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Julio 20, 2018, 02:54:53 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                                                  Tribus filosóficas. 1 respuesta

                                              Ninguna idea es separable de la vida.
                     Ninguna visión puede ser abstraída sin ser parte de un proceso vivencial.



                 


Merleau-Ponty desarrolló su filosofía de la percepción mediante la búsqueda de una nueva relación entre conciencia y mundo, más allá del empirismo clásico y del materialismo, que trascendiera también el racionalismo y el idealismo.

Al pensamiento francés siempre le ha gustado la proustización del lenguaje, el tráfico oculto de la metáfora, la alusión velada y resonante. Los franceses son y han sido esencialmente literatos. Hay en ellos una querencia (no siempre confesada) por la seducción, por lo utópico y lo trágico. Merleau-Ponty ensayó esa transformación del habla con el propósito de “aprehender el movimiento de lo vivo y lo concreto”, como si el vuelo de la metáfora pudiera acompañar el vuelo de las cosas. Una fe inquebrantable en lo concreto que le hace desconfiar, como al buen poeta, tanto del subjetivismo sentimental como del objetivismo científico. No en vano se ha dicho que Heidegger, otro de los filósofos-literatos, suena mejor en francés que en alemán (y al parecer se entiende mejor, de ahí su gran acogida en Francia). Mientras tanto, el mundo anglosajón, dominado por la fiebre del análisis, sonreía ante esas aspiraciones y contemplaba con escepticismo la destreza lúdica de estos jokers de las palabras.

Reducir la filosofía a lenguaje, o a hermenéutica, que es la reflexión del lenguaje sobre sí mismo, como se pretendió al otro lado del canal, es privarla de su función más genuina e inspiradora, esa que afecta al caudal de las vivencias, a la dimensión activa de la imaginación y la percepción. Supone renunciar a todo aquello que se puede vivir pero no formular o erigir en concepto. La filosofía no puede ser un léxico, un sustituto verbal del mundo, pero tampoco confundirse con un discurso que acumula frases subordinadas y yuxtapone las alusiones (veladas, sensuales o cultas) con una prosa resonante y poética.

No quiere esto decir que el lenguaje no tenga su importancia. La filosofía nunca es indiferente al habla. Pero necesita de una dimensión práctica que no sea únicamente moral. La genuina filosofía es hábito de la mente, instrucciones para una “cultura mental” que permita congeniar con el mundo, recrearse en la complicidad de las cosas, en lo visto y lo escuchado, en el cuerpo presente y el recordado. Entre esos modos de la reconciliación están la música y la pintura, la literatura y las sustancias psicotrópicas, la contemplación del color y el movimiento, el sueño lúcido y la percepción activa (esa que vivifica lo que contempla, como si del ojo saliera un rayo que animara las cosas). En todas ellas hay un ejercicio de desposesión, donde la mente acompaña al empuje del Ser (no lo impulsa, lo acompaña), pues el lugar natural del noûs se encuentra al otro lado del tiempo.

Reducir la filosofía a lenguaje, o a hermenéutica, que es la reflexión del lenguaje sobre sí mismo, es privarla de su función más genuina e inspiradora, esa que afecta al caudal de las vivencias

Merleau-Ponty* desarrolló su filosofía de la percepción mientras combatía en la Resistencia de la Francia ocupada. Buscaba una nueva relación entre conciencia y mundo, más allá del empirismo clásico y del materialismo, que trascendiera también el racionalismo (el látigo del silogismo) y el idealismo (el desprecio del cuerpo). Partía de una idea sencilla. La percepción no es una ciencia, ni siquiera una toma de posición deliberada, sino el trasfondo mismo sobre el que se erigen todas las ciencias y las opiniones. La resistencia a los nazis ocultaba otra, la de considerar la conciencia como “interioridad”. Merleau-Ponty prefería verla comprometida con el mundo, en un sentido casi nupcial. Una verdad que ya no habita en el “hombre interior”; de hecho, no hay tal “hombre interior”. El sujeto sensible está comprometido, atado e implicado con aquello que ve y siente, por mucho que juegue a la distancia e invente mediadores. Rescata así una de las estrategias clásicas de la filosofía, hoy casi desaparecida, el esfuerzo por la simpatía y la identificación afectiva, la capacidad de congeniar con aquello que se observa, algo que difícilmente puede llevarse a cabo si se reduce la filosofía al “pensamiento crítico”, como es moda en Facultades e institutos, o si se multiplican los mediadores, como hacen los laboratorios con algoritmos, probetas o cámaras de burbujas. Ninguna idea, por muy abstracta que sea, es separable de la vida. Ninguna visión puede ser abstraída, separada del resto de las cosas, sin ser al mismo tiempo parte de un proceso vivencial. Las abstracciones más abstractas, ya sean el cero o el infinito, se viven siempre desde una determinada posición y circunstancia. Al margen de dicha vivencia, todo se oscurece y reduce a mera especulación.

La relación entre espectador y espectáculo no es frontal, sino una suerte de complicidad, una relación casi clandestina. Para Merleau-Ponty es posible “co-incidir” con las cosas, pero esa correspondencia no se da sin una diferencia previa. Ahí está el misterio (incrustados, pero no del todo) de esta propuesta filosófica. Ese es el “buen error” del pensamiento. La persona se encuentra sumergida en el mundo, atravesada por él, es ya mundo, y cuando cree conocer, ella misma pasa a formar parte de lo conocido. Una idea que fascinaría a los creadores de la física cuántica. Reproduce sin saberlo una vieja enseñanza del Talmud: no vemos las cosas como son, vemos las cosas como somos. “Las cosas atraen mi mirada y mi mirada acaricia las cosas”, dice Merleau-Ponty. Entre la mirada y las cosas se atisba una complicidad. Ahondar en ella es el saludable motivo de esta filosofía.

Fuente:
https://elpais.com/cultura/2018/07/10/babelia/1531216554_621574.html

Esta entrada fue publicada en Miembros de la REF el 15 julio, 2018 por antonioguerrero.

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Notas incorporadas por el editor de este Blog. 

*Estudió en el Lycée Janson de Sailly de París  y en el Liceo Louis-le-Grand de París, al terminar los estudios Merleau-Ponty ingresó a la Escuela Normal Superior de París, en la misma época que Sartre, donde terminó la carrera de filosofía como segundo de su clase en 1930. En 1945 se graduó de doctor en letras en la Universidad de París. Comenzó a dar clases en Chartres, pero después regresó a la Escuela Normal Superior por un doctorado en letras en 1945, que consiguió con dos libros muy importantes: La estructura del comportamiento (1942) y la Fenomenología de la percepción (1945). Enseguida se convierte en profesor de filosofía de la Universidad de Lyon (1945 a 1948), y después en profesor de psicología infantil en la Sorbona (1949 a 1952). Al final, se vuelve titular de la cátedra de filosofía del Colegio de Francia a partir de 1952 y hasta su muerte en 1961, siendo uno de los más jóvenes en acceder al mencionado Colegio de Francia. Merleau-Ponty también formó parte del comité editorial de la revista Les Temps modernes como editor político, desde su fundación en octubre de 1945 y hasta diciembre de 1952. Murió de un paro cardíaco la noche del 5 de mayo de 1961 a los 53 años, aparentemente mientras preparaba una disertación referida a Descartes. Su cuerpo está enterrado en el Cementerio de Père-Lachaise de París.


Sobre su pensamiento: La corporalidad.

Tomando como punto de partida el estudio de la percepción, Merleau-Ponty llega a reconocer que el cuerpo propio es algo más que una cosa, algo más que un objeto a ser estudiado por la ciencia, sino que es también una condición permanente de la existencia. El cuerpo es, según Merleau-Ponty, constituyente tanto de la apertura perceptiva al mundo como de la "creación" de ese mundo. Existe por lo tanto una inherencia de la consciencia y del cuerpo que el análisis de la percepción debe tener en cuenta. Por así decirlo, la primacía de la percepción significa la primacía de experiencia en la medida en que la percepción presenta una dimensión activa y constitutiva. Merleau-Ponty en una primera parte de su obra, considera el esquema corporal como expresión del cuerpo en el mundo. Para él, el cuerpo no está frente a un espacio objetivo, quieto y enraizado en una situación que polariza todas sus acciones. Por el contrario, dice: "mi cuerpo existe orientado hacia todas las percepciones". Se recoge sobre sí mismo para alcanzar sus fines y el "esquema corporal" es, en última instancia, una manera de expresar que mi cuerpo está en el mundo. En un segundo momento, intenta establecer una teoría fenomenología del esquema corporal. Piensa que de la estructuración anátomo-fisiológica o neurológica del cuerpo y de las experiencias vividas; el esquema corporal sólo retiene lo que es valioso para sus proyectos, lo que permite adaptarse mejor a sus medios. A lo largo de sus obras, Merleau-Ponty instaura un análisis que reconoce tanto la corporalidad de la consciencia como la intencionalidad corporal, contrastando así con la ontología dualista cuerpo/alma de Descartes, un filósofo a quien Merleau-Ponty siempre se mantiene atento a pesar de las importantes divergencias que los separa.

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 Acerca de mí

Dr. Alberto Roteta Dorado. Cienfuegos, Cuba. Graduado de doctor en medicina, especialista en Medicina General Integral y Pediatría por el Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara y de Máster en Ciencias, especialista de segundo grado en Endocrinología y de segundo grado en Medicina General Integral por la Universidad Médica de Cienfuegos. Ejerció su profesión de médico por más de veinticinco años en Cuba. Profesor auxiliar de Pediatría y Endocrinología, se dedicó al magisterio por más de veinte años. Ha realizado estudios de filosofía, teología, antropología y teosofía. Presidió en su ciudad natal la Fundación Cultural “Oasis Teosófico-Martiano” desde 1993 hasta su salida de Cuba en 2014. Actualmente presidente de honor de dicha institución. Dictó conferencias sobre temas martianos y filosóficos en diferentes instituciones cubanas como: Fundación Cultural “Oasis Teosófico-Martiano”, de Cienfuegos, “Memorial Presidente Salvador Allende”,  de La Habana, entre otras.  Tiene inéditos dos libros de ensayos sobre el sentido de la religiosidad y el pensamiento filosófico de José Martí. Colaborador de medios de prensa como Cubanet, Noticias de Cuba. Ha visitado varios países de América: Perú, Ecuador, Colombia, Costa Rica y Panamá. Radicado en Estados Unidos de Norteamérica.





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