JOSÉ MARTÍ, FALSEADO POR EL CASTRISMO, DESCONOCIDO POR EL EXILIO. II Parte.
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Febrero 03, 2018, 08:51:33 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.


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                       Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

             JOSÉ MARTÍ, FALSEADO POR EL CASTRISMO, DESCONOCIDO POR EL EXILIO

                                                            Segunda parte.


               


Su trascendencia a través de la literatura

En la literatura sería interminable la lista de todos los que con sinceridad y devoción, amén de la calidad en el tratamiento de los diversos temas dentro del legado martiano, han tratado la vida y la obra de José Martí. Me limitaré solo a los de mayor trascendencia. En primer lugar la biografía de Jorge Mañach, con sus realidades y sus idealizaciones, con mucho de histórico y algo de novelado, pues el autor dejó que la pasión con que amara al Apóstol cubano le llegara, más que a su intelecto, a su alma; pero de cualquier modo una buena biografía. “Martí: el Apóstol”, la obra de este tipo más completa en su momento; aunque superada más tarde, no por restarle méritos al apasionado autor, sino porque la investigación histórica permitió la obtención de numerosos datos que sirvieron de fundamento a aquellas pocas obras de este tipo que aparecieron más tarde.

El título de esta obra nos ofrece per se el más grande y trascendental significado del autor del “Ismaelillo”, por cuanto, Martí representa un apostolado en el sentido más amplio del término, y es Apóstol, no solo de su patria, sino de América; y esto no es sobredimensionar su excelsitud, sino darle el justo lugar que le corresponde, toda vez que nadie como él supo y pudo comprender, y asimilar, el verdadero sentido de la praxis latinoamericana, el primero en hablar de una América española y una europea, el introductor del término nuestra América, el que vislumbró desde su tiempo y su contexto no solo el peligro que corrían nuestros pueblos, sino la grandeza de su cultura y de sus tradiciones.

Mañach, uno de nuestros más grandes intelectuales, olvidado y casi sepultado por el simple hecho de no ser marxista, ni haber militado en el régimen castrista, estudió suficientemente a Martí como para entregarnos una biografía, que es un verdadero paradigma, así como numerosos ensayos dedicados a resaltar uno u otro aspecto de la vida y obra del Apóstol. No obstante, no logró percibir ciertos aspectos de vital importancia dentro del pensamiento martiano, y de manera particular omitió al Martí filósofo, algo que es innegable al analizar el pensamiento martiano. Tal vez se vio atrapado por aquel ímpetu de querer sobredimensionar lo poético, con lo que atenuó lo filosófico, que tanto abunda en Martí.

Pero destacar a Mañach y dejar a un lado a Manuel Isidro Méndez sería injusto. El extraordinario martiano fue otro de los que contribuyeron a difundir el pensamiento del genial cubano, algo que hizo a través de la agrupación de referencias del pensamiento martiano; y no solo esto, sino que es el autor de la primera biografía de José Martí, y está considerado como un especialista en el estudio e interpretación de la obra martiana. En 1938 escribió en Cuba su obra titulada: "Martí. Estudio crítico-biográfico", con la cual obtuvo el segundo lugar en el Concurso Literario Interamericano de la Comisión Central Pro-monumento a Martí, efectuado en La Habana al siguiente año, y publicada en 1941. Su obra “Ideario de Martí”, editado en La Habana en 1930, es la primera recopilación, que a pesar de su brevedad, es un intento de difundir la enseñanza martiana.

En 1943 apareció uno de los primeros textos que pretendían ofrecer una selección de citas martianas agrupadas por temáticas. Este primer trabajo fue el fruto de las investigaciones del historiador cubano Carlos A. Martínez-Fortún y Foyo, quien publicó en La Habana su texto: “Código Martiano o de Ética Nacional”, obra que ha pasado a integrar el grupo de los trabajos olvidados, no vueltos a editar en Cuba, no obstante a su valor histórico y práctico. Su autor agrupó numerosas frases tomadas de la obra de José Martí en temáticas, por lo que el lector o estudiante pueden encontrar con facilidad los juicios que hiciera el autor de “Versos Libres” sobre determinados aspectos de la ciencia, la política, la religión, la patria, la literatura, etc.   

Un lugar aparte merecen los estudios realizados por el ensayista y profesor Medardo Vitier en los primeros cincuenta años del pasado siglo, quien logró sintetizar en su “Martí: Estudio integral”, lo mejor de su investigación. En dicho estudio por primera vez se trata con sabiduría el tema de la filosofía martiana. Lo no comprendido por Mañach, llega a esclarecerse gracias a la agudeza del gran pensador cubano, lamentablemente olvidado en nuestros días.

Destaca su paso por las aulas universitarias españolas, su labor pedagógica en Guatemala como catedrático de Historia de la Filosofía y alguna que otra referencia escrita de su obra, pero insiste en su capacidad filosófica como “forma de aptitud notoria en Martí”. No lo llega a definir como un filósofo; sin embargo, se arrepiente de no haberlo incluido en su texto “La Filosofía en Cuba”.

Otro de los autores que debe considerarse al tratar la trascendencia martiana desde la óptica de los creadores es Luis Rodríguez-Embil, quien se destaca con su estudio crítico-biográfico “José Martí, el Santo de América”, obra no vuelta a editar en la Cuba reprimida de estos tiempos. El destacado intelectual cubano encuentra no solo al Martí filósofo que tanto trabajo les costó encontrar a algunos, sino también al místico que pretenden ocultar y otros se niegan a descubrir en nuestros días.
 
Rodríguez-Embil lo llama místico práctico y realista activo,  “de tradición y cultura occidentales, de cepa teresiana y española. Como tal, una de las fuerzas mayores de este mundo”,  que encuentra el camino de la santidad por la “acción, el pensamiento y la aceptación heroica de su destino”, palabras que considero determinantes, y que a modo de códigos, nos permiten tener la verdadera visión del más genuino de los cubanos de todos los tiempos. Su concepto acerca de una santidad a través del sendero de la acción, del pensamiento y de la aceptación de su destino con heroísmo, es tal vez, el de mayor complejidad, pero al mismo tiempo el más completo que se ha dado del héroe cubano.

Ningún otro autor llegó tan lejos en profundidad y precisión. Ha limitado la formación y proyección filosófica martiana al occidente, lo que resulta muy acertado. Independientemente del dominio que tenía Martí de las enseñanzas del oriente, es genuinamente occidental en su pensamiento especulativo, tanto en lo formal o estilístico como en su contenido; pero apreció además aquella fuerza española, que no solo llegó al Apóstol a través de sus estudios universitarios en aquel país, sino de su profundización en autores poco usuales, como es el caso de Jaime Balmes o la fuerte influencia del Krausismo, que a pesar de sus raíces alemanas, fue un movimiento de fuerte arraigo español.

Investigadores y escritores del continente, como la chilena Gabriela Mistral y el argentino Ezequiel Martínez Estrada han realizado acertadas investigaciones en torno al pensamiento martiano, sin olvidar a Rubén Darío, que lo llamó maestro. La primera lo calificó con pasión como “el mejor hombre de nuestra raza”, y sus escritos sobre “Ismaelillo” han trascendido su tiempo. El segundo, con una visión más pragmática del héroe de Dos Ríos en su libro biográfico y crítico, publicado por “Casa de las Américas” en los sesenta del pasado siglo, “Martí Revolucionario”, trata con sinceridad y sentido crítico, y a la vez con precisión histórica, múltiples matices del Martí hombre, escritor, político y maestro.

La segunda mitad del siglo veinte nos sorprende con algunos estudios biográficos de elevada dimensión: me refiero a “Cesto de llamas: biografía de José Martí”, de Luis Toledo Sande, y “Vida y Obra del Apóstol José Martí”, de Cintio Vitier. Ambos con precisiones históricas necesarias, así como valoraciones sinceras y concretas, desprovistas de adornos y sutilezas innecesarias, logran adentrarse en la controversial vida, y ante todo, en la grandiosa obra del maestro. En Toledo Sande resultan significativos los capítulos dedicados a su estancia en España, así como su paso por México. En Vitier se destacan los dedicados a la crítica, al teatro y a la oratoria.

Apartándonos de la influencia que pudiéramos tener al saber de su lealtad al régimen, y dejando a un lado ciertas valoraciones demasiado forzadas que, a modo de complacencia con aquellos a quienes debe obediencia ha hecho, hemos de admitir  que el poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar ha trabajado con profundidad la temática martiana. Un excelente texto dedicado fundamentalmente al análisis de su obra, es “Introducción a José Martí”. Se destacan en este imprescindible texto los ensayos: “Introducción a la Edad de Oro”, “Martí en su (tercer) Mundo”, “Nuestra América: Cien años”, y “Forma y pensamiento en la obra martiana”.

Nuestro novelista mayor, Alejo Carpentier, trata en las páginas finales de su obra “La Consagración de la Primavera”, algunos aspectos de la obra martiana y nos evoca su llegada a tierras del oriente cubano en los días que precedieron a su muerte. Resulta significativo que el gran escritor que dijo haber admirado a Martí apenas abordara al héroe cubano en su obra. A través de sus escritos ensayísticos, en sus múltiples entrevistas y conferencias, Alejo Carpentier hace referencia a José Martí; aunque en honor a la verdad no hizo valoraciones concretas y profundas, sino solo lo menciona y lo califica como “hombre continental”, “intérprete de América“, “visionero en todo, vidente, diría profeta”, “el hombre que más profundamente, más ecuménicamente sintió, en su siglo, lo americano”, amén de destacar sus dotes de escritor y de orador.

Es en la novela “La Consagración de la Primavera”, su gran obra enciclopédica, que Carpentier dedica unas páginas a resaltar la grandeza de José Martí. En su capítulo trigésimo sexto, casi al final de la novela aparece la trascendental figura de las Américas, cual magistral legado carpenteriano, y lo hace a través de Vera, su protagonista:

“Y es cultura, asombrosa cultura, la que me llega ahora, asombrosa por su vastedad, en la obra de José Martí, cuyos escritos me va trayendo el médico ahora, día a día, señalándome, lo que más puede interesarme, de inmediato en el mundo del prodigioso cubano, al cual solo me había asomado, hasta el momento, a través de uno que otro poema. Y voy descubriendo maravillada, el pensamiento de un hombre que por tener que buscar símiles en los estratos de mi formación europea - se me asemeja un tanto a Montaigne, por lo enciclopédico de su saber, y también a Giordano Bruno, por la audacia agorera de sus ideas, su inconformismo, su ímpetu, su combatividad. Todo lo sabía. Todo lo había leído. Sus ensayos van, con total entendimiento de hombres y de épocas, de Víctor Hugo a Emerson, de Pushkin a Darwin, de Heredia a Walt Whitman, de Baudelaire a Wagner. Vislumbra en Gustave Moreau lo que, medio siglo más tarde, verán los surrealistas. Exalta a los primeros impresionistas, destacando a Manet y Renoir, señalando cuales habrán de ser sus obras maestras sin un error de elección, cuando ya Zola, defensor inicial de la escuela, abandona una causa que ya rebasa su entendimiento. Escribe un ensayo de fondo -¿Cómo?- Acerca de Bouvard et Pecuchet, varias semanas antes de que empezase a publicarse el texto de la novela póstuma de Flaubert. Y todo esto en una prosa como pocas veces se haya escrito otra igual, tan rica, tan original, tan sonora en castellano. Pero aún no conozco sus discursos, sus textos políticos, su epistolario… “la iré guiando poco a poco” - me dice el doctor- porque así, de entrada, y sin hilo conductor se perdería usted en una profusión de páginas que guardan una relación entre sí por encima de otras que  solicitarían su atención de modo distinto cuando, en realidad, todo se inserta en una inquebrantable unidad de pensamiento… por lo pronto lea estos ensayos” … y me entrega un tomo donde a lápiz ha marcado unos títulos en el índice: “Ahí está  planteada toda la problemática de América Latina”. Empiezo a leer y al cabo de unos párrafos hay frases que se me fijan en la memoria, por lo relacionadas con mi propia experiencia. Sobre todo aquellas en que se habla de dar en estas sociedades, lugar suficiente al negro “ni superior ni inferior por negro, a ningún otro hombre. ¡Sí lo sabré yo! Y aquella otra acerca del  “desdén del vecino formidable que no la conoce” y es “el peligro mayor de nuestra América”…

Paso al diario de campaña.- Martí, puesto ya en los umbrales de la muerte, desembarca en este suelo para llevar su ya larga lucha de patriota al terreno inmediato e incierto, del campo de batalla.- Y el 11 de Abril de 1895, apunta, en estilo telegráfico: “nos ceñimos revólveres. Rumbo al abra. La luna asoma, roja, bajo una nube.- Arribamos a una playa de piedras, La Playita”… (Y pocos días después, Martí caería en Dos Ríos.) Pido a mi amigo que me lleve a ese lugar histórico.- Y, a él llegamos, al día siguiente, tras de muchas tribulaciones por caminos enlodados. Junto a unos farallones, hay un paisaje de costa, acaso más adusto que otros vistos aquí desde mi llegada, donde las olas se hacen particularmente sonoras al retroceder sobre las gravas”.

Y como es de suponer, José Lezama Lima, abordó la emblemática figura de José Martí a través del ensayo y la poesía: “Secularidad en José Martí” en el caso del primer género, y “La casa del Alibi”, en el del segundo. Justo en el año del centenario del natalicio de José Martí el célebre autor de Paradiso escribió: “Orígenes reúne un grupo de escritores reverentes para las imágenes de Martí. Sorprende en su primera secularidad la viviente fertilidad de su fuerza como impulsión histórica, capaz de saltar las insuficiencias toscas de lo inmediato, para avizorarnos las cúpulas de los nuevos actos nacientes”.

Con lo que destaca la excelsa figura del Apóstol y el impacto generacional de su enseñanza, como muestra de un despertar por el conocimiento y la interpretación de su colosal obra. Lezama Lima tuvo un sentido visionario respecto a aquella universalidad que aún en 1953, independientemente de la repercusión y el impacto de su repentina muerte hacia el final del siglo XIX, y las primeras décadas del XX, le faltaba concretarse como acto, de ahí que en ensayo antes citado expresó también: “Tomará nueva carne cuando llegue el día de la desesperación y de la justa pobreza”, algo que deberá descifrarse -el día de la desesperación, ¿cual pobreza?-; pero con la sapiencia requerida y la profundidad necesaria que resulta imprescindible al abordar la obra de ambos, de Martí y de Lezama.

En su poco conocido poema “La casa del Alibi”, entre símbolos, números, imágenes y símiles, y con su acostumbrada abstracción -algo muy arraigado en Lezama- nos traslada a un hermético mundo donde renace triunfante la figura del Apóstol: “Pues José Martí fue para todos nosotros la última casa del Alibi, que está en la séptima luna de las mareas y la penetran los ejércitos y se deshace penetrándonos”.

Dulce María Loynaz, la fina escritora cubana que olvidaron en su propia patria, en 1951, cuando apenas había transcurrido poco más de medio siglo de la muerte del más extraordinario de los cubanos, resaltaba la grandeza de José Martí. En la ciudad de La Laguna, en Tenerife, Islas Canarias, durante un acto en el que la poetisa dictara una breve conferencia, devenido ensayo literario, y conocido como “Mujer entre dos islas”, calificaba al genial cubano como “uno de los espíritus más puros que han florecido sobre la tierra, uno de los más hermosos ejemplares que dan todavía razón y destino a la humanidad”.

En el mismo ensayo precisó que Martí fue nuestro, es decir, de los cubanos, pero la autora de “Un verano en Tenerife” fue mucho más lejos al sobredimensionarlo -con aguda justicia y exquisita valoración, y no por cumplidos y halagos superficiales- y afirmar que “hoy pertenece ya al acervo común de todos los hombres honrados de la tierra”, y al enseñarnos que “José Martí es el alma de una doctrina de amor y de fe que se hizo para un país; pero que sirve para el mundo entero”.

De igual forma, la Loynaz, justo en el año del centenario del natalicio martiano, en la Universidad de Salamanca ofreció una lectura de su ensayo “Influencia de los poetas cubanos en el Modernismo”, en el que hace una valoración crítica sin igual sobre los aportes de Martí a las letras hispanoamericanas, y de modo particular al Modernismo.

 Continuará.

Escrito para Cubanálisis, medio que lo publicó el 29 de enero de 2018.
http://www.cubanalisis.com/ART%C3%8DCULOS/ROTETA%20DELGADO%20-%20JOS%C3%89%20MART%C3%8D%20OCULTADO%20POR%20EL%20CASTRISMO....htm
 

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 Acerca de mí

Dr. Alberto Roteta Dorado. Cienfuegos, Cuba. Graduado de doctor en medicina, especialista en Medicina General Integral y Pediatría por el Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara y de Máster en Ciencias, especialista de segundo grado en Endocrinología y de segundo grado en Medicina General Integral por la Universidad Médica de Cienfuegos. Ejerció su profesión de médico por más de veinticinco años en Cuba. Profesor auxiliar de Pediatría y Endocrinología, se dedicó al magisterio por más de veinte años. Ha realizado estudios de filosofía, teología, antropología y teosofía. Presidió en su ciudad natal la Fundación Cultural “Oasis Teosófico-Martiano” desde 1993 hasta su salida de Cuba en 2014. Actualmente presidente de honor de dicha institución. Dictó conferencias sobre temas martianos y filosóficos en diferentes instituciones cubanas como: Fundación Cultural “Oasis Teosófico-Martiano”, de Cienfuegos, “Memorial Presidente Salvador Allende”,  de La Habana, entre otras.  Tiene inéditos dos libros de ensayos sobre el sentido de la religiosidad y el pensamiento filosófico de José Martí. Colaborador de medios de prensa como Cubanet, Noticias de Cuba. Ha visitado varios países de América: Perú, Ecuador, Colombia, Costa Rica y Panamá. Radicado en Estados Unidos de Norteamérica.





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