunidad internacional, toda vez que el mundo entero se ha pronunciado contra la dictadura de Nicolás Maduro; de modo particular vale destacar las acciones emprendidas por instancias como la Unión Europea, la Organización de las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos, y más recientemente, pero con especial énfasis por el resultado concreto de sus acciones, el Grupo de Lima**.

¿Es que acaso se puede hablar de una victoria de la democracia en Venezuela a partir de los dudosos resultados de unas elecciones consideradas inconstitucionales? ¿Los líderes miembros del ALBA serán conscientes al solidarizarse con la instauración de la Asamblea Nacional Constituyente, entidad que ha originado tanto malestar y desatado un grave conflicto sociopolítico en la nación suramericana?

Casi al final de la Declaración del XVI Consejo Político del ALBA-TCP, leída por el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla, se precisó: “Felicitamos los resultados de los diferentes procesos electorales realizados en Nicaragua, Cuba, Venezuela y Bolivia durante el 2017, muestra de la tradicional participación ciudadana de nuestros países”, lo que igualmente merece explicarse. En primer lugar, el canciller no es preciso toda vez que mezcla procesos eleccionarios presidenciales con elecciones municipales o parroquiales, lo que deja lugar para la confusión y las interpretaciones erróneas. Por ejemplo, en el caso de Nicaragua se trató de elecciones municipales, si es que se refiere exactamente a las ocurridas en 2017, por cuanto las presidenciales fueron en 2016.

No obstante, resulta llamativo que se omita el proceso eleccionario presidencial de Ecuador, el cual tuvo lugar en su primera ronda el 19 de febrero de 2017, y en su segunda ronda el 2 de abril del propio año, con lo que el ALBA dio muestras de su inconformidad con la presencia del nuevo presidente en el ámbito político regional, aun cuando apenas era perceptible el giro trascendental que Lenín Moreno daría a la política de la nación andina, algo que se ha concretado en realidad en este 2018 y que ha alcanzado su clímax con la salida definitiva de Ecuador de dicha institución, lo que será comentado también en este trabajo.

En cambio, la declaración final del organismo dedica amplios segmentos a elogiar al régimen venezolano y a defenderlo por encima de todas las cosas, de manera particular de sus supuestos enemigos, esto es, Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea: “Rechazamos las sanciones económicas impuestas por los Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea con fines políticos, contra la República Bolivariana de Venezuela, que afectan la vida y el desarrollo del noble pueblo venezolano y el goce de sus derechos” (…) “Rechazamos asimismo, las acciones injerencistas de la OEA y de grupos de países por sus continuas agresiones contra la soberanía, autodeterminación y el orden constitucional de la República Bolivariana de Venezuela y otros países en los que sus pueblos han decidido gobernarse por sí mismos sin tutelaje de ninguna clase, lo que traería por consecuencia la desestabilización de la región”.

En medio de este extenso panfleto -con la habitual retórica desgastada de los que dicen ser comunistas de estos tiempos- aparecen unas breves líneas que a modo de cumplido le dedicaron a las naciones del grupo que sufrieron los maléficos efectos de los recientes huracanes, lo que en realidad debió haber ocupado el protagonismo del encuentro y el eje central de la declaración, por cuanto debería ser objetivo prioritario del ALBA la cooperación entre todos sus países miembros en pos de la equidad y el mejoramiento económico de sus integrantes:  “Reiteramos nuestro invariable apoyo a los hermanos países caribeños, víctimas de devastadores fenómenos naturales y del cambio climático, de tal forma que contribuyamos de manera activa a superar los estragos que provocaron”, con lo que quedó resumido -y reitero con toda intención- a modo de cumplido, por cuanto el principal propósito del encuentro fue exaltar los “logros democráticos” venezolanos como contrapartida a la tensa situación internacional originada a partir del caos político de dicha nación, algo que decidieron reafirmar en Caracas a solo tres meses de este encuentro con el objetivo de ratificar y apoyar las decisiones tomadas por el régimen de Nicolás Maduro respecto a lo que consideran una injerencia extranjera en esa nación suramericana.

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**Grupo de Lima. Integrado por 12 países latinoamericanos (Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú). Este bloque se formó el 8 de agosto de 2017 en la capital peruana, Lima, para encontrar salidas a la crisis en Venezuela. Entre otras cosas, exige la liberación de los presos políticos en el país sudamericano y critica la ruptura del orden democrático. Ha jugado un papel determinante en los últimos meses en relación con el aislamiento a que se ha logrado someter al régimen de Nicolás Maduro.

Continuará.

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 Acerca de mí

Dr. Alberto Roteta Dorado. Cienfuegos, Cuba. Graduado de doctor en medicina, especialista en Medicina General Integral y Pediatría por el Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara y de Máster en Ciencias, especialista de segundo grado en Endocrinología y de segundo grado en Medicina General Integral por la Universidad Médica de Cienfuegos. Ejerció su profesión de médico por más de veinticinco años en Cuba. Profesor auxiliar de Pediatría y Endocrinología, se dedicó al magisterio por más de veinte años. Ha realizado estudios de filosofía, teología, antropología y teosofía. Presidió en su ciudad natal la Fundación Cultural “Oasis Teosófico-Martiano” desde 1993 hasta su salida de Cuba en 2014. Actualmente presidente de honor de dicha institución. Dictó conferencias sobre temas martianos y filosóficos en diferentes instituciones cubanas como: Fundación Cultural “Oasis Teosófico-Martiano”, de Cienfuegos, “Memorial Presidente Salvador Allende”,  de La Habana, entre otras.  Tiene inéditos dos libros de ensayos sobre el sentido de la religiosidad y el pensamiento filosófico de José Martí. Colaborador de medios de prensa como Cubanet, Noticias de Cuba. Ha visitado varios países de América: Perú, Ecuador, Colombia, Costa Rica y Panamá. Radicado en Estados Unidos de Norteamérica.





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