FOROFILO
Noviembre 10, 2018, 07:03:48 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                                                      Byung-Chul Han
                                                   por antonioguerrero
                                           Una metateoría del entretenimiento


El Surcoreano Byung-Chul Han, uno de los filósofos contemporáneos con mayor repercusión, pública "Buen entretenimiento" (Herder). Babelia adelante un capítulo.

¿Qué es entonces entretenimiento? ¿Cómo se pue­de explicar que en nuestros días parezca impreg­narlo todo: «Infotainment, edutainment, servotainment, confrotainment, drama documental»? ¿Qué es lo que engendra estos «formatos híbridos» del entreteni­miento, que cada vez son más numerosos? ¿El en­tretenimiento del que hoy tanto se habla no es más que un fenómeno conocido desde hace tiempo que en nuestros días, por el motivo que sea, cobra más relevancia pero sin anunciar nada nuevo?

Uno puede darle todas las vueltas que quiera: a los hombres les gusta entretenerse, ya sean solos, con otros, a costa de otros y de cualquier cosa, y se chi­flan por historias llenas de aventuras, por imágenes coloridas, por una música marchosa y por juegos de todo tipo, o dicho brevemente, por una communication light, por participar sin ceremonias y sin grandes pre­tensiones ni reglas. Supuestamente eso ya fue siempre así, y seguirá siendo así mientas sigamos programados para la sensación de placer y la sociabilidad.

¿La ubicuidad del entretenimiento de hoy no re­mite entonces a ningún proceso inusual, a ningún acontecimiento singular que no hubiera habido an­tes? ¿O después de todo se anuncia algo extraor­dinario que caracteriza o constituye el hoy? «Está claro que todo es entretenimiento». Pero no está tan claro. No está nada claro que hoy todo deba ser entretenimiento. ¿Qué sucede aquí? ¿Nos hallamos ante una especie de cambio de paradigma?

Recientemente ha habido muchos intentos de elaborar un concepto del entretenimiento. Pero pa­rece que en el fenómeno del entretenimiento hay algo que se resiste tenazmente a ser fijado concep­tualmente. De este modo impera una cierta per­plejidad en relación con la definición conceptual. Esta dificultad no se puede eludir sin más con una historización del fenómeno:

A menudo conviene empezar con el desarrollo his­tórico, porque eso es casi siempre más revelador que comenzar con una definición. Como tantos otros fenómenos el entretenimiento comenzó en el siglo XVIII, porque solo en el siglo XVIII surgió la diferen­cia entre trabajo y ocio en sentido moderno.

La nobleza no necesitaba entretenimiento porque no hacía un trabajo regulado. Los eventos que or­ganizaban los nobles, tales como conciertos o re­presentaciones teatrales, eran «más bien actividades comunitarias que entretenimientos». Si no hay tra­bajo regulado tampoco hay ocio. Y si no hay ocio tampoco hay entretenimiento. Según esta tesis, el entretenimiento es una actividad con la que se lle­na el tiempo libre. Después de todo, así es como se define el ocio. Justamente esta definición implíci­ta del fenómeno construye su presunta facticidad histórica. Es paradójico que a la historización, que debería servir para hacer superflua la definición, le anteceda una definición. Más convincente, o por lo menos libre de contradicción, sería la tesis de que desde siempre hubo entretenimientos; los griegos no solo representaban teatros, sino que, como hacían los pretendientes de Penélope, tocaban con lira música li­gera; y Nausícaa se lo estaba pasando bien con sus ami­gas jugando a la pelota cuando la ola lanzó a Odiseo a la playa. Las monarquías medievales no solo construían monasterios, sino que también mantenían a bufones.

No tiene mucho sentido afirmar que los griegos o los romanos desconocían los entretenimientos por­que en aquella época no se hacía la distinción entre trabajo y ocio.

La ubicuidad del entretenimiento no se puede explicar simplemente en función de que cada vez hay más ocio, de que el entretenimiento cada vez cobra más relevancia a causa de un aumento del tiempo libre. Lo peculiar del actual fenómeno del entreteni­miento consiste más bien en que rebasa con mucho el fenómeno del ocio. Por ejemplo, el edutainment no se refiere en primer lugar al ámbito del ocio. La ubicuidad del entretenimiento se expresa como su totalización, que suprime justamente la distinción entre trabajo y ocio. Neologismos como labotain­ment o theotainment tampoco serían un oxímoron. La moral sería un allotainment. Surge así una cultura de las inclinaciones. Aquella historización que sitúa el entretenimiento en el siglo XVIII no acierta de nin­gún modo a captar la peculiaridad histórica del actual fenómeno del entretenimiento.

En la actualidad se señala a menudo la ubicuidad del entretenimiento:

El concepto de «entretenimiento», extrañamente cambiante y ambiguo, es de entrada un concepto neutral y abierto. También la información puede ser entretenida, e incluso el saber y el trabajo, y hasta el propio mundo.

¿Hasta qué punto el mundo mismo puede ser en­tretenido? ¿Se anuncia aquí una nueva comprensión del mundo o de la realidad? ¿El cambiante y am­biguo concepto de entretenimiento posiblemente remita a un acontecimiento especial que conduce a una totalización del entretenimiento? Si incluso el trabajo mismo tiene que ser entretenido, entonces el entretenimiento se desprende por completo de su referencia a aquel ocio como fenómeno históri­co, es decir, como fenómeno que surgió en el siglo XVIII. El entretenimiento es entonces mucho más que la actividad con la que se mata el tiempo libre. Incluso sería concebible un cognitainment. Este des­posorio híbrido de saber y entretenimiento no está forzosamente vinculado al ocio. Más bien formula una relación totalmente distinta con el saber. El cog­nitainment se opone al saber como Pasión, es decir, al saber que se sublimó como un fin en sí mismo, y que incluso se teologizó o se teleologizó.

También para Luhmann el entretenimiento no es más que un «componente moderno de la cultura del tiempo libre, que tiene como función eliminar el tiempo que sobra».7 Para definir el entreteni­miento Luhmann toma como modelo el juego. Los entretenimientos son como juegos, son «episodios» en la medida en que la realidad que en ellos se con­cibe como juego y que se extrae de la realidad nor­mal tiene una limitación temporal:

Durante el juego, no es que se pase a otro modo de conducción de la vida, sino únicamente se está entre­tenido sin estar cargado de otras cosas y sin dar oportu­nidad a otras cosas. En cada jugada algo queda marcado como juego, y puede de súbito romperse, cuando se toma en serio. El gato salta sobre el tablero de aje­drez.

Evidentemente Luhmann tampoco se ha enterado de la novedad del fenómeno actual del entreteni­miento. El entretenimiento rompe aquella limi­tación temporal y funcional. Ya no es meramente «episódico», sino que, por así decirlo, se vuelve cróni­co, es decir, ya no parece concernir solo a la libertad, sino al propio tiempo. Así pues, no hay ninguna dife­rencia entre el gato y el tablero de ajedrez. Es más, el propio gato se consagra al juego. Tras la ubicuidad del entretenimiento posiblemente se esconda una totalización que se va imponiendo poco a poco. Mirándolo así, el entretenimiento está engendran­do, más allá de episodios aislados, un nuevo «estilo de vida», una nueva experiencia del mundo y del tiempoen general.

Según Luhmann, un sistema construye su pro­pia realidad con ayuda de un código binario. Por ejemplo, del sistema de la ciencia es constitutiva la distinción entre verdadero/falso. El código binario decide qué es real. El sistema de los medios de ma­sas, entre los que además de los ámbitos de las noti­cias y la publicidad se encuentra también el entrete­nimiento, opera con el código binario información/no-información:

Cada uno de estos ámbitos utiliza el código informa­ción/no-información, aunque en distintas versiones. Pero se diferencian entre sí, en razón de los criterios con los que seleccionan la información.

El entretenimiento selecciona la información en función de criterios distintos a los que emplean las noticias o la publicidad. Pero el código binario in­formación/no-información es demasiado general, demasiado impreciso, como para marcar lo pecu­liar del entretenimiento o también de los medios de masas, pues la información, según Luhmann, es constitutiva de la comunicación en general. Esta no es por tanto nada específico de los medios de masas. Todacomunicación presupone que una informa­ción se selecciona, se comunica y se comprende. Además, como mero ámbito parcial de los medios de masas el entretenimiento lleva una existencia marginal. Por tanto, Luhmann no puede percibir ni explicar la ubicuidad del entretenimiento, que hace que este rebase con mucho el ámbito de los medios de masas.

Por ejemplo, el edutainment no se limita al sis­tema de los medios de masas, en el que Luhmann incluye el entretenimiento. En realidad pertenece al sistema de la educación. En la actualidad, el entre­tenimiento parece acoplarse a todo sistema social y modificarlo correspondientemente, de modo que los sistemas generan sus propias formas de entre­tenimiento. Precisamente el infotainment difumina la frontera entre noticias y entretenimiento como ámbitos parciales de los medios de masas. La teoría de sistemas de Luhmann no es capaz de registrar aquellos formatos híbridos. El entretenimiento se sale de aquella «clausura ficticia» que lo distingue de las noticias. Además, no siempre viene dado de forma inequívoca el «marco externo»,10 que hace ver que se trata de un entretenimiento, de un juego. Al fin y al cabo es posible que el mundo mismo se convierta en un tablero de ajedrez. El salto del gato no sería entonces más que una jugada. El marco de la «pantalla» marca las películas de ficción como en­tretenimiento, pero igualmente incluye las noticias. Ya la igualdad del marco externo hace que el en­tretenimiento y las noticias se mezclen. También se va borrando cada vez más la frontera entre «realidad real» y «realidad ficticia», que marca el entreteni­miento. Hace ya tiempo que el entretenimiento se ha hecho también con la «realidad real». Modifica todos los sistemas sociales sin marcar expresamente su propia presencia. Parece establecerse así un hiper­sistema que es coextenso con el mundo. El código binario entretenido/no-entretenido, en el que tal hiper­sistema se basa, tiene que decidir qué es idóneo para entrar a formar parte del mundo y qué no, es más, qué es en general.

El entretenimiento se eleva a un nuevo paradig­ma, a una nueva fórmula del mundo y del ser. Para ser, para formar parte del mundo, es necesario resultar entretenido. Solo lo que resulta entretenido es real o efectivo. Ya no es relevante la diferencia entre reali­dad ficticia y real, a la que aún se aferra el concepto de entretenimiento de Luhmann. La realidad misma parece ser un efecto del entretenimiento.

Al espíritu de la Pasión podrá parecerle que la totalización del entretenimiento es una decadencia. Pero en el fondo la Pasión y el entretenimiento es­tán hermanados. El presente estudio remite muchas veces a su convergencia oculta. No es casualidad que el artista del hambre de Kafka como personaje de la Pasión y su animal hedonista, a pesar de su di­ferente comprensión del ser y de la libertad, habiten la misma jaula. Vienen a ser dos figuras que siempre seirán alternando en el mismo circo.

Buen entretenimiento. Una deconstrucción de la historia occidental de la Pasión'. Byung-Chul Han. Traducción de Alberto Ciria. Herder.

Fuente:

https://elpais.com/cultura/2018/11/02/babelia/1541177461_951255.html

antonioguerrero | noviembre 4, 2018 en 12:03 pm | URL: https://wp.me/p5OYFZ-rw


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Noviembre 10, 2018, 04:48:43 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                                       Trump, Bolton y los cuatro chiflados
                                           Por: Carlos Alberto Montaner.



             

Carlos Alberto Montaner. Escritor y destacado analista político de origen cubano radicado en Estados Unidos de América.

Se trata de la implacable “razón electoral”. Eso es lo que está tras este infernal griterío. Es absurdo (y peligroso) militarizar la frontera con miles de soldados. También es criminal fomentar el miedo a los extranjeros, como hace Trump, porque le sea políticamente rentable. Lo dijo, indignado, John Kasich, gobernador republicano de Ohio, en una entrevista por CNN. Lo repitió, con la misma intensidad, Al  Cárdenas, ex presidente del Partido Republicano en Florida, ante la utilización demagógica de las imágenes de un mexicano juzgado por haber asesinado a dos policías.

Eso no se hace. Trump va a destrozar al Partido Republicano y después no quedará mucha gente dispuesta a defender la moderación fiscal, los límites al gobierno central y la supremacía de los mercados libres. Es verdad que todo país debe cuidar sus fronteras, pero Estados Unidos es una República de leyes y ni él ni nadie puede saltarse a la torera las reglas aprobadas por el Congreso o los tratados internacionales firmados por Washington. Hay procedimientos formales que deben cumplirse. Si existe el derecho a la petición de asilo hay que respetarlo. Tampoco está en las manos de Trump arrebatarles la ciudadanía a los nacidos en Estados Unidos de padres extranjeros. Esa es una barbaridad inconstitucional.

No todas las acciones de Trump, naturalmente, son desacertadas. El nombramiento del diplomático John Bolton al frente del Consejo Nacional de Seguridad fue una maniobra inteligente. Bolton es un brillante abogado, graduado de Yale, con una larguísima experiencia en asuntos y organismos internacionales. Tiene una visión kantiana de las relaciones con otras naciones, fundada en los principios. Era una de las pocas cabezas que podía sustituir al general Herbert McMaster al frente de ese organismo. Su trabajo, y no es poca cosa, será darle sentido y forma a las ideas y actitudes contradictorias de Trump, una persona desconcertante que admira a Vladimir Putin y elogia a Kim Jong-un, mientras detesta (con razón) a Nicolás Maduro.

John Bolton acaba de pronunciar uno de sus primeros discursos medulares. Lo ha hecho en Miami, en el Freedom Tower del Miami Dade College, la universidad más nutrida y diversa del país (165 000 estudiantes, la mayor parte de ellos hispanos y afroamericanos). El acto ocurrió ante los congresistas cubano-americanos Ileana Ros-Lehtinen, Mario Díaz-Balart, Carlos Curbelo y otras 250 personas prominentes, entre las que estaban exiliados venezolanos (Asdrúbal Aguiar) y nicaragüenses, junto a los cubano-americanos Lincoln Díaz-Balart (ex congresista), Modesto Maidique, ex presidente de Florida International University, Frank Calzón, del Center for a Free Cuba, y Marcell Felipe, líder de Inspire América, una organización que, de manera creciente, se va transformando en la representación oficiosa de la comunidad cubana más activa en Estados Unidos.

Bolton delineó lo que será la política latinoamericana de Trump. Continuará la ofensiva de restricciones al comercio y castigos contra las personas y empresas corruptas o clave en el sostenimiento de las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua, a cuyos líderes llamó “los tres chiflados” del socialismo (Moe, Larry y Curly), sin especificar cuál es cada payaso. En realidad son cuatro chiflados, porque le faltó mencionar a Evo Morales, el déspota de Bolivia, una nación con presos políticos, adversarios asesinados, exiliados, corrupción impune, intentos de eternizarse en el poder contra la voluntad de los electores, y el resto de los síntomas de una tiranía sin paliativos.

Uno de los aciertos de Trump-Bolton ha sido trasladar a otro abogado notable, Mauricio Claver-Carone del FMI al Consejo Nacional de Seguridad  y ponerlo al frente del Hemisferio Occidental, que incluye a toda América Latina. Para Estados Unidos era (y es) una locura que una región tan importante del planeta no tuviera su sitio entre las prioridades de la política exterior de Washington. Claver-Carone, que monitoreaba habitualmente las actividades del régimen cubano, sabe que el guión de las agresivas dictaduras del Socialismo del Siglo XXI se escribe en La Habana, aunque el diplomático y oficial de inteligencia cubano Jesús Arboleya se empeñe diligentemente en tapar el sol con un dedo (Cuba en el frenesí de la Casa Blanca). Como en las comedias de los tres chiflados, siempre hay uno que da las bofetadas. Es el Moe de esta tragicomedia. ¿Recuerdan? Solía disciplinar a sus hermanos. Tenía una abundante cabellera negra peinada al medio. Ese papel hoy le toca a Miguel Díaz-Canel, el presidente títere cubano.

Carlos Alberto Montaner / Miami

Fuente: http://triangulando.net/trump-bolton-los-cuatro-chiflados/


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Noviembre 02, 2018, 06:40:23 am por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

   
                                                      Michael J. Sandel
                                                    por antonioguerrero
       
            “Los ciudadanos tenemos derecho a opinar sobre cómo se gobierna Facebook”


Decenas de chicas y chicos de varias nacionalidades esperan en el interior de un edificio de ladrillo rojo, obra maestra del románico richardsoniano, en la Universidad de Harvard. Leen a Jane Austen o repasan lecciones de economía desde media hora antes de que empiece la clase; las sillas son limitadas en el anfiteatro y temen quedarse fuera del seminario Dinero, mercado y moral, de Michael J. Sandel (Minneapolis, 1953). Los 200 participantes fueron elegidos por sorteo la semana anterior entre más de 700 aspirantes a un curso en el que el célebre filósofo político repasa desde la óptica de la economía y el derecho asuntos como la ética de la especulación financiera o el “capitalismo de casino”.

Su ritual dista mucho del de aquel viejo maestro que, aburrido de sí mismo, dicta cada año el mismo monótono saber. Él prefiere preguntar. ¿Está mal que los vendedores de agua o un vecino que tenga un generador de sobra saquen partido de un desastre natural subiendo los precios? ¿Es justo que Uber cobre más cuando llueve? ¿Y la reventa de entradas para un concierto de Beyoncé? Los alumnos se pelean por participar con argumentos que casi siempre parten de la fe tan estadounidense en los mercados mientras el profesor les muestra sus contradicciones, orienta la conversación sin dar respuestas rotundas, propone nuevos dilemas y apunta en la pizarra racimos de palabras como “utilidad, libertad, virtud” o “dinero, tiempo, necesidad”. Cuando suena la campana, las preguntas quedan en el aire.

Métodos como estos han hecho de Sandel toda una celebridad socrática en Estados Unidos y más allá: venerado en Asia como una rockstar de las ideas, el día 19 de octubre recibirá en Oviedo el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales por “haber trasladado su enfoque dialógico y deliberativo a un debate de ámbito global”, según el jurado. La fama se la debe sobre todo a su curso Justicia, que dejó de impartir hace seis años, cuando ya se había convertido en una rutina inmanejable. Las clases las daba en un teatro para una media anual de más de mil alumnos. “Necesitaba una armada de ayudantes para manejar aquello”, recuerda. “Y eso no era lo peor. Me preocupaba repetirme con los ejemplos, las explicaciones y hasta los chistes”.

PENSADOR DE MASAS

En la biblioteca. Michael J. Sandel convierte sus cursos en Harvard en libros de éxito. Lo hizo con Justicia. ¿Hacemos lo que debemos? (Debate, 2011. Traducción de Juan Pedro Campos Gómez). Y lo repitió con el seminario que imparte actualmente: Lo que el dinero no puede comprar. Los límites morales del mercado (Debate, 2012. Traducción de Joaquín Chamorro Mielke). Sus investigaciones en bioética las plasmó en Contra la perfección: La ética en la era de la ingeniería genética (Marbot, 2016. Traducción de Ramon Vilà Vernis). La editorial Gedisa mantiene en catálogo, por su parte, El liberalismo y los límites de la justicia(traducido por María Luz Melón).

En el aula virtual. La televisión pública estadounidense filmó en 2009 el curso Justicia, cuyos 24 capítulos de algo menos de una hora pueden consultarse en el canal de YouTube de la universidad y en justiceharvard.org.

En la televisión. Esta semana la plataforma audiovisual online Filmin ha estrenado con subtítulos en español El gran debate, una serie de cinco capítulos en los que Sandel aborda asuntos como la inmigración, la robotización o la privacidad.

Comenzó con ese proyecto poco después de llegar en 1980 a Harvard tras graduarse en Oxford (Reino Unido). El fenómeno creció rápido y ya era uno de sus cursos más populares de la exclusiva universidad estadounidense cuando esta lo escogió en 2009 como el primero que colgarían en aquella tierra de promisión educativa llamada Internet. Más de 30 millones de personas han visto ya a Sandel en la Red y en televisión hacer digeribles para las masas conceptos como el utilitarismo de Jeremy Bentham, el imperativo categórico de Kant o la fe en la igualdad de oportunidades de John Rawls para acabar decantándose por una teoría cercana al comunitarismo. “Para llegar a una sociedad justa hemos de razonar juntos sobre el significado de la vida buena y crear una cultura pública que acoja las discrepancias que inevitablemente surgirán”, escribe al final del best seller internacional que salió de aquellas clases: Justicia. ¿Hacemos lo que debemos? (Debate, 2011).

Pese a tan plusmarquista currículo, el diploma que reposa sobre la chimenea del salón de su casa estilo Nueva Inglaterra en el acomodado barrio judío de Brookline (Massachusetts) no certifica que una vez impartió una clase para 14.000 alumnos en un estadio de Corea del Sur, sino el récord Guinness de flexiones por minuto (52) obtenido por el mayor de sus dos hijos, Adam, un mocetón interesado en el cruce entre fitness y filosofía (el otro, Aaron, es primatólogo).

Sandel recibió a Babelia una silenciosa tarde de mediados de septiembre, tres días antes de que el mundo conmemorase la primera década desde la caída de Lehman Brothers y la profunda crisis económica que siguió a esta. “Este aniversario ha servido para certificar una oportunidad perdida”, se lamentó el profesor. “Cuando aquello pasó, muchos pensamos que había llegado el momento de repensar el papel de los mercados. Nos prometieron reinventar el capitalismo, pero no lo hicieron”. ¿Es posible humanizarlo al menos? “Creo que deberíamos debatir cómo reconciliar el sistema con los valores cívicos de una sociedad justa, partiendo de la certeza de que el neoliberalismo de las últimas tres o cuatro décadas fue el causante de aquel desastre. Un capitalismo sin regular genera desigualdad, destruye las comunidades y despoja de su poder a los ciudadanos. Fomenta una ira de la que acaba siendo víctima la democracia, como hemos visto con la elección de [Donald] Trump, con el Brexit o con el auge de los nacionalismos xenófobos en Europa”.

Pese a que su formación es sobre todo en filosofía política, Sandel se ha metido de lleno en la economía en los últimos años, mal que le pese a la vieja guardia de la disciplina, algunos de cuyos más conspicuos miembros comparten claustro en Harvard. “No estoy en contra del mercado, sino de sus excesos. Me molesta cuando estos invaden áreas propias de la vida en sociedad: la familia, la educación, los medios, la salud o el civismo. Del mismo modo en que se enseña economía en los colegios, se debería impartir ética en las escuelas de negocios. Si pones la disciplina en su perspectiva histórica te das cuenta de que sus pensadores clásicos, de Adam Smith a John Stuart Mill o Karl Marx, incluso en sus profundos desacuerdos, convenían en considerarla una rama de la filosofía política y moral. Todo eso lo perdimos en el siglo XX, cuando se convirtió en una valiosa ciencia sobre el comportamiento humano y social”. Esas inquietudes dieron origen al libro Lo que el dinero no puede comprar. Los límites morales del mercado (Debate, 2013), que comienza con una certeza que suena a derrota (“Hay algunas cosas que el dinero no puede comprar, pero en nuestros tiempos no son muchas”) y conduce al lector con estilo claro y a través de ejemplos prácticos para preguntarse al final: “¿Queremos una sociedad en la que todo esté en venta?”.

El último intento de Sandel de sacar el pensamiento de las aulas toma la forma de una serie de cinco capítulos de producción holandesa titulada El gran debate,que acaba de estrenar en español la plataforma audiovisual online Filmin. En ella, el profesor toca cinco temas de nuestro tiempo —inmigración, robotización, discriminación, desigualdad y privacidad— junto a un grupo de 20 jóvenes de la más diversa procedencia: entre otros, hay artistas de cabaré, raperos, exfutbolistas e ingenieras en robótica. La mecánica se parece bastante a una de sus clases. Él lanza preguntas sobre la desigualdad, la crisis migratoria, el sueldo de Cristiano Ronaldo o esos coches que se conducen solos, y los demás confrontan ideas. El escenario es el santuario de Anthiarus, a una hora y media de Atenas, “no muy lejos de donde nació la democracia y la filosofía occidental”, explica Sandel al principio de cada capítulo. “Son tiempos difíciles. Tenemos que encontrar la manera de razonar juntos sobre cuestiones morales difíciles”, añade a continuación.


             

“Es importante, con todo”, aclara Sandel, “que no se tome la filosofía como quien compra un libro de autoayuda. Eso sí sería banal", afirmó Michael J. Sandel.

A la pregunta de si hemos perdido esa capacidad de escuchar al contrario en un mundo en el que los debates parecen más enconados que nunca, el filósofo lamenta que en espacios como la universidad y los medios de comunicación no se fomente, “en muchos casos en nombre de la corrección política”, la confrontación de opiniones diversas. Y pone dos ejemplos basados en su experiencia. El primero se remonta a 1971, cuando siendo estudiante en un instituto público liberal de Los Ángeles invitó a un debate a Ronald Reagan, entonces gobernador de California. “Hubo desacuerdo en casi todo, y no diría que nos convenció de sus argumentos, pero en cierto modo nos sedujo. Diez años después sería presidente”. El otro ejemplo remite a cuando aceptó participar en un comité de bioética de la Administración Bush. “Me invitaron pese a que sabían que no era ni mucho menos simpatizante, y resultó muy nutritivo”. Caso distinto es el de Trump; con su proyecto no colaboraría. “Cada día conocemos un nuevo escándalo, otro tuit inadmisible. Es un maestro en crear una tormenta de caos y controversia que deja a sus críticos en un océano de distracciones. Ha logrado hacer rehén de sus locuras al Partido Demócrata, que, como un boxeador noqueado, parece incapaz de ofrecer una alternativa”.

Sandel ya ha grabado una segunda temporada de la serie holandesa en la estación de trenes de Haarlem. “De fondo, se ve a la gente ir y venir absorta en sus asuntos cotidianos. Es nuestra manera simbólica de decir que la filosofía guarda una fuerte relación con la vida actual, que no es un asunto abstracto o académico”. ¿No teme con esas puestas en escena ser criticado por banalizar el pensamiento? “No, si en ese trayecto no se sobresimplifican o se distorsionan los mensajes… En el fondo, se trata de un método de larga tradición. Sócrates no daba sus conferencias desde un púlpito, ni siquiera escribió libros o artículos. Y sin embargo, conseguía interesar a los atenienses en los debates de ideas”.

Su éxito podría encuadrarse en cierta corriente actual de pensadores virales de distinto signo y parecido verbo directo que acumulan clics cuando los medios de comunicación les dan voz y son reclamados lo mismo por las élites del Foro Económico de Davos que por un pequeño festival de las ideas. Se diría que el público acude a ellos en busca de herramientas prácticas con las que manejarse en un mundo en permanente cambio. “Es importante, con todo”, aclara Sandel, “que no se tome la filosofía como quien compra un libro de autoayuda. Eso sí sería banal. Significaría asumir que el único asunto del que se ocupa la filosofía es el yo, cuando es obvio que va mucho más allá. Veo que hay un tremendo interés por entender, que no para de crecer entre la gente corriente y también y sobre todo entre los jóvenes. Yo lo achaco a que el discurso público está totalmente desprovisto de ideas y a que el sistema educativo tampoco fomenta los debates”.

Ese interés justificaría su enorme seguimiento en Internet, que puede contemplarse también como una historia de éxito de la educación en línea, de la que es pionero. “Aunque nada iguala”, advierte, “el aprendizaje cara a cara. Cada nueva tecnología promete aumentar el diálogo y el entendimiento. Fue así con la televisión, la radio o el telégrafo. Y a la euforia siempre sucedió el mismo sentimiento de decepción al comprobar que las tecnologías acaban sometidas a la lógica de la compraventa y la publicidad”.

Siguiendo ese razonamiento, la casta de Silicon Valley representa el reverso tenebroso de su confianza en la comunidad y en los valores cívicos. Los propietarios de las cinco grandes compañías tecnológicas sostienen ideas cercanas al libertarismo que preocupan a Sandel, una forma de ver el mundo en la que no tienen cabida el control estatal o la intervención para evitar los desajustes del sistema. “Tienen una responsabilidad moral con la sociedad, aunque no quieran admitirla. Piensan que basta con hacer un poco de caridad, pero no es suficiente. Cada vez ocupan un lugar más importante en nuestras vidas y en nuestras sociedades. Como son parcelas que nos incumben a todos, los ciudadanos tenemos derecho a opinar sobre cómo se gobierna una compañía como Facebook”.

Y eso afecta también a nuestra privacidad, asunto al que Sandel, que no tiene Twitter ni Facebook, dedica uno de los capítulos de El gran debate. “Ha habido mucha discusión sobre el tema”, explicó en la entrevista, celebrada en una semana en la que la amenaza que para la democracia representa Facebook copaba las portadas de las revistas políticas. “Aunque no hemos reconocido la extensión real del problema. Lo que más me intriga es que a la gente no parezca importarle. Yo encuentro tres explicaciones: o bien no se dan cuenta de la mucha información que comparten al firmar sin leer esos contratos de uso de las redes sociales, cuya letra pequeña es demasiada letra y demasiado pequeña; o tal vez no saben lo que realmente hacen las compañías con esa información; o quizá lo saben pero no les importa. En cualquiera de los tres casos es un asunto de suma gravedad”.

Este y otros temas saldrán seguramente a relucir el próximo sábado en un encuentro con estudiantes en la Universidad de Oviedo. Será al día siguiente de recibir el Princesa de Asturias, en cuya nómina de galardonados figuran intelectuales como Mary Beard, Martha C. Nussbaum o Tzvetan Todorov. Cuando supo de la concesión del premio, el profesor se congratuló por que la distinción llegara precisamente de España. Su esposa, la también profesora de Harvard Kiku Adatto, es de origen sefardí (de ahí el apellido, el nombre se lo pusieron por haber nacido en la ciudad japonesa de Yokohama) y se prepara para acogerse a la ley de 2015 que permite acceder a la nacionalidad española a los descendientes de judíos expulsados. “Su familia tiene raíces en Sevilla”, aclara el filósofo, “de allí salieron en 1492. Se instalaron en Estambul. Luego dieron el salto a EE UU. Han preservado las tradiciones, también el ladino”. Vistos los antecedentes, Sandel no descarta mudarse a vivir a España cuando se retire.

Fuente:

https://elpais.com/cultura/2018/10/12/babelia/1539361140_534421.html

antonioguerrero | octubre 14, 2018 en 10:26 am | URL: https://wp.me/p5OYFZ-qH


Michael Sandel (n. 5 de marzo de 1953), es un filósofo político y profesor estadounidense de origen judío. Enseña en la Universidad de Harvard.Michael Sandel se ubica dentro de la corriente teórica comunitarista (aunque manifiesta incomodidad por la etiqueta), es mejor conocido por su crítica a la Teoría de la Justicia de John Rawls (A Theory of Justice) respecto de la cual opina: "la argumentativa de Rawls sugiere el presupuesto del velo de la ignorancia, el cual nos permite abstención ante el compromiso propio". Sandel estima que, por naturaleza, se es intransigente al extremo de admitir incluso la existencia de dicho velo. Ilustra su postura reflexionando sobre los vínculos familiares que se gestan no como consecuencia de opciones conscientes sino respecto a los cuales nacemos en contexto vinculante. Dado que dichos vínculos no son de asimilación consciente, son de difícil desagregación en su atribución personal. Sandel expone que solo una modalidad algo más amplia del 'velo de la ignorancia' es admisible. El argumento de Rawls, sin embargo, depende del hecho de que el velo es restrictivo, lo suficiente como para permitirnos tomar decisiones sin conciencia de quienes se verán afectados por las mismas, lo cual es imposible si se toma en cuenta que, en principio, estamos vinculados a seres humanos en este mundo.

Obras.

Justice: What's the Right Thing to Do? (Farrar, Straus and Giroux, 2010)
Liberalism and the Limits of Justice (Cambridge University Press, 1982, 2nd edition, 1998)
Democracy's Discontent (Harvard University Press, 1996)
Public Philosophy: Essays on Morality in Politics (Harvard University Press, 2005)
The Case against Perfection: Ethics in the Age of Genetic Engineering (Harvard University Press, 2007)
What Money Can't Buy: The Moral Limits of Markets. Macmillan. 2012. ISBN 9781429942584.

Ediciones es español

El liberalismo y los límites de la justicia. Editorial Gedisa. 2000. ISBN 978-84-7432-706-9.
Contra la perfección. La ética en la era de la ingeniería genética. Marbot Ediciones. 2007. ISBN 9788493574444.
Filosofía pública. Ensayos sobre moral en política. Marbot Ediciones. 2008. ISBN 9788493641115.
Justicia ¿Hacemos lo que debemos?. Debate. 2011. ISBN 9788483069189.
Lo que el dinero no puede comprar: Los límites morales del mercado. Penguin Random House. 2013. ISBN 9788499923109.


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Octubre 28, 2018, 04:17:24 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                                                    Filosofía del Congreso

El verdadero lugar de debate ya no está en las cámaras, sino en los medios de comunicación y, desde hace ya algún tiempo, en las redes sociales


               


El pasado miércoles se produjo una situación curiosa en el Congreso de los Diputados. Por la mañana, en el control del Gobierno, tuvimos una de esas intervenciones chocantes a las que ya nos vamos acostumbrando —me refiero a la de la diputada Montserrat—. Por la tarde, sin embargo, como si quisiera enmendarse a sí misma, la cámara aprobó por unanimidad la recuperación de la asignatura de filosofía en el bachillerato. Mañana de desconsuelo, tarde de gozo. De gozo, porque permite imaginar un futuro no demasiado lejano en el que la formación de los políticos, y la de los ciudadanos en general, favorezca otro tipo de discurso. Desde luego, supone poner demasiadas expectativas en una asignatura escolar; sobre todo, porque me temo que eso que U. Beck llamaba la “política de los políticos” ya casi no tiene redención.

Puede que todo tenga que ver con el extraño rol al que ha sido relegado el parlamento. El verdadero lugar de debate ya no está en las cámaras, sino en los medios de comunicación y, desde hace ya algún tiempo, en las redes sociales. La política resuena por todas partes y carece, por tanto, de un lugar en el que centrar la conversación pública. Sólo en ocasiones muy escogidas estamos todos atentos a lo que acontece en las Cortes. Y en ellos se “representa” la política siguiendo más la lógica de la confrontación propia de las tertulias televisivas que la de la discusión racional. De ahí que la selectividad que hacen los medios de la vida parlamentaria se reduzca casi a los momentos del control del Gobierno o a la variedad de gamas discursivas que permiten algunos debates legislativos o las grandes mociones. Y los momentos estelares se programan pensando más en el impacto mediático de cada acto del habla que en la formulación de políticas concretas; politics without policy, que diría un politólogo.

La disputa política se reduce así cada vez más a una lucha lingüística por la presencia pública como fin en sí mismo; la elocuencia se mide por el impacto mediático, no por la fuerza de la argumentación. De ahí que los retóricos pasen a un segundo plano y dejen el camino expedito para que se implante la dictadura de los asesores en comunicación. Todo es comunicación, y la más efectiva es la que toca alguna fibra sensible, acentúa los antagonismos o contribuye a fortalecer la distinción nosotros/ellos. El giro populista deviene, por tanto, en algo casi inevitable.

Lo peor de todo es que de esta manera se alimenta el circo mediático y el Congreso acaba convirtiéndose en un plató más, en el ágora de “la clase discutidora”, que más que discutir entre sí escenifica un permanente simulacro de debate político donde lo que se busca no es convencer al adversario, sino a nosotros los espectadores. Rectifico, no se trata de convencer, sino de reafirmara cada cual en las posiciones que ya en todo caso sostenía con anterioridad. No envidio la tarea que les queda por delante a los bravos profesores de filosofía.

Fuente:

https://elpais.com/elpais/2018/10/19/opinion/1539950861_843795.html


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Octubre 07, 2018, 04:07:11 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                                                            Aldous Huxley
                                                        Por antonioguerrero

                                          La armonía perenne de Aldous Huxley
                                                          Nadia Smirnova


             


El escritor británico Aldous Huxley es ampliamente conocido por su contribución al género de la distopía* con Un mundo feliz (1932), una obra provocadora, profética, que habla del fin de la individualidad provocado por el progreso y la globalización. Más allá de la novelística, podemos encontrar un amplio espectro de géneros en la creación literaria del autor, desde tratados y guiones cinematográficos hasta teatro y poesía. Un hombre de una mente infatigable, y un notable inconformismo, Huxley tuvo infinitas inquietudes –la música, la psicología, el misticismo, la medicina, el arte–, que de una forma u otra se reflejan en sus obras.

En su gran parte, un campo de intereses tan inmenso puede explicarse por la procedencia de Aldous, puesto que creció en una familia de grandes intelectuales: su padre era biólogo y profesor; su madre, una de las primeras mujeres para graduarse de Oxford y fundadora de una escuela femenina. Su abuelo por la parte paterna, Thomas H. Huxley, además de gran dibujante, era científico y colaborador de Darwin, mientras que en la parte materna de la familia encontramos al ilustre poeta Matthew Arnold y a la novelista Mrs. Humphry Ward. Así, los ancestros de Aldous desarrollaron una notable actividad, tanto en el campo de las humanidades como en el de las ciencias, mundos que actualmente se conciben como opuestos e irreconciliables.

Precisamente es Huxley quien hereda ese doble legado: desde los primeros momentos de su carrera como escritor, demostró una gran preocupación por los dos mundos, y “se había esforzado, incansable, en agrupar los conocimientos humanos, científicos, intuitivos, artísticos, en un equilibrio capaz de armonizar hombre y naturaleza”, como expresa MacDermott. De este modo, Aldous se posiciona en el punto de intersección y crea un equilibrio perfecto entre el racionalismo y la sensibilidad. Podemos encontrar la demostración de ello en cualquiera de sus obras. En el Contrapunto, publicado en 1928, Huxley escribe: 

El griego sensato, armonioso, obtiene el mayor rendimiento posible de esos dos grupos de estados. No es tan tonto que quiera matar una parte de sí mismo. Guarda el equilibrio. Esto no es fácil, por supuesto: es hasta endiabladamente difícil. Las fuerzas que hay que conciliar son intrínsecamente hostiles. El alma consciente pugna contra las actividades de la parte inconsciente, física, instintiva del ser total. La vida de la una es la muerte de la otra, y viceversa. Pero el hombre sensato trata al menos de guardar el equilibrio. Los cristianos, que no eran sensatos, han dicho a las gentes que debían echar la mitad de sí mismas al cesto de los papeles. Y ahora vienen los científicos y los hombres de negocios y nos dicen que debemos arrojar la mitad de lo que nos han dejado los cristianos. Pero yo no quiero estar muerto en las tres cuartas partes. Prefiero estar vivo, enteramente vivo. Es hora de que se inicie una revolución en favor de la vida y de la plenitud.

Este pasaje también sirve como una demostración del interés que manifestó Huxley hacia un tema tan controvertido como la relación entre la ciencia y la religión. Sus conclusiones con respecto a ello pueden encontrarse en varios escritos, como La filosofía perenne (1945) o Cielo e Infierno (1956), pertenecientes a la época tardía de la obra de Huxley, caracterizada por el misticismo y la religión. En 1952 publica Los demonios de Loudun, una novela testimonio que narra los hechos sucedidos en el primer tercio del siglo XVII en Loudun –un polémico caso de posesión demoníaca sobre un convento de monjas ursulinas–. Como en la gran parte de los escritos de Aldous, el caso histórico es un pretexto para una serie de reflexiones sobre la natura hominum y todo lo que a ella concierne. Los demonios de Loudun es un libro que habla de los infiernos del ser humano, con sus demonios particulares en forma de deseos de autoafirmación y de autotrascendencia, de sus vicios y sus pecados, hasta llegar al círculo de la infrahumanidad.

Los hombres desean reforzar dentro suyo la conciencia de que son aquello que ellos mismos siempre han considerado ser, pero también desean –reiteradamente y con incontenible violencia– llegar a alcanzar la conciencia de que son algo más. Se arrojan fuera de sí mismos para poder rebasar los límites del pequeño y aislado universo dentro del que cada uno se halla confinado. Este deseo de trascendencia que invade a un individuo no es idéntico al deseo de escapar al dolor físico o al dolor moral. Es verdad que, en muchos casos, el deseo de escapar al dolor refuerza el deseo de trascendencia que uno tiene; pero este último puede existir sin el otro. Si no fuera así, los individuos sanos y afortunados que “han hecho un excelente ajuste con la vida” nunca sentirían la urgencia de ir más allá de sí mismos. Pero lo hacen. Hasta entre aquellos a quienes la naturaleza y la fortuna han dotado con más esplendidez, encontramos un profundo y arraigado horror de su propia personalidad, un ardiente anhelo de quedar libres de esa repulsiva identidad a la que la misma perfección de su “ajuste con la vida” los ha condenado. Cualquier hombre o mujer, tanto el ser más feliz, como el más desgraciado y miserable, pueden llegar, súbita o gradualmente, a lo que el autor de La nebulosa de lo desconocido denomina “desnudos conocimientos y sentimiento del propio ser”. Esta conciencia inmediata de la propia personalidad engendra un agónico deseo de rebasar la isla del yo que está en cada uno. Soy amargura, escribe Hopkins.

                 


Huxley introduce sus propios comentarios e hipótesis para reinterpretar los hechos desde la racional visión del hombre moderno, donde la epistemología, la fisiología y, sobre todo, la perspectiva histórica tienen una gran relevancia. Así, analiza aspectos como los modos de vida, los ideales y los problemas de la época, arrojando luz sobre las premoniciones, convicciones y depravaciones de las personas implicadas.

Bien es sabido que la Edad Moderna se caracteriza por la constante presencia de dos grandes protagonistas inseparables: la Iglesia y la Monarquía, de modo que en el siglo XVII la religiosidad  estaba estrechamente ligada a la política. El nombre de Dios solía usarse para fines personales, de prestigio, venganza o autoafirmación, por lo cual cabe destacar la separación entre dos fenómenos que, a primera vista, han de ir de la mano: la religiosidad y la fe. Huxley analiza los vínculos sociopolíticos de todos los integrantes de la historia de aquellas monjas endemoniadas, llegando hasta el cardenal Richelieu y los reyes de Francia. No es de extrañar que en esta coyuntura un caso de posesión puede explicarse como un simple fraude causado por la desmesura de ambiciones personales en el contexto de una sociedad totalitaria, y no como un pacto con Satanás.

Evidentemente, en aquella época esa perspectiva no era viable, dado que se trataba de “una sociedad que se dedicaba a la captura de los demonios”. Por esta misma razón, en Loudun no se dispensó de los exorcismos y los procedimientos médicos, por lo que Huxley dedica una gran parte del libro a los métodos de tratamiento de la época, donde el hecho fundamental es el desconocimiento de las vías del funcionamiento tanto de la fisiología (estructura celular o química) como de la psicología humana (el subconsciente, no estudiado debidamente hasta principios del siglo XX). Así, lo que ahora podría interpretarse como un caso de histeria, neurosis o hipocondría, se explicaba supersticiosamente como un mal causado por los hechizos, encantamientos o el exceso de la bilis negra. Para acercarnos a la mentalidad del siglo XVII, Huxley recurre a la mención del inglés Robert Burton, cuyo ensayo Anatomía de la Melancolía presenta una perfecta demostración de la teoría de la naturaleza humana, incluyendo los convencimientos filosóficos y médicos de todo un período de la historia de la humanidad. Se hacen evidentes las carencias de la medicina de los primeros tiempos de la Edad Moderna –eran los azotes, la sangración o el uso de antimonio metálico como una purga lo que se empleaba como tratamiento para casos que hoy en día se reconocen como meramente psicológicos–: “Por experiencia puedo afirmar que muchos hombres melancólicos e hipocondríacos se curaron con la exclusiva aplicación de lavativas” (Robert Burton).

Huxley presenta un estudio íntegro de la historia de las ursulinas, incluyendo un factor tan complejo como lo es la humanidad en su plenitud.

Nadie puede concentrar su atención en el mal o en la simple idea del mal, sin verse afectado por él. Una posición más profunda contra el demonio que con Dios, es peligrosa. La posesión es con mayor frecuencia secular que sobrenatural. Los hombres son poseídos por los propios pensamientos de odio a una persona, a una clase, a una raza, a una nación. Actualmente, los destinos del mundo se hallan en manos de los que se han endemoniado por sí mismos, de esos hombres que son poseídos por, y que manifiestan, el mal que han elegido ver en otros. No creen en los demonios, pero han hecho todo lo posible para ser poseídos y lo han logrado. Y puesto que creen menos en Dios que en el diablo, parece inverosímil que sean capaces de curarse a sí mismos de su posesión.

En su análisis de los sucesos de Loudun tienen cabida las inquietudes de los individuos, todos ellos, con sus sentimientos, sus propias maneras de percibir la realidad y sus cuerpos, inevitablemente unidos con sus espíritus… La psicofísica era un tema de especial interés para Huxley, y en consecuencia, recurrente en sus obras. “¿Es que el desorden mental tiene por causa un desorden químico? Y ¿el desorden químico se debe a su vez a angustias psicológicas que afectan a las suprarrenales?” (Las puertas de la percepción). En Los demonios de Loudun el autor inglés insiste en la correspondencia entre el estado anímico y el físico de uno, destacando sobre todo la causalidad espiritual del malestar del organismo humano.

Durante años de un crónico desasosiego había mantenido tan escaso aliento en sus pulmones, que parecía vivir en todo momento al borde de la asfixia. Casi súbitamente, su diafragma se ponía en movimiento; respiraba profundamente y era capaz de llenar sus pulmones de aire que daba vida. Realmente experimentaba en su cuerpo un fenómeno análogo al de su liberación espiritual.

Huxley da una explicación racionalista y justificada de los acontecimientos; no obstante, el libro no es privado de misticismo. En Los demonios de Loudun se hace evidente la aspiración de Huxley de combinar la materia con el espíritu, una necesidad intrínseca de su persona. En consecuencia, en ocasiones plantea ideas que incluso hoy en día podrían considerarse radicalmente innovadoras e insólitas, pero en ningún caso faltas de sentido o razonamiento.

No hay nada intrínsecamente absurdo o contradictorio en la idea de la admisibilidad de espíritus no humanos, sean buenos, malos o indiferentes. Nada nos obliga a creer que la únicas inteligencias que hay en el universo se hallan conectadas al cuerpo del ser humano y de los animales en general. Si se acepta el testimonio que nos ofrecen la clarividencia, la telepatía y la previsión, entonces debemos admitir que hay procesos mentales en verdad independientes del espacio, del tiempo y de la materia. Si esto es así, parece que no existe razón alguna para negar a priori que puede haber inteligencias no humanas, enteramente descarnadas o asociadas con la energía cósmica de un modo hasta ahora para nosotros desconocido.

Todavía ignoramos cómo se halla asociada la mente de una persona con esa vorágine de tan compleja organización, ese vértice misterioso de la energía cósmica al que llamamos cuerpo. Que existe alguna asociación es evidente; ahora bien, de lo que no tenemos idea es de cómo la energía se transforma en proceso mental y cómo el proceso mental afecta a la energía.


En su introducción al tomo de la poesía completa de Aldous Huxley, Jesús Isaías Gómez López afirma que la forma poética impregna toda la producción narrativa del escritor británico. Efectivamente, en cualquier de sus escritos, es un constante modo de expresión, a través del cual se puede observar su fascinación por el lenguaje y su soltura poética, independientemente de la materia sobre la que se indaga. Los demonios de Loudun no es una excepción, y de hecho, tanto la poesía como el lenguaje forman todo un tema en la susodicha obra.

La pluma es más eficaz que la espada, pues es por el pensamiento hecho verbo por lo que nosotros dirigimos y mantenemos nuestros esfuerzos y realizamos nuestras obras. Pero también está el riesgo de usar las palabras como sustitutos, viviendo en un universo puramente verbal y no en el mundo concreto de la experiencia inmediata. Cambiar un vocabulario es fácil; cambiar las circunstancias externas o nuestros hábitos inveterados es duro y enojoso. […] La letra mata o, al menos, deja inerte. Es el espíritu, la realidad que subyace bajo los signos verbales, lo que procura nueva vida.

Los Demonios de Loudun es un libro enriquecido con abundantes referencias y citas. Huxley recurre a los escritos anteriores y contemporáneos de la posesión (como A. Lefèvre, S. J. o Kramer y Sprenger), lo que hace que el libro se asemeje al Passagenwerk, la inacabada obra maestra de Walter Benjamin, donde el alemán pinta el retrato de la época decimonónica únicamente a través de la citación. Evidentemente, el objetivo de Huxley no fue el mismo, por tanto, aparte de los autores fundamentales para la interpretación del caso de las monjas endemoniadas, alude a autores como Whitman, Plinio, Corneille, Kierkegaard y Flaubert, entre muchos más. Así, a la hora de hablar de la infrahumanidad, recurre a dos poemas de Baudelaire y Mallarmé que nos acercan a diferentes formas de enfrentarse a la Nada; y cuando lleva a cabo un análisis psíquico de los protagonistas de la historia, anticipa la citación de Blake que posteriormente dará origen al título de uno de sus tratados más destacables que tuvo un notable impacto sobre la cultura de su tiempo, Las puertas de la percepción (1954):

Espontáneamente, y por una especie de bendito acontecimiento, había penetrado en aquel mundo infinito y eterno que todos nosotros podríamos habitar con tan sólo –según expresión de Blake– “tener purificadas las ventanas de la percepción”.

A primera vista, parece que los pensadores de períodos tan separados en el eje temporal no tienen relación alguna con el estudio del caso particular, no obstante, hemos de acordarnos que se trata de un libro que presenta una perspectiva transversal y atemporal del género humano. Las referencias de Huxley constituyen un recurso que demuestra, en las palabras del propio autor, que:

El encanto de la historia y de sus enigmáticas lecciones consiste en el hecho de que nada cambia a lo largo de los siglos y, sin embargo, todo es completamente distinto. En los personajes de otros tiempos y de culturas extrañas reconocemos nuestra demasiado humana identidad y sabemos, mientras lo hacemos, que el marco de referencia de nuestras vidas ha cambiado, que ciertas proposiciones que entonces parecían axiomáticas son ahora insostenibles y que lo que nosotros consideramos como evidentes postulados no podían, en un período anterior, tener cabida en la mentalidad más osadamente especulativa. Sin embargo, las diferencias entre aquellos tiempos y el nuestro son siempre periféricas. una identidad fundamental subsiste en el núcleo. Los seres humanos, como mentes encarnadas, sujetas al desgaste físico y a la muerte, capaces de sentir dolor y placer, sometidas a sus anhelos y aversiones, y oscilantes entre el deseo de autoafirmación y el de autotrascendencia, se enfrentan, en todo tiempo y lugar, con los mismos problemas, arrostran las mismas tentaciones y el orden de las cosas les permite realizar la misma elección entre la pasividad y el esclarecimiento. El contexto cambia, pero la sustancia y el significado son invariables.

Dentro de la obra de Aldous Huxley, Los demonios de Loudun es una demostración más de la extraordinaria educación del autor y de su deseo de la claridad en el discurso histórico, que de forma directa se relaciona con la aspiración a concienciación del ser humano. Como expresa en la novela, “el pensamiento independiente y propio es el mejor antídoto contra los que se hallan sumergidos en la masa”. Huxley procura abrir sus propias puertas de percepción, invitando a sus lectores al viaje hacia lo desconocido y fascinante, pero sobre todo, hacia lo armonioso, donde las ciencias y las humanidades no son maniqueas, sino que forman parte del mismo discurso.

Una poesía que representa al hombre aislado de la naturaleza, lo hace inadecuadamente. Y, de modo análogo, una espiritualidad que anhela conocer a Dios sólo en las almas de los hombres, sin considerar al propio tiempo el mundo que no es de naturaleza humana y con el cual nos hallamos de hecho indisolublemente ligados, es una espiritualidad que desconoce la plenitud del ser divino.

Fuente:

La armonía perenne de Aldous Huxley
https://elvuelodelalechuza.com/

antonioguerrero | septiembre 23, 2018 en 6:08 pm | URL: https://wp.me/p5OYFZ-q8

Nota del editor:

* Distopía es el término opuesto a utopía. Como tal, designa un tipo de mundo imaginario, recreado en la literatura o el cine, que se considera indeseable. La palabra distopía se forma con las raíces griegas δυσ (dys), que significa ‘malo’, y τόπος (tópos), que puede traducirse como ‘lugar’.

La distopía plantea un mundo donde las contradicciones de los discursos ideológicos son llevadas a sus consecuencias más extremas. En este sentido, la distopía explora nuestra realidad actual con la intención de anticipar cómo ciertos métodos de conducción de la sociedad podrían derivar en sistemas injustos y crueles. Por ejemplo: una nación donde se ejerza un riguroso control estatal para garantizar una sociedad organizada, feliz y conforme, podría derivar en un régimen totalitario, que reprime al individuo y cercena sus libertades en función de un supuesto bienestar general.

De allí que la distopía advierta sobre los peligros potenciales de las ideologías, prácticas y conductas sobre los cuales se erigen nuestras sociedades actuales: el socialismo, el capitalismo, el control estatal, el consumismo, la dependencia tecnológica, las trasnacionales, etc.

Durante el siglo XX y lo que llevamos andado del XXI, los planteamientos distópicos, como fábulas futuristas o de ficción de anticipación, han ido creciendo en popularidad. Muestra de ello es su adaptación a temáticas de ciencia ficción, como El informe de la minoría, de Philip K. Dick, llevada al cine, que ha mostrado nuevos ámbitos imaginarios hacia los cuales crecer. Algunos de los libros clásicos sobre distopías son 1984, de George Orwell; Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y Farenheit 451, de Ray Bradbury.

La distopía es lo opuesto a la utopía. Mientras la utopía imagina un mundo donde las doctrinas se acoplen de manera armoniosa en el funcionamiento de las sociedades, la distopía, por su parte, toma la base del planteamiento utópico y lo lleva a sus consecuencias más extremas. De allí que planteamientos utópicos disciplinantes, que a primera vista podrían parecer sistemas ideales, en la utopía se convierten en realidades indeseables, donde las doctrinas erigen sistemas totalitarios, injustos, espantosos e insoportables. El término distopía, como tal, surge a partir del vocablo utopía, creado por Tomás Moro, pero como su contrapartida, su antítesis.


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Octubre 07, 2018, 03:18:29 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                                                              Frankenstein
                                                           Por antonioguerrero
                                                    Frankenstein: larga vida al miedo


           


En el diccionario de palabras que vendrán, “Frankenstein” consta como sinónimo de híbrido espantoso, engendro antinatural y peligroso. Se habla de comida frankenfood y de gobiernos Frankenstein, pero esto no siempre fue así. Hubo un tiempo en el que el “monstruo” despertaba ternura y simpatía. Su significado ha variado a lo largo de sus 200 años de vida tanto como lo hicieron los jirones de otros cuerpos con los que se supone que fue armado. Esta es una revisión de esa trepidante y extraña historia.

                                                Por Pablo Francescutti/SINC

Sus detractores hablan de Frankenstein como de una parábola anticientífica. Sostienen que su efecto más notorio ha sido el de nutrir los recelos del vulgo hacia los avances de una ciencia que le asusta y no comprende, meter miedo, vaya. Desde luego, ciertas versiones y secuelas contienen elementos que abonan esa lectura. Pero ¿hay más? ¿Qué hay en el original aparecido hace dos siglos en Londres con el título de Frankenstein o el moderno Prometeo? ¿Qué sabemos de su autora, Mary Shelley, y de sus intenciones? ¿Era ella una escritora tecnófoba?

Refresquemos el argumento de la novela: Víctor Frankenstein, sabio ginebrino, aspira a descubrir el secreto de la vida y obsequiar a la humanidad con el don de la inmortalidad. Con trozos de cadáveres y de animales confecciona un ser animado. Horrorizado por su grotesca fealdad, lo rechaza y se niega a brindarle una compañera. La Criatura, viéndose expulsada de la fraternidad humana, mata a su novia y a otros de sus seres queridos. Víctor se lanza en su persecución y ambos acaban muriendo en el Ártico.

Uno de los paralelismos clásicos es comparar a Víctor con Prometeo (no tiene mucho mérito, Shelley ya lo sugiere en el título): el héroe mitológico que trajo el fuego a los mortales y por ello fue castigado por los dioses. La novela sugiere una interpretación trágica, pero prescindiendo de toda intervención divina o sobrenatural; la desgracia sobreviene por causa de un experimento chapucero. Y aunque Víctor mezcla la alquimia con la electricidad y las matemáticas, no se maneja como un alquimista o un mago, sino como el precursor de una biología en pañales.

Frankenstein revisa el mito de Prometeo sin intervención divina o sobrenatural; la desgracia sobreviene por un experimento chapucero

La llegada al mundo de Frankenstein

Shelley estaba al corriente de la ciencia de su época, así como de la política radical preconizada por sus padres, el anarquista William Godwin y la feminista Mary Wollstonecraft, y su marido, el poeta Percy Shelley. Darko Suvin, estudioso de la ciencia ficción, la percibe desencantada con el utopismo de ilustrados y románticos y sus promesas de progreso social. No es casual que bosquejase su obra poco después de Waterloo, la batalla que cerró el ciclo abierto con la Revolución Francesa e inauguró un período reaccionario, para consternación de la intelectualidad progresista. Su texto, conviene subrayar, ostenta el sello del Romanticismo, al cual la autora pertenecía de cuerpo y alma. Contra la opinión extendida, dicho movimiento profesó enorme devoción por la investigación. A contrapelo del ilimitado optimismo de una ciencia entendida como dominio humano sobre la naturaleza, defendía su desarrollo en armonía con el entorno y oponía un enfoque holístico al mecanicismo de la Ilustración.

Fiel a ese espíritu, Mary Shelley atiza un correctivo a la búsqueda de conocimiento a cualquier precio; y de pasada ajusta cuentas con la soberbia romántica a través de la crítica a la conducta de Víctor, el héroe byroniano cuya ansia egocéntrica de gloria arrastra a los demás.

                 


Frankenstein vino el mundo en circunstancias extrañas. En unas vacaciones que un grupo de jóvenes intelectuales y excéntricos se disponía a pasar en una villa junto al lago de Suiza. Del exterior se olvidaron a causa del mal tiempo (les tocó el llamado “año sin verano”), así que se concentraron en el interior. En esos días circulaban las historias de fantasmas, el láudano y también los comentarios a los experimentos del naturalista Erasmus Darwin, que supuestamente había sido capaz de reanimar materia muerta. A lord Byron, que debía llevar la batuta de las sesiones, se le ocurrió proponer un reto: inventar la más terrible historia de fantasmas que pudiera imaginar cerebro humano. Salieron dos clásicos del terror: William Polidori alumbró El Vampiro y Mary Shelley su Frankenstein, al parecer después de una pesadilla que le explicó así: “Vi con los ojos cerrados, pero con una nítida imagen mental, al pálido estudiante de malas artes, de rodillas junto a la criatura que había armado. Vi al horrible fantasma de un hombre extendido y que luego, tras la obra de algún motor poderoso, cobraba vida, y se ponía de pie con un movimiento tenso y poco natural”.

Frankenstein, sostiene Suvin, echa los cimientos de la ciencia ficción, un género de la sociedad industrial señalado por su ambivalencia frente al avance científico-técnico. Y lo hace distanciándose del horror gótico, cuyos muertos al acecho de los vivos personifican el peso fatídico del pasado sobre el presente. La diferencia es visible en la Criatura: en vez de presentarla a la manera gótica como la encarnación del Mal sacrílego, su soliloquio mete al lector en el pellejo de una creación científica capaz de aprender a hablar por su cuenta y educarse en soledad leyendo a Plutarco, Milton y Goethe. La impronta gótica se circunscribe al atrezzo: las inmensidades aisladas por las que deambulan los personajes, los ambientes tenebrosos, las noches tormentosas y los cadáveres que suministran la materia prima de la Criatura. Su nudo dramático, en contraste, se ciñe a un experimento y sus derivaciones. No hay maldición ni predestinación. El pasado no controla la situación; la acción discurre en el presente y se abre al futuro.

Ponga un Frankenstein en su causa

Su mensaje fue abusivamente simplificado y en ocasiones retorcido hasta hacerlo valer para la causa en cuestión. La retórica conservadora, por ejemplo, se sirvió de la tragedia de Víctor para plasmar el miedo al cambio impulsado por individuos bien intencionados: si alguien proponía liberar a los esclavos de las colonias o conceder el derecho al sufragio a la clase trabajadora, se le acusaba de desencadenar monstruos destructivos. Más tarde, la izquierda repetiría la operación, pintando a Saddam Hussein como un Frankenstein engendrado por Estados Unidos y alzado contra su amo. Unos y otros adulteraron el sentido primigenio de la novela.

La otra tergiversación la perpetraron las adaptaciones teatrales sucedidas a lo largo del siglo XIX al exagerar el trasfondo gótico de la intriga. Aparte de cambiar escenarios y confundir nombres (el monstruo pasó a ser conocido por el apellido de su inventor), introducen al sirviente jorobado, describen al laboratorio como la cueva de un nigromante y enfatizan la maldad de la Criatura, buscando atraer al gran público, más ávido de estremecimientos fuertes que de angustiosas reflexiones sobre las fronteras del saber y la naturaleza humana. La empatía con el monstruo desaparece; el ser curioso y sensible se transforma en una Cosa irremediablemente maligna. Estas versiones de probado tirón en la audiencia, fueron la fuente de inspiración de Hollywood en lugar del texto original.

Buscando atraer al gran público, las diversas adaptaciones a los escenarios y la gran pantalla acentúan la maldad de la Criatura; se pierde así toda empatía con ella.

En el año 2007, el historiador del cine Thomas Leitch contabilizó 102 interpretaciones del monstruo en otras tantas adaptaciones fílmicas. Fue el séptimo arte, más que los montajes teatrales de la cartelera anglosajona, el responsable de su estatus mítico. Las primeras películas muestran a un gigante idiota surcado de costuras y con un tornillo en el cuello condenado por el cerebro del criminal ahorcado que le trasplantaron. Víctor, por su parte, es degradado a arquetipo del científico loco y pecador: “Ya sé lo que se siente al ser Dios”, exclama en el filme de James Whale.

Así y todo, con el correr del celuloide se observa cierta tendencia a humanizarlo. Un film de serie B sorprende con un monstruo adolescente: I was a teenage Frankenstein (1957), y otro dirigida al público negro lo pinta con piel oscura y peinado afro: The black Frankenstein (1973). En los años 70, a tono con la liberación de las costumbres, irrumpen el lascivo Andy Warhol’s Frankenstein (1974) y el engendro transexual de The Rocky Horror Show (1975). Por fin, Mary Shelley’s Frankenstein (1994) restituye la inteligencia a la Criatura que Boris Karloff había igualado a un zombi.

Pensar en las consecuencias: un alegato a favor de la responsabilidad

Desde mediados del siglo XX, se ha tendido a leer Frankenstein como una advertencia sobre el impacto nocivo de las nuevas tecnologías. En 1945, el secretario de Guerra de Estados Unidos, Henry Stimson, dijo de la bomba atómica: “Puede ser Frankenstein o un medio para la paz”. Más tarde, los ecologistas acuñaron la etiqueta “frankenfood” en su lucha contra los transgénicos. En un reciente telefilme británico, el monstruo es alumbrado por un ensayo con células madre. Frankie ha demostrado ser un contenedor multiuso de las ansiedades suscitadas por la técnica de moda.

           


En un ensayo incluido en la edición de Akal, Josephine Johnston defiende que el meollo de la novela no consiste en un supuesto alegato contra la ciencia; su eje pasa por la cuestión de la responsabilidad. “El error de Víctor radica en no pensar más a fondo en las repercusiones potenciales de su obra”. Para la ensayista, el devastador desenlace no ofrece dudas: “El entusiasmo científico sin control puede provocar un daño imprevisto”. Del devastador desenlace se desprende el necesario compromiso del científico con su creación: velar por ella y cuidar de que no dañe a los demás. Las palabras de Víctor “He sido derrotado en estas esperanzas; sin embargo, acaso otro triunfe” nos indican que Shelley no se abandona a la tecnofobia ni pierde la esperanza en una ciencia con conciencia.

Del resultado del experimento que es Frankenstein se desprende el necesario compromiso del científico con su creación: velar por ella y cuidar de que no dañe a los demás.

No todo el argumento conserva actualidad. El drama del científico a solas con su conciencia, verosímil en una época de inventores aficionados, ha quedado obsoleto. La investigación depende menos de individuos geniales que de intereses políticos y económicos consagrados a explotar sus frutos sin miramientos por la humanidad o el medio ambiente. Frankenstein no ayuda a captar la complejidad de la actividad científica en tiempos de la tecnociencia. Si la Criatura que la escritora británica presentó en sociedad era una mezcolanza de restos animales y humanos, el monstruo de la cultura de masas es el producto de un bricolaje con versiones influenciadas por cada contexto.

No es casual que hoy retornemos al texto original. La admonición de Mary Shelley sintoniza con nuestra disposición a no extender más cheques en blanco a los laboratorios. Y su mirada compasiva toca una fibra en nuestra sensibilidad posmoderna, capaz de conmoverse por la agonía de un replicante asesino o el flechazo de un solitario con un software.

antonioguerrero | septiembre 30, 2018 en 9:29 am | URL: https://wp.me/p5OYFZ-qa

Nota del editor:

Sobre Mary Shelley.
Londres, 30 de agosto de 1797-1 de febrero de 1851) fue una narradora,​ dramaturga, ensayista, filósofa y biógrafa británica, reconocida sobre todo por ser la autora de la novela gótica Frankenstein o el moderno Prometeo (1818).Hasta la década de 1970, Mary Shelley fue principalmente reconocida por sus esfuerzos para publicar las obras de Percy Shelley y por su novela Frankenstein, la cual sigue siendo ampliamente leída y ha inspirado varias adaptaciones en cine y teatro. Recientemente, los historiadores han comenzado a estudiar más detalladamente los logros de Mary Shelley. Los eruditos han mostrado un interés creciente en su producción literaria, particularmente en sus novelas, como las novelas históricas Valperga (1823) y Perkin Warbeck (1830), la novela apocalíptica El último hombre (1826) y sus dos últimas novelas, Lodore (1835) y Falkner (1837). Los estudios de sus trabajos menos conocidos, como el libro de viajes Caminatas en Alemania e Italia (1844) y sus artículos biográficos incluido en la obra de Dionysius Lardner Cabinet Cyclopaedia (1829-46) apoyan el punto de vista de que Mary Shelley continuó siendo una política radical a lo largo de su vida. Las obras de Mary Shelley a menudo argumentan que la cooperación y la compasión, particularmente las practicadas por las mujeres en sus familias, son las formas de reformar a la sociedad civil. Esta visión constituyó un desafío directo al romanticismo individual promovido por Percy Shelley y a las teorías políticas educativas articuladas por su padre, William Godwin.


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Octubre 07, 2018, 02:04:10 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                                                       Juan Carlos Siurana
                                                       por antonioguerrero

                                        El escritor y filósofo advierte sobre la banalidad de los mensajes
                                                  que contienen los libros de autoayuda


             


“No se trata de dónde estés sino de dónde quieras llegar”, “si puedes soñarlo, puedes hacerlo”, “haz de hoy una aventura alucinante”: son algunas frases que se pueden leer hoy en día en cualquier taza o libreta. Para Juan Carlos Siurana (Valencia, 1969), escritor y filósofo, la sociedad ha entrado en la trivialización más banal del pensamiento positivo, y pone como ejemplo el éxito de marcas como Mr. Wonderful o Ale Hop. En el mundo de los best sellers de autoayuda, las cifras de venta son arrolladoras. La facturación de libros prácticos sobre cómo alcanzar la felicidad fue de 119,05 millones de euros en 2016, según la Agencia del ISBN,. “Mucha gente acude a estos libros de manera individualizada y necesitamos que esos libros sean revisados por científicos, psicólogos o filósofos”, defiende Siurana en su nuevo libro Felicidad a golpe de Autoayuda(Plazas y Valdés, 2018).

Para el autor, todos esos éxitos de ventas que bajo un disfraz de tapas coloridas con mensajes llamativos y lenguaje sencillo amasan fortunas en su comercialización son un claro ejemplo del rumbo que está tomando la sociedad y de cómo se está premiando la dimensión emocional y dejando atrás el rigor de la ciencia y la ayuda profesional. “Cuando un libro transmite la idea de que si una persona no es rica es porque no lo ha querido lo suficiente o que si no está sana y tiene una silueta perfecta es porque no se ha empeñado lo suficiente en conseguirlo, sabemos que algo va mal”, comenta. Felicidad a golpe de Autoayuda dibuja un mapa que te ayuda a caminar por todo lo que el mercado de la autoayuda ofrece y donde el escritor te orienta por ese “terreno oscuro” con una actitud reflexiva y crítica.

¿Qué se necesita para ser feliz?: ¿tener una actitud más positiva? ¿Quererte más? ¿Ganar más dinero? ¿Encontrar pareja? Las respuestas a esas preguntas son un imán para millones de personas. Hay autores que hablan de términos como un dietario o una guía de viajes hacia la felicidad. En la contraportada de El Secreto, de Rhonda Byrne, uno de los best sellers más vendidos del siglo, se puede leer “En este libro aprenderás a utilizar El Secreto en todos los aspectos de tu vida: dinero, salud, relaciones, felicidad y en todas tus interacciones con el mundo.”

Para Siurana una presentación que “impone al lector” olvidarse de todo lo que sabía hasta ahora y que lo seduzca a escuchar esos consejos para ser feliz centrándose solo en ese discurso es algo que puede resultar muy peligroso. “No tenemos que escuchar al que nos cuenta cosas que queremos escuchar sino al que sabe. Si un niño tiene que decidir qué medicamento tomar: el de un médico o un pastelero, seguramente el pastelero le convencerá mejor, pero el médico es el que sabe mejor lo que necesita. Y lo que tenemos que aprender es a escuchar más al médico que al pastelero. Lo triste es que en la mayoría de casos, los libros de autoayuda están escritos por pasteleros”, razona el escritor.

Ávido lector de Nathaniel Branden y Ortega y Gasset, Siurana lleva años reflexionando acerca de la autoestima y la justicia como director del grupo de investigación de bioética de la Universidad de Valencia. “Estamos acostumbrados a ver cómo las empresas contratan coaches que digan a los empleados que la compañía necesita a gente motivada por el éxito, hagan escenificaciones de la película de Rocky y los lleven a una atmósfera irreal”, comenta el autor.

Siurana dedica gran parte de su libro a analizar cómo los best sellers más conocidos tratan los temas de pensamiento positivo y amor a uno mismo como pilares indiscutibles para alcanzar el éxito. “Cuando investigas sobre cómo vivir más saludablemente o cómo encontrar trabajo, tienes que creer que puedes conseguirlo, por supuesto, pero lo que ha predominado es un positivismo muy banal, muy basado en mensajes cortos, muy vinculado al individuo y al pensamiento mágico. “‘Lanza vibraciones al universo y el universo te las devolverá’, ese tipo de cosas es lo que critico. Hay que decirle a la gente, lee aquellos libros que te permitan comprender realmente tu mundo, que te hagan comprender quien eres”, explica el escritor.

Un ejemplo de buena autoayuda que Siurana menciona en su libro es la obra de David D. Burns, jefe de psiquiatría del Centro Médico de la Universidad de Pennsylvania. En su libro Sentirse bien: una nueva fórmula contra las depresiones,Burns cuenta que cuando se piensa con claridad y con perspectiva, se consigue un nivel sano de confianza en sí mismo y ahonda en la importancia de controlar las emociones desde la razón. Para el profesor Siurana, la aspiración máxima de conseguir la felicidad parte de principios similares. “No hay que tomar las decisiones impulsivamente o emotivamente, que es lo que muchas veces nos inspiran los best sellers del mercado, sino aprender a ser reflexivos, a mirar las perspectivas de la vida y a caminar de una manera firme siendo más conscientes y críticos con nuestro entorno”.

Fuente:

https://elpais.com/ccaa/2018/10/02/valencia/1538478044_606939.html

 


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Septiembre 17, 2018, 06:19:18 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.


                  ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                          DECADENCIA Y OCASO DEL ALBA Y UNASUR II.
                                        Dr. Alberto Roteta Dorado.


               


Santa Cruz de Tenerife, España.-

El ocaso de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América. Dos convocatorias en menos de un año para hacer declaraciones políticas y no resolver ningún problema económico.

A pesar de los dramáticos acontecimientos que estaban teniendo lugar en Venezuela - téngase en cuenta la muerte de más de un centenar de personas, en su mayoría jóvenes civiles, así como la infinidad de heridos y prisioneros durante las acciones de protesta realizadas en todo el país-, así como su grave crisis económica, en La Habana, la capital cubana, se convocó en abril de 2017 a una tenida para celebrar el XV Consejo Político de la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América y Tratado de Comercio de los Pueblos, ALBA-TCP, ahora con la incorporación de TCP por una sugerencia que hizo anteriormente Evo Morales.

De esta forma, entre lo onírico y un absurdo surrealista extremo, el decadente grupúsculo pretendió arreglar el grave conflicto del país suramericano, algo que por supuesto se hizo desde sus posiciones de aparentes víctimas atacadas siempre por “el maligno enemigo imperial” que los quiere desestabilizar y que desde el “norte revuelto” planifica sus actos alentando a la derecha; al menos esta es la percepción que me llevo al consultar las declaraciones e intervenciones hechas por los “altos mandatarios” allí reunidos.

Como era de esperarse, una vez más, los pocos cancilleres, acudiendo a su obsoleta retórica, se pronunciaron “por un mundo mejor” y criticaron las acciones de Estados Unidos contra Siria, como si con sus graves conflictos no fueran suficientes para completar sus agendas de trabajo y agotar cada tema tratando de resolver primero lo suyo para luego ocuparse de los asuntos globales que azotan la humanidad en general. Cuestiones que resultan extremadamente graves solo si se analiza el conflicto de Venezuela, país que tuvo un especial protagonismo en el encuentro dada su crítica situación, aunque solo se culpó a otros y se felicitó al gobierno de Maduro, el único responsable en sí de la dura tragedia en que vive inmerso el país desde hace varios años.

El canciller cubano Bruno Rodríguez se refirió a las amenazas contra la Revolución Bolivariana y al papel de la Alianza en la defensa de la soberanía venezolana, lo que constituyó el eje del encuentro; aunque enfatizó de igual modo en el respaldo al pueblo ecuatoriano y a su Revolución Ciudadana -aún no había comenzado la etapa de Lenín Moreno en el poder, y como es lógico nadie podía vaticinar el giro radical ulterior de la nación andina-, a la Nicaragua sandinista y a los intereses de los pueblos insulares miembros del bloque.

Dejando a un lado a los “hermanos insulares” -que como ya expresé antes, no cuentan para nada- detengámonos brevemente en la incongruencia de estos apoyos en los que insiste el canciller de Cuba.

El problema de Venezuela no lo resuelve ni el ALBA, ni la OEA, ni la ONU, ni el Vaticano. Se trata de todo un pueblo que protestó en sus calles y que a pesar de la fuerte represión estaba, y hoy aun está, decidido a acabar, incluso violentamente con sus opresores. Ya tuvieron la calma necesaria para esperar resultados de sendas rondas de conversaciones, posibles diálogos entre ambas partes, intervenciones del Vaticano y de la OEA, y al final Nicolás Maduro hizo de las suyas abusando de su poder y violando todas las normas y leyes constitucionales posibles hasta alcanzar su objetivo de privar de funciones a la Asamblea Nacional y en su lugar establecer la supremacía de la Asamblea Constituyente.

Por aquellos días el régimen de La Habana anunció en la primera plana de su diario Granma que Venezuela no se rendirá; lo que, sin duda, fue el resultado de las conversaciones de la reunión de Nicolás Maduro con el dictador cubano Raúl Castro, a quien Maduro llamó en su intervención “hermano mayor”. Lamentablemente, el problema de esta nación podría tener un final sangriento en el peor de los casos. La hipótesis acerca de la posibilidad de una intervención en la nación no puede ser excluida, algo que cobra mayor vigencia en los últimos días a partir de la activa participación de Colombia en pos de esto último.

En aquella ocasión el canciller cubano se solidarizó a nombre de Cuba con el pueblo ecuatoriano por sus recientes elecciones, las que supuestamente garantizarían el continuismo político conveniente para los miembros del ALBA. En cambio se omitió por completo el malestar generalizado que reinaba en la tierra de Eloy Alfaro ante la inconformidad por los resultados de dichas elecciones y ante la sospecha de un gigantesco fraude electoral proporcionado por el exmandatario Rafael Correa. Por aquellos días nadie se imaginaba que Ecuador se retiraría para siempre del proyecto castro-chavista como resultado de las grandes transformaciones emprendidas por Lenín Moreno, el nuevo presidente de Ecuador que daría un giro trascendental a la política de su país.

Así las cosas, esta ridícula reunión efectuada en 2017 en La Habana no sirvió para otra cosa que no fuera la de estrechar los lazos fraternos de los eternos aliados de una debilitada izquierda que intenta sobrevivir. La fecha escogida no fue la mejor opción toda vez que el mundo se estremecía con grandes acontecimientos de mucho más peso, los que restaron importancia a una efímera reunión local que quedó en algunas notas de reunión sin haber aportado nada al complejo panorama mundial del momento, y que hoy las retomo para demostrar el gradual desmembramiento de un organismo que desde su nacimiento fue un engendro absurdo, como casi la totalidad de propuestas del Socialismo del siglo XXI.

Pero de todos los absurdos de la reunión celebrada el pasado año, encuentro que anunciaba a modo de presagio el hundimiento definitivo del organismo, el de mayor connotación fue la idea de reafirmar el compromiso de ese bloque con la paz y la unidad de la región. ¿Cómo es posible pronunciarse por la paz cuando en el seno de las naciones protagónicas tienen graves conflictos internos por los que han muerto más de un centenar de personas, refiriéndome solo a los muertos de las protestas que por aquellos días tuvieron lugar en Venezuela? Si hay gobiernos que no pueden tratar el tema de la paz, esos son justamente los de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Al parecer no les resultó suficiente este XV Consejo Político del decadente organismo y en la brevedad de menos de ocho meses convocaron al XVI consejo, también con sede en La Habana, y con la participación de los cancilleres del exiguo grupo de naciones implicadas en este proyecto castro-chavista.

Sería interminable si nos detenemos a comentar la serie secuencial de ideas absurdas, que a modo de declaraciones del grupo, se dieron a conocer en diciembre de 2017. No obstante, vale la pena que analicemos algunas de sus propuestas.

Dejando a un lado el reclamo del respeto al cese del llamado bloqueo del gobierno de Estados Unidos a Cuba, tema demasiado tratado y siempre reiterado en reuniones de este tipo, centremos nuestra atención en la declaración referida al apoyo a la Revolución Bolivariana: “Renovamos nuestro firme respaldo a la Revolución Bolivariana, su unión cívico-militar y su gobierno, conducido por el presidente constitucional Nicolás Maduro Moros. Celebramos con regocijo las victorias de la democracia en Venezuela basados en los resultados de las elecciones regionales y municipales recientemente celebradas y la creación de la Asamblea Nacional Constituyente, los cuales mediante el voto han derrotado la estrategia imperial de violencia golpista dirigida a sumir a Venezuela en el caos y derrocar la Revolución Bolivariana”.

Esto constituye una ofensa a la comunidad internacional, toda vez que el mundo entero se ha pronunciado contra la dictadura de Nicolás Maduro; de modo particular vale destacar las acciones emprendidas por instancias como la Unión Europea, la Organización de las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos, y más recientemente, pero con especial énfasis por el resultado concreto de sus acciones, el Grupo de Lima**.

¿Es que acaso se puede hablar de una victoria de la democracia en Venezuela a partir de los dudosos resultados de unas elecciones consideradas inconstitucionales? ¿Los líderes miembros del ALBA serán conscientes al solidarizarse con la instauración de la Asamblea Nacional Constituyente, entidad que ha originado tanto malestar y desatado un grave conflicto sociopolítico en la nación suramericana?

Casi al final de la Declaración del XVI Consejo Político del ALBA-TCP, leída por el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla, se precisó: “Felicitamos los resultados de los diferentes procesos electorales realizados en Nicaragua, Cuba, Venezuela y Bolivia durante el 2017, muestra de la tradicional participación ciudadana de nuestros países”, lo que igualmente merece explicarse. En primer lugar, el canciller no es preciso toda vez que mezcla procesos eleccionarios presidenciales con elecciones municipales o parroquiales, lo que deja lugar para la confusión y las interpretaciones erróneas. Por ejemplo, en el caso de Nicaragua se trató de elecciones municipales, si es que se refiere exactamente a las ocurridas en 2017, por cuanto las presidenciales fueron en 2016.

No obstante, resulta llamativo que se omita el proceso eleccionario presidencial de Ecuador, el cual tuvo lugar en su primera ronda el 19 de febrero de 2017, y en su segunda ronda el 2 de abril del propio año, con lo que el ALBA dio muestras de su inconformidad con la presencia del nuevo presidente en el ámbito político regional, aun cuando apenas era perceptible el giro trascendental que Lenín Moreno daría a la política de la nación andina, algo que se ha concretado en realidad en este 2018 y que ha alcanzado su clímax con la salida definitiva de Ecuador de dicha institución, lo que será comentado también en este trabajo.

En cambio, la declaración final del organismo dedica amplios segmentos a elogiar al régimen venezolano y a defenderlo por encima de todas las cosas, de manera particular de sus supuestos enemigos, esto es, Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea: “Rechazamos las sanciones económicas impuestas por los Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea con fines políticos, contra la República Bolivariana de Venezuela, que afectan la vida y el desarrollo del noble pueblo venezolano y el goce de sus derechos” (…) “Rechazamos asimismo, las acciones injerencistas de la OEA y de grupos de países por sus continuas agresiones contra la soberanía, autodeterminación y el orden constitucional de la República Bolivariana de Venezuela y otros países en los que sus pueblos han decidido gobernarse por sí mismos sin tutelaje de ninguna clase, lo que traería por consecuencia la desestabilización de la región”.

En medio de este extenso panfleto -con la habitual retórica desgastada de los que dicen ser comunistas de estos tiempos- aparecen unas breves líneas que a modo de cumplido le dedicaron a las naciones del grupo que sufrieron los maléficos efectos de los recientes huracanes, lo que en realidad debió haber ocupado el protagonismo del encuentro y el eje central de la declaración, por cuanto debería ser objetivo prioritario del ALBA la cooperación entre todos sus países miembros en pos de la equidad y el mejoramiento económico de sus integrantes:  “Reiteramos nuestro invariable apoyo a los hermanos países caribeños, víctimas de devastadores fenómenos naturales y del cambio climático, de tal forma que contribuyamos de manera activa a superar los estragos que provocaron”, con lo que quedó resumido -y reitero con toda intención- a modo de cumplido, por cuanto el principal propósito del encuentro fue exaltar los “logros democráticos” venezolanos como contrapartida a la tensa situación internacional originada a partir del caos político de dicha nación, algo que decidieron reafirmar en Caracas a solo tres meses de este encuentro con el objetivo de ratificar y apoyar las decisiones tomadas por el régimen de Nicolás Maduro respecto a lo que consideran una injerencia extranjera en esa nación suramericana.

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**Grupo de Lima. Integrado por 12 países latinoamericanos (Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú). Este bloque se formó el 8 de agosto de 2017 en la capital peruana, Lima, para encontrar salidas a la crisis en Venezuela. Entre otras cosas, exige la liberación de los presos políticos en el país sudamericano y critica la ruptura del orden democrático. Ha jugado un papel determinante en los últimos meses en relación con el aislamiento a que se ha logrado someter al régimen de Nicolás Maduro.

Continuará.


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Septiembre 16, 2018, 05:39:25 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                                     Ortega y Gasset: filósofo en la plazuela
                                                      por antonioguerrero
                                                Cima de la filosofía española


En «¿Qué es filosofía?» señaló Ortega y Gasset: «He de hacer el más leal esfuerzo para que a todos ustedes, aun sin previo adiestramiento, resulte claro cuanto diga. Siempre he creído que la claridad es la cortesía del filósofo y, además, esta disciplina nuestra pone su honor hoy más que nunca en estar abierta y porosa a todas las mentes». Este propósito del pensador madrileño no es una mera declaración retórica sino que lo practicó con fervor en toda su producción, lo que ha hecho posible que un público no especializado disfrute de su vasta y riquísima obra.


                 


La claridad no le impidió abordar profunda y brillantemente los grandes e ineludibles asuntos filosóficos, pero en todo momento desde un prisma que no se despeña por la fría abstracción. Porque, según reza una de sus más célebres exhortaciones, «yo soy yo y mis circunstancias», que continúa, lo que no siempre se recuerda, con «y si no la salvo a ella no me salvo yo». Máxima estampada en su primer libro, «Meditaciones del Quijote» (1914), y que resulta nuclear de la cosmovisión orteguiana que nos insta a tomar las riendas de nuestra propia existencia: «El hombre es novelista de sí mismo porque debe inventar su vida y decidir su destino». Tras ese primer título, Ortega da a la imprenta, entre muchos otros, «España invertebrada» (1921), «El tema de nuestro tiempo» (1923), «Goethe desde dentro» (1932), «Ideas y creencias» (1940), «Historia como sistema» (1941), «Introducción a Velázquez» (1943), en los que va desgranando en sus «navegaciones» –así denomina él mismo los sucesivos momentos de su trayectoria–, los conceptos esenciales de su filosofía: la perspectiva, la vocación, el raciovitalismo, la razón histórica... Pero Ortega no es únicamente una cumbre de la filosofía, y no solo española. Por otro lado, se volcó en varias empresas periodísticas –y escribió un sinfín de artículos pues, dirá, el periódico es «la plazuela intelectual»–, editoriales y culturales, como el diario «El Sol», o la creación de la revista «España» (1915) y de «Revista de Occidente» (1923, con su famosa y mítica tertulia), que le convirtieron en el intelectual más influyente de la España del siglo XX y enormenente respetado allende nuestras fronteras.

Hoy, la obra de José Ortega y Gasset sigue viva y muy vigente y continúa germinando a investigadores y pensadores de numerosos países. El legado orteguiano lo custodia la Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón, fruto de la unión en 2010 de ambas instituciones –la primera puesta en pie con gran acierto por su hija, Soledad Ortega Spottorno, en 1978–, en su sede principal en la capital de España, que ha publicado, junto a Taurus, una nueva y rigurosa edición de sus Obras completas, que pronto contará también con una versión en soporte digital.


Fuente:

https://www.abc.es/cultura/libros/abci-ortega-filosofo-plazuela-201807090242_noticia.html
antonioguerrero | septiembre 10, 2018 en 6:54 am | URL: https://wp.me/p5OYFZ-pD


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Agosto 26, 2018, 04:38:48 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.


                               Miguel de Unamuno: la vida de un rebelde
                                              por antonioguerrero


Conflictos y polémicas moldearon la imagen del Miguel de Unamuno contradictorio, irreductible. Pero, al tiempo, también era un ser tierno y familiar. Este es un perfil biográfico del personaje desde todos sus ángulos.
                                                                                                      Pilar G. Rodríguez


                 


Menos mal que los Rabeté comparten aficiones e investigaciones literarias, porque de no ser así su relación sería del todo inviable. En medio de esta pareja de prestigiosos hispanistas: Unamuno. Lo han adoptado familiarmente en calidad de no se sabe bien qué, pero ahí esta este personaje al que Colette y Jean Claude Rabaté seguro que han incorporado a sus desayunos y meriendas. Le han dedicado media vida, si no más. Su publicación más reciente sobre el filósofo es de este año, y además es noticia puesto que acaba de ganar el primer premio en la categoría de Mejor Monografía en Ciencias Jurídicas y Sociales de los Premios Nacionales de Edición Universitaria 2018. Se trata de Epistolario I (1880-1899), publicado por Ediciones Universidad de Salamanca, y recoge las cartas que un joven e hiperactivo Unamuno escribió en el decisivo periodo finisecular.

Colette y Jean Claude Rabaté firmaban también la impresionante biografía Miguel de Unamuno editada por Taurus en 2011. Es el volumen que guía este artículo. Entre sus fuentes ya se contaban numerosas cartas, además de cuadernillos autobiográficos, colaboraciones periodísticas, discursos…. Un material excepcional a la hora de recuperar al hombre que habitaba tras el nombre de Miguel de Unamuno.

De afectos profundos pero secos

1864 “Yo me he criado en una familia de puritanos, sequedad y fórmula, así es que mis afectos son afectos profundos pero secos (…). He mamado con la leche el escepticismo”.
Miguel de Unamuno nace en la calle Ronda del casco viejo de Bilbao. Era el tercer hijo y primer varón, tras María Felisa y María Jesusa, del matrimonio del panadero y comerciante de harinas Félix de Unamuno Larraza y su sobrina, Salomé Jugo Unamuno. El oficio permitía que la familia viviera con cierta holgura, de modo que seguirán naciendo hijos: Félix, Susana y María Mercedes… Pero pronto la desgracia llega a casa de los Unamuno. El padre muere prematuramente, a los 47 años, y también una hermana. El clima de severidad y austeridad se instala en el hogar y los escasos momentos de celebración apenas son capaces de esquivarlo.

1875 “Para unos marca el uso del pantalón largo, para otros el del reló, para todos el principio de la edad del pavo y de las concupiscencias del saber”.
Tras ser testigo del asedio de Bilbao, durante la III Guerra Carlista, el joven Unamuno de 11 años se prepara para entrar al instituto. Dibujando caricaturas de sus profesores gana cierta popularidad. En paralelo a sus clases, acude a sesiones de dibujo y pintura con Antonio Lecuona. Durante toda su vida cultivará el dibujo y durante toda su vida lamentará no dominar el uso del color, lo que le hizo desistir de la carrera artística.

La infancia de Unamuno transcurre en una familia recia marcada por la prematura muerte del padre. El pequeño Unamuno se distrae dibujando, para lo que demuestra cierta habilidad

1880 “Soy vascongado y llego con recelo y cautela a terreno poco y mal espigado hasta hoy”.El baile de lecturas y los descubrimientos que para él representan Kant, Descartes o Hegel le hacen adoptar la decisión de estudiar Filosofía, para lo que debe marchar a Madrid. La ciudad no le causa buena impresión en un principio. Se siente aislado y le pesa la soledad, por lo que se concentra en el estudio, mientras echa dolorosamente de menos a la novia que se ha dejado en Bilbao y que se convertirá en su esposa. Con su tesis, Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca, bajo el brazo regresa a Bilbao lleno de nuevos proyectos.

La pelea por la cátedra

1884 “Querrán decir los señores de la comisión para qué se decía en el anuncio de la provisión de la plaza que se presentaran con la solicitud los documentos que se tuvieran por conveniente? ¿Para arrollarlo en papel higiénico?”.
La carrera por hacerse con una plaza de catedrático de Instituto o Universidad le proporcionará no pocos sinsabores y una amarga sensación de fracaso. Para hacer frente a la mala situación económica da clases en un colegio y particulares. Poco a poco se va haciendo un hueco como cronista en la prensa local. Desde allí entrará en polémicas con personajes como Sabino Arana, que lo considerará españolista ya que Unamuno había afirmado que el vascuence estaba próximo a desaparecer y que el bilingüismo no era posible.

1889 “¡Oh! Cuando yo tenga hijos de carne y hueso, con vida con amor y dulzura. Es uno de mis sueños y como el niño que guarda sus ochavos en la hucha hasta recoger un duro con que comprar algún juguete, así yo guardo mis ternuras para cuando tenga un hijo”.
La etapa de Bilbao no satisfizo sus expectativas, pero el joven y vigoroso Unamuno persevera y vuelve a Madrid para seguir estudiando oposiciones. El dolor por no tener cerca a su amada se mitiga en enero de 1891, cuando por fin se casa con ella dispuesto a formar la familia que añora. Pero sus estudios lo reclaman y pocos meses después regresa a Madrid, porque llegan las ansiadas oposiciones a la cátedra de la Universidad de Salamanca. En junio de ese año sus esfuerzos son recompensados.

1891 es un año decisivo y feliz para Unamuno: consigue la cátedra de Griego de la Universidad de Salamanca poco después de casarse con su novia de siempre, Concha Lizárraga

Un socialista más

1894 “Ha acabado por penetrarme la convicción de que el socialismo limpio y puro, sin disfraz ni vacuna (…) es el único ideal hoy vivo de veras, es la religión de la humanidad”.
En Salamanca, mientras van naciendo hijos a buen ritmo, Unamuno se centra en su actividad académica y de traducción. Pero la agitación política que siempre se encargó de promover lo lleva a Bilbao, en cuya prensa aparecen sus artículos con mucha frecuencia. En octubre de 1894 envía a La lucha de clases la carta Un socialista más, con la que queda reflejado su compromiso. La colaboración durará tres años, hasta la crisis personal de 1897, donde se juntan cansancio, angustia, dolor ante la enfermedad de un hijo y pensamientos suicidas. Finalmente cae en una gran depresión.

1898 “Mientras subsistan máximas tan estúpidas, inhumanas y criminales como aquellas de España para los españoles, América para los americanos, Bilbao para los bilbaínos, ni habrá nunca paz verdadera, ni verdadero progreso".

Representante destacado de la Generación del 98, Unamuno fue uno de los pocos intelectuales que querían la independencia de Cuba. El Desastre acabaría por darle la razón, pero a costa de un sufrimiento al que Unamuno siempre se mostró muy sensible. Su actividad literaria, periodística, ensayística y filosófica, especialmente en esta época, es una reflexión continua sobre la historia, el presente del país y su necesidad de renovación y regeneración.

Predicador laico

1901 “Soy de un país de grandes jugadores de pelota y yo juego a la pelota con las ideas, por las que no siento respeto alguno. Cuando a fuerza de pelotazos reviento una, cojo otra”. No iba a tener la universidad de Salamanca rector más atípico –ni más conocido– que Miguel de Unamuno. En esa época, cuando está a punto de nacer su séptimo hijo, Unamuno cultiva con esmero su labor de conferenciante en los llamados sermones laicos. Ningún tema –economía, política, religión– se le resiste y, como él mismo dice, juega a la pelota con las ideas en un toma y daca que le ocasionará sonadas polémicas, por ejemplo, con el obispo de Salamanca y otros jerarcas de la Iglesia católica a raíz de un escrito filtrado donde Unamuno declaraba haberse vuelto hacia un cierto “protestantismo liberal” y donde las autoridades religiosas ven que se ha apartado de la “madre Iglesia”. Unamuno polemiza con todos –ataca a los latifundistas, a los políticos, se posiciona como antitaurino–, y vuelve su pluma hacia Latinoamérica, donde se siente mejor valorado y más cómodo.

1914 “Pido, pues, que se me forme expediente por mi gestión y que se aclaren los hechos por una visita de inspección hecha por persona imparcial y competente y con la ilustración necesaria, y no por cualquier pobre diablo que venga con prejuicios”.
El ministro de Instrucción Pública destituye a Unamuno del rectorado por razones políticas, convirtiéndolo así en mártir de la oposición liberal. Por supuesto, no conseguirán callarlo. Solo los acontecimientos internacionales, el inicio de la Gran Guerra, lo desviarán de su cruzada personal. Unamuno se manifiesta como aliadófilo y contra la neutralidad de España en la guerra mundial.

Un exilio que se parece al Edén

1920 “Está perdido y nos pierde (habla de Alfonso XIII). Se mete en negocios turbios, juega, bebe –y no agua– y putea”.
Inmerso en diversos juicios por “delitos de impresa”, es condenado a prisión por injurias al Rey, aunque la sentencia no llega a cumplirse. En 1921 es nombrado vicerrector, pero de nuevo sus constantes ataques al rey y al dictador Primo de Rivera, del que dirá “que no tiene más seso que una rana”, son esgrimidos como causas de una nueva destitución y posterior destierro a Fuerteventura, en febrero de 1924. Las vacaciones en el exilio de Fuerteventura, donde lee, pase y escribe innumerables cartas, no duran mucho. Pronto será indultado, aunque él decide continuar de forma voluntaria su exilio en Francia. La acogida en París le causará una grata impresión, pero tampoco esta ciudad le durará mucho a Unamuno, que enseguida parte para Hendaya.

Contra pronóstico, el destierro en Fuerteventura se transforma en una experiencia de los más placentera

1930 “Comienza una nueva era y termina una dinastía que nos ha empobrecido, envilecido y entontecido”.
Con la caída del régimen de Primo de Rivera, Unamuno ultima su vuelta a España. Salamanca le prepara una calurosa acogida. Como está cubierta su cátedra de Griego, se le concede la de Historia de la Lengua Española. Unamuno vuelve a la vida docente y a la escena política con renovados bríos: se presenta como candidato a concejal por la unión republicano-socialista para las elecciones del 12 de abril de 1931 y resulta elegido. Desde el balcón del ayuntamiento, el filósofo proclama dos días después la República. De nuevo es nombrado Rector de la Universidad de Salamanca. También progresa la carrera política de Unamuno. Se presenta a las elecciones a Cortes y es elegido diputado como independiente por la candidatura de la conjunción republicano-socialista en Salamanca.

Dolor de España

1932 “He dicho que me dolía España y hoy me sigue doliendo. Y me duele, además, su república”.
Prematuramente el escritor e intelectual empieza a desencantarse con el gobierno en el que tantas expectativas había puesto y en 1933 decide no presentarse a la reelección. Estamos en los últimos años de la vida de Unamuno y le llegan algunos honores. Cuando se jubila de su actividad docente, es nombrado rector vitalicio de la Universidad de Salamanca, que crea una cátedra con su nombre. En 1935, en pleno desencanto político que muestra como es habitual en él con toda claridad, es nombrado ciudadano de honor de la República.

1936 … y entre brumas, en el puerto espera muriendo el muerto que fui yo.
Aquí mis nietos se quedan alentando mientras puedan respirar,
la vista fija en el suelo. ¿Qué pensarán de un abuelo singular?
El Unamuno incorregible, incombustible, contestatario, ajeno siempre al qué dirán de todos, se pregunta en sus últimos tiempos por lo que sus nietos pensarán de él. Aparece el hombre tan humano que también fue. Políticamente, la decepción de la República es tan profunda que le hace inclinarse, al iniciarse la guerra civil, hacia el bando rebelde, donde quiso ver posibilidades de regeneración y cambio. Tampoco duró mucho el apoyo, especialmente tras la represión en Salamanca, que tocó de lleno a muchos de los amigos personales de Unamuno. En su escritorio se amontonan cartas de mujeres de conocidos y desconocidos, que le piden que interceda por sus maridos o hermanos encarcelados, torturados y fusilados. El desastre humano le conmueve y le impide permanecer callado e impasible. Tendrá oportunidad de exponer su desacuerdo en la fiesta de la raza, el 12 de octubre de 1936, cuando pronuncia su “conquistar no es convertir. Vencer no es convencer” en el famoso incidente con Millán Astray. Tras él, es confinado en su propia casa de Salamanca. Tanto sus amigos republicanos como los fascistas lo ven como un traidor y desconfían de sus vaivenes. Aislado, experimenta un doloroso exilio interior mientras es testigo de cómo el exterior va enloqueciendo con los avatares de la guerra incivil. No lo resistirá ya muchos meses. Muere el último día de 1936.

Fuente:

https://blogs.herdereditorial.com/filco/miguel-de-unamuno-vida-de-un-rebelde/


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Agosto 21, 2018, 04:01:51 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.


                Richard Sennett: “Lo gratuito conlleva siempre una forma de dominación”
                                      ENTREVISTA: Anatxu Zabalbeascoa


             


18 AGO 2018 - 20:20   CEST
La vida intelectual de este sociólogo, chelista y escritor transcurre entre Harvard, el MIT y la London School of Economics. En su vida privada se añade Nueva York, desde Washington Square, donde domina el Manhattan bohemio. A sus 75 años, este antropólogo de la vida cotidiana repasa su vida, desde Hannah Arendt hasta Bernie Sanders; critica a Obama y a Trump y disecciona una sociedad en la que las nuevas tecnologías esclavizan más a las personas que nunca


SON MUCHAS LAS CUESTIONES que definen nuestra sociedad que él vio antes que nadie. El sociólogo Richard Sennett (Chicago, 1943) lleva varios ensayos alertando contra los peligros del trabajo flexible que deriva de la autoexigencia y la falta de arraigo. Alejado de las estadísticas, utiliza la sociología como literatura. En una docena de libros —Construir y habitar. Ética para la ciudad es el más reciente, de próxima publicación en Anagrama—, Sennett descubre qué tipo de sociedad somos y cómo hemos llegado hasta aquí.

En su luminoso apartamento en Washington Square, Sennett anuncia que nunca se retirará. Hace cinco años sufrió un infarto. Ha perdido peso, pero no ha dejado de beber café. Ni de escribir. Ni de tocar el piano. Pasa las primaveras en Nueva York, ahora dará clase en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y en Harvard. Durante los inviernos enseña en la London School of Economics, “donde he encontrado los estudiantes más implicados en cuestiones públicas mientras los americanos se inclinan hacia la parte académica”.

De todas sus ocupaciones —fue también chelista profesional—, escribir se ha convertido en su rutina. “Soy una persona de rituales. Escribo por la mañana y tengo mi vida en el mundo después de comer”.

¿Cuánto tiempo se ganó la vida tocando el chelo? Cinco años. No había cumplido 20 cuando empecé con un grupo que tocaba música barroca de cámara en ambientes no burgueses: iglesias, fábricas —un lugar horroroso para tocar— o en asociaciones de mineros.

¿Ya no toca en público? Tengo un grupo en el que solo se puede entrar si has fracasado como músico. Tocamos para nosotros: un director de periódico, el decano de una universidad… Si no hubiera tenido la lesión en la mano, hoy sería director de orquesta, como Toscanini.

¿Qué hizo que su madre le apuntara a la famosa Juilliard School de Nueva York? No lo hizo. ¡La odiaba! La idea de que me convirtiera en músico la aterrorizaba. Quería que fuera médico o abogado, pero con 16 años me vine a Nueva York a vivir solo. En las familias europeas judías tocar un instrumento es parte de tu educación. Pero la posibilidad de que te obsesione es un desvío en esa educación. Y yo estaba obsesionado. Cualquiera que se dedica a tocar lo está.

Sus abuelos llegaron de Europa. Ambos eran judíos, uno alemán y el otro ruso, y se casaron con mujeres cristianas. Esa “atrocidad social” de casarse fuera de la fe amplió mi mundo.

En sus ensayos ha adelantado muchos de los problemas de la sociedad actual: la fragmentación de las experiencias, los peligros de la flexibilidad que nos iba a mejorar la vida y ha acabado llevando el trabajo hasta cada minuto y rincón de nuestra vida privada… Simplemente veo lo que sucede. Muchas veces la gente ve más con la imaginación que con los ojos.

¿Qué ha pasado para que lo que entendíamos como derechos hoy sea visto como privilegios? El capitalismo moderno funciona colonizando la imaginación de lo que la gente considera posible. Marx ya se dio cuenta de que el capitalismo tenía más que ver con la apropiación del entendimiento que con la apropiación del trabajo. Facebook es la penúltima apropiación de la imaginación: lo que veíamos como útil ahora se revela como una manera de meterse en la conciencia de la gente antes de que podamos actuar. Las instituciones que se presentaban como liberadoras se convierten en controladoras. En nombre de la libertad, Google y Facebook nos han llevado por el camino hacia el control absoluto.

¿Cómo detectar el peligro en las nuevas tecnologías sin convertirse en un paranoico que sospecha de todo? Uno debe indagar sobre lo que se presenta como real. Eso es lo que hacemos los escritores y los artistas. Yo no sospecho. Sospechar implica que hay algo oculto y yo no creo que Facebook tenga nada oculto. Sim­plemente no lo queremos ver. No queremos afrontar que lo gratuito implica siempre una forma de dominación.

En tiempos de redes sociales, ¿cómo preservar la intimidad? Lo que ocurrió con Cambridge Analytica es un delito: alguien robó y vendió información privada. No hay misterio. Es un negocio ilegal que han camuflado con charlas sobre protección de datos. Quien recibió la información pagó por ella. Pero el truco es llevar una discusión que no debería existir a los medios de información. Los delitos deben ser castigados.

¿Sus ensayos se leen de otra manera después de la quiebra de Lehman Brothers? Tras ese colapso, las ventas de mi libro La cultura del nuevo capitalismo se dispararon. Hasta entonces las críticas al orden económico eran consideradas nostálgicas. Muchas de las cosas que están pasando son tan increíbles que tendemos a no creerlas, aunque las tengamos delante.

“Obama hablaba con una elocuencia maravillosa, pero la desigualdad aumentaba. Hubiera sido un gran juez del Supremo, pero no un gran presidente”

A Trump no lo anticipó. Ni al Brexit tampoco. Quedaron más allá de mis poderes. Aunque sí tuve una intuición. El problema de Obama es que hablaba con una elocuencia maravillosa, pero la desigualdad seguía aumentando. No logró controlarla. Apoyó la sanidad pública, pero el resto se quedó en palabras. Y eso es muy peligroso. Hubiera sido un gran juez del tribunal supremo, pero no actuó como un gran presidente.

¿De qué maneras pueden actuar hoy los políticos para defender los derechos de los ciudadanos frente a las presiones de los poderes económicos? La historia lo explica. Hace 100 años Theodore Roosevelt decidió que el Estado debía romper los monopolios. Era conservador. Pero era el presidente de todos los americanos. El capitalismo tiene tendencia a pasar con gran facilidad del mercado al monopolio. Y ahí, con la represión de la competencia, empiezan los grandes problemas, la gran desprotección. Con monopolios, el capitalismo pasa de ser el sistema de la competencia a ser el de la dominación. Aumentar la brecha salarial entre los ricos y los pobres tanto como está sucediendo ahora es la vía para todos los populismos. Eso ha sido Trump. En Reino Unido tuvimos el equivalente a Obama en Tony Blair. Peor que Obama. Obama es un hombre de total integridad personal. Y Blair es solo un político.

¿Por qué el Estado de bienestar solo parece sostenible en los países nórdicos? Me resisto a esa idea. No se necesita ser rico para que ese sistema prospere y se mantenga. En Colombia existe con muchos menos recursos. En Botsuana hay un modelo justo, aunque la equidad cuando tienes poco significa poco. Bismarck construyó el Estado de bienestar en Alemania con malas intenciones: quería evitar que los trabajadores se rebelaran. Con el Estado de bienestar la gente se vuelve conservadora. La destrucción de esas políticas que se está dando en España es una tragedia. ¿Sabe que mis padres lucharon en la guerra civil española?

He leído que por ser hijo de brigadistas le ofrecieron la nacionalidad española. Ojalá. Escriba eso: ojalá. La aceptaría enseguida. Soy americano y británico, pero también me gustaría ser español. Escríbalo.

Se levanta para contárselo a su esposa, la socióloga Saskia Sassen, que trabaja en la habitación de al lado. “Ya sabes lo que van a preguntar nuestros amigos españoles: ‘¿Española o catalana?’. Tenemos que tener cuidado”, contesta ella.

Creció en un barrio pobre de Chicago, Cabrini Green. Mi madre era trabajadora social. Trabajó para el partido comunista y fue perseguida por McCarthy hasta que, como casi todos los comunistas americanos, se dio cuenta de en qué se había convertido el comunismo soviético y dejó de ser comunista. Dedicó casi una década a idear la legislación para un sistema público de salud pionero. Pero ella y mi padre eran los típicos comunistas burgueses.

¿A su padre lo conoció? No. Y eso es parte de mi drama personal. Conocí a su hermano mayor, mi tío Bill, que también luchó en España con los republicanos.

¿Supo por qué se fue su padre? Estoy seguro de que fue por otra mujer. Mi madre no me dio ninguna explicación. Pero, ya que pregunta, el momento de mayor tensión con mi madre no fue por eso. Fue por mi decisión de convertirme en chelista profesional. Tenía miedo a cualquier cosa que se apartara de esa seguridad. Y veía la música como una vida bohemia.

Pero usted eligió esa vida. Tuve un lustro de vida bohemia en Nueva York. Luego regresé al orden. Me llamaron a filas para ir a la guerra de Vietnam y decidí evitarlo regresando a Chicago para volver a la universidad. Luego, en Harvard, me operaron porque el túnel carpiano en la mano de muchos músicos y algunos atletas se tensa de tal manera que los músculos se enrollan unos con otros. En los últimos 40 años, he tenido que encontrar maneras de compensar la debilidad de algunos dedos cuando toco el chelo. Eso me apartó de la música profesional.

En La corrosión del carácter describe la falacia de que la flexibilidad laboral mejora la vida. ¿Qué tipo de carácter van a producir Uber o Deliveroo? Vidas sin columna vertebral. Un carácter cuyas experiencias no construyen un todo coherente. Algo muy circunscrito a nuestro tiempo y preocupante porque los humanos necesitamos una historia propia, una columna vertebral.

¿Cómo ve el futuro de sus estudiantes? Trato de quitarles de la cabeza que la vida intelectual depende de las universidades. En cualquier profesión uno puede y debe tener una vida intelectual activa. Es fundamental que cualquier persona tenga conciencia de su capacidad intelectual y de su necesidad de contribuir a ese desarrollo. Incluso si no tiene una carrera universitaria.

Usted no parece un teórico. Como sociólogo se sirve del trabajo de campo, no de las estadísticas. Habla de personas con nombres y apellidos… Siempre me he sentido arraigado en la antropología de la vida cotidiana. Eso era sospechoso para la Escuela de Fráncfort de los años treinta, excepto para Benjamin, que usaba sus propias experiencias para tratar de entender el mundo. Por eso sufrió el desprecio de la Escuela de Fráncfort. La única persona que lo protegió fue Hannah Arendt.

“Trato de quitar de la cabeza a los jóvenes estudiantes que la vida intelectual depende de las universidades”

Se le considera discípulo de Arendt. ¿Qué recuerda de ella? La conocí en 1959. Mi grupo tocaba los cuartetos de Bartók en la Universidad de Chicago y al terminar una mujer pequeñita subió al escenario a felicitarnos. Dijo que había conocido a Bartók. Cuando volví a Chicago, cogí su curso de estética y odié la estética. Creo que la defraudé y que ella significó mucho más para mí de lo que yo supuse para ella.

¿Qué significó para usted? Fue una piedra de toque intelectual en mi trayectoria. Pero le enseñé un borrador de mi libro El declive del hombre público y lo odió. Fue ese tipo de relación... Ella tenía una conexión mejor con gente que era filosóficamente más sofisticada que yo. Por eso me da miedo que se sobrevalore esta relación. Me hubiera gustado ser su discípulo, pero no creo que lo sea. Creo que a la gente le resulta difícil entender que alguien pueda influirte profundamente sin ejercer un rol posesivo sobre ti. Sentí una gran tristeza hacia ella cuando publicó Eichmann en Jerusalén y se convirtió en una paria ante la mayoría de la comunidad judía que había huido de los nazis.

Ha escrito que los maestros ofrecen lecciones y los grandes maestros dudas. Usted terminó cuestionando a ­Arendt. Lo que me chocaba de ella es que tenía cierta sordera cultural. Estaba en contra de forzar algunas formas de integración racial en América. Escribió un artículo muy oscuro sobre eso. No ignoraba que los negros necesitaban forzar esa vía. Pero se quedaba en el análisis de la propuesta abstracta: ¿Deben los negros ser forzados a convivir con los blancos? Theodor Adorno dijo que odiaba el jazz porque era una música primitiva. Pues lo mismo, para mí esa generación de filósofos tenía un problema: la sordera ante el presente. Lo vimos con la generación de nuestros padres: a ellos les costaba entender que no cayéramos rendidos en los brazos del partido comunista. En su ecuación, ser anticomunista era igual a ser nazi, o algo así.

Hoy ¿dónde se sitúa usted políticamente? Atravesé un periodo muy conservador. Fui liberal. Pero ahora estoy de nuevo a la izquierda. Soy un socialista de Bernie Sanders.

¿Por qué la izquierda ya no conecta con la voluntad de cambio de la gente? Eso es lo que me pone tan triste sobre la izquierda española. Los intereses de los partidos de izquierdas —de derechas ya no hablamos— han pasado a ser más importantes que los intereses de la población. Y así no se puede avanzar.

¿Qué va a pasar después de Trump? Es evidentemente un criminal. La cuestión es si será considerado responsable de sus delitos o no. El mundo está lleno de criminales sueltos. Y puede que él se una a ese grupo. Lo único que me consuela es que Trump es un juez tan penoso de los demás que eso le lleva a cometer grandes errores. Cuando uno llega a ser tan egocéntrico, deja de ver al resto. Pero… de momento es el hombre más poderoso del mundo. Incluso sus votantes saben que es un delincuente.

¿Y por qué lo apoyan? Es un enigma. Pero no es un fenómeno únicamente americano. Ya lo vivimos con Berlusconi. La gente sabía cómo era y, aun así, lo querían para mostrar su enfado, para fastidiar. Trump es la expresión de la política del agravio. En este país hemos dejado ya atrás la idea de cazarlo. Ya ha sido cazado. Lo que no sabemos todavía es si pagará o no por ello. Berlusconi fue capaz de destrozar el sistema judicial italiano. Y puede que Trump consiga hacerlo aquí.

¿Hoy la creatividad es clave en todos los trabajos? Sí. En sociología, creativo es buscar una voz propia. Pero uno solo la tiene cuando le habla a alguien. No se tiene voz propia para hablar solo.


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Julio 20, 2018, 03:44:18 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                                              Breve defensa de un agnóstico
                                                     por antonioguerrero
 
Para Hans Magnus Enzensberger, el ateísmo es una idea fija. Prefiere moverse con libertad, sin someterse ni siquiera a ese precepto.



                 


No me haría mucha gracia que alguien me instase a responder esa pregunta comprometida que siempre resulta un poco embarazosa. Lo más seguro es que me escabullese declarando que soy un agnóstico católico. Si el interpelante es un individuo poco refinado, este argumento suele desconcertarlo, ya que en parte tiene que ver con el origen de la persona. Así ocurre también en mi caso.

Mi familia procede del sur de Alemania; más concretamente, de Algovia. Excepto por un par de romanos, celtas y francos intercalados aquí y allá, mis antepasados eran campesinos sedentarios. Nada de emigrantes diversos, como hugonotes, mineros polacos, buhoneros judíos u otros refugiados o desplazados. El ambiente era alemán y católico, pero no ortodoxo. Los viernes se comía pescado, y en Cuaresma, unos suflés maravillosos, si bien a mis padres nunca se les ocurrió asistir puntualmente a misa los domingos. Eso sí, en casa había una Biblia, aunque rara vez se leía.

Con todo, tanto en el colegio como en la universidad me interesé por las cuestiones teológicas. Es algo que tengo que agradecer a la hospitalidad de los benedictinos de Neresheim, a su mesa, a su vino y a su magnífica biblioteca. Esta pequeña ciudad del distrito de Ostalb debe su renombre a su abadía, cuya iglesia es un magnífico edificio barroco proyectado por Balthasar Neumann. Las siete horas canónicas*, desde los maitines hasta las completas, se cantaban en latín con el acompañamiento del órgano del coro. El encargado de la biblioteca era un hombre atento y de ingenio agudo que me daba a leer toda clase de herejías, entre ellas el gran poema didáctico de Lucrecio De rerum natura en la traducción de Hermann Diels; los pensamientos y opiniones de Montaigne; El sobrino de Rameau, de Diderot, y cosas por el estilo.

Estos autores se encargaron de ilustrarme, mientras que, durante el recreo diario que seguía a la comida, los monjes me hacían ver que los teólogos medievales se habían atrevido con las preguntas filosóficas más espinosas y las habían debatido en una disputa sin fin. La vida de esos hombres perspicaces y cultos era arriesgada. Cabalgaban durante semanas y meses para llegar a París, Basilea, Oxford o Róterdam por caminos plagados de bandidos y soldadesca.
También eran capaces de citar de memoria innumerables textos de la Antigüedad, y dominaban todos los recursos de la retórica clásica. Desde Frege hasta Russell o Wittgenstein, los matemáticos han admirado a los escolásticos como Guillermo de ¬Ockham o Duns Scoto y los han considerado los fundadores de la lógica moderna. Por aquel entonces, las conversaciones en el claustro de Neresheim me impresionaban profundamente, aunque poco pudiese sacar en claro del opaco latín eclesiástico de los patres. Además, tras la Segunda Guerra Mundial tenía puesta toda mi atención en el presente de Alemania. En la década de 1950, nadie quería saber demasiado del Holocausto nazi, sobre el cual reinaba un silencio obstinado. Las antiguas autoridades no estaban dispuestas a abandonar sus puestos de jueces, jefes de policía y profesores, de manera que empezar a recoger la basura en el desierto político, económico y moral de un país dividido en cuatro resultaba largo, laborioso y agotador.

El concepto fue acuñado en 1869 por T. H. ¬Huxley,** firme defensor de Darwin y bisabuelo del autor de 'Un mundo feliz'

Con el tiempo, la tarea se volvió tediosa. Para una minoría de jóvenes amenazaba con convertirse en una ocupación obsesiva. La soberbia acechaba a la vuelta de la esquina. Posiblemente, al final me salvó la idea de que ser alemán no era un oficio muy halagüeño. Prefería escribir.

Que se sepa, nadie, ni siquiera un suizo o un sueco, puede librarse del bagaje histórico que lleva consigo. Una parte de ese legado y de esa carga la arrastramos allí donde vamos a través de la religión. Un hada bondadosa me ha privado del talento para la fe en el monoteísmo. Los dioses son tantos que duele elegir. Los griegos y los romanos nos acompañan en el cielo y en los días de la semana, y las tradiciones egipcias y asiáticas, desde Tutankamón hasta Buda, tampoco se han extinguido por completo. A mi modo de ver, poco daño pueden causar una pizca de Epicuro y la dosis conveniente de estoicismo.

Por eso, para mí el ateísmo no es una opción, sino una idea fija. No quiero pertenecer a ese club. En general, me cuesta decidirme por una filiación. Me faltan dotes para ser un colega de fiar. Naturalmente, habrá quien lo considere una carencia.

Así pues, solo me queda una posibilidad, a saber: ser y seguir siendo agnóstico. El creador del concepto fue el biólogo inglés Thomas Henry Huxley, autodidacta brillante elegido miembro de la Royal Society ya a los 25 años y uno de los más firmes defensores de Darwin y sus teorías.
Huxley acuñó el término agnostic, que desde entonces se ha familiarizado en muchos otros idiomas, en el año 1869. Por cierto, el escritor Aldoux Huxley era su bisnieto. Su famosa novela de ciencia-ficción Un mundo feliz sigue moviendo a la reflexión, ya que predice que, en el futuro, los seres humanos se engendrarán en laboratorios y se los preparará para una vida de consumidores sin la intervención de los padres.

Como es lógico, Thomas Henry Huxley no podía ni tan siquiera imaginar la genética moderna, la clonación, ni la manipulación de la línea germinal. Sin embargo, se daba cuenta de que los detractores de Darwin estaban de acuerdo en un punto. Creían sinceramente que habían resuelto en mayor o menor medida todos los interrogantes de la existencia humana. “Están convencidos de que participan de una gnosis que antaño había sido privilegio de la Iglesia. Yo, por el contrario, no soy uno de esos iniciados”.

Un hada bondadosa me ha privado del talento para la fe en el monoteísmo. Los dioses son tantos que duele elegir.

Aunque el concepto sea más reciente, el agnosticismo tiene un pasado venerable. La palabra griega significa “conocimiento”. Los escépticos crearon una escuela propia, iniciada por Protágoras, quien afirmaba: “Respecto a los dioses, no tengo medios de saber si existen o no, ni cuál es su forma. Me lo impiden muchas cosas: la oscuridad de la cuestión y la brevedad de la vida humana”.

Pirrón de Elis, un sofista de la época helenística, optó por la escepsis, es decir, por la reflexión y la duda como categorías centrales de su filosofía. El hombre, postulaba, puede permitirse las opiniones, pero la certeza es inalcanzable. Sexto Empírico, el último y más radical representante de la escuela, ponía asimismo en tela de juicio la capacidad humana de conocer qué mantiene unido al mundo en lo más íntimo.

Así pues, los agnósticos están bien acompañados. A este pequeño club pertenecieron muchos pensadores del siglo XVIII. Entre ellos cabe destacar a David Hume y Denis Diderot. Se cuenta que, en el salón del barón de Holbach, el filósofo escocés relató la siguiente anécdota sobre los misioneros franceses que se habían internado en los bosques con el propósito de convertir a los nativos de Canadá; uno de los indios hurones fue llevado a Londres, donde se le administró la comunión. “Hijo mío”, le preguntó el sacerdote, “¿no obra en ti la gracia del sacramento?”. “Sí”, respondió el iroqués, “el vino me ha sentado muy bien, pero creo que si me hubiesen dado aguardiente, todavía me habría sentado mejor”.

A la mesa de Holbach estas bromas eran corrientes. Al parecer, el barón pidió a los 18 presentes que se pronunciasen sobre el ateísmo. Quince se declararon ateos; el voto de los otros tres, entre ellos el de Diderot, no nos ha llegado. Presumiblemente eran los agnósticos. No disponemos de ninguna prueba documental sobre la veracidad de este cotilleo que circulaba entre los ilustrados. Puede que sea una invención, aunque, en todo caso, acertada.

El agnosticismo tiene numerosos pros y contras. Te permite moverte con mayor libertad y no tienes que someterte a toda clase de preceptos concebidos por cualquier institución. Desprenderse de la disciplina del partido o la Iglesia en cuestión puede ser un alivio, más si se trata de las trabas de una ideología política. El inconveniente reside en que el agnóstico no acaba de pertenecer a nada.

Me gustaría concluir esta reflexión con una anécdota que cuenta un católico convencido amigo del papa Juan XXIII. Al parecer, un día, en Castel Gandolfo, un científico se confesó pagano. El Papa le respondió que había cosas peores, ya que, por lo menos, él era semicatólico.

Traducción de News Clips.
 
Fuente:
https://elpais.com/cultura/2018/06/29/babelia/1530281566_935435.html

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Notas incorporadas por el editor del Blog.

*Las horas canónicas eran las siguientes: Maitines: antes del amanecer, Laudes: al amanecer, Prima: primera hora después del amanecer, sobre las 6:00 de la mañana, Tercia: tercera hora después de amanecer, sobre las 9:00, Sexta: mediodía, a las 12:00 después del Ángelus en tiempo ordinario o el Regina Coeli en pascua, Nona: sobre las 15:00, Hora de la Misericordia, Vísperas: tras la puesta del sol, habitualmente sobre las 18:00 después del Ángelus en tiempo ordinario o el Regina Coeli en pascua, Completas: antes del descanso nocturno, las 21:00.

** Thomas Henry Huxley (Ealing, Reino Unido, 1825 - Eastbourne, id., 1895) Biólogo británico. Ferviente darwinista, Thomas Huxley intervino en agrias polémicas en defensa del evolucionismo. Fue también autor de numerosos trabajos sobre embriología, zoología y paleontología. A pesar de haber ido sólo dos años a la escuela, su formación autodidacta le permitió entrar en el hospital Charing Cross, donde estudió y se graduó en medicina. Entre 1846 y 1850 acompañó a Owen Stanley en una expedición a Australia; enrolado como cirujano en el Rattlesnake, durante la travesía estudió la vida marina en las aguas tropicales, en especial de las medusas, lo que le valió el reconocimiento de la Royal Society, de la que fue nombrado miembro en 1851. En 1855 Thomas Huxley obtuvo la cátedra de historia natural en la Escuela Real de Minas, que luego sería el Real Colegio de la Ciencia. A partir de ese mismo año se ocupó en particular de la anatomía de los vertebrados; publicó asimismo, como resultado de su viaje a Australia, The Ozeanic Hydrozoa (1859). Posteriormente enseñó fisiología en la Royal Institution, y entre 1863 y 1869 fue profesor de anatomía comparada del Royal College of Surgeons de Londres.
La lectura de El origen de las especies (1859), de Charles Darwin, le convenció de la realidad del proceso evolutivo, y desde entonces se dedicó con entusiasmo y eficacia a difundir las ideas evolucionistas, enfrentándose con decisión a algunas posturas descalificantes e irónicas. Un hito importante en su carrera fue la publicación, en 1863, de El lugar del hombre en la naturaleza, obra que constituyó la base para la aplicación de la teoría evolucionista al hombre. Modelos de claridad y exactitud en la exposición fueron sus Lecciones de fisiología elemental (1866) y Anatomía de los animales vertebrados (1871). Los trabajos científicos de T. H. Huxley fueron muchos y variados. En la última parte de su vida publicó numerosos ensayos sobre cuestiones filosóficas en los que atacó las creencias religiosas, manteniendo siempre un punto de vista agnóstico. Más crítico que creador, Thomas Huxley no llevó a cabo una labor coherente en investigación, pero, con más conocimientos que Charles Darwin en biología general y anatomía comparada, y siendo un escritor de estilo fácil y gran polemista, su intervención fue decisiva para el triunfo del darwinismo en Inglaterra.






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Julio 20, 2018, 02:54:53 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                                                  Tribus filosóficas. 1 respuesta

                                              Ninguna idea es separable de la vida.
                     Ninguna visión puede ser abstraída sin ser parte de un proceso vivencial.



                 


Merleau-Ponty desarrolló su filosofía de la percepción mediante la búsqueda de una nueva relación entre conciencia y mundo, más allá del empirismo clásico y del materialismo, que trascendiera también el racionalismo y el idealismo.

Al pensamiento francés siempre le ha gustado la proustización del lenguaje, el tráfico oculto de la metáfora, la alusión velada y resonante. Los franceses son y han sido esencialmente literatos. Hay en ellos una querencia (no siempre confesada) por la seducción, por lo utópico y lo trágico. Merleau-Ponty ensayó esa transformación del habla con el propósito de “aprehender el movimiento de lo vivo y lo concreto”, como si el vuelo de la metáfora pudiera acompañar el vuelo de las cosas. Una fe inquebrantable en lo concreto que le hace desconfiar, como al buen poeta, tanto del subjetivismo sentimental como del objetivismo científico. No en vano se ha dicho que Heidegger, otro de los filósofos-literatos, suena mejor en francés que en alemán (y al parecer se entiende mejor, de ahí su gran acogida en Francia). Mientras tanto, el mundo anglosajón, dominado por la fiebre del análisis, sonreía ante esas aspiraciones y contemplaba con escepticismo la destreza lúdica de estos jokers de las palabras.

Reducir la filosofía a lenguaje, o a hermenéutica, que es la reflexión del lenguaje sobre sí mismo, como se pretendió al otro lado del canal, es privarla de su función más genuina e inspiradora, esa que afecta al caudal de las vivencias, a la dimensión activa de la imaginación y la percepción. Supone renunciar a todo aquello que se puede vivir pero no formular o erigir en concepto. La filosofía no puede ser un léxico, un sustituto verbal del mundo, pero tampoco confundirse con un discurso que acumula frases subordinadas y yuxtapone las alusiones (veladas, sensuales o cultas) con una prosa resonante y poética.

No quiere esto decir que el lenguaje no tenga su importancia. La filosofía nunca es indiferente al habla. Pero necesita de una dimensión práctica que no sea únicamente moral. La genuina filosofía es hábito de la mente, instrucciones para una “cultura mental” que permita congeniar con el mundo, recrearse en la complicidad de las cosas, en lo visto y lo escuchado, en el cuerpo presente y el recordado. Entre esos modos de la reconciliación están la música y la pintura, la literatura y las sustancias psicotrópicas, la contemplación del color y el movimiento, el sueño lúcido y la percepción activa (esa que vivifica lo que contempla, como si del ojo saliera un rayo que animara las cosas). En todas ellas hay un ejercicio de desposesión, donde la mente acompaña al empuje del Ser (no lo impulsa, lo acompaña), pues el lugar natural del noûs se encuentra al otro lado del tiempo.

Reducir la filosofía a lenguaje, o a hermenéutica, que es la reflexión del lenguaje sobre sí mismo, es privarla de su función más genuina e inspiradora, esa que afecta al caudal de las vivencias

Merleau-Ponty* desarrolló su filosofía de la percepción mientras combatía en la Resistencia de la Francia ocupada. Buscaba una nueva relación entre conciencia y mundo, más allá del empirismo clásico y del materialismo, que trascendiera también el racionalismo (el látigo del silogismo) y el idealismo (el desprecio del cuerpo). Partía de una idea sencilla. La percepción no es una ciencia, ni siquiera una toma de posición deliberada, sino el trasfondo mismo sobre el que se erigen todas las ciencias y las opiniones. La resistencia a los nazis ocultaba otra, la de considerar la conciencia como “interioridad”. Merleau-Ponty prefería verla comprometida con el mundo, en un sentido casi nupcial. Una verdad que ya no habita en el “hombre interior”; de hecho, no hay tal “hombre interior”. El sujeto sensible está comprometido, atado e implicado con aquello que ve y siente, por mucho que juegue a la distancia e invente mediadores. Rescata así una de las estrategias clásicas de la filosofía, hoy casi desaparecida, el esfuerzo por la simpatía y la identificación afectiva, la capacidad de congeniar con aquello que se observa, algo que difícilmente puede llevarse a cabo si se reduce la filosofía al “pensamiento crítico”, como es moda en Facultades e institutos, o si se multiplican los mediadores, como hacen los laboratorios con algoritmos, probetas o cámaras de burbujas. Ninguna idea, por muy abstracta que sea, es separable de la vida. Ninguna visión puede ser abstraída, separada del resto de las cosas, sin ser al mismo tiempo parte de un proceso vivencial. Las abstracciones más abstractas, ya sean el cero o el infinito, se viven siempre desde una determinada posición y circunstancia. Al margen de dicha vivencia, todo se oscurece y reduce a mera especulación.

La relación entre espectador y espectáculo no es frontal, sino una suerte de complicidad, una relación casi clandestina. Para Merleau-Ponty es posible “co-incidir” con las cosas, pero esa correspondencia no se da sin una diferencia previa. Ahí está el misterio (incrustados, pero no del todo) de esta propuesta filosófica. Ese es el “buen error” del pensamiento. La persona se encuentra sumergida en el mundo, atravesada por él, es ya mundo, y cuando cree conocer, ella misma pasa a formar parte de lo conocido. Una idea que fascinaría a los creadores de la física cuántica. Reproduce sin saberlo una vieja enseñanza del Talmud: no vemos las cosas como son, vemos las cosas como somos. “Las cosas atraen mi mirada y mi mirada acaricia las cosas”, dice Merleau-Ponty. Entre la mirada y las cosas se atisba una complicidad. Ahondar en ella es el saludable motivo de esta filosofía.

Fuente:
https://elpais.com/cultura/2018/07/10/babelia/1531216554_621574.html

Esta entrada fue publicada en Miembros de la REF el 15 julio, 2018 por antonioguerrero.

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Notas incorporadas por el editor de este Blog. 

*Estudió en el Lycée Janson de Sailly de París  y en el Liceo Louis-le-Grand de París, al terminar los estudios Merleau-Ponty ingresó a la Escuela Normal Superior de París, en la misma época que Sartre, donde terminó la carrera de filosofía como segundo de su clase en 1930. En 1945 se graduó de doctor en letras en la Universidad de París. Comenzó a dar clases en Chartres, pero después regresó a la Escuela Normal Superior por un doctorado en letras en 1945, que consiguió con dos libros muy importantes: La estructura del comportamiento (1942) y la Fenomenología de la percepción (1945). Enseguida se convierte en profesor de filosofía de la Universidad de Lyon (1945 a 1948), y después en profesor de psicología infantil en la Sorbona (1949 a 1952). Al final, se vuelve titular de la cátedra de filosofía del Colegio de Francia a partir de 1952 y hasta su muerte en 1961, siendo uno de los más jóvenes en acceder al mencionado Colegio de Francia. Merleau-Ponty también formó parte del comité editorial de la revista Les Temps modernes como editor político, desde su fundación en octubre de 1945 y hasta diciembre de 1952. Murió de un paro cardíaco la noche del 5 de mayo de 1961 a los 53 años, aparentemente mientras preparaba una disertación referida a Descartes. Su cuerpo está enterrado en el Cementerio de Père-Lachaise de París.


Sobre su pensamiento: La corporalidad.

Tomando como punto de partida el estudio de la percepción, Merleau-Ponty llega a reconocer que el cuerpo propio es algo más que una cosa, algo más que un objeto a ser estudiado por la ciencia, sino que es también una condición permanente de la existencia. El cuerpo es, según Merleau-Ponty, constituyente tanto de la apertura perceptiva al mundo como de la "creación" de ese mundo. Existe por lo tanto una inherencia de la consciencia y del cuerpo que el análisis de la percepción debe tener en cuenta. Por así decirlo, la primacía de la percepción significa la primacía de experiencia en la medida en que la percepción presenta una dimensión activa y constitutiva. Merleau-Ponty en una primera parte de su obra, considera el esquema corporal como expresión del cuerpo en el mundo. Para él, el cuerpo no está frente a un espacio objetivo, quieto y enraizado en una situación que polariza todas sus acciones. Por el contrario, dice: "mi cuerpo existe orientado hacia todas las percepciones". Se recoge sobre sí mismo para alcanzar sus fines y el "esquema corporal" es, en última instancia, una manera de expresar que mi cuerpo está en el mundo. En un segundo momento, intenta establecer una teoría fenomenología del esquema corporal. Piensa que de la estructuración anátomo-fisiológica o neurológica del cuerpo y de las experiencias vividas; el esquema corporal sólo retiene lo que es valioso para sus proyectos, lo que permite adaptarse mejor a sus medios. A lo largo de sus obras, Merleau-Ponty instaura un análisis que reconoce tanto la corporalidad de la consciencia como la intencionalidad corporal, contrastando así con la ontología dualista cuerpo/alma de Descartes, un filósofo a quien Merleau-Ponty siempre se mantiene atento a pesar de las importantes divergencias que los separa.


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Julio 17, 2018, 07:10:18 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                          Descartes, por los caminos paralelos de la fe y la razón
                                                    Por antonioguerrero


Descartes intentó conciliar en sus «Meditaciones metafísicas» la existencia de Dios con la defensa de la autonomía de la ciencia


               


Siempre que pasó por el «boulevard» Saint Germain en París y antes de tomar un calvados en Les Deux Magots, me detengo unos minutos para visitar la tumba de René Descartes, el pensador que más ha influido en mi evolución intelectual. Su lectura cuando tenía 18 años me fascinó porque en las páginas de su «Discurso del Método» y sus «Meditaciones metafísicas» hallé el estímulo que necesitaba para adentrarme en el camino de la filosofía. Cartesius, como rubricaba sus libros, fue para mí un maestro que me ha acompañado toda la vida.

El gran hallazgo de Descartes, que a mi juicio es la base de cualquier intento de explicación racional del mundo, es «la duda metódica», que consiste en cuestionar todo lo que consideramos evidente para partir de una certeza que nos permita pensar sobre bases sólidas. El filósofo francés expresa la mejor formulación de la duda metódica en sus «Meditaciones» sobre la Primera Filosofía en las que se demuestra la existencia de Dios y la inmortalidad del alma, título que el propio autor reformuló en «Meditaciones metafísicas» seis años después de su aparición. Este texto de apenas 90 páginas, que cuenta con una excelente traducción de García Morente, constituye una de las referencias indispensables para entender los orígenes del idealismo moderno.

¿La vida es sueño?

En su segunda meditación, Descartes se interroga sobre la certeza de la propia existencia y la necesidad de hallar un punto de partida para construir «ideas claras y distintas» sobre las que poder discernir entre lo verdadero y lo falso. El pensador de La Haye apunta que todo lo que perciben nuestros sentidos podría ser un engaño inducido por un genio maligno. No es posible descartar que nuestra vida sea un sueño. Pero fuera cual fuera el origen de las nociones y las percepciones que damos por evidentes, hay una certeza de la que podemos partir: «cogito ergo sum» (pienso luego existo).

«No soy sino una cosa que piensa. ¿Más qué cosa? Ya lo he dicho: una cosa que piensa. Soy una cosa verdaderamente existente», concluye. Pero ese yo pensante o res cogitans está recluido dentro de sí mismo, no forma parte del mundo exterior físico que captan nuestros sentidos, que es puramente material. Descartes llegará a decir que todo lo que percibimos es mera extensión, una especie de universo regido por las leyes de la física. Por el contrario, el yo pensante es, en realidad, el espíritu, es el alma de la cual tenemos una idea clara y distinta. Para expresarlo con una metáfora, el espíritu habita como un inquilino en el cuerpo humano, pero no forma parte de él. El cuerpo capta sensaciones mientras que el espíritu es capaz de ascender al reino de las verdades trascendentales como la inmortalidad del alma y la existencia de Dios.

Descartes reivindica la autonomía de la razón y de la ciencia, que él vincula a las matemáticas. No en vano fue un gran científico que estableció las bases de las leyes de la mecánica que luego fueron desarrolladas por Isaac Newton. Pero el dominio de la existencia de Dios trasciende a lo que él llama res extensa, que es el universo de lo visible sobre el que opera el saber experimental.

Placeres de la vida

Para el pensador francés, educado en los jesuitas, la idea de Dios es puramente innata y se deriva de la propia existencia del Ser Supremo. Incurriendo en un nominalismo radical, Descartes concluye que la idea de lo eterno y de lo infinito prueban esa existencia de Dios, dado que es imposible que la mente finita y limitada de los hombres haya podido concebir por sí misma los atributos que definen a ese Ser Absoluto. Por tanto, la idea de Dios demuestra que Dios existe, puesto que sólo Él ha podido formular un concepto que no se halla en la Naturaleza. «Bajo el nombre de Dios entiendo la existencia de una sustancia infinita, eterna, inmutable, omnisciente, independiente y omnipotente, por la cual yo mismo y todas las cosas que existen han sido creadas», escribe.

Descartes, que llegó a batirse en duelo por una mujer y que disfrutaba de los placeres de la vida, se mantuvo firme en sus convicciones hasta su muerte en 1650 por una neumonía cuando residía en Estocolmo y estaba impartiendo lecciones de filosofía a la reina Cristina de Suecia. Tenía solamente 53 años.

Fue un extraordinario filósofo que demolió el escolasticismo todavía dominante y creó las bases del pensamiento moderno, pero también fue un brillante matemático y un pionero de la geometría analítica. Nadie fue tan lejos en la defensa de la autonomía de la razón sin abandonar una fe mediante la que guio siempre sus actos. Su alma descansa hoy en la abadía de Saint Germain.

Fuente:

http://www.abc.es/cultura/cultural/abci-descartes-caminos-paralelos-y-razon-201806070139_noticia.html


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Julio 17, 2018, 06:56:19 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                  Simon Critchley, el filósofo que salta a todos los terrenos de juego
                                                  Por antonioguerrero


Tras sus ensayos sobre la fe y David Bowie, el británico, forofo del Liverpool, publica un libro de fútbol: “Ser hincha te obliga a creer en las hadas, a comportarte como un estúpido”



               


Como ayer se presentaba al público el ensayo En qué pensamos cuando pensamos en fútbol (Sexto Piso), era natural que el autor, Simon Critchley (Hertfordshire, Inglaterra, 1960) se refiriese a la inesperada renuncia de Zinedine Zidane como entrenador del Real Madrid. Zidane también se retiró inesperadamente como jugador. “Es un carácter extraño para un futbolista”, dice Critchley. “Creo que fue Virginia Woolf la que habló de una oscuridad que es el yo. El yo es como un tiburón, o un escualo, o una criatura bajo el agua… En Zidane se ve. Y se ve también la melancolía de lo que se ha hecho, porque cuando algo se ha hecho, se ha acabado. ¿Y ahora qué? ¿Qué será lo próximo? Él muere, como ya murió cuando dejó de ser jugador, en 2006, y ahora, como entrenador, ha vuelto a morir. Y creo que es muy consciente de eso”.

El libro de Critchley tiene un capítulo consagrado a “la paradoja de Zidane”, a la verdad oscura y profunda que se advierte claramente, dice Critchley, debajo de la firmeza, el hermetismo y la severidad del rostro, y detrás del continuo movimiento del fútbol: “Un núcleo de inmovilidad y silencio” o “el esbozo de una interioridad inaccesible, de una realidad que se resiste a la mercantilización, de una atmósfera”, atmósfera que el autor relaciona con el retrato de Inocencio X de Velázquez.

“En el fútbol la suerte es importante, y el Real Madrid la tuvo en la final, pero la cuestión es: ¿has creado suerte? Has de ayudarla. Sobre este tema me gusta citar a un campeón de golf norteamericano que dice: ‘Cuanto más practico, más suerte tengo”.

El fair play tiene mérito en este hombre que fue criado en una devoción fanática por el Liverpool, club al que se siente unido por un compromiso religioso. “Y en la creencia no solo de que mi equipo es muy bueno, sino de que sus seguidores son especiales y la cultura que lo rodea, única”. Pasión y creencia que se ha asegurado de inculcar en su hijo.

Simon Critchley es un pensador que, después de unos años juveniles turbios y potencialmente peligrosos, se recicló a través del estudio de la literatura y luego de la filosofía. “Me leí el canon de la literatura moderna europea del siglo XX. Los profesores de literatura no eran muy impresionantes, y en cambio los de filosofía eran excelentes maestros”.

Vocación literaria

En parte por esa primera vocación literaria, Critchley, catedrático en la New School for Social Research de Nueva York, cuya reputación internacional se vio abrillantada por su duelo de ideas con Zizek (quien a propósito de su libro Infinitely Demanding: Ethics of Commitment, Politics of Resistance le reprochó sus supuestos posmodernismo y escapismo), es un escritor ecléctico, que no respeta las distancias entre alta y baja cultura; además de experimentos de teología política como La fe de los que no tienen fe (Trotta),publica análisis sobre el suicidio (en Alpha Decay) o libros en los que analiza fenómenos de la cultura popular como Bowie (Sexto Piso), escrito febrilmente bajo la impresión de la muerte del músico: “Ninguna persona me ha proporcionado tanto placer como David Bowie a lo largo de toda mi vida”.

Bowie se puede leer como una meditación sobre conceptos filosóficos que Critchley considera sustanciales en la trayectoria y en las canciones del artista (cuyas letras, a menudo confusas, están compuestas, según revela el filósofo, siguiendo la técnica aleatoria del cut-up de Burroughs) como el “ser para la nada” de Heidegger y la “escasez” y la “moribundia” en Beckett. A la inversa, en el libro sobre fútbol nos enteramos de que Heidegger tenía en su despacho un televisor escondido para seguir los partidos, especialmente los de la selección alemana: “A Heidegger le impresionaba Beckenbauer”. No alcanzó a conocer al autor de Ser y tiempo, que falleció en 1976, pero sí a Gadamer. Critchley tenía 26 años y el autor de Verdad y método, 86. “¿Y sabe de qué hablamos? De fútbol. Era un gran fan”. Una de las cosas que a este filósofo más le gustan del fútbol es el carácter social. “El fútbol es socialismo”, sostiene.

La pasión futbolística es, afirma, una bendición para la gente, que en torno al duelo deportivo tiene acceso a un universo perfectamente ordenado y delimitado, y una alternativa a la vida cotidiana: “Al mirar el fútbol entramos en un mundo diferente, maravillosamente idiota”. Porque “pese al cinismo, la corrupción y el capitalismo crónico propios de este deporte, ser hincha te obliga a creer en las hadas, a comportarte como un estúpido y a tener un cierto grado de optimismo”.

Fuente:

https://elpais.com/cultura/2018/06/01/actualidad/1527871768_264634.html


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Mayo 24, 2018, 04:32:14 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                     Karl Marx, el misterio de un legado que se dispersa en el tiempo.
                                                          Quinta Parte.
                                         Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


Necesitamos de la contrapartida de lo que creemos y defendemos como verdad para que el mundo pueda marchar adelante siguiendo las leyes del gradual desenvolvimiento y desarrollo. Pretender que solo exista lo que consideramos nuestra verdad sería ser absolutistas como los marxistas, los comunistas, y hasta los religiosos extremistas.

Santa Cruz de Tenerife. España.- Sería una utopía pensar que en el mundo solo pueda prevalecer el pensamiento de las tendencias derechistas, o al menos centro-derechistas, para ser más conservadores; y no solo sería una utopía, sino que esto sería antidialéctico visto desde posiciones marxistas – tan de moda en estos días en que se ha recordado el bicentenario del natalicio de Karl Marx, principal motivo por el que he estado tratando el polémico tema del legado marxista y su “vigencia” en nuestros días–, por aquello que estaríamos negando el desarrollo basado en las contradicciones, esto es, en el antagonismo, según enunciara el célebre pensador alemán que percibió en estas contradicciones el motor impulsor de las sociedades; aunque más tarde entrara en contradicción consigo mismo al exponer su teoría de la abolición de las clases sociales con la instauración de la dictadura del proletariado.

Un tanto más allá de esta modalidad de corriente de pensamiento, y remontándonos a los inicios mismos de la especulación filosófica, pretender que exista una uniformidad de pensamiento en el mundo presupone la negación, en cierta medida, de este sentido dialéctico del mundo en el que tanto insistió Marx, sin que olvidemos al autor de Dialéctica de la Naturaleza, su fiel colaborador a quien se le relega demasiado a un segundo plano toda vez que Marx sin proponérselo lo eclipsara para siempre. La premisa del devenir expuesta brillantemente por Heráclito, según la cual todo está en continuo cambio, esto es, la ausencia de toda posibilidad de estatismo en la naturaleza, lo que resulta aplicable no solo a los fenómenos físicos, sino a las esferas de lo político y de lo social, nos da la medida del interés de los primeros filósofos del occidente por el tratamiento del tema. 

De modo que creer que solo debe existir una sola modalidad de ideología, de filosofía, de ciencia, de religión, de modelo económico, etc., no solo es antidialéctico, sino que es también extremadamente dogmático, y aquellos que asuman posiciones de esta naturaleza solo dan muestras de una ignorancia sin límites que los hace caer en posturas tan radicales como los marxistas con su idea de la existencia de un paraíso terrenal llamado comunismo, fase superlativa del socialismo, más allá de la cual no puede existir nada más, toda vez que es insuperable como clímax de una igualdad que hasta el presente no ha tenido concreción en el orden práctico.

Sin embargo, a pesar de este aspecto suyo que considero erróneo dentro de su análisis especulativo, Marx tuvo momentos de extrema lucidez al explicar en su obra La Miseria de la Filosofía – aburrido tratado de economía con definiciones de precios, costos, sistemas financieros, etc., a partir de una fuerte crítica al filósofo anarquista francés Pierre Joseph Proudhon, y del cual este fragmento es digno de considerarse– el complicado asunto de las contradicciones engendrando un aparente caos, aunque en el fondo son generadoras del desarrollo.

“Una vez que la razón ha conseguido situarse en sí misma como tesis, este pensamiento, opuesto a sí mismo, se desdobla en dos pensamientos contradictorios, el positivo y el negativo, el sí y el no. La lucha de estos dos elementos antagónicos, comprendidos en la antítesis, constituye el movimiento dialéctico. El sí se convierte en no, el no se convierte en sí, el sí pasa a ser a la vez sí y no, el no es a la vez no y sí, los contrarios se equilibran, se neutralizan, se paralizan recíprocamente. La fusión de estos dos pensamientos contradictorios constituye un pensamiento nuevo, que es su síntesis. Este pensamiento nuevo vuelve a desdoblarse en dos pensamientos contradictorios, que se funden a su vez en una nueva síntesis. De este proceso de gestación nace un grupo de pensamientos. Este grupo de pensamientos sigue el mismo movimiento dialéctico que una categoría simple y tiene por antítesis un grupo contradictorio. De estos dos grupos de pensamientos nace un nuevo grupo de pensamientos, que es su síntesis.

Así como del movimiento dialéctico de las categorías simples nace el grupo, Así también del movimiento dialéctico de los grupos nace la serie, y del movimiento dialéctico de las series nace todo el sistema. Aplicad este método a las categorías de la economía política y tendréis la lógica y la metafísica de la economía política, o, en otros términos, tendréis las categorías económicas conocidas por todos y traducidas a un lenguaje poco conocido, por lo cual dan la impresión de que acaban de nacer en una cabeza llena de razón pura: hasta tal punto estas categorías parecen engendrarse unas a otras, encadenarse y entrelazarse las unas en las otras por la acción exclusiva del movimiento dialéctico”.


De ahí que, independientemente de que nos indignemos al ver publicaciones comunistas, marchas socialistas, entrevistas a líderes de la izquierda, propuestas de reformas basadas en esquemas de extrema izquierda, propagandas del marxismo, entre otras cosas, no nos queda otra opción que pensar que no hemos de caer en los extremos de aquellos que dicen ser socialistas, amantes del materialismo histórico y de todo el legado de Karl Marx, sino aceptar que vivimos en un mundo que debe garantizar un equilibrio en pos de su propia evolución, y ese equilibrio necesita siempre la contrapartida – “lucha de estos dos elementos antagónicos, comprendidos en la antítesis, constituye el movimiento dialéctico”, según Karl Marx– de aquello que algunos creemos pudiera ser la verdad; verdad que solo es relativa y dependiente de la percepción y presentación de los que la defienden, esto es, no hay verdad absoluta exceptuando Aquella Verdad Absoluta contenida en la Realidad Absoluta en sí misma, entidad de la cual apenas el hombre tiene una idea demasiado vaga como para poder asimilar un ápice de su gran verdad eternal, de ahí que todas las subsiguientes posibles verdades asumidas por los hombres no sean más que fragmentos de una sola verdad a los que se le añade las especulaciones sucesivas que a través de los siglos se ha hecho sobre tales posibles verdades, de ahí el carácter eminentemente relativo de cualquier elemento que asumamos como verdad.


                 


A través de la historia de la humanidad ha prevalecido de manera inevitable una confrontación entre polaridades opuestas, llamadas en la religión y la filosofía el Bien y el Mal, el Yin y el Yang, el Ser y No-Ser, la Luz y las Tinieblas, lo Inmanifestado y lo Manifestado, Purusha y Prakriti, y así, ad infinitum los sabios, místicos, estudiosos, religiosos, devotos y hasta los hombres de ciencia han admitido y difundido la existencia de las polaridades, aun en las corrientes de enfoque materialista en las que se hace referencia a la unidad y lucha de contrarios y a la ley de la negación de la negación.

Lo que defendemos no es pues la verdad. Creerlo significa la negación de la Verdad Absoluta y la tergiversación de la conceptualización de dicha verdad. Lo que en algún momento nos resultó una verdad innegable cuasi absoluta con el transcurso de los años pudo haberse modificado, quedando así solo pequeños fragmentos consideramos luego como verdades desprendidas y sobrevivientes de aquello que creímos podía ser una verdad.

Comencé expresando los desaciertos de aquellos que intentan absolutizar el pensamiento de los hombres en el campo de la política. Pretender que solo puedan existir movimientos o partidos de una u otra tendencia, ya sean de derecha o de izquierda, es solo una muestra de esa incomprensión que el hombre promedio tiene acerca de los conceptos de Verdad Absoluta y de verdades relativas.

Pero esto no solo resulta patente en el terreno de la política, sino que en el ámbito filosófico y religioso es mucho más notorio. En estos días he estado escribiendo sobre el legado de Karl Marx y su posible vigencia o no basándome en el sentido de su posible aplicación en el orden práctico, y esto me ha conducido a otras reflexiones como esta que intento explicar.

Tomando como referencia el sistema de Marx podemos percibir de manera muy clara como el pensador alemán pecó por el hecho de haber llevado su doctrina a un punto máximo a partir del cual no es admitida ninguna modalidad acorde a los nuevos contextos y al desenvolvimiento de la humanidad en el futuro, con lo que, sin duda, negó toda posibilidad de desarrollo ulterior de las sociedades. Y esto no solo es aplicable a lo que denominó comunismo, fase superlativa del estado socialista, en el que se supone los medios de producción no están en manos del estado, sino del pueblo; desaparecen las clases sociales, y por tanto toda posibilidad de contradicción, entre otras utopías, sino a la corriente de pensamiento por el creada.   

El establecimiento del comunismo, según el autor de La Miseria de la Filosofía, significa el alcance de un nivel de perfección tal que en lo adelante resulta inadmisible cualquier estado más allá de su absoluta omnipresencia. Con esto negaba ese desarrollo dialéctico del que tanto disertó en algunas de sus obras, y según el cual todo marcha en una serie secuencial de cambios desde formas inferiores más rudimentarias y menos desarrolladas hacia otras superiores y especializadas.

Esto presupone no solo la declaración del comunismo como la perfección absoluta en el orden político, social y económico del mundo; sino el establecimiento de la filosofía marxista como la corriente filosófica más acabada de la historia del pensamiento humano, algo que los marxistas actuales continúan repitiendo sin cesar, olvidando que el mundo ha continuado desarrollando su pensamiento, independientemente a esa tendencia cada vez mayor a no pensar, y que nuevas modalidades surgen en torno a la interpretación de un mundo ajeno para Karl Marx y Federico Engels, por cuanto ha pasado ya más de un siglo de la muerte de ambos pensadores y el socialismo proclamado por ellos jamás ha logrado concretarse de manera exitosa en ningún lugar.

En el terreno de la religión resulta patente esta idea de la declaración del carácter absoluto de las cosas de manera muy particular en el Cristianismo. Dos grandes divisiones dentro del catolicismo dominan el panorama cristiano universal. Los cristianos ortodoxos creen ser los depositarios de la verdad proclamada por Cristo, y con razones muy bien fundamentadas no aceptan las modificaciones que en lo sucesivo tuvieron lugar en esta religión sobre todo las relativas al dogma de la Santísima Trinidad y de la Inmaculada Concepción tan defendidos por los católicos romanos u occidentales, quienes a su vez son los que dicen tener la verdad que el humilde redentor de los hombres dejó bajo su custodia. 

Mientras los coptos egipcios creen estar en lo cierto por el hecho de haber recibido la enseñanza directamente de San Marcos el evangelista, quien llevó el cristianismo a Egipto en tiempos del emperador Nerón, y las sectas protestantes lejos de admitir su herejía se han creído el centro del mundo y atacan constantemente y de manera despiadada a los católicos.

En fin, en medio de esta heterogeneidad el Cristianismo actual se desenvuelve de manera explosiva con un incremento de sus fieles tanto entre el catolicismo propiamente dicho, como entre las sectas protestantes, estas últimas cada vez más inmersas en el sensacionalismo con sus mundialmente conocidos testimonios de hombres paralíticos que vuelven a andar, de cancerosos desahuciados que sanaron, de operaciones milagrosas o cualquier otra idea estrafalaria, amén del fundamentalismo extremo, este último no solo ya declarado abiertamente anticientífico, sino que se inserta cada vez con más fuerza en la política de algunas naciones latinoamericanas en las que la incultura de sus seguidores los hace ver milagros por doquier y declarar absurdos testimonios que contradicen cualquier planteamiento racional de tipo científico, y hasta los mismos fundamentos religiosos proclamados por los católicos tradicionales.

Al final, ¿Quién tiene la verdad? “Yo soy la luz del mundo”, palabras atribuidas al Cristo-Redentor, cuya enseñanza hemos de retomar, sin que esto signifique que lo declaremos como el único capaz de darnos la luz disipadora de las tinieblas. Recordemos que muchos siglos antes de su paso terrenal, Krishna al igual que Jesús, trajo al mundo de su tiempo ese mismo mensaje, y de igual modo seis siglos antes de Cristo, Gautama el Buda trató de enseñar a los hombres que a través de la eliminación de la ignorancia el hombre podía disipar sus aflicciones. ¿Cuál es el verdadero? ¿Quién tiene la verdad absoluta en sí?  Todos son verdaderos, todos representan la encarnación de la propia Divinidad, todos son Hijos de Dios, todos son el Dios mismo que bajo el ropaje carnal se expresó transitoriamente entre los hombres. Todos tienen la verdad,  por cuanto son la Verdad misma.

“La Verdad os hará libres” (…) “Yo soy el camino, la Verdad y la vida”, dijo el Cristo, y aun así, no dijo ser la única verdad, sino la Verdad. ¿Si el propio Cristo no absolutizó su verdad, entonces cómo es posible que los hombres pretendamos absolutizar nuestras pequeñas verdades? Todo parece indicar que al no haber asumido jamás la verdad no somos pues hombres libres. Al no ser libres estamos llenos de prejuicios, y lanzamos despiadadamente nuestros rencores y nuestro odio contra aquellos a quienes vemos como nuestros enemigos por el hecho de no profesar nuestra misma fe, de no compartir nuestros mismos ideales, de no militar en nuestra misma fila política, en fin, de no pensar como nosotros quisiéramos que pensaran.

Es cierto que irrita sobremanera que algunos sigan proclamando en pleno siglo XXI aquellos logros de ciertos sistemas sociales que en realidad solo han tenido fracasos y que en España, país de la Europa occidental se editen diarios comunistas con las insignias de la hoz y el martillo, y para colmo se denominen “De Verdad”, pidan libertad para el corrupto Lula Da Silva, y defiendan el absurdo de la Revolución Ciudadana promovida por el dictador Rafael Corea en Ecuador.

Pero como ya expresé antes, necesitamos de la contrapartida de lo que creemos y defendemos como verdad para que el mundo pueda marchar adelante siguiendo las leyes del gradual desenvolvimiento y desarrollo. Pretender que solo exista lo que consideramos nuestra verdad sería ser absolutistas como los marxistas, los comunistas, y hasta los religiosos extremistas.

Por suerte para la humanidad los marxistas fanáticos son una exigua minoría para nada representativa, quienes intentan extraer de su labor aparente en pos de la lucha emancipadora de los desposeídos mucho más de lo que en sí aportan. La historia- que si ha continuado demostrando la teoría del devenir de Heráclito- así lo demuestra.


                                                    Continuará.




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Mayo 24, 2018, 03:32:59 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                  Un manuscrito de Marx se subastó por USD 523.000 en Beijing

Durante la ocasión también se puso a la venta un manuscrito de Friedrich Engels, que logró un precio menor en su puja



                 


El documento, hasta ahora en propiedad del empresario local Feng Lun, acabó vendiéndose a un precio más de diez veces superior al de salida en la puja

Un manuscrito del pensador alemán Karl Marx, fundador del comunismo, ha sido vendido por USD 523.000 en una subasta celebrada en Beijing, según informa el portal de noticias oficial China.org.

El escrito de Marx es parte de las más de 1.250 páginas de notas que el filósofo de Tréveris produjo en Londres entre septiembre de 1860 y agosto de 1863 como preparación para El capital, una de sus obras cumbre y base de la ideología comunista que aún hoy es considerada un dogma fundamental para el régimen chino.

En concreto, en el documento ahora vendido en China, Marx analizó y extrajo un libro de su época, el Tratado Práctico de la Banca, del británico James William Gilbart, también citado más tarde en El capital.

En la misma subasta se puso en venta un manuscrito de Friedrich Engels, otro pensador alemán que junto con Marx produjo el no menos célebre Manifiesto Comunista, aunque en este caso el precio final fue algo menor, de  USD 262.000.

Las subastas se producen en el mismo mes en que se conmemoró el 200 aniversario del nacimiento de Marx, una efeméride que en China se celebró con un acto solemne en el Gran Palacio del Pueblo y con un discurso del presidente chino, Xi Jinping, en el que calificó al filósofo alemán como "el pensador más brillante de los tiempos modernos".

Fuente:
https://www.infobae.com/america/mundo/2018/05/23/un-manuscrito-de-marx-se-subasto-por-usd-523-000-en-pekin/


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Mayo 20, 2018, 04:07:03 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                    Karl Marx, el misterio de un legado que se dispersa en el tiempo.
                                                        Cuarta Parte.
                                          Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


Al parecer han preferido el opio del marxismo para enajenarse en su fantástico micromundo “sin clases sociales”, de dictaduras proletarias, de ¿“igualdades”? y de “distribución equitativa” de los bienes producidos, nada más distante de la realidad de aquellos regímenes totalitarios que dijeron o que aun dicen ser socialistas.   


               


¿Siendo entonces el marxismo una tendencia o corriente de pensamiento carente de aplicabilidad en el orden práctico como ya he insistido de manera reiterada, lo que presupone una inevitable pérdida de su vigencia, entonces cómo es posible que se mantenga dando tanto que hacer en nuestros días?
 
El propio Marx se adueñó de una frase que no le corresponde como autor, aunque los ignorantes le atribuyen sus derechos cada vez que la citan: “Sie ist das Opium des Volks” (la religión es el opio de los pueblos),* y Marx al darle una connotación tan suprema a sus teorías, tal vez sin proponérselo, estaba originando el despertar de una nueva “religión” – utilizado el término de manera metafórica y no en su real significado–. Sus seguidores cambiaron el reino de los cielos por el mundo de los proletarios, el Dios al que la mayoría de los hombres idolatran por la pujante fuerza de los supuestos obreros, el Hombre-Redentor hijo de Dios y proclamador de una fe por el Hombre-Pensador impulsor de la rebeldía entre las multitudes, la Biblia por El Capital, el Credo de Nicea por El Manifiesto Comunista, con lo que fomentaron nuevas formas de adoración, nuevas normas de conducta, nuevas directrices, nuevos códigos éticos. En fin, lo mismo que han creado todas las religiones a través del tiempo, desde la época de Krishna en la lejana y distante India hasta la aparición de Mahoma en territorios árabes. 

Y como según el autor de Crítica a la Filosofía del Derecho de Hegel “la religión es el opio del pueblo”, es lógico que la sentencia a él atribuida sea aplicable también al contexto de la nueva religión de los pobres y desposeídos encargados de apropiarse de todo lo que usurparán a la supuesta clase dominante. El opio con su poder alucinante los ha conducido a proclamar por más de un siglo las grandezas del nuevo reino, el del socialismo con su fase superior, el comunismo, que no admite nada por encima de su acabada y absoluta factura.

Si bien los religiosos practicantes y devotos no han podido demostrar la realidad de su mundo celestial – excepto por lo que le han referido los místicos y sabios que al parecer alcanzaron ciertos estados de beatitud como para poder acceder a tan remotos misterios y percibir al menos un ápice de lo que consideran inconmensurable, y más allá de todo tiempo y lugar– tampoco los marxistas han podido comprobar la realidad de un sistema que jamás se ha podido concretar como acto, y cuyos intentos de establecimiento han llevado al caos total de aquellas naciones en las que se impuso por la fuerza las formas socialistas como modelo social y económico.
 
Los marxistas, como los devotos practicantes de cualquier modalidad de fe, no han tenido otra opción de aceptar lo que los fundadores creyeron podría ser cierto, y que dieron como ciencia de las ciencias y filosofía de las filosofías, por cuanto, la no existencia en el orden práctico de naciones donde se hubiera proclamado el socialismo tal y como lo enunciaron Marx y Engels, impide admitir la veracidad de su existencia toda vez que carece de toda posible comprobación y demostración de una eficacia esbozada teóricamente por los considerados fundadores del Materialismo Histórico. 

Así que no han tenido otra opción que aceptar por fe ciega el legado de Marx – como han hecho los religiosos al aceptar la idea de un mundo espiritual más allá de lo que percibimos y podemos comprobar en el mundo material– y continuar proclamando las “bondades” que los promotores del materialismo histórico establecieran como nuevas pautas para las sociedades, que cual modelos y prototipos se supone se extenderían inevitablemente por el mundo.   

Pero esta hipótesis no responde del todo la interrogante acerca de cómo es posible que se mantenga dando tanto que hacer en nuestros días a pesar del conocido fracaso de las naciones de Europa Oriental y de la extinta URSS, así como de la adopción de modos eminentemente capitalistas en otros países como China a pesar de que se siguen autonombrando socialistas, amén del grupúsculo de naciones latinoamericanas que abrazaron la idea socialista bajo la terrorífica influencia de Castro y Chávez sin que se desprendieran de la privatización de la propiedad – requisito elemental dentro de los cánones del socialismo–.

El citado filósofo coreano que he tomado como referencia en los escritos anteriores al intentar responderse a la interrogante acerca de las lecciones que podríamos obtener de su “peligroso y delirante legado filosófico”, así como a esa “contribución duradera” que ya tratamos antes, expresó:   

“En la actualidad, parecería que su legado está vivo y en buena forma. Desde el inicio del milenio, han surgido una cantidad incalculable de libros, desde trabajos académicos hasta biografías populares, en los cuales se respalda en términos generales la lectura que Marx hizo del capitalismo y su relevancia imperecedera para nuestra época neoliberal” (…) “En estos días, la opinión liberal y educada coincide de forma más o menos unánime en que la hipótesis básica de Marx es correcta: el capitalismo es impulsado por una lucha de clases profundamente divisiva en la que la clase minoritaria en el poder se apropia del excedente de mano de obra de la clase trabajadora mayoritaria, a manera de ganancia”.
 
Hasta aquí al parecer las cosas se inclinan a favor de Marx; pero al evocar a Nouriel Roubini, quien plantea que la convicción de Marx de que el capitalismo tiene una tendencia inherente a autodestruirse sigue siendo tan profética como lo fue desde un inicio, es donde termina ese favoritismo hacia el pensador alemán. En este sentido explica Jason Baker:

“Aunque la mayoría coincide con el diagnóstico del capitalismo que ofreció Marx, las opiniones para encontrar la manera de tratar su “trastorno” están absolutamente fraccionadas. Además, en este punto radican la originalidad y la gran importancia de Marx como filósofo” (…)
“Primero que nada, seamos claros: Marx no llegó a una fórmula mágica para poder abandonar las enormes contradicciones sociales y económicas que conlleva el capitalismo global
(según Oxfam, en 2017, el 82 por ciento de la riqueza en el mundo fue a parar en manos del uno por ciento más rico del planeta). No obstante, lo que Marx sí consiguió por medio de su pensamiento materialista fue obtener las armas críticas para socavar la declaración ideológica del capitalismo que lo muestra como la única opción”.


Y es justamente en el hecho de haber presentado su doctrina como opción única donde radica su principal punto débil, lo que hace del marxismo una corriente de pensamiento no solo inaplicable en el orden práctico como ya he comentado antes, sino fracasada e imposibilitada de salvar para presentarla bajo un nuevo ropaje. Los fracasos sucesivos de las naciones de América Latina a las que se impuso una ambigua modalidad que, combinando formas de producción y económicas capitalistas con un estricto o moderado control estatal, dijeron llamarse socialistas del siglo XXI, demuestran que cualquier intento experimental fracasaría como también sucedió con el hundimiento del llamado campo socialista de la Europa oriental y la URSS en el pasado siglo XX, y si nos remontamos a los precedentes de Marx, al fracaso de las descabelladas ideas, tan delirantes como las de Marx, del francés Étienne Cabet con su Viaje a Icaria, devenido en viaje a Texas para establecer una comunidad socialista en tierras americanas.     

Pero muchos siguen tras los pasos del materialismo histórico porque el marxismo incita a la rebeldía de los desposeídos, y el mundo está repleto de desposeídos a quienes los líderes socialistas actuales les pretenden ofrecer una fórmula fácil para “apropiarse” de lo ajeno y salir de sus calamidades en lugar de incitarles al trabajo que ennoblece, y al estudio y la reflexión que hacen comprender y asimilar el rol del hombre con mayor claridad.

A las multitudes ignorantes, que generalmente suelen ser las más desposeídas, les conviene arrebatar el supuesto capital descrito hasta en cansancio por Marx en todas sus obras, antes de superarse a sí mismos y llegar a ser hombres emprendedores y libres no por la violencia y la lucha de clases promulgada por los teóricos del marxismo, sino por las vías de la inserción pacífica e inteligente en el contexto de una sociedad – la sociedad capitalista que tanto criticó Marx, pero que hasta el momento no ha podido ser destruida por el proletariado como auguró el autor de La miseria de la Filosofía–, que si bien no es perfecta, todo parece indicar que es mejor que el socialismo diseñado magistralmente por Marx en sus obras, aunque como ya sabéis conduce inevitablemente a los países que lo asumen al caos, ya no solo en lo económico, sino en sus aristas éticas, morales, cívicas, políticas, sociales, científicas, en fin… ad infinitum.   

Al final los desposeídos siguen siendo desposeídos, y tras breve tiempo terminan siendo más pobres aún, y los otrora pudientes que todo lo perdieron toda vez que los “proletarios”  – en sí los nuevos magnates del régimen establecido–   les arrebataron sus bienes caen también en la pobreza ante el surgimiento de una nueva clase dominante y manipuladora, que bajo el aparente matiz de un apadrinamiento incondicional a sus seguidores los comienzan a explotar hasta dejarlos en un estado de caos no tratado por Marx, quien como diría el cubano José Martí, anduvo de prisa y en la sombra, y como yo añado, sin vislumbrar el nacimiento de una nueva clase explotadora integrada por los militantes del comunismo promulgado y defendido a capa y espada en las tenidas y congresos de los tiempos mozos de Marx, y que ahora, los nuevos líderes defensores del marxismo con sus promesas – siempre incumplidas y generadoras de nuevas propuestas, cual serie ilimitada  de proposiciones, enmiendas, modificaciones, rectificaciones y perfeccionamientos en pos de alcanzar lo inalcanzable y de justificar lo inexistente– a los “sumisos” proletarios del presente tratan de conquistar.        

Tal vez si Karl Marx hubiera dedicado menos tiempo a criticar a otros sistemas filosóficos y de manera particular a muchos filósofos, entre los que vale citar a Hegel (Crítica de la filosofía del derecho de Hegel, 1843, y en menor medida Manuscritos económicos y filosóficos, 1844), Feuerbach (Tesis sobre Feuerbach, 1845, y La ideología alemana, 1845), Proudhon (La miseria de la filosofía, 1847), así como a los jóvenes hegelianos: Bruno Bauer y Max Stirner, además de Feuerbach (La ideología alemana,1845) y a los socialistas utópicos: Saint-Simon, Fourier y Owen (El Manifiesto Comunista,1848), entre otros, y mucho más a intentar dar una posible solución, al menos más lógica, coherente y dialéctica, como colofón final a sus excesivas teorizaciones, el destino del marxismo hubiera sido otro; aunque como es lógico despojándose además de ese sentimiento prepotente, autoritario, totalitario y absolutista con el que impregnó su análisis filosófico, y que fuera determinante para impedir la supervivencia del marxismo más allá de su grupúsculo de fanáticos seguidores, quienes al parecer han preferido el opio del marxismo para enajenarse en su fantástico micromundo “sin clases sociales”, de dictaduras proletarias, de ¿“igualdades”? y de “distribución equitativa” de los bienes producidos, nada más distante de la realidad de aquellos regímenes totalitarios que dijeron o que aun dicen ser socialistas.
   
Continuará.

*La religión es el opio del pueblo o La religión es el opio de los pueblos, es una traducción de la frase original alemana Die Religion Sie ist das Opium des Volkes, frase atribuida erróneamente a Marx, y hasta a Lenín por los menos letrados; pero que en realidad pertenece como otras de las que también se apoderó a Bruno Bauer (1809-1882), filósofo y teólogo alemán, amigo personal de Marx y miembro de la izquierda hegeliana. El discutido y polémico sentido de la frase pudiera ser visto en el mejor de los casos como una percepción marxista acerca de que las religiones eran como sedantes o narcóticos que creaban una felicidad ilusoria en la sociedad; “drogas que contribuían a evadir al hombre de su realidad cotidiana; prejuicios burgueses detrás de los que se ocultaban los verdaderos intereses del capitalismo”. (Antonio Cruz Suárez en el artículo: Marx, el simplismo de la religión como opio del pueblo). Este mismo autor refiere que Marx combatió a la religión por cuanto consideró que no satisfacía las verdaderas necesidades del hombre, sino que les incitaba a aceptar sus vicisitudes y, por tanto, “desviaba sus deseos de justicia y felicidad del mundo humano al mundo divino” (…) “No obstante, ni el ateísmo beligerante que profesaba Lenin, ni el más moderado de Marx o el de Feuerbach, se apoyan sobre un fundamento suficientemente convincente. Es indudable que existe una influencia de lo psicológico, de lo social e incluso de lo económico sobre la religión y la idea de Dios, pero tal influencia no dice nada en absoluto acerca de la existencia o no existencia de Dios. Es verdad que el hombre puede hacer la religión pero esto no significa que también sea capaz de hacer a Dios”. Finalmente Antonio Cruz Suárez, biólogo español defensor de la teoría del diseño inteligente opuesto al neodarwinismo ateísta concluye que: “Los pensamientos que el hombre se forma acerca de Dios, las representaciones humanas de la divinidad, no demuestran que Dios sea sólo el producto del pensamiento o de la imaginación humana. El hombre es obra de Dios pero Dios no es obra del hombre” (…) “Por tanto, el ateísmo marxista es una pura hipótesis sin pruebas, dogmática e incapaz de superar la fe en Dios”.
 http://protestantedigital.com/magacin/13637/Marx_el_simplismo_de_la_religion_como_opio_del_pueblo

Marx cita la frase por primera vez en Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, en 1843, aunque publicada en el periódico en Deutsch-Französischen Jahrbücher en 1844.

“La miseria religiosa es a la vez la expresión de la miseria real y la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin alma. Es el opio del pueblo.

Se necesita la abolición de la religión entendida como felicidad ilusoria del pueblo para que pueda darse su felicidad real. La exigencia de renunciar a las ilusiones sobre su condición es la exigencia de renunciar a una condición que necesita de ilusiones. La crítica a la religión es, por tanto, en germen, la crítica del valle de lágrimas, cuyo halo lo constituye la religión”.





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Mayo 20, 2018, 12:52:52 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                           Marx, el simplismo de la religión como opio del pueblo
                                           Por: Dr. Antonio Cruz Suárez

Creía Marx que la religión moriría por sí sola sin combatirla violentamente. La introducción del nuevo orden comunista haría desaparecer la conciencia religiosa porque ya no habría más necesidad de ella CONCIENCIA



               


La famosa frase que afirma que “la religión es el opio del pueblo” está tomada en realidad, como tantas otras, de Bruno Bauer (1809-1882), amigo personal de Marx y miembro de la izquierda hegeliana.

El sentido de la misma es manifestar que las religiones eran como sedantes o narcóticos que creaban una felicidad ilusoria en la sociedad; drogas que contribuían a evadir al hombre de su realidad cotidiana; prejuicios burgueses detrás de los que se ocultaban los verdaderos intereses del capitalismo. Marx combatió la religión degradada de su tiempo porque creía que alienaba al ser humano y no satisfacía sus verdaderas necesidades; pensaba que tal religión sólo servía para persuadir a los individuos de que el orden actual de la sociedad era aceptable e irremediable y, por tanto, desviaba sus deseos de justicia y felicidad del mundo humano al mundo divino.

En este sentido, la religión era la medida de la miseria terrena del hombre; la conciencia invertida del mundo porque lo concebía al revés, injusto e inhumano; algo que legitimaba las injusticias sociales del presente creando a la vez una esperanza ilusoria de justicia definitiva en el más allá. Por tanto, lo que había que hacer para superar tal alienación religiosa era cambiar las condiciones económicas y sociales por medio de la revolución y crear un paraíso en la tierra que hiciera innecesario el anhelo religioso. Pasar de la crítica de la religión a la crítica de la política. “También Marx se tiene por un segundo Lutero, pero que ya no entabla combate con los curas de fuera de él, sino con su propio cura interior, con su naturaleza clerical” (Küng, 1980: 323).

Como simpatizante de las ideas de Hegel, Marx llegó a conocer bien la obra de Friedrich Daumer (1800-1875), otro de los jóvenes hegelianos de izquierda que había publicado un libro titulado, Secretos de la antigüedad cristiana (1847). Con este trabajo absurdo y simplista se pretendía desacreditar a los cristianos primitivos afirmando que Jesús, bajo el pretexto de reformar el judaísmo, lo que hizo fue volver a las prácticas de los sacrificios humanos y al canibalismo. Daumer decía cosas como que el Maestro atraía hacia sí a los niños con el fin de sacrificarlos o que la última cena fue en realidad una comida de caníbales en la que Judas se habría negado a participar. Lo que resulta increíble es que tales ideas fueran tomadas en serio por personas cultas como eran los filósofos ateos hegelianos.

El teólogo católico Henri de Lubac comenta: “El mismo año de la aparición de los Secretos, Karl Marx, [...] presenta públicamente a los ingleses la “sustancia” del pensamiento de Daumer, feliz por haberdescubierto allí “el último golpe dado al cristianismo”: “Daumer demuestra que loscristianos, efectivamente, han degollado a los hombres, han comido carne humana y bebido sangre humana. [...] El edificio de la mentira y del prejuicio se hunde” (de Lubac, H., 1989, La posteridad espiritual de Joaquín de Fiore, 2: p. 329).

Si realmente Marx estuvo dispuesto a aceptar tales afirmaciones, esto demostraría por su parte muy poco conocimiento de los principios del cristianismo y de la historia de la Iglesia primitiva. De hecho, lo que resulta evidente a través de sus escritos, es que nunca se enfrentó seriamente con la concepción bíblica de Dios, de Jesucristo y del propio ser humano. Marx pensaba que los burócratas y la psicología burocrática eran al Estado laico del capitalismo lo que los jesuitas y la psicología jesuítica fueron en su día respecto de la monarquía absoluta cristiana y la sociedad señorial moderna. Los jesuitas pretendían hablar en nombre de Dios y de los intereses espirituales de la Iglesia, así como los burócratas lo hacían en nombre del Estado y de los intereses de los ciudadanos.

Sin embargo, tanto unos como otros sólo velaban por sus propios intereses. Bajo la apariencia de altruismo y solidaridad hacia el resto de la sociedad únicamente defendían su provecho corporativista y particular (Jerez, 1994: 48). En cuanto al protestantismo, Marx llamó también la atención, mucho tiempo antes que Max Weber, acerca de la relación que existe entre éste y el capitalismo. En su opinión, el individualismo espiritual tan característico de los seguidores de la Reforma había pasado, de forma evidente, al modo de producción capitalista propio de la sociedad burguesa.

No obstante, la creencia de Marx era que la religión moriría por sí sola sin necesidad de que se la combatiera violentamente. Mediante la introducción del nuevo orden comunista, la conciencia religiosa desaparecería sencillamente porque ya no habría más necesidad de ella, pues el ser humano se realizaría a sí mismo en el reino de la libertad y la justicia. Pero si Marx pensaba que la religión se volvería superflua e iría desapareciendo poco a poco a medida que se instaurase el comunismo, alguno de sus discípulos más fervientes no estuvieron tan convencidos de ello y emplearon todos los medios a su alcance para combatirla. Lenin, por ejemplo, odiaba todo lo que tuviera que ver con el fenómeno religioso y consideraba el ateísmo como una exigencia necesaria del partido comunista. En su opinión, para ser marxista había que ser también ateo. Hans Küng se refiere a él con estas palabras:

“Ahora la religión ya no es, como para Marx, el “opio del pueblo”, al que el mismo pueblo se entrega para alivio de su miseria. Es más bien [...] “opio (conscientemente suministrado por los dominadores) para el pueblo”: “La religión es opio para el pueblo. La religión es una especie de aguardiente espiritual, en el que los esclavos del capital ahogan su rostro humano y sus aspiraciones a un vida medio digna del hombre. Pero el esclavo que ha tomado conciencia de su esclavitud y se ha puesto en pie para luchar por su liberación, cesa ya a medias de ser esclavo. Educado por la fábrica de la gran industria e ilustrado por la vida urbana, el obrero moderno, consciente de su clase, arroja de sí con desprecio los prejuicios religiosos, deja el cielo a los curas y a los beatos burgueses y consigue con su lucha una vida mejor aquí en la tierra” (Küng, 1980: 335).

No obstante, ni el ateísmo beligerante que profesaba Lenin, ni el más moderado de Marx o el de Feuerbach, se apoyan sobre un fundamento suficientemente convincente. Es indudable que existe una influencia de lo psicológico, de lo social e incluso de lo económico sobre la religión y la idea de Dios, pero tal influencia no dice nada en absoluto acerca de la existencia o no existencia de Dios. Es verdad que el hombre puede hacer la religión pero esto no significa que también sea capaz de hacer a Dios.

La elaboración de doctrinas, dogmas, rituales, himnos, oraciones y liturgias puede ser obra de los seres humanos, más o menos influidos por lo trascendente, sin embargo la divinidad misma en cuanto tal no puede ser creada por ningún humano. Si la filosofía rechaza el argumento ontológico que niega que de la idea de Dios pueda concluirse su existencia, ¿no debería negar también, por la mismo razón, que de esa misma idea pueda determinarse su no existencia?

Los pensamientos que el hombre se forma acerca de Dios, las representaciones humanas de la divinidad, no demuestran que Dios sea sólo el producto del pensamiento o de la imaginación humana. El hombre es obra de Dios pero Dios no es obra del hombre. “Aun cuando se pueda demostrar [...] que la imagen de Dios de una sociedad helenista, feudal o burguesa tiene una esencial determinación, un tinte, un cuño helenista, feudal o burgués, de ahí no se sigue en absoluto que esa imagen de Dios sea simple ilusión, que ese concepto de Dios sea pura proyección, que ese Dios sea una nada” (Küng, 1980: 342).

Por tanto, el ateísmo marxista es una pura hipótesis sin pruebas, dogmática e incapaz de superar la fe en Dios.

Leer más:

Artículo publicado el 16 DE JUNIO DE 2013
Leer más: http://protestantedigital.com/magacin/13637/Marx_el_simplismo_de_la_religion_como_opio_del_pueblo



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Mayo 19, 2018, 10:27:52 am por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                    Karl Marx, el misterio de un legado que se dispersa en el tiempo.
                                                      Tercera Parte.
                                        Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


El marxismo no es la expresión acabada de la verdad, y no puede considerarse como algo carente de límites para abrirse a una universalidad en el tiempo y en el espacio de la que carece, sin atenerse a las exigencias del devenir histórico de la contemporaneidad.


             


Santa Cruz de Tenerife. España.- Como ya expresé en alguno de los escritos anteriores esta serie en sí la podemos asumir como una conferencia escrita para ser dictada, en este caso para ser leída, toda vez que el medio que utilizo últimamente para compartir algunas de mis ideas con aquellos que amablemente me siguen, es la escritura, aunque sigo prefiriendo la palabra cuando esta se dice ante un auditorio, no importando cuan numeroso pueda ser, sino que esté presente tan solo una exigua minoría interesada en el tema a tratar.

Me sucedió muchas veces en las tenidas inolvidables que tenían lugar en el Oasis Teosófico-Martiano, institución única de su tipo en el mundo, con sede en la ciudad de Cienfuegos, Cuba, a los que con frecuencia asistían entre cinco y diez jóvenes interesados por las abstracciones de Plotino, Platón, Emerson, Blavatsky, Pitágoras, Hegel, Martí, y otros tantos grandes pensadores de todos los tiempos y de cualquier latitud.

A veces me preguntaban si no sería en vano dedicar tantas horas de estudio y de preparación para permanecer conversando durante algo más de una hora si al final solo asistían unos pocos muchachos interesados por aquel saber que solo sabe lo divino, como diría el que me precedió en la noble labor de enseñar lo que se ha definido como Sabiduría Divina o Sabiduría de los Dioses. Me refiero como es lógico al Don Manuel Martínez Méndez, como se le decía no solo por su grandeza, sino porque procedía de Asturias, España, desde donde vino a descubrir la grandeza del cubano José Martí, quedándose para el resto de su vida en Cuba, de ahí que lo de
Don lo acompañó para siempre en la pequeña isla que hizo suya.

Esto no es en modo alguno una digresión del eje temático que estamos siguiendo en estos días, sino que forma parte de lo que en materia de pedagogía se le llama motivación, aspecto diferente de la introducción, aunque algunos no lo sepan. Así que retomando ahora el asunto del legado de Marx desde la perspectiva de si es o no una “contribución duradera”, según nos ha expresado el filósofo coreano Jason Barker, que he asumido como fuente referencial, sin que olvidemos su idea acerca de su “peligroso y delirante legado filosófico”.

Recapitulemos pues en esta tercera parte algunas de las ideas esenciales ya tratadas.   
En el escrito anterior nos detuvimos a analizar el tema de esa supuesta “contribución duradera” llegando a concluir que:


1. Toda la contribución de Karl Marx es exclusivamente teórica. Marx jamás salió de su torre de marfil. Lo que no significa que neguemos completamente su aporte, independientemente de los posibles desaciertos que pudiera tener su teoría de la lucha de clases, que él consideró el “motor de la historia”, aunque contradictoriamente ese motor desaparecería a partir de la eliminación de las desigualdades clasistas con la instauración de lo que llamó la dictadura del proletariado.

2. Si vamos a referirnos a una “contribución duradera” hemos de limitarnos conceptualmente a una contribución totalmente teórica carente de sentido en el orden práctico, y esto no dejaría lugar para las disparatadas concepciones actuales acerca de una vigencia del marxismo y de toda posible aplicabilidad de la enseñanza marxista a los contextos sociales actuales.

3. El NO definitivo al socialismo presupone la negación del legado marxista, y por lo tanto de la extinción de esa contribución social del legado del fundador del materialismo histórico.

4. Su contribución filosófica puede considerarse delirante y peligrosa toda vez que Marx incita al odio entre los hombres, al enfrentamiento entre unos y otros, al derrocamiento de una clase por la fuerza arremetedora de otra. Su propuesta resulta demasiado violenta, algo que es patente en su Manifest der Kommunistischen Partei: “Las armas de que se sirvió la burguesía para derribar el feudalismo se vuelven ahora contra la propia burguesía. Pero la burguesía no ha forjado solamente las armas que deben darle muerte; ha producido también los hombres que empuñarán esas armas: los obreros modernos, los proletarios”.

Así las cosas, tratemos de adentrarnos ahora en sus duras críticas a los socialistas utópicos desde la perspectiva de un juicio crítico valorativo, pero no a los tolerantes utópicos, sino al propio Marx toda vez que el tampoco fue capaz de solucionar el gran conflicto de las contradicciones de clases, al menos en el orden práctico, aunque muchos se empeñen en querer demostrar lo contrario para continuar dando un inmerecido valor – cuando este se sobrevalora como suele suceder cuando se analiza el llamado legado marxista– al papel del marxismo en un contexto completamente antimarxista y en medio de la profunda crisis por la que ha estado atravesando esta tendencia, aunque algunos se empeñen en ver detrás de esta decadencia una vigencia inexistente y carente de sentido y un fortalecimiento del materialismo histórico en el momento actual.     

Karl Marx afirma que el estado es una herramienta que utiliza la clase burguesa para poder dominar al proletariado. La clase oprimida debe tomar el control del estado, lo que llamó “la dictadura del proletariado”, y hacer uso del mismo para eliminar las clases sociales. Sin embargo, de forma paradójica aseguró que “el motor de la historia es la lucha de clases”. Si desaparecen las clases, también se eliminan sus luchas, y se negaría por lo tanto, el desarrollo mismo de las sociedades - lo digo yo y no Marx-. Los utópicos defendieron la idea de una armonía y tolerancia entre todos, pero no de una lucha.

“Repudian, por eso, toda acción política, y en particular, toda acción revolucionaria; se proponen alcanzar su objetivo por medios pacíficos, intentando abrir camino al nuevo evangelio social valiéndose de la fuerza del ejemplo, por medio de pequeños experimentos, que, naturalmente, fracasan siempre”, expresó Marx en El Manifiesto Comunista. [/b]

Los Utópicos estaban influenciados por el pensamiento de Rousseau (1712-1778), representante de la Ilustración francesa, por lo que enfatizaron en ciertos principios como la solidaridad, la filantropía y el amor fraternal, los que atenuarían las desigualdades sociales y las injusticias derivadas de ello, lo que los hizo más utópicos aún, por cuanto, su filantropía y principios de fraternidad quedaron solo como mera abstracción filosófica carente de sentido práctico.

El término Socialismo Utópico fue manejado desde la primera mitad del siglo diecinueve por el francés Louis Auguste Blanqui (1805-1881), aunque alcanzó notoriedad a partir de los aportes Marx y Engels en su Manifiesto Comunista, los que criticaron a los socialistas utópicos por ser “idealistas” y como fue habitual en ellos, de “ingenuos” a aquellos que fueron capaces de prever que la doctrina socialista era algo irrealizable que quedaría como idea o proyecto.

Para diferenciarse de los socialistas utópicos crearon el término Socialismo Científico, más tarde difundido como Comunismo Científico. El Socialismo Utópico proclamaba la creación de una sociedad ideal y perfecta, en la que el hombre se relacionase en paz, armonía e igualdad y sus fines y objetivos habrían de lograrse a través de su voluntad siempre de manera pacífica, idea que no coincide con los planteamientos marxistas, por cuanto, estos defienden las revoluciones, huelgas y manifestaciones por parte de la clase trabajadora en sus luchas antagónicas contra la burguesía.

Pero Marx arremetió contra ellos en su Manifest der Kommunistischen Partei: “Poco a poco van cayendo en la categoría de los socialistas reaccionarios o conservadores descritos más arriba y sólo se distinguen de ellos por una pedantería más sistemática y una fe supersticiosa y fanática en la eficacia milagrosa de su ciencia social. Por eso se oponen con encarnizamiento a todo movimiento político de la clase obrera, pues no ven en él sino el resultado de una ciega falta de fe en el nuevo evangelio”. [/i]

Cito a continuación otras ideas correspondientes a Marx y Engels tomadas de Manifest der Kommunistischen Partei, con las que caracterizaron a los socialistas utópicos. 

“Los inventores de estos sistemas, por cierto, se dan cuenta del antagonismo de las clases, así como de la acción de los elementos destructores dentro de la misma sociedad dominante. Pero no advierten del lado del proletariado ninguna iniciativa histórica, ningún movimiento político propio.

Como el desarrollo del antagonismo de clases va a la par con el desarrollo de la industria, ellos tampoco pueden encontrar las condiciones materiales de la emancipación del proletariado, y se lanzan en busca de una ciencia social, de unas leyes sociales que permitan crear esas condiciones.

En lugar de la acción social tienen que poner la acción de su propio ingenio; en lugar de las condiciones históricas de la emancipación, condiciones fantásticas; en lugar de la organización gradual del proletariado en clase, una organización de la sociedad inventada por ellos. La futura historia del mundo se reduce para ellos a la propaganda y ejecución práctica de sus planes iniciales.

Pero la forma rudimentaria de la lucha de clases, así como su propia posición social, les lleva a considerarse muy por encima de todo antagonismo de clase. Desean mejorar las condiciones de vida de todos los miembros de la sociedad incluso de los más privilegiados. Por eso, no cesan de apelar a toda la sociedad sin distinción, e incluso se dirigen con preferencia a la clase dominante. Porque basta con comprender su sistema, para reconocer que es el mejor de todos los planes posibles de la mejor de todas las sociedades posibles.

Estas fantásticas descripciones de la sociedad futura, que surgen de una época en que el proletariado, todavía muy poco desarrollado, considera aún su propia situación de una manera también fantástica, provienen de las primeras aspiraciones de los obreros, llenas de profundo presentimiento, hacia una completa transformación de la sociedad.

La importancia del socialismo y del comunismo crítico-utópicos está en razón inversa al desarrollo histórico. A medida que la lucha de clases se acentúa y toma formas más definidas, el fantástico afán de ponerse por encima de ella, esa fantástica oposición que se le hace, pierde todo valor práctico, toda justificación teórica. He ahí por qué si en muchos aspectos los autores de estos sistemas eran revolucionarios, las sectas formadas por sus discípulos son siempre reaccionarias, pues se aferran a las viejas concepciones de sus maestros, a pesar del ulterior desarrollo histórico del proletariado. Buscan, pues, y en eso son consecuentes, embotar la lucha de clases y conciliar los antagonismos. Continúan soñando con la experimentación de sus utopías sociales; con establecer falansterios aislados, crear homecolonies en sus países o fundar una pequeña Icaria, edición en dozavo de la nueva Jerusalén. Y para la construcción de todos estos castillos en el aire se ven forzados a apelar a la filantropía de los corazones y de los bolsillos burgueses. Poco a poco van cayendo en la categoría de los socialistas reaccionarios o conservadores descritos más arriba y sólo se distinguen de ellos por una pedantería más sistemática y una fe supersticiosa y fanática en la eficacia milagrosa de su ciencia social”.


Pero la visión de Marx fue otra; aunque al final también cayó en esos sueños  de la experimentación de “utopías sociales” al dar por acabada – me refiero a perfección absoluta que no admite posibilidad alguna de modificación, según lo que sus doctrinas establecen para el modelo comunista– la sociedad que quiso establecer en un modo ideal por el concebido, con lo que se niega a sí mismo a las propias leyes de la dialéctica propuestas por él en unión de Engels.
 
De acuerdo con las teorías marxistas el ente estatal perdería su finalidad, esto es, dominar a una clase, extinguiéndose de manera prácticamente natural. Una vez extinguido el estado, según la propuesta marxista, debe implantarse una organización planificada en los planos económicos, sociales y políticos.

Es cierto que fue capaz de adentrarse en el fenómeno social del contexto, no solo de la Alemania de la segunda mitad del siglo XIX, sino de una parte considerable de Europa, lo que le permitió exponer con claridad en El Manifiesto Comunista: “Nuestra época, la época de la burguesía, se distingue, sin embargo, por haber simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose, cada vez más, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases, que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado”.

Marx propone la instauración de la dictadura del proletariado con lo que se supone se elimine la clase burguesa a cualquier precio. De ahí que criticara de manera enérgica y un tanto despectiva a los socialistas utópicos que se pronunciaron por lograr una armonía y equilibrio evitando el enfrentamiento de clases, lo que Marx asumió como una falta de visión para advertir iniciativas históricas, ni ningún movimiento político propio en los sistemas de figuras brillantes como Saint-Simon, Fourier y Owen, todos reconocidos por José Martí, a quien hemos estado asumiendo por estos días como referente de obligada consulta, aunque como ya todos saben jamás profesó el socialismo.

El marxismo no es la expresión acabada de la verdad, y no puede considerarse como algo carente de límites para abrirse a una universalidad en el tiempo y en el espacio de la que carece, sin atenerse a las exigencias del devenir histórico de la contemporaneidad. 

Si analizamos la cuarta de las ideas conclusivas expuestas anteriormente, casi al inicio de este escrito, la referida a que su contribución filosófica puede considerarse delirante y peligrosa podrán darse cuenta que me limité a señalar el por qué la considero peligrosa, dejando a un lado el concepto de delirante que se cuestionó Jason Barker, algo que hice a ex profeso, y que ahora retomo para concluir esta tercera parte, que en sí ha sido casi un resumen de los aspectos fundamentales abordados en los anteriores escritos y a lo que solo añadí como nuevo lo referente a las valoraciones de Marx sobre los socialistas utópicos con alguna que otra pincelada mía a modo de comentario.

Hasta el momento yo he sido respetuoso con Marx, siguiendo el ejemplo de Martí, quien fue capaz de señalarle su talón de Aquiles sin dejar de admirarlo y respetarlo al propio tiempo. Con esto estoy precisando que lo de su legado filosófico delirante no es mío, sino de un filósofo de origen coreano, profesor adjunto de Filosofía en la Universidad Kyung Hee.

Yo no le hubiera llamado de esta forma, aunque al igual que el cubano José Martí soy capaz de señalarle sus múltiples puntos débiles, de hecho, he estado reiterando en estos escritos la ausencia de aplicabilidad práctica a toda su excesiva teorización sobre proletarios, luchas clasistas, enfrentamientos y toma de poderes, hasta el absurdo de la teoría de la dictadura del proletariado.
 
Pero lo de delirante ya es cosa mayor. ¿Dónde pudiera radicar pues la esencia de ese delirio que ha encontrado nuestro referente de Corea del Sur?

Veamos lo que cree un español salpicado por la influencia izquierdista contemporánea, aunque como español al fin, desconoce lo que representa vivir bajo el dominio absoluto de una dictadura comunista como los que logramos resistir en Cuba durante tantos años o como aquellos que perdieron lo mejor de sus años bajo la influencia del temible comunismo de la antigua URSS y las naciones de Europa del este. 

El filósofo y abogado español Mauro Olmeda, nos da las pautas para comprender donde surge ese delirio marxista, y digo marxista, por cuanto ahora no solo me refiero a Karl Marx, sino a todos aquellos que como el “alemán de alma sedosa y mano férrea” creen que el materialismo histórico es el clímax de la historia, de la filosofía, y de la vida misma, con lo que se contradicen desde el punto de vista dialéctico y niegan esas categorías y leyes que tanto han repetido de memoria hasta el cansancio.

Para el profesor Mauro Olmeda el punto débil de los fundadores y promotores del marxismo estriba en haberlo presentado “como la expresión acabada de la verdad, válida universalmente en el tiempo y el espacio, sin atender a la exigencia de un desarrollo ulterior”, con lo que coincido plenamente, y no ahora que cuento con más de medio siglo de existencia y alrededor de treinta años interesado en temas de esta naturaleza, sino desde los lejanos tiempos en que se me impuso la filosofía marxista cuando cursaba mis estudios universitarios.

La propuesta de Marx debe verse como una manera más de interpretar los fenómenos sociales desde una perspectiva filosófica. Su legado no es la verdad en sí, aunque contenga verdades, como todos los sistemas filosóficos y corrientes de pensamiento, y también sus puntos débiles, muchos de ellos matizados por una sobrevaloración de su percepción que lo hizo caer en un sueño con ensueño, como el mismo dijo – no así como lo acabo de expresar yo, sino a su manera– de los socialistas utópicos; y es en esta absolutización excesiva de su propia enseñanza – la ciencia de las ciencias, la filosofía de las filosofías, el sentido de universalidad teórica más acabado de la historia, imposibilidad de cualquier interpretación ulterior de hechos concretos del devenir histórico– donde radica su principal error, lo que determina que su legado sea ciertamente delirante como se cuestiona Jason Baker. 


------------------


* En la segunda parte de su obra Utopía, Thomas Moro (Londres, 1478 – 1535) describe un estado ideal en  contraposición al estado monárquico de Enrique VIII. En este estado no hay propiedad privada ni dinero, el estado está fundado en la tolerancia religiosa ya que nadie puede ser expulsado de su tierra si profesa otra religión, el fanatismo religioso es castigado con el exilio, la organización militar se justifica solo en caso de existir peligro para el país, el trabajo de seis horas al día es obligatorio, lo que permite cierto ocio y  placer moderados, haciendo olvidar las ansias de obtener cosas superfluas, la pena es proporcional al delito, la educación del pueblo es prioridad para el gobierno de la República de Utopía. Este es pues el primer referente concreto de la descripción de un estado similar a las aspiraciones teóricas del socialismo. El término utópico tiene su origen en esta obra de Sir Thomas Moro, considerado el precursor del Socialismo Utópico.

Continuará.


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Mayo 18, 2018, 08:45:17 am por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                           ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

            CÓMO QUISIERA MIGUEL DÍAZ-CANEL QUE LOS CUBANOS LEYERAN A MARTÍ
                                                Dr. Alberto Roteta Dorado.


Es necesario que retome algunas de las ideas que el autor de Versos Libres expusiera en diferentes partes de su extensa obra, por cuanto muchos conocen sus valoraciones al respecto, pero no la generalidad de los cubanos que se han mantenido al margen de muchas fuentes de información producto del autoaislamiento impuesto por el sistema cubano.


                 


La enseñanza martiana en contradicción con los cánones oficialistas

Mostrar a Martí en su real dimensión significa que los que prediquen su mensaje lo hagan libre de los prejuicios y las ataduras que hasta el momento lo han hecho los que dicen ser martianos verdaderos. ¿Acaso alguna vez en las últimas cinco décadas algunos de los “grandes martianos” ha tenido el valor de defender la hipótesis acerca del idealismo martiano y de su pensamiento profundamente religioso? ¿Qué respuestas podrán ofrecer a sus educandos si estos les preguntan acerca de aquel que afirmó que “Dios quiere que como de los detritus de una planta, nazca otra, sobre las ruinas de una creencia se eleve otra”?

La declaración del carácter socialista de la revolución cubana en 1961 implicó además la imposición de un estado ateo. Al resultar contradictorio que el símbolo de la nación cubana, declarado además su Héroe Nacional, fuera un hombre eminentemente religioso en el verdadero sentido del término, esto es, por convicción y principios, aunque como es sabido bien distante de cultos y ceremoniales y sin compartir las normas y mecanismos de la institución llamada iglesia, de modo particular en relación con el catolicismo romano, fue necesario dejar a un lado aquellas concepciones martianas en las que ofreció sus visiones muy personales acerca de Dios, de su existencia como un hecho innegable, y de su participación como hacedor de todo cuanto existe en la tierra y en los mundos más allá del nuestro, en los que creía con firmeza.

Pero sus conceptos acerca de Dios y de la religión están en sus obras, las que no pudieron ocultar aunque sí dejar de difundirlas. De modo que es necesario invitar a que se lea a Martí, pero leerlo en su totalidad, sin excluir aquellos puntos de su vasta obra que entran en contradicción con la ideología que el régimen estableció como oficial. El siguiente fragmento tomado del tomo VI de sus Obras Completas es un ejemplo que demuestra ese sentido de la religiosidad martiana que se pretende ocultar:

“Hay en el hombre un conocimiento íntimo, vago, pero constante e imponente, de un gran ser creador: este conocimiento es el sentimiento religioso, y su forma, su expresión, la manera con que cada agrupación de hombres concibe este Dios y  lo adora, es lo que se llama religión. Por eso en lo antiguo, hubo tantas religiones como pueblos originales hubo; pero ni un solo pueblo dejó de sentir a Dios y tributarle culto, la religión está pues en la esencia de nuestra naturaleza. Aunque las formas varíen, el gran sentimiento de amor, de firme creencia y de respeto, es siempre el mismo. Dios existe y se le adora”.

Pero los cubanos ignoran -y no porque no quieran conocer a Martí, sino porque se les impuso solo una parte de un Martí que han llegado a rechazar- que además fue un fervoroso defensor de ciertas enseñanzas muy arraigadas en las filosofías orientales, de modo muy particular en la India, Nepal, Tíbet, Bután, Ceilán (Sri Lanka), entre otras naciones, entre las que se encuentra la reencarnación. Martí, al igual que Pitágoras, Platón, Plotino y otros filósofos, dejó constancia de sus concepciones respecto a esta teoría:

“Allá, en otros mundos, en tierras anteriores, en que firmemente creo, como creo en las tierras venideras, -porque de aquella tenemos la intuición pasmosa que puesto que es conocimiento previo de la vida revela vida previa- y a estas hemos de llevar este exceso de ardor de pensamiento, inempleada fuerza, incumplidas ansias y desconsoladoras energías con que salimos de esta vida; -allá en tierras anteriores, he debido cometer  para con la que fue entonces mi patria alguna falta grave, por cuanto está siendo desde que vivo en mi castigo, vivir perpetuamente desterrado de mi natural país, que no sé dónde está, -del muy bello en que nací, donde no hay más que flores venenosas, de ti y de él”.

Los cubanos de manera general desconocen que el noble ser que han asociado a las acciones terroristas del Cuartel Moncada hizo valoraciones ejemplares de los principales líderes políticos y religiosos de su tiempo, de los más destacados poetas, ensayistas y novelistas, y de los científicos y filósofos que sobresalieron, amén de haber estado al tanto de todos los acontecimientos importantes de la segunda mitad del siglo XIX.

Dejó ensayos ejemplares en los que valoró la obra del poeta Walt Whitman; según Martí: “Había que estudiarlo, porque si no es el poeta de mejor gusto, es el mas intrépido, abarcador y desembarazado de su tiempo”. Tradujo la novela Mis Hijos del escritor francés Víctor Hugo, de quien dijo: “De él, traducir es pensar en la mayor cantidad de castellano posible lo que él pensó, de la manera y en la forma en que lo pensó él, porque en Víctor Hugo la idea es una idea, y la forma otra”. Como crítico de arte y literatura se refirió acertadamente a la trascendencia de los pintores impresionistas de su tiempo, o a los novelistas y poetas franceses que hoy día han perdurado, y que Martí con visión profética les auguró su merecido lugar más allá del tiempo y de las fronteras del espacio.

No obstante, si los cubanos se motivaran a leer a Martí -como quiere el nuevo presidente de Cuba- el redescubrimiento de las posturas martianas en lo filosófico y lo religioso, independientemente que pudiera ser chocante al resultar diametralmente opuesto a los conceptos marxistas y ateístas proclamados por el oficialismo de la isla, no sería tan polémico como adentrarse en sus verdaderas concepciones políticas que lo apartan por completo del sistema socialista que los magnates del régimen de La Habana pretenden mantener por la fuerza.

A pesar de que al inicio de este trabajo expresé que insistir demasiado en un mismo tema puede saturar al lector, es necesario que retome algunas de las ideas que el autor de Versos Libres expusiera en diferentes partes de su extensa obra, por cuanto muchos conocen sus valoraciones al respecto, pero no la generalidad de los cubanos que se han mantenido al margen de muchas fuentes de información producto del autoaislamiento impuesto por el sistema cubano.

Lo más conocido sobre el concepto que Martí tuvo del socialismo es el ensayo dedicado a Herbert Spencer. Martí se refiere a un texto de Spencer dedicado al socialismo, en el que lo define como la futura esclavitud de la humanidad, cuyo título es La esclavitud futura, y forma parte de un grupo de ensayos que publicó Spencer con el nombre: El individuo contra el estado, en 1884. “Esa futura esclavitud, -dice José Martí-, que a manera de ciudadano griego que contaba para poco con la gente baja, estudia Spencer, es el socialismo”.

Cuando en el artículo de Martí se hace referencia a la conversión en pobres a los que no lo son, no es una opinión martiana sino de Spencer, pero que Martí asume y la defiende. El siguiente fragmento es sugerente de la postura del Apóstol en correspondencia con la asumida  por el autor de La esclavitud futura: “Teme Spencer, no sin fundamento, que al llegar a ser tan varia, activa y dominante la acción del estado, habría este de imponer considerables cargas a la parte de la nación trabajadora en provecho de la parte páupera. Y es verdad que si llegare la benevolencia a tal punto que los páuperos no necesitasen trabajar para vivir, a lo cual jamás podrían llegar, se iría debilitando la acción individual, y gravando la condición de los tenedores de alguna riqueza, sin bastar por eso a acallar las necesidades y apetitos de los que no la tienen”.

De igual modo el Apóstol de Cuba valoró con profundidad y precisión más que acertada los aportes del citado antropólogo y filósofo evolucionista inglés, lo que demuestro al citarlo nuevamente en estos dos fragmentos:

“Por su cerrada lógica, por su espaciosa construcción, por su lenguaje nítido, por su brillantez, trascendencia y peso, sobresale entre esos varios tratados aquel en que Herbert Spencer quiere enseñar cómo se va, por la excesiva protección a los pobres, a un estado socialista que sería a poco un estado corrompido, y luego un estado tiránico”.

“Todo el poder que iría adquiriendo la casta de funcionarios, ligados por la necesidad de mantenerse en una ocupación privilegiada y pingüe, lo iría perdiendo el pueblo, que no tiene las mismas razones de complicidad en esperanzas y provechos, para hacer frente a los funcionarios enlazados por intereses comunes. Como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el Estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio. El hombre que quiere ahora que el Estado cuide de él para no tener que cuidar él de sí, tendría que trabajar entonces en la medida, por el tiempo y en la labor que plugiese al Estado asignarle, puesto que a éste, sobre quien caerían todos los deberes, se darían naturalmente todas las facultades necesarias para recabar los medios de cumplir aquéllos”.

Menos conocida es esta valoración suya que aparece en el tomo VI de sus Obras Completas, el cual, junto a sus Cuadernos de Apuntes (Tomo XXI), entre otros, serán de obligada referencia cuando podamos poner en práctica el estudio verdadero del legado martiano, por cuanto contienen la esencia de su pensamiento filosófico y la aplicación de este al terreno social y político:

“Al realizarse en la vida, las fórmulas se desenvuelven en aplicación, la concurrencia de derechos crea derechos especiales: los sistemas políticos en que domina la fuerza crean derechos que carecen totalmente de justicia, y el ser vivo humano que tiende fatal y constantemente a la independencia y al concepto de lo justo, forma en sus evoluciones rebeldes hacia su libertad oprimida y esencial, un conjunto de derechos de reconquista”.
 
No obstante a su menor difusión, nos da la medida de esa visión futura de José Martí respecto al peligro de lo que también llamó “carácter de la democracia vengadora que avanza en la sombra”, algo que resulta aplicable en estos tiempos en que muchos han asumido el poder bajo la imagen de una restauración democrática cuando en realidad han oprimido a sus naciones al imponer regímenes totalitarios, previsto además por Martí en su carta dirigida a su entrañable amigo Fermín Valdés Domínguez en 1894 -esta es la verdadera fuente y no una carta a Serafín Sánchez como se cree y se ha difundido de manera errónea- cuando expresó: “Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras; el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, y el de la soberbia y la rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo, empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse como frenéticos defensores de los desamparados”.

Pero esta revaloración necesaria y urgente que debe hacerse de la obra del bendito héroe cubano costará mucho pues se necesita no solo de toda la información necesaria, como bibliografía referencial y de consulta -incluida como es lógico aquella que no está permitida en Cuba por contener valoraciones certeras y precisas sobre el verdadero mensaje martiano en toda su magnitud-, sino exponentes sinceros y que conozcan con profundidad su enseñanza, algo que en Cuba apenas existe.

La crisis por la que atraviesa el sistema educacional de la isla es conocida en el mundo entero a pesar de que las instituciones que tienen que ver con estos asuntos han hecho recientemente afirmaciones muy favorecedoras para el sistema y en contraposición a la realidad del desastre educacional actual. Creo que el llamado del nuevo presidente de Cuba, aunque de manera muy sutil, y sin fundamentar el porqué de sus exhortaciones, deja entrever su percepción del decadente fenómeno indetenible.

No basta con situar a un “maestro” en cada aula o tener cubiertas las plazas de los docentes para la formación de bachillerato y universitaria, sino estar convencidos de que esos “profesores” tengan la capacidad para asumir su rol como educadores, y sin duda, con maestros ignorantes jamás podrá haber progresos en la educación de ninguna nación. Si no son conocedores profundos de las materias en las que se han especializado - suponiendo que tuvieran alguna especialización pedagógica (conocí a profesores universitarios que me confesaron que no sabían nada de pedagogía)- no podemos aspirar a que sean exponentes del legado de José Martí, quien fue un verdadero maestro no solo en su sentido simbólico, sino que ejerció el magisterio en colegios y universidades de Venezuela y Guatemala. Su carrera de Filosofía y Letras le permitió asumir con dignidad su rol.     

Si los profesores cubanos del presente -incluidos muchos de los docentes universitarios- no saben quien fue Emerson, Darwin, Hegel, Krause, Whitman, Víctor Hugo, Annie Besant, Descartes, Zola, entre otros tantos ilustres hombres de la historia, la literatura, la ciencia y la religión, sobre los que Martí escribió, entonces surgen nuevas interrogantes.

¿Cómo podrán invitar a sus discípulos a que estudien a Martí sin poder motivarlos dado el desconocimiento que tienen acerca de su obra y de aquellos temas y personajes sobre los que Martí escribió? ¿Acaso la invitación de Díaz-Canel quedará limitada a la reiteración del supuesto carácter antiimperialista, tercermundista y latinoamericanista de José Martí?

Se impone en la patria del Apóstol una nueva alfabetización que sea capaz de dejar a un  lado las estrecheces de mente, el dogmatismo político, y conquistar el más genuino conocimiento. Como dijo Martí cuando la Doctora Annie Besant visitó Estados Unidos: “Edúquese lo superior del hombre, para que pueda, con ojos de más luz, entrar en el consuelo, adelantar en el misterio, explorar en la excelsitud del orbe espiritual”.[/i]

Publicado inicialmente en:
http://www.cubanalisis.com/ART%C3%8DCULOS/ROTETA%20DELGADO%20-%20C%C3%93MO%20QUISIERA%20MIGUEL%20D%C3%8DAZ%20CANEL%20QUE%20LOS%20CUBANOS....htm

 



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Mayo 17, 2018, 11:20:09 am por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                      ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

            CÓMO QUISIERA MIGUEL DÍAZ-CANEL QUE LOS CUBANOS LEYERAN A MARTÍ
                                         Dr. Alberto Roteta Dorado.


En la década del setenta se pretendió sepultar el calificativo para poner en su lugar el de Héroe Nacional de Cuba; ambos son merecidos por el héroe de Dos Ríos, quien fue primero Apóstol de Cuba y de América, distinción ganada no solo por la entereza de su entrega a la causa de la nación cubana, sino por sus virtudes espirituales y éticas que lo asemejan a aquellos primeros seguidores del Cristo-Redentor, muchos de ellos también mártires, a los que sabiamente se les llamó Apóstoles, y luego fue héroe, condición ratificada mediante su ejemplo cuando aquel infausto 19 de mayo de 1895 se inmoló por la causa de los cubanos de su tiempo y del nuestro.


                   


Santa Cruz de Tenerife, España.-

Leer y estudiar a Martí en su real dimensión. Dos premisas necesarias

Lo de leer a Martí, independientemente de que soy un apasionado al pensamiento del noble hombre de Dos Ríos, deberá venir después y solo cuando el régimen esté dispuesto a presentar su enseñanza en su totalidad y sin manipulaciones a su manera. Lo de leer a Fidel Castro y a su hermano es algo carente de sentido que el mandatario tiene arraigado en su código genético como consecuencia del adoctrinamiento a que fuera sometido desde su niñez hasta nuestros días, algo de lo que jamás se podrá desprender. Se trata del estatismo mental inducido no susceptible de ser modificado cuando se ha pasado de la quinta década de la vida.

Leer a Martí deberá adquirir su verdadero significado por lo que representa para los cubanos poder adentrarse en el estudio de la enseñanza de su grandiosa obra, algo que  solo se hará una realidad cuando al menos se cumplan las dos siguientes premisas.

La primera, recuperar el nivel educacional de la población cubana, algo de lo que seguramente el presidente actual es consciente. Recordemos que se desempeñó como Ministro de Educación Superior, y aunque de manera oficial se manejen cifras y datos que solo reflejan de manera encubierta algunos aspectos cuantitativos del desastroso sistema educacional cubano, en la intimidad los docentes y sus directivos manejan aquellos elementos que de manera muy cuidadosa permanecen ocultos para la generalidad.

De cualquier modo Díaz-Canel solo hizo exhortaciones y sugerencias, pero cuando se analizan detenidamente nos damos cuenta que detrás de dichas invitaciones al conocimiento de la obra de José Martí, o el hecho de que insistiera en el escritor Cintio Vitier y en la doctora Graziella Pogolotti como figuras paradigmáticas dentro de la intelectualidad de Cuba, a quienes es necesario leer también, existe otro propósito que más que una invitación es una orden, cuyo mandato está en relación con su conocimiento del estado de deterioro educacional por el que atraviesa el sistema de enseñanza de la isla.

No obstante, y como siempre suele suceder, sus palabras en este sentido están demasiado politizadas y enchapadas a la antigua, toda vez que insistió en la importancia de formar de manera integral a los docentes en el país, así como en la preparación metodológica de los profesores, la necesidad de ejercer una pedagogía cada vez más creativa y la utilización de Internet para difundir los logros del proceso revolucionario.

Ya se sabe lo que significa en el escabroso lenguaje comunista “formación de manera integral”, aunque lo recuerdo por si algunos lo olvidan. Se trata de una preparación en la cual los aspectos políticos enmarcados dentro de la línea oficialista y los cánones establecidos como permitidos por el régimen juegan un papel preponderante respecto al conocimiento de la carrera o del perfil del educando. Si aun así alguien duda acerca de las pretensiones pedagógicas del mandatario recién estrenado en su cargo de presidente, analicen para lo que quiere que se utilice la Internet: difundir los logros del proceso revolucionario, algo que también deben hacer los docentes desde sus aulas si es que quieren permanecer en los “distinguidos” claustros de profesores de las instituciones de Cuba.

La segunda premisa que se debe considerar  para que los estudiantes, y de manera general todos, lean a Martí, es que la enseñanza del Maestro deje de ser utilizada a conveniencia por parte del régimen cubano y todos aquellos involucrados en la enseñanza y en la difusión de su inconmensurable legado, esto es, cuando se muestre su obra en su totalidad, sin mutilar, sin adulterar, en su real dimensión, incluyendo el análisis de su pensamiento filosófico -pensamiento en contraposición a lo establecido como oficial por el sistema comunista cubano que adoptó posturas materialistas y marxistas, y las impuso a su sistema de enseñanza-, su sentido de la religiosidad, amén de sus concepciones políticas en las que se evidencia su rechazo total al socialismo que se pretende prolongar a la fuerza en Cuba.

Tal vez si se les enseñara a los estudiantes en las universidades de la isla, y de manera particular a los que estudian las carreras de humanidades, lo que Martí expresó sobre el socialismo, el verdadero propósito del Partido Revolucionario Cubano por él creado -con lo que se acabaría el mito de la continuidad partidista entre este y el Partido Comunista de Cuba, y la absurda justificación del no pluripartidismo-, su idealismo sin igual, su extraordinario racionalismo, y su sentido de la religiosidad en su pensamiento filosófico, así como sus concepciones acerca de la libertad, la democracia, las tiranías, el totalitarismo, entre otros tantos aspectos apenas difundidos de su colosal obra, los educandos se vieran motivados al estudio de sus enseñanzas.

Como es lógico esto requiere verdaderos profesores y no simples muchachos recién egresados a los que se les dio la oportunidad de ser docentes más por sus méritos políticos -con aquello de la “formación integral” que ya expliqué antes- que por sus aptitudes para el magisterio o sus conocimientos técnicos de la carrera elegida, o de aquellos que ya con muchos años de experiencia prefirieron asumir el camino del marxismo-leninismo impuesto por el castrismo como forma oficial de filosofía en Cuba, y que dejando a un lado los aportes de Jorge Mañach, Medardo Vitier -el padre de Cintio, el ejemplar martiano, filósofo y humanista, olvidado en el presente por no haber profesado el marxismo-, Gabriela Mistral, Luis Rodríguez Embil, José Lezama, entre otros tantos, se limitaron a lo poco que pudieron aportar los dogmáticos “estudiosos” de la obra del autor de Versos Libres, entre los que no faltaron algunos que quisieron articular el legado martiano con el marxismo-leninismo, con las tendencias comunistas de Ho Chi Minh, o que apoyaron la disparatada idea de Fidel Castro acerca de la autoría intelectual de Martí en su acciones terroristas al Cuartel Moncada -entre ellos el poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar, lo que afirmo no por el hecho de sea un comunista activo, sino por haberme estudiado su obra ensayística dedicada a Martí-, temas con los que han alcanzado títulos en maestrías y doctorados*.

Lamentablemente se suele ocultar esa parte que los sectores más ortodoxos de Cuba creen pudiera ser el talón de Aquiles de la obra del Maestro. En su lugar se dedicaron a insistir en la absurda teoría del Martí antiimperialista que ha provocado un rechazo generalizado de las generaciones del presente -hartas de tanta politiquería comunista barata y de adoctrinamiento forzado- hacia su obra, y de manera general a todo lo que guarde relación con la vida de José Martí.

Las múltiples sátiras irreverentes basadas en algunos de sus más ejemplares poemas, los excesos de amoríos (inventados unos y potenciados otros) en torno a su vida, la malintencionada idea de que jamás salió al campo de batalla y que solo anduvo por “el norte revuelto y brutal”, sin que olvidemos las burlas respecto a ciertas preferencias por el alcohol o su culpabilidad en el infausto desenlace de la joven que inmortalizó en sus versos de La niña de Guatemala, son ejemplos más que suficientes que demuestran no solo la incultura de millones de cubanos del presente -desconocedores en su gran mayoría de la verdadera enseñanza de quien fue bendito y pleno en sabiduría-, sino el rechazo del que es motivo quien otrora fuera venerado cuando en Cuba la gente era educada, decente y respetaba a sus héroes y mártires verdaderos, los que precedieron a la revolución de 1959.

Es cierto que Martí se pronunció contra todo lo que consideró erróneo, injusto, negativo o como se le quiera decir, respecto a ciertas posturas y a lo que el interpretó como posibles aspiraciones de los gobiernos de Estados Unidos de su tiempo, incluida su percepción de manera cuasi visionaria de la tendencia expansionista y su peligro para las naciones de América Latina (consúltese su ensayo Nuestra América, su discurso Madre América, y de manera muy particular su llamado Testamento Político), algo que debe delimitarse a su contexto dentro de la segunda mitad del siglo XIX.

De modo que resulta malintencionado utilizar las valoraciones que José Martí hizo hace más de un siglo para adaptarlas al presente. Esto es un disparate comunista acuñado por el castrismo, algo que no resulta ser de interés para las generaciones actuales de cubanos que saben perfectamente que son engañados y manipulados al utilizar la imagen y la obra de José Martí.

Para aproximar a los cubanos -y ahora ya lo hago extensivo, por cuanto la exhortación del presidente fue limitada a los estudiantes- a la enseñanza de José Martí resulta imprescindible mostrar al José Martí que han estado ocultando durante más de medio siglo, lo que conlleva a que lo presentemos como Apóstol. Recordemos que en la década del setenta se pretendió sepultar el calificativo para poner en su lugar el de Héroe Nacional de Cuba; ambos son merecidos por el héroe de Dos Ríos, quien fue primero Apóstol de Cuba y de América, distinción ganada no solo por la entereza de su entrega a la causa de la nación cubana, sino por sus virtudes espirituales y éticas que lo asemejan a aquellos primeros seguidores del Cristo-Redentor, muchos de ellos también mártires, a los que sabiamente se les llamó Apóstoles, y luego fue héroe, condición ratificada mediante su ejemplo cuando aquel infausto 19 de mayo de 1895 se inmoló por la causa de los cubanos de su tiempo y del nuestro. 



* Lo expuesto no es una simple especulación como lamentablemente suele hacerse con frecuencia por parte de algunos que de manera inescrupulosa afirman o niegan demasiado a la ligera. Ejercí el magisterio durante muchos años en Cuba. Esto me permitió estar al tanto de las propuestas de cursos de post-grados, diplomados y maestrías que se ofrecían en varias universidades. Para mi sorpresa, algunos “ilustres estudiosos” trataron de “articular” -vaya palabrota carente de sentido en materias filosóficas y antropológicas-  el pensamiento martiano con el marxismo-leninismo. ¿Cómo lo hicieron? No lo supe. No asistí. Me temo que a la fuerza. Para titularme como Diplomado en Estudios Filosóficos presenté mi defensa sobre el sentido del idealismo y el racionalismo en el pensamiento de José Martí. Logré salir victorioso pues el tribunal marxista, antiimperialista y comunista no lograba tener una percepción clara de lo que estaba exponiendo, y esto determinó que se inclinaran por una felicitación de cumplido rutinario.

                                  Continuará.

Fuente:

http://www.cubanalisis.com/ART%C3%8DCULOS/ROTETA%20DELGADO%20-%20C%C3%93MO%20QUISIERA%20MIGUEL%20D%C3%8DAZ%20CANEL%20QUE%20LOS%20CUBANOS....htm




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Mayo 17, 2018, 10:08:47 am por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                  Karl Marx, el misterio de un legado que se dispersa en el tiempo.
                                                   Segunda Parte.
                                       Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


El NO definitivo al socialismo presupone la negación del legado marxista, y por lo tanto de la extinción de esa contribución social del legado del fundador del materialismo histórico.


               


Santa Cruz de Tenerife. España.-  En esta segunda parte sobre el tema del “misterio” del legado de Marx, que en mi opinión, se dispersa en el tiempo, aunque el coreano Jason Barker, se cuestionó acerca de la exactitud de de lo que ha llamado “contribución duradera” de su enseñanza, analizaremos además de esta idea de la posible contribución, otro aspecto que tal vez constituye el mayor enigma del escrito que publicara Barker por motivo de su bicentenario. Me refiero a sus palabras dejadas igualmente como interrogación respecto a “su peligroso y delirante legado filosófico”.

En primer lugar, toda la contribución de Karl Marx es exclusivamente teórica. Marx jamás salió de su torre de marfil. Como dijo el más grande de los cubanos de todos los tiempos “anduvo de prisa, y un tanto en la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa”[/i]. Lo que no significa que neguemos completamente su aporte, independientemente de los posibles desaciertos que pudiera tener su teoría de la lucha de clases, que él consideró el “motor de la historia”, aunque contradictoriamente ese motor desaparecería a partir de la eliminación de las desigualdades clasistas.

¿Acaso el defensor del materialismo dialéctico e histórico está negando en sí sus famosas leyes de la dialéctica, según las cuales, todo avanza a modo de espiral desde formas inferiores hacia formas superiores? Su enunciado de la sociedad comunista presupone el clímax del desarrollo social con la desaparición de la lucha de clases toda vez que dichas clases se supone que desaparecerán, y esto hará que desaparezca ese motor impulsor de la historia, con lo que se niega a sí mismo al entrar en la gran encrucijada dialéctica que esto presupone.

¿Es que con su panacea socialista en su fase final, el comunismo, niega entonces ese desarrollo dialéctico del mundo, por cuanto esta fase presupone el fin del desarrollo de las sociedades tras haber alcanzado una perfección absoluta semejante a las grandezas del reino de Dios de los religiosos tradicionales?

El escritor, filósofo y abogado español Mauro Olmeda, autor de importantes obras como La crisis de la investigación el campo de la dialéctica materialista, considera que la enseñanza que presentaron Marx y Engels tiene su mayor debilidad en el hecho de haberlo hecho “como la expresión acabada de la verdad, válida universalmente en el tiempo y el espacio, sin atender a la exigencia de un desarrollo ulterior”. Pero va más allá y acusa a la filosofía marxista, por su carácter de ciencia de las ciencias, su universalidad teórica o sistema cerrado y concluso, de la ininteligibilidad de los hechos nuevos, que desconciertan y asombran a una razón esquemática y sintética.

Como los fracasados marxistas – y no lo digo de manera despectiva y con la tirantez y el menosprecio que suele caracterizar a los que escriben y comentan creyendo ser conocedores de la doctrina marxista, sino exponiendo lo que creo tras el análisis detallado que me permite concluir que resulta imposible demostrar la eficacia de un sistema filosófico mediante la utilidad de un sistema social que jamás se ha llegado a concretar como acto, y que por lo tanto, hasta el presente carece de valor en el orden práctico– no admitirán su derrota, a la que han llamado crisis del marxismo, una crisis que ha durado décadas y que al parecer resulta insuperable, buscarán explicaciones paliativas para intentar demostrar lo indemostrable. Recordemos que en estos menesteres son especialistas, y la mayor prueba de esto la encontramos en el tiempo que han dedicado a escudriñar en el misterio de misterios que ellos quisieron poner “patas arriba”: ¿Qué es lo primero el espíritu o la materia? De ahí en lo adelante todo lo pusieron al revés, y es lógico entonces que de la misma manera que no han podido demostrar la supremacía de una cosa sobre otra – tampoco las tendencias idealistas en filosofía, y las diversas modalidades de religión han podido demostrar lo contrario– no han podido encontrar la respuesta acerca de la aplicabilidad del legado teórico de Marx, aunque muchos ganen para su sustento al dedicarse a exponer y defender las proezas del marxismo, aun cuando en lo más íntimo de su ser reconozcan su fracaso. Es muy fácil desde la sombra y encerrados en las torres de marfil dedicarse a dar charlas estériles sobre la “vigencia” del marxismo, las “proezas” del comunismo y las “utilidades” de las enseñanzas teóricas de Marx. Cuando no se ha vivido bajo los efectos de un régimen dictatorial que dice ser socialista y sostienen que aplican las doctrinas del viejo pensador alemán – aunque demasiado aplatanadas a un contexto bien diferente y distantes en el tiempo y en el lugar– no se puede predicar ante el mundo esas “nobles” ideas que dicen encontrar en las obras del promotor del materialismo histórico.
 
Precisemos pues esa posible “contribución” que el profesor coreano ha llamado además “duradera”. Toda contribución debe tener un mínimo de aplicabilidad en el orden práctico, justamente lo que le ha faltado al legado teórico de Marx. Yo no estoy negando el valor de sus estudios analíticos, los que, estemos o no de acuerdo con su método absolutista, su enfoque materialista – justamente a lo que sus seguidores le ofrecen el mayor mérito–, su estilo demasiado hiriente para con los que se apartan de lo que él cree que sea la verdad, entre otros tantos desaciertos, sin duda contribuyeron al pensamiento contemporáneo; pero hasta aquí, esto es, limitado a lo teórico, por cuanto como ya he afirmado más de una vez en este escrito, su legado carece de toda posible aplicabilidad en el orden práctico. La serie secuencial de fracasos de todos los experimentos socialistas a través de la historia, incluidos los anteriores a la difusión de la enseñanza marxista y a la debacle del campo socialista en el siglo XX, así lo demuestran. 

En la primera mitad del siglo XIX el escritor y reformador social de origen francés Étienne Cabet (1788-1856), alcanzó cierta notoriedad no solo por la publicación de su libro Viaje a Icaria, sino porque su filosofía atrajo a muchos seguidores, los que llegaron a ser conocidos como icarianos, por el nombre del país ideal por el descrito en su texto.  En 1834 tuvo que exiliarse por sus críticas al gobierno francés y se dirigió a Londres, donde abrazó el pensamiento comunista que empezaba a florecer por entonces. Influenciado por las obras de Tomás Moro y por el movimiento de reforma social encabezado por el socialista británico Robert Owen consolidó sus ideas. En 1839 se le permitió regresar a Francia, donde publicó al siguiente año la novela Viaje a Icaria, siguiendo los patrones de Tomás Moro con su famosa Utopía, y en menor medida de Platón con La República.

En esta obra Cabet difunde su doctrina basada en la instauración de una sociedad comunista fundamentada en ideales de igualdad, fraternidad y justicia social, en la cual los bienes son socializados y donde la igualdad entre los sexos es casi total, se describe además una sociedad ideal en la que la actividad social y económica es supervisada por un gobierno electo.

El grado de organización de la sociedad descrito por su autor alcanzaba su clímax en la colectivización de los medios de producción y en el establecimiento de bonos de trabajo para adquirir los bienes de consumo, pues el dinero ha desaparecido. La misma ropa para todos, un solo diario oficial y una vida organizada hasta el más mínimo detalle: levantarse a las cinco de la mañana intercalando las actividades con los descansos reglamentarios y fin de la jornada a las ocho de la noche. Esto inspiró a muchos, sobre todo a los de procedencia más humilde.

El 1847 Cabet hizo un llamado para construir una Icaria real desde la perspectiva de su Icaria ideal. Salió desde Francia con un grupo de expedicionarios para establecerse en tierras de Texas, junto al río Rojo. Como era de esperar su proyecto fracasó y los colonos volvieron e establecer la propiedad privada, de igual forma que en el pasado siglo XX, parte de un continente supo poner fin al paraíso ideal devenido en sistema totalitarista, y restableció la privatización y un nuevo orden basado en principios democráticos y de justicia.

Tratemos de resumir esta primera idea. Si vamos a referirnos a una “contribución duradera” hemos de limitarnos conceptualmente a una contribución totalmente teórica carente de sentido en el orden práctico, y esto no dejaría lugar para las disparatadas concepciones actuales acerca de una vigencia del marxismo y de toda posible aplicabilidad de la enseñanza marxista a los contextos sociales actuales. Dicho de otro modo, las grandes mayorías – que no necesariamente son siempre los desposeídos, iletrados y carentes de la capacidad de toma de decisiones por sí mismos- rechazan el socialismo. La divulgación de la dura realidad de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, y de los países que integraron el bloque comunista de Europa Oriental ha sido decisivo para que el resto del mundo asuma su responsabilidad de impedir cualquier posible retorno de regímenes totalitarios, cuyos líderes supremos dijeron que eran socialistas según los cánones marxistas, pero demasiado distantes de esa igualdad social a partir de la supresión de las diferencias de clases.

La situación puntual del acontecer de América Latina tiene sus peculiaridades, y tal vez lo abordemos en otro momento para no apartarnos demasiado de la idea eje del asunto de este segundo momento en relación con esa “contribución duradera” que hemos tomado como referente.

El NO definitivo al socialismo presupone la negación del legado marxista, y por lo tanto de la extinción de esa contribución social del legado del fundador del materialismo histórico.

Tratemos ahora, aunque de modo más resumido y siempre con el pretexto de volver a retomar la idea más tarde, el tema del “peligroso y delirante legado filosófico” de Marx, según las palabras del profesor coreano.

La mayoría de los defensores de los conceptos de José Martí contra el socialismo han centralizado toda su atención en su aguda crítica a partir de su comentario al ensayo La esclavitud futura del antropólogo inglés Herbert Spencer; pero muy pocos se han detenido a analizar la valoración que el autor de Versos Libres hizo del legado de Marx. Analizar no es sinónimo de mencionar, señalar o citar. En este sentido si se conoce y se utiliza la idea de manera general acerca de que Martí se refirió a Marx, a quien elogió en cierta medida, lo respetó en todo momento, pero le señaló su lado débil no solo con la célebre frase suya acerca de que Marx “anduvo de prisa, y un tanto en la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa”, con lo que se aproxima a la moderna idea del filósofo español Roberto Augusto acerca de que “los filósofos deben salir de la torre de marfil e intentar responder a los retos de nuestro tiempo”; sino a través de un concepto expresado en el citado escrito que dedicó a quien llamó el pensador más poderoso del mundo del trabajo, por motivo de su muerte ocurrida en 1883. 

En ese sentido José Martí precisó: “Karl Marx ha muerto. Como se puso del lado de los débiles, merece honor. Pero no hace bien el que señala el daño, y arde en ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando al daño. Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres. Indigna el forzoso abestiamiento de unos hombres en provecho de otros. Mas se ha de hallar salida a la indignación, de modo que la bestia cese, sin que se desborde, y espante. Ved esta sala: la preside, rodeado de hojas verdes, el retrato de aquel reformador ardiente, reunidor de hombres de diversos pueblos, y organizador incansable y pujante. La Internacional fue su obra: vienen a honrarlo hombres de todas las naciones. La multitud, que es de bravos braceros, cuya vista enternece y conforta, enseña más músculos que alhajas, y más caras honradas que paños sedosos. El trabajo embellece. Remoza ver a un labriego, a un herrador, o a un marinero. De manejar las fuerzas de la naturaleza, les viene ser hermosos como ellas”.

El Apóstol cubano con su sentido visionario y aquella agudeza crítica que lo caracterizó fue capaz de prever lo que representaría el socialismo, y lo hizo al analizar las bases teóricas de las doctrinas marxistas – que si las conocía, aunque algunos pretendan decir lo contrario. Que no fue un estudioso profundo de la obra de Marx, es cierto, pero esto no supone que ignorara su enseñanza-. Martí fue exacto con sus sentencias acerca de que “no hace bien el que señala el daño, y arde en ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando al daño”, así como: “Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres. Indigna el forzoso abestiamiento de unos hombres en provecho de otros”.

Y es que Marx incita al odio entre los hombres, al enfrentamiento entre unos y otros, al derrocamiento de una clase por la fuerza arremetedora de otra, lo que percibió José Martí, quien tuvo palabras de elogio, y lo respetó: “no fue sólo movedor titánico de las cóleras de los trabajadores europeos, sino veedor profundo en la razón de las miserias humanas, y en los destinos de los hombres, y hombre comido del ansia de hacer bien”, pero también le señaló con agudeza crítica su lado débil, esto es, el haber andado siempre en la sombra, como ya comenté antes, amén de haber hecho una propuesta demasiado violenta, algo que resulta patente en las siguientes palabras expresadas en su Manifest der Kommunistischen Partei, con las que cierro este segundo momento dedicado a comentar algunos aspectos acerca del legado de Karl Marx.

“Las relaciones burguesas resultan demasiado estrechas para contener las riquezas creadas en su seno. ¿Cómo vence esta crisis la burguesía? De una parte, por la destrucción obligada de una masa de fuerzas productivas; de otra, por la conquista de nuevos mercados y la explotación más intensa de los antiguos. ¿De qué modo lo hace, pues? Preparando crisis más extensas y más violentas y disminuyendo los medios de prevenirlas. Las armas de que se sirvió la burguesía para derribar el feudalismo se vuelven ahora contra la propia burguesía. Pero la burguesía no ha forjado solamente las armas que deben darle muerte; ha producido también los hombres que empuñarán esas armas: los obreros modernos, los proletarios”.

                                               Continuará.





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Mayo 16, 2018, 09:20:15 am por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.


                      Karl Marx, el misterio de un legado que se dispersa en el tiempo.
                                                            Primera Parte.
                                                Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


Las sociedades llamadas socialistas no han podido llegar jamás a esa eliminación de clases a la que hiciera referencia Marx, por cuanto desde la aparente igualdad pretendida surge siempre una clase dominante que arremete contra los estratos más desposeídos, algo que Marx en medio de su absolutismo socialista no fue capaz de prever, o prefirió ocultarlo.


                   


Santa Cruz de Tenerife. España.- El bicentenario del nacimiento del pensador alemán Karl Marx (Tréveris, Reino de Prusia, actual Alemania, 1818–Londres, Inglaterra, 1883), recordado este 5 de mayo, fue motivo para que muchos escritores, analistas políticos, filósofos, economistas, historiadores, y también algunos de dudosa clasificación por la superficialidad con que asumieron el tratamiento de la obra de alguien que, estemos o no de acuerdo con sus teorías acerca de luchas de clases, de proletarios convertidos en líderes, de burguesía explotadora, de capitalismo monopolista de estado, y como es lógico del paraíso terrenal que nos trató de describir en relación con el socialismo, sin duda, contribuyó al análisis teórico de una serie de concepciones de naturaleza filosófico-antropológicas, no solo de su tiempo, el siglo XIX, sino de manera general de hechos relacionados con el ámbito de las contradicciones de clases a través de la historia hasta llegar a sus días.

Una mirada al Manifest der Kommunistischen Partei, conocido de manera simplificada en castellano como El Manifiesto Comunista, proclama encargada por La Liga de los Comunistas entre 1847 y 1848, devenido luego en obra imprescindible de su autoría en unión con Federico Engels, nos permitirá conocer un análisis resumido de las divisiones de clases a través de las diferentes sociedades que precedieron al aun no consolidado capitalismo de su tiempo. 

“En las anteriores épocas históricas encontramos casi por todas partes una completa diferenciación de la sociedad en diversos estamentos, una múltiple escala gradual de condiciones sociales. En la antigua Roma hallamos patricios, caballeros, plebeyos y esclavos; en la Edad Media, señores feudales, vasallos, maestros, oficiales y siervos, y, además, en casi todas estas clases todavía encontramos gradaciones especiales. La moderna sociedad burguesa, que ha salido de entre las ruinas de la sociedad feudal, no ha abolido las contradicciones de clase. Únicamente ha sustituido las viejas clases, las viejas condiciones de opresión, las viejas formas de lucha por otras nuevas” (…) “De los siervos de la Edad Media surgieron los vecinos libres de las primeras ciudades; de este estamento urbano salieron los primeros elementos de la burguesía”.

Esta división de las sociedades en clases no resulta para nada novedosa toda vez que muchos siglos antes Platón (427 a.C.-347 a.C.), en La República, hizo una detallada exposición de las diferentes clases sociales en la antigua Grecia; aunque se limitó a la descripción del fenómeno social sin hacer ninguna propuesta concreta al considerar que lo que debía reinar era un grado de armonía entre todos los estratos sociales. Platón fue partidario de un orden en la sociedad basado en la tolerancia entre las clases sociales, pero jamás se pronunció por la abolición de dichas clases, en lo que al parecer ha tenido razón. Han pasado muchos  siglos y las sociedades de una u otra forma mantienen una estructura clasista, aun en aquellos países que dicen haber asumido la doctrina de Marx aplicada a lo que creyeron era un modelo socialista.
 
Las estrafalarias ideas comunistas basadas en la enseñanza de Marx han sido un verdadero y rotundo fracaso, o mejor aún, las sociedades llamadas socialistas no han podido llegar jamás a esa eliminación de clases a la que hiciera referencia Marx, por cuanto desde la aparente igualdad pretendida surge siempre una clase dominante que arremete contra los estratos más desposeídos, algo que Marx en medio de su absolutismo socialista no fue capaz de prever o prefirió ocultarlo.

De cualquier modo, hasta el presente ninguna nación ha logrado sobrevivir bajo la dominación de un sistema de tipo socialista toda vez que el fracaso de sus economías y el caos social las han llevado a su hundimiento definitivo. La desaparición de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS – que lejos de ser el soñado paraíso marxista, fue desde sus comienzos el prototipo de la represión, la exclusión, el dogmatismo, el desorden y la mala gestión estatal–, así como del llamado campo o bloque socialista de la Europa del este, constituyen ejemplos concretos del fracaso de un sistema social que al parecer solo pudo ser funcional en el pensamiento de Karl Marx.
 
José Mujica, político de reconocida militancia en la izquierda moderna y expresidente de Uruguay hace unos meses afirmó: "No estoy de acuerdo con la dictadura del proletariado ni con ninguna dictadura" (…) "con lo que ha pasado en la historia, con lo que pasó con la burocracia soviética uno saca conclusiones" (…) "la dictadura del proletariado como que no, porque el proletariado termina no teniendo nada y la dictadura mucho" (…) "da la impresión de que surge una nueva clase, que es la burocracia”.

Esta concepción de Platón acerca de un estado de armonía entre las clases sociales fue asumido, en cierta medida, por los socialistas utópicos tan criticados y citados de manera despectiva por Marx, quien los consideró demasiado pasivos al no reconocer lo que él creyó una posible solución para la desaparición de las desigualdades, esto es, el enfrentamiento entre la burguesía y el proletariado, que de modo más generalizado se le resume como la lucha de clases mediante la cual, finalmente el proletariado alcanzaría su reinado definitivo con la instauración de lo que llamó la dictadura del proletariado. Según Marx “no advierten del lado del proletariado ninguna iniciativa histórica, ningún movimiento político propio”, refiriéndose a los socialistas utópicos.

No obstante, fue capaz de reconocer lo que en el orden teórico aportaron figuras como Saint-Simon, Fourier, Owen, entre otros, que se destacaron dentro del Socialismo Utópico; aunque al final de una u otra forma los ataca sobremanera. Las siguientes ideas tomadas de El Manifiesto del Partido Comunista así lo demuestran.

“Sus tesis positivas referentes a la sociedad futura, tales como la supresión del contraste entre la ciudad y el campo, la abolición de la familia, de la ganancia privada y del trabajo asalariado, la proclamación de la armonía social y la transformación del Estado en una simple administración de la producción; todas estas tesis no hacen sino enunciar la eliminación del antagonismo de clase, antagonismo que comienza solamente a perfilarse y del que los inventores de sistemas no conocen todavía sino las primeras formas indistintas y confusas. Así, estas tesis tampoco tienen más que un sentido puramente utópico” (…) “Poco a poco van cayendo en la categoría de los socialistas reaccionarios o conservadores descritos más arriba y sólo se distinguen de ellos por una pedantería más sistemática y una fe supersticiosa y fanática en la eficacia milagrosa de su ciencia social. Por eso se oponen con encarnizamiento a todo movimiento político de la clase obrera, pues no ven en él sino el resultado de una ciega falta de fe en el nuevo evangelio”.

Esta modalidad de especulación tan sui generis en la obra de Marx, tan limitada al aspecto social, y de modo muy particular a estos escabrosos temas relacionados con enfrentamientos entre unos y otros, con la instauración de un nuevo orden mundial, con una utópica distribución equitativa de lo producido, entre otras tantas concepciones, hipótesis y postulados hacen que sea un tanto difícil clasificar o ubicar a Marx en determinado campo o esfera del saber – independientemente de que no se limitó exclusivamente a estos temas, aunque si son los que predominan en su obra y los que más han trascendido e influenciado en las sociedades modernas–.

Como filósofo propiamente dicho, tal vez si hubiera vivido en nuestros días, o al menos durante una parte del pasado siglo XX, su ubicación dentro de la filosofía sería menos discutida dada la tendencia de los filósofos de la contemporaneidad a distanciarse cada vez más de aquellas abstracciones que durante siglos dominaron el pensamiento especulativo de la filosofía.

Hoy se prefiere que los filósofos estén más cerca de la gente, de sus problemas, de sus necesidades y de sus posibles soluciones –como si retornáramos a Sócrates y al Estoicismo–. “Los filósofos deben salir de la torre de marfil e intentar responder a los retos de nuestro tiempo” (…) “Necesitamos menos endogamia y academismo estéril, más filósofos y menos eruditos”,  acaba de afirmar el filósofo español Roberto Augusto, licenciado y doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona.
 
Esta tendencia los aleja un tanto de aquel excesivo especular sobre los misterios del universo y del qué, cómo y por qué, que durante siglos ocupó el centro de la investigación; aunque más alejados de Aquella Realidad incomprensible y más allá de toda posible especulación, pero como es lógico sin apartarse del todo de las escabrosas incógnitas acerca de nuestra existencia toda vez que no se concibe a un filósofo incapaz de hacer una disertación acerca de las modalidades elementales de la supuesta expresión de Aquella Realidad Absoluta en sí, que siendo Absoluta contiene esencialmente a todos los seres, y por lo tanto resume todos sus designios, incluidas las citadas contradicciones de las sociedades por las que tanto se preocupó Marx.

Pero concretamente Marx vivió en el siglo XIX, y para su suerte, aunque al propio tiempo esto ahora es una desventaja, en la Alemania de Hegel Schelling, Fichte, Kant, Feuerbach, Krause, y otros tantos un tanto olvidados, pero que en su tiempo aportaron y conformaron corrientes de pensamiento y verdaderas escuelas filosóficas hasta ahora insuperables. Insisto en la idea, por cuanto el dogmatismo socialista pretendió dar una supremacía al Marxismo, llegando a establecerse clasificaciones de un antes y un después del Marxismo, asumiendo casi de manera exclusiva esta modalidad para explicar de modo demasiado sintético, y siempre desde las concepciones críticas de los fundadores, el resto de la filosofía.
   
Marx precisamente no “encaja” – un término demasiado feo para ser utilizarlo en el análisis filosófico, pero no soy filósofo, sino maestro, y los que me leen me podrán comprender mejor–  en esa cuna del saber, de la especulación y de la abstracción teórica de sus contemporáneos o de los que le precedieron, y de los que el propio Marx en sus años mozos bebió directamente, y hasta se apasionó sobremanera por sus enseñanzas, muy especialmente por la de Hegel, aunque como ya se sabe, luego entró en contradicción, no solo con Hegel, sino con la mayoría de los teóricos de su tiempo.
 
No obstante, fue incluido dentro de la filosofía, y lo peor, en una modalidad que trascendió luego como Filosofía Marxista, y más tarde al ser asumidos sus postulados por el ruso Vladímir Ilich Lenin para su aplicación en el primer estado socialista de mundo se convertiría en Filosofía Marxista-Leninista, el paradigma del pensamiento de los países a los que se les impuso el comunismo por la fuerza, cuando en realidad no se trata de una escuela de pensamiento, sino de un apéndice dentro de la filosofía, y en mi opinión muy particular, dentro de la antropología social – de hecho, se reconoce la Antropología Marxista, junto a otras modalidades como la escuela culturalista de los Estados Unidos, el Funcionalismo Estructural, el Estructuralismo Antropológico, el Procesualismo, el Indigenismo, entre otras tendencias dentro de la Antropología–,  más que en la filosofía propiamente dicha, aunque esto origine cierta polémica y desacuerdos a los que no me enfrentaré por no interesarme la polémica y las discusiones.

De ahí que al inicio de este escrito – en sí por su forma una conferencia para ser dictada– expresé cuando me referí a Marx que era un pensador, término que permite incluir a muchos hombres que se destacaron por su sabiduría, sus aportes, su elocuencia, sus conocimientos, etc., y que no está utilizado de manera despectiva por aquello de excluirlo de la filosofía propiamente dicha, como sucede con frecuencia cuando consultamos obras de Historia de la Filosofía, Diccionarios Enciclopédicos sobre estas materias o Diccionarios especializados en Filosofía, en los que no figura Marx, y como es de suponer tampoco Engels, demasiado subestimado a pesar de que nos dejó algunas obras como su Dialéctica de la Naturaleza, que merecen figurar en las antologías filosóficas.
         
Retomando el tema de la polémica respecto al tratamiento de algunos de los escritos que aparecieron por motivo del aniversario 200 de su natalicio utilizaré como referencia ahora uno correspondiente al filósofo de Corea del Sur Jason Barker, profesor adjunto de Filosofía en la Universidad Kyung Hee de dicho país y autor de la novela Marx Returns. Barker defiende la idea de que Marx “no ofrece una fórmula universal para promulgar el cambio social”[/i], lo que hasta cierto punto es cierto.
 
Pero esto de la fórmula universal puede asumirse desde varios puntos de vista. La primera vez que lo leí pensé que estaba totalmente de acuerdo con el profesor coreano, toda vez que interpreté que Marx no daba – según este autor– una solución real desde el punto de vista práctico a aquellos conflictos sobre los que teorizó sobremanera, coincidiendo aparentemente con mi hipótesis acerca de que el análisis especulativo de Marx respecto a los antagonismos de clases a través de las diferentes sociedades hasta llegar a su presente, esto es, dentro del contexto de la sociedad capitalista aun no consolidada, es correcto por su coherencia y su sentido; pero en realidad su propuesta de posible solución es la que resulta insostenible.

Una segunda lectura y análisis de la propuesta de Barker me hace ver las cosas de un modo diferente. ¿Es que acaso cree que Marx si ofreció pautas de solución con aplicabilidad en el orden práctico, aunque no con un carácter universal, es decir, no aplicable por igual a todo tipo de contexto? De ser así, entonces el filósofo contemporáneo coreano es defensor de la idea de que lo que propone Marx tiene sentido como solución a las contradicciones clasistas, y aún más, a la desaparición de clases en las sociedades, algo que Marx expuso con firmeza en su Manifiesto Comunista cuando expresó: “La burguesía no ha forjado solamente las armas que deben darle muerte; ha producido también los hombres que empuñarán esas armas: los obreros modernos, los proletarios”.

Es entonces justamente donde contradice su defensa acerca de esa solución a través de una fórmula no universal, toda vez que Marx insiste en la aniquilación de la burguesía solo mediante el levantamiento armado de los proletarios, con lo que se aparta de la actitud pacifista, conservadora, pero plena de tolerancia y de armonía que proclamaron los socialistas utópicos modernos.
 
No obstante, Barker parece contradecirse, en el supuesto caso de que defienda la “solución práctica” de Marx – lo que presupone la defensa de su legado final–, por cuanto al propio tiempo se cuestiona: “En este bicentenario del nacimiento de Marx, ¿qué lecciones podríamos obtener de su peligroso y delirante legado filosófico? ¿Cuál sería exactamente la contribución duradera de Marx?”

Y esto merece analizarse detenidamente. Ya no se trata de una primera y segunda lecturas que nos permitan descifrar si es que al final Marx dio o no una posible solución práctica para los grandes males de las sociedades, o si es que esta solución no resulta aplicable a todas las sociedades y contextos de igual modo.

Ahora se trata de un legado filosófico que considera delirante y peligroso, amén de un cuestionamiento acerca de su contribución duradera. Veamos pues estos aspectos en un segundo momento.     

                                               (Continuará)


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Mayo 08, 2018, 06:56:24 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.


              Madame Blavatsky. Un mito más poderoso que su sabiduría y beatitud.
       A propósito del Día del Loto Blanco. Aniversario de la muerte de madame Blavatsky.
                                            Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


Santa Cruz de Tenerife. España.- Entrar en contacto con la Teosofía fue la posibilidad de adentrarme en un mundo nuevo, y como lo nuevo suele ser desconocido, y todo lo desconocido motiva la búsqueda de su conocimiento, pues sucedió el hechizo de manera similar a los que como yo – por aquellos tiempos muy joven y siempre lleno de inquietudes intelectuales– supieron de la posible realidad de la existencia de vidas pasadas y futuras, de las implicaciones de tus acciones pretéritas en tu presente y designios del futuro, que no estamos solos en el universo, y hasta de la posibilidad de que un conjunto de criaturas angélicas no visibles para la vista humana, aunque perceptibles para muchos místicos, intuitivos o psíquicos, marchen de manera paralela a la evolución humana por estos mundos.
 
Si bien fue una dicha conocer de la existencia de este tipo de conocimiento, fue una dicha aun mayor haberlo trascendido, esto es, no haberme quedado anclado entre lunáticos y gente rara que prefería hablar de los espíritus y de lo que fueron en sus vidas pasadas, amén de haber cambiado el culto a las imágenes cristianas por adoración a unos supuestos maestros del lejano oriente, que era en realidad el tipo de temas que se prefería debatir en los círculos de simpatizantes y afiliados de la Sociedad Teosófica, la institución que se supone fuera fundada para el estudio serio de las leyes aparentemente inexplicables de la naturaleza, los puntos comunes que enlazan de una manera u otra a todas las religiones y sistemas filosóficos del mundo, amén de fomentar un núcleo de fraternidad universal sin distinciones de ningún tipo


Pero la realidad era otra. Dejando a un lado los nobles ideales que contribuyen a la hermandad entre los hombres y el estudio serio y sistemático de las materias que propuso la fundadora de dicha sociedad, sus miembros y simpatizantes, que al parecer jamás comprendieron la esencia de la obra de la mística maestra fundadora, se dedicaron a cualquier otro asunto inmersos en la trivialidad, la ostentación, y el sensacionalismo; nada más alejado que los propósitos que originalmente tuvieron los que se congregaron en torno a la venerada dama de origen ruso, cuyo aniversario de su muerte hemos de recordar hoy 8 de mayo, según los teósofos el día del Loto Blanco.
 
La Teosofía predicada por Helena Petrona Blavatsky (12 de agosto de 1831–8 de mayo de 1891) en su forma original, tal y como ella la presentó en sus extraordinarias obras Isis sin Velo y Doctrina Secreta, entre otras, sigue y seguirá por muchos años cautivando a muchos entre los que me cuento; pero lo que se ha estado haciendo con la primigenia enseñanza de la que considero una verdadera maestra y mística de nuestros tiempos, a través de la sociedad por ella fundada en 1875 en New York para la difusión de este conocimiento, es lo que dejó de convencerme, por cuanto los que le continuaron simplificaron demasiado su legado con fines de popularizar lo que no admite popularización.
 
A Blavatsky se le comprende o no. Si se logra interiorizar un determinado aspecto de su pensamiento y otra gran parte resulta incomprensible dado el grado de abstracción de lo que pretende presentarnos, amén de su lenguaje rebuscado e inmerso en un extraordinario barroquismo, entonces hemos de estar satisfechos. Lo que no pudo comprenderse con una primera lectura y estudio ulterior, tal vez se logre entender más tarde. No es necesario tener una asimilación de cada detalle sino lograr una percepción abarcadora de su exposición que pueda conducirnos a una interiorización general de lo que ella misma consideró incompleto e imperfecto. 

Tal vez si no se le hubiera asociado tanto con el ocultismo, y se hubiera insistido demasiado en aquellas propiedades sensoperceptivas, que más allá de lo que se considera dentro de la normalidad, se le atribuyeron desde siempre, el destino de su enseñanza hubiera sido otro. En mi opinión mucho más favorecedor toda vez que hubiera alejado a cientos de hombres ignorantes interesados en el descubrimiento de los fenómenos psíquicos con los que siempre se le asoció; pero bien distantes de poder adentrarse en el vasto mundo de los manvântaras y pralayas como ejes del equilibrio de la existencia de un conjunto de mundos que se alternan en apariciones continuadas y renovadas en virtud de la ley; o en la asimilación de Aquel Principio Omnipotente Eterno, sin límites sobre el cual toda especulación es imposible; así como esa necesaria identidad de todas las almas con el Alma Suprema Universal, sin cuya interiorización jamás podrá llegarse a concretar la noble idea de un núcleo de fraternidad universal. 


             

             Su mito resultó más poderoso y atrayente que su sabiduría y su beatitud.

Su mito resultó más poderoso y atrayente que su sabiduría y su beatitud. De ahí que en todo evento, simposio, convención o congreso donde se haga referencia a la erudita y mística rusa se evoquen sus famosos poderes psíquicos y mediumnísticos – que al parecer fueron una realidad y sería injusto suprimir a modo de censura por considerarlos intrascendentes dada la grandeza de su enseñanza en relación con aquellos conocimientos de los que estaba en plena posesión– dejando muchas veces el verdadero sentido de su enseñanza a un lado.
 
Una vez que me alejé para siempre de este medio estereotipado y estigmatizado, y tan dogmático y supersticioso como cualquiera de las religiones en su forma exotérica o de presentación externa vulgarizada para todos –aunque los agrupados en la llamada Sociedad Teosófica dicen ser liberales, librepensadores y carentes de dogmas–, me interesé mucho más por la filosofía, sin dejar de seguir estudiando y consultando la obra de Blavatsky. Esto me hizo comprender mejor a la maestra y situarla con justicia en el lugar que le corresponde, esto es, de manera independiente y bien distante de todo lo que vino después y que solo contribuyó a desvirtuar el verdadero sentido de un conocimiento de carácter trascendental, cuya originalidad nadie podrá jamás ponerla en duda.
 
Pero en este punto me surge una interrogante. ¿Por qué no es incluida definitivamente Madame Blavatsky entre los filósofos y sus doctrinas vistas como corrientes de pensamiento? Esto sería decisivo para poner un punto final al desacertado capítulo de la mujer que materializó objetos o que se comunicó con venerados maestros orientales que le dictaban parte de lo que escribía en sus obras.
   
¿Qué no fundó escuela de pensamiento o corriente filosófica? ¿Qué no se dedicó a la predicación de la filosofía y no sentó cátedra en este sentido? Es cierto hasta un punto. No fundó sistemas o escuelas de pensamiento; pero si fue capaz de unificar y reunir un inconmensurable volumen de conocimientos procedentes de todas partes del mundo, tanto del oriente con las tradicionales escuelas filosóficas de la India, así como de las tradiciones tibetanas, nepalíes y chinas, como del occidente con lo mejor del pensamiento de los más grandes filósofos, sabios y místicos tanto del remoto pasado como de su tiempo. Sus dos magnas obras, Isis sin Velo y Doctrina Secreta, así lo demuestran.

La predicación – aplicado este término en su sentido más figurativo, esto es, dedicarse a enseñar y difundir– de la filosofía propiamente dicha pudiera ponerse en duda. No obstante, me pregunto si acaso la existencia de sus grandes obras no han contribuido a la promoción no solo de la filosofía, sino de la ciencia y de la religión.

Su misión en el mundo tal vez fue otra. Más allá de la especulación teórica se propuso demostrar la existencia de Dios no solo por la vía del misticismo tradicional; sino incorporando elementos de la ciencia de su tiempo – segunda mitad del siglo XIX–, asumidos e interpretados desde una perspectiva filosófica. De ahí que su obra cumbre La Doctrina Secreta sea considerada justamente una síntesis de filosofía, ciencia y religión.

Pero detengámonos en las siguientes palabras tomadas de su obra Isis sin Velo, publicada en 1877, las que nos permiten hacer una valoración certera para llegar a comprender su grandeza espiritual:
 
“Hace años, cuando en mi primer viaje por Oriente visité sus desiertos santuarios, me preocupaban dos cuestiones que sin cesar oprimían mi mente: ¿Dónde está, QUIÉN y QUÉ es DIOS? ¿Quién vio jamás el ESPÍRITU inmortal del hombre, para asegurar la inmortalidad humana? Precisamente cuando con más ansia pretendía resolver tan embarazosos problemas, trabé conocimiento con ciertos hombres que por sus misteriosos poderes y profunda ciencia merecen, sin disputa alguna, el calificativo de sabios de Oriente. Viva atención presté a sus enseñanzas. Me dijeron que, combinando la ciencia con la religión, pueden demostrarse la existencia de Dios y la inmortalidad del espíritu humano tan fácilmente como un postulado de Euclides. Por vez primera adquirí la seguridad de que la filosofía oriental sólo cabe en la fe absoluta e inquebrantable en la omnipotencia del Yo inmortal del hombre. Aprendí que esta omnipotencia procede del parentesco del espíritu del hombre con Dios o Alma Universal. Este, dicen ellos, sólo puede demostrarlo aquél. El espíritu del hombre es prueba del Espíritu de Dios, como una gota de agua es prueba de la fuente de donde procede. Si a un hombre que nunca haya visto agua, le decís que existe el océano, deberá creerlo por la fe o rechazarlo por completo. Pero dejad que caiga una gota de agua en su mano, y ya tendrá un hecho, del cual infiera lo demás, y podrá luego comprender poco a poco la existencia de un océano ilimitado e insondable. La fe ciega dejará de ser una necesidad para él, pues la habrá substituido con el CONOCIMIENTO. Cuando un hombre mortal despliega facultades inmensas, domina las fuerzas de la naturaleza y dirige la vista al mundo del espíritu, la inteligencia reflexiva queda abrumada por la convicción de que si a tanto alcanza el Yo espiritual de un hombre, las facultades del ESPÍRITU PADRE han de ser comparativamente tan inmensas en magnitud y potencia como el océano respecto a una simple gota de agua. Ex nihilo nihil fit. ¡Demostrad la existencia del alma humana por sus maravillosas facultades y demostraréis la existencia de Dios! En nuestros estudios, aprendimos que los misterios no son tales y nos cercioramos de la realidad de nombres y lugares que los occidentales diputan por fabulosos. Devotamente nos dirigíamos en espíritu al interior del templo de Isis, en Sais, para levantar el velo de “la que fue, es y será”; para mirar a través de la desgarrada cortina del Sancta Sanctorum en Jerusalén y a interrogar a la misteriosa Bath–Kol* en las criptas del sagrado edificio. La Filia–Vocis, la hija de la voz divina, respondía tras el velo desde el propiciatorio, ** y la ciencia, la teología y toda hipótesis humana nacida de conocimientos imperfectos, perdían para siempre ante nuestros ojos su carácter autoritario. El Dios vivo habló por medio del hombre su único oráculo. Estábamos satisfechos. Semejante saber es inapreciable y sólo ha permanecido oculto para quienes lo desdeñaban, ridiculizaban o negaban.” ***

Hoy en muchas partes del mundo se estarán leyendo fragmentos del libro La Luz de Asia del poeta inglés Sir Edwin Arnold, y una Estancia del Sagrado Bhagavad Gita, parte del gran poema místico-épico Mahabharata. El primero narra algunos aspectos de la vida y de la obra del Príncipe Siddhartha-Gautama, considerado en las tradiciones budistas como el Buda, esto es, el Iluminado. El segundo cuenta el diálogo entre Krishna, considerado en la antigua India como un avatar de Vishnú, la mismísima divinidad, y Arjuna el príncipe de los Pandavas, convertido en su fiel discípulo. Dicho diálogo ha pasado a la posteridad como el coloquio entre Krishna y Arjuna. Según se dice, la propia Blavatsky en un acto de humildad expresó su deseo que de ser recordada en el día de su muerte se hiciera no estudiando su enseñanza, sino leyendo fragmentos de estas obras, a las que se le añade en ocasiones alguna selección de su obra de tipo mística La Voz del Silencio.

De cualquier modo, los que no asistimos a instituciones espiritualistas ni religiosas de ningún tipo la recordamos en lo más profundo de nuestro ser. Cada cual a su manera y como sepa y pueda hacerlo. Yo preferí evocarla hoy de este modo por considerar que la gran sacerdotisa – como la llamó el cubano José Martí– lo merece. 
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*En el judaísmo bat kol o bat ḳōl (en hebreo : בּת קול, literalmente "hija de la voz", "voz de Dios") es una "voz celestial o divina que proclama la voluntad o el juicio de Dios".  En el período de Tannaim (c 100 BCE-200 CE) el término era de uso muy frecuente y se entendía que significaba no la voz directa de Dios, que se consideraba supersensible, sino el eco de la voz (bat kol  siendo algo arbitrariamente tomado para expresar la distinción). Los rabinos sostuvieron que el bat kol había sido un medio ocasional de comunicación divina a lo largo de toda la historia de Israel y que desde el cese del don profético era el único medio de la revelación divina.

**Lightfoot asegura que esta voz, tenida antiguamente por testimonio del cielo, “se debía al arte mágico”. Este último término se usa como expresión supersticiosa, porque ha sido y es todavía mal comprendido. EI objeto de esta obra (Isis sin Velo), es corregir las opiniones erróneas, en lo que se refiere al arte mágico. Tomado de la nota al pie del prefacio de “Isis sin Velo”. Obras completas en español de H.P.B., en formato digital. Edición a cargo de la editorial teosófica de Barcelona.

***Tomado del prefacio de “Isis sin Velo”. Pp. 4-5. Obras completas en español de H.P.B., en formato digital. Edición a cargo de la editorial teosófica de Barcelona.



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Mayo 06, 2018, 07:43:52 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                                   La filosofía en la universidad española
                                                por antonioguerrero


He estudiado filosofía en la universidad durante nueve años, cuatro de la carrera y cinco haciendo un doctorado, en dos facultades diferentes: en Palma de Mallorca y en la UB, en Barcelona. Muchos son los buenos profesores que me he encontrado y he podido aprender de todos ellos. Sin embargo, también he de decir que el margen de mejora es enorme. Hay que cambiar para adaptarse a los nuevos tiempos, aunque eso suponga acabar con viejas tradiciones muy arraigadas.

                             Por Roberto Augusto, filósofo


             


Mi primera crítica es al excesivo historicismo de los estudios académicos. No se enseña filosofía, sino historia de la filosofía occidental. Según mi parecer, los problemas y conceptos fundamentales del pensamiento filosófico deberían ser el eje de los estudios académicos, no las corrientes, los autores y los sistemas.

El canon oficial es demasiado limitado. Parte de un modelo base cronológico impuesto por Hegel donde se supone que todo empieza en Grecia, después filosofía romana (poco), Edad Media (Santo Tomás, San Anselmo y San Agustín), Renacimiento (Maquiavelo, Bruno y algún otro), empiristas, racionalistas, idealistas y filosofía contemporánea. Es un planteamiento eurocéntrico donde los autores son los protagonistas. Una visión cronológica no me parece la más adecuada, porque no se puede decir que unos sistemas dejan obsoletos a los otros, tal como sucede con la ciencia. Newton supera la física de Aristóteles, pero no podemos decir que Heidegger supera a Platón porque sea posterior. Unos estudios académicos que asuman este modelo base, tal como sucede en las universidades españolas, no ayudan a la filosofía, la convierten en un saber historicista que sigue un modelo obsoleto.

“Los problemas y conceptos fundamentales del pensamiento filosófico deberían ser el eje de los estudios académicos, no las corrientes, los autores y los sistemas”

¿Profesores de universidad filósofos?

Mi segunda crítica es contra la excesiva especialización de los profesores universitarios. La mayoría de ellos se dedica básicamente al comentario de texto de los autores clásicos. ¿Cuántos profesores de los que hay en las facultades pueden ser calificados de filósofos? Muy pocos. Los que investigan (muchos ni escriben) lo que hacen son artículos que engordan su currículum pero que son irrelevantes. En las facultades de filosofía españolas (y supongo que en el resto del mundo es igual) se genera toda una literatura gris que nada aporta. ¿Cuántos libros se han escrito sobre el concepto de areté en Platón? ¿Es necesario escribir una y otra vez sobre lo mismo en revistas que nadie lee? Existe tanta bibliografía sobre los grandes autores clásicos que necesitaríamos varias vidas para leer toda la que un solo filósofo ha generado. No creo sinceramente que esto ayude al avance del pensamiento, aunque sirve para conseguir cátedras universitarias. Lo mismo que podemos decir de las publicaciones especializadas de filosofía lo podemos decir de los congresos. Hace años solía ir a muchos. Con el tiempo dejé de hacerlo. Ver siempre a las mismas personas hablar de lo mismo produce mucho cansancio y aburrimiento.

Hay que ser más atrevidos. Lanzarnos a intentar pensar por nosotros mismos. Algunos me critican que me defina como filósofo. ¿Cómo te atreves? ¿Quién te has creído que eres?, me dicen. Pienso que he escrito lo suficiente y que tengo un pensamiento propio que merece ese apelativo. Y si no me lo merezco tampoco pasa nada. No creo que se deba haber escrito cuarenta libros y estar en la historia del pensamiento para merecer ser llamado así. Lo relevante es el deseo de desarrollar una visión original que sea algo más que el comentario de lo dicho por otros. Necesitamos más personas que no se dejen intimidar por la palabra “filósofo”. Hacen falta menos historiadores y especialistas y más pensadores que intenten responder a los problemas básicos de la existencia humana sin ser sólo el eco de lo dicho por otros.

“Hacen falta más pensadores que intenten responder a los problemas básicos de la existencia humana sin ser sólo el eco de lo dicho por otros”

Los filósofos deben salir de la torre de marfil

La filosofía en la universidad española vive inmersa en un academicismo estéril que la está asesinando poco a poco. Es normal que cada vez haya menos estudiantes, que las facultades sean un geriátrico con un profesorado envejecido que sólo se dedica a hacer traducciones y comentarios de textos. Los filósofos deben salir de la torre de marfil e intentar responder a los retos de nuestro tiempo. Si no lo hacemos nos enfrentamos a una lenta decadencia que acabará con los estudios académicos de filosofía, que terminarán convertidos en una parte de una carrera genérica de Humanidades y en algún máster con pocos alumnos. En diez o quince años, cuando la mayoría de los catedráticos y profesores titulares se jubile, podemos enfrentarnos a una fulminación de la filosofía en la universidad, a su completo arrinconamiento y marginación. Necesitamos menos endogamia y academismo estéril, más filósofos y menos eruditos.

Sobre el autor
Roberto Augusto
(1978) es licenciado y doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona. Ha publicado dos libros: El nacionalismo ¡vaya timo! y En defensa del ateísmo, ambos editados por Laetoli. Es el fundador de Letra minúscula, una empresa de servicios editoriales especializada en el mundo de la autoedición.

Fuente:

https://blogs.herdereditorial.com/filco/la-filosofia-en-la-universidad-espanola/


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Mayo 06, 2018, 07:29:53 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.


                                                     Karl Marx, ¡tenías razón!
                                                      Por JASON BARKER



               


SEÚL, Corea del Sur — El 5 de mayo de 1818, en la ciudad sureña de Tréveris, Alemania, ubicada en la pintoresca región vinícola del valle del Mosela, nació Karl Marx. En esa época, Tréveris era diez veces más pequeña que ahora, que tiene una población cercana a los 12.000 habitantes. Según uno de los biógrafos recientes de Marx, Jürgen Neffe, Tréveris es una de esas ciudades donde “aunque no todos se conocen, hay muchas personas que saben bastante de los demás”.

Estas restricciones provinciales no iban con el ilimitado entusiasmo intelectual de Marx. Fueron pocos los pensadores radicales de las principales capitales europeas de su época que no conoció o con quienes no rompió por motivos teóricos, entre ellos sus contemporáneos alemanes Wilhelm Weitling y Bruno Bauer; el “socialista burgués” de Francia Pierre-Joseph Proudhon, como lo etiquetaron Marx y Friedrich Engels en su libro El manifiesto comunista, y el anarquista ruso Mikhail Bakunin.

En 1837, Marx se negó a seguir la carrera de leyes que su padre —quien era abogado— había planeado para él y, en cambio, se sumergió en la filosofía especulativa de Georg Wilhelm Friedrich Hegel en la Universidad de Berlín. Se podría decir que a partir de ahí todo fue de mal en peor. El gobierno prusiano y su conservadurismo profundo no vieron con buenos ojos ese tipo de pensamiento revolucionario (la filosofía de Hegel proponía un Estado liberal racional) y, para inicios de la siguiente década, la trayectoria académica de profesor universitario que Marx escogió había sido bloqueada.

Si alguna vez pudiera haber una argumentación convincente para demostrar los peligros de la filosofía, sin lugar a duda sería el descubrimiento que hizo Marx de Hegel, cuya “melodía grotesca y escabrosa” le causó repulsión en un principio, pero pronto lo tendría bailando delirante por las calles de Berlín. En una carta de noviembre de 1837, escrita con la misma exaltación, Marx le confesó a su padre: “Quería abrazar a todas las personas que estaban paradas en la esquina”.

En este bicentenario del nacimiento de Marx, ¿qué lecciones podríamos obtener de su peligroso y delirante legado filosófico? ¿Cuál sería exactamente la contribución duradera de Marx?

En la actualidad, parecería que su legado está vivo y en buena forma. Desde el inicio del milenio, han surgido una cantidad incalculable de libros, desde trabajos académicos hasta biografías populares, en los cuales se respalda en términos generales la lectura que Marx hizo del capitalismo y su relevancia imperecedera para nuestra época neoliberal.

En 2002, en una conferencia en Londres a la que asistí, el filósofo francés Alain Badiou declaró que Marx se había convertido en el filósofo de la clase media. ¿Qué quiso decir? Creo que su intención fue señalar que, en estos días, la opinión liberal y educada coincide de forma más o menos unánime en que la hipótesis básica de Marx es correcta: el capitalismo es impulsado por una lucha de clases profundamente divisiva en la que la clase minoritaria en el poder se apropia del excedente de mano de obra de la clase trabajadora mayoritaria, a manera de ganancia. Incluso economistas liberales como Nouriel Roubini aceptan que la convicción de Marx de que el capitalismo tiene una tendencia inherente a autodestruirse sigue siendo tan profética como lo fue desde un inicio.

Sin embargo, en este punto se termina la unanimidad de forma abrupta. Aunque la mayoría coincide con el diagnóstico del capitalismo que ofreció Marx, las opiniones para encontrar la manera de tratar su “trastorno” están absolutamente fraccionadas. Además, en este punto radican la originalidad y la gran importancia de Marx como filósofo.

Primero que nada, seamos claros: Marx no llegó a una fórmula mágica para poder abandonar las enormes contradicciones sociales y económicas que conlleva el capitalismo global (según Oxfam, en 2017, el 82 por ciento de la riqueza en el mundo fue a parar en manos del uno por ciento más rico del planeta). No obstante, lo que Marx sí consiguió por medio de su pensamiento materialista fue obtener las armas críticas para socavar la declaración ideológica del capitalismo que lo muestra como la única opción.

En El manifiesto comunista, Marx y Engels escribieron lo siguiente: “La burguesía despojó de su halo de santidad a todo lo que antes se tenía por venerable y digno de piadoso acontecimiento. Convirtió en sus servidores asalariados al médico, al jurista, al poeta, al sacerdote, al hombre de ciencia”.

Marx estaba convencido de que el capitalismo los convertiría en reliquias. Por ejemplo, los avances que se están logrando en los diagnósticos médicos y las cirugías gracias a la inteligencia artificial corroboran el argumento de El manifiesto… según el cual la tecnología iba a acelerar en gran medida la “división del trabajo” o la desprofesionalización de esas carreras.

Para entender de mejor manera cómo fue que Marx logró un impacto mundial tan duradero —uno que podría ser más importante y tener mayor alcance que el de cualquier otro filósofo anterior o posterior a él—, podemos empezar con su relación con Hegel. ¿Qué tenía el trabajo de Hegel que cautivó de tal forma a Marx? Como le informó a su padre, los primeros encuentros con el “sistema” de Hegel —que se construye a sí mismo mediante la superposición de negaciones y contradicciones— no lo habían convencido en su totalidad.

Marx descubrió que los idealismos de finales del siglo XVIII de Immanuel Kant y Johann Gottlieb Fichte que dominaban el pensamiento filosófico a inicios del siglo XIX daban tanta prioridad al pensamiento mismo, que se sostenía que se podía inferir la realidad por medio del razonamiento intelectual. Sin embargo, Marx se rehusó a respaldar la realidad que proponían esos pensadores. En un giro irónico al estilo hegeliano, era todo lo contrario: el mundo material determinaba todo el pensamiento. Como Marx lo menciona en su carta: “Si los dioses habían habitado antes por encima del mundo, ahora se habían convertido en su centro”.

La idea de que Dios —o los “dioses”— moraban entre las masas, o estaban “en” ellas, por supuesto que no era nada nuevo en términos filosóficos. No obstante, la innovación de Marx fue poner de cabeza la deferencia idealista, no solo ante Dios, sino ante cualquier autoridad divina. Mientras que Hegel no quiso ir más allá de la defensa del Estado liberal racional, Marx dio un paso más adelante: como los dioses ya no eran divinos, no había necesidad de un Estado.

El concepto de la sociedad sin clases y sin Estado definiría las ideas que tenían del comunismo tanto Marx como Engels y, por supuesto, la historia ulterior y atribulada de los “Estados” comunistas (¡qué ironía!) que se materializaron durante el siglo XX. Aún queda mucho por aprender de esos desastres, pero su relevancia filosófica permanece incierta, por decir lo menos.

El factor clave del legado intelectual de Marx en nuestra sociedad actual no es su “filosofía”, sino su “crítica”, o lo que describió en 1843 como “la crítica despiadada de todo lo existente, despiadada tanto en el sentido de no temer los resultados a los que conduzca como en el de no temerle al conflicto con aquellos que detentan el poder”. Marx escribió en 1845: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.

La opresión racial y sexual se han añadido a la dinámica de la explotación de clases. Los movimientos que luchan por la justicia social, como Black Lives Matter y #MeToo, tienen una especie de deuda tácita con Marx por su búsqueda sin remordimientos de las “verdades eternas” de nuestros días. Estos movimientos reconocen, como lo hizo Marx, que las ideas que rigen cada sociedad son las de su clase dirigente y que derrocar esas ideas es fundamental para el verdadero progreso revolucionario.

Nos hemos acostumbrado al mantra entusiasta que señala que para efectuar un cambio social tenemos que cambiar nosotros. Sin embargo, no basta el pensamiento racional o tolerante, pues las estructuras del privilegio masculino y de la jerarquía social ya distorsionaron las normas del pensamiento, incluso el lenguaje que utilizamos. Cambiar esas normas implica cambiar los cimientos mismos de la sociedad.

Citando a Marx: “Un orden social nunca se destruye antes de que se hayan desarrollado todas las fuerzas productivas para las que es suficiente, y las nuevas relaciones superiores de producción nunca remplazan a las previas antes de que hayan madurado las condiciones materiales para su existencia dentro del marco de la sociedad anterior”.

Podría decirse que la transición hacia una sociedad nueva donde el valor de un individuo finalmente sea determinado por las relaciones interpersonales, y no por las relaciones con el capital, ha demostrado ser una tarea bastante complicada. Como lo he mencionado, Marx no ofrece una fórmula universal para promulgar el cambio social.

No obstante, sí ofrece una poderosa prueba de fuego intelectual para ese cambio. De acuerdo con esto, estamos destinados a seguir citándolo y probando sus ideas hasta que por fin alcancemos el tipo de sociedad que luchó por crear, una sociedad que deseamos cada vez más personas.

Jason Barker es profesor adjunto de Filosofía en la Universidad Kyung Hee de Corea del Sur y autor de la novela "Marx Returns".

Tomado de:
https://www.nytimes.com/es/2018/05/05/opinion-barker-marx-revolucion-comunismo/


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Mayo 06, 2018, 07:08:25 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                      Karl Marx, no lo culpéis por lo que otros han deshecho.
                     (A propósito del bicentenario del natalicio de Karl Marx)
                                       Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.



                 


Santa Cruz de Tenerife. España.- Este 5 de mayo se conmemoró el bicentenario del natalicio de Karl Marx (Tréveris, Reino de Prusia, actual Alemania, 1818–Londres, Inglaterra, 1883). El hecho de no ser marxista, ni de simpatizar con las tendencias socialistas definidas y promulgadas por Marx, no significa que deje a un lado un acontecimiento de esta magnitud.

Tampoco nuestro José Martí, el más genuino de los cubanos, quien tampoco fue marxista, y lejos de simpatizar con dicha tendencia se refirió de manera negativa a ella, fue capaz de obviar el día de su muerte, dedicándole unos breves párrafos, no por cumplido, sino porque consideró que “el alemán de alma sedosa y mano férrea” era merecedor de unas palabras, que no por escasas han dejado de trascender en el tiempo.
   
Por desgracia, muchos que prefieren repetir lo que otros les dicen siendo desconocedores de lo que promueven y dan como cierto, con frecuencia atacan al hombre que José Martí elogió, y que lo que le señaló como negativo lo hizo con respeto. También atacan al autor de Versos Libres al escribir cualquier tontería o banalidad sobre unos amoríos carentes de valor, de ciertas predilecciones por el licor, o por su escasa actividad práctica en el campo de batalla, aun cuando saben que con justicia se le considera el APÓSTOL DE CUBA Y DE LAS AMÉRICAS, así con mayúsculas.

Con mayúsculas también debe aparecer el nombre de Karl Marx, por cuanto según el propio José Martí, “estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó a los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos”; aunque fue sincero y valiente al señalarle con sobrada razón una de sus tantas debilidades: “Pero anduvo de prisa, y un tanto en la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa”.
 
Con lo que tenemos la demostración más que convincente de que el colosal cubano conocía con seguridad la obra de Marx, y lo que ya se comenzaba a gestar en el orden práctico a pesar de lo insostenible de toda posible aplicación concreta de sus postulados.
 
Y es que el análisis especulativo de Marx respecto a los antagonismos de clases a través de las diferentes sociedades hasta llegar a su presente, esto es, dentro del contexto de la sociedad capitalista aun no consolidada, es correcto por su coherencia y su sentido; pero en realidad su propuesta de posible solución es la que resulta insostenible.

Nadie podrá dudar de sus aciertos en las definiciones de modos y medios de producción, así como en su capacidad intuitiva para adentrarse en el gran dilema Burguesía Vs. Proletariado. No obstante, la idea de su posible solución mediante la instauración de la dictadura del proletariado con la consiguiente eliminación de lo que muy bien definió como lucha de clases carece de sentido, al menos en el orden práctico.

Los fracasos secuenciales de las economías de aquellas naciones que determinaron o que se les impuso asumir modelos de tipo socialista así lo demuestran; aunque el principal sesgo en este sentido es que lo que creyeron que era socialismo jamás lo fue, y esto corrobora otra de las debilidades de la propuesta de Marx toda vez que hasta el presente jamás se ha puesto en marcha lo que de manera ideal soñó el pensador alemán.
 
De ahí que “la idea socialista” – como dijo Martí, quien no profesó jamás el socialismo–  se mantiene como una utopía a pesar de que ya ha pasado alrededor de siglo y medio desde que el autor de La miseria de la Filosofía hiciera sus aportes conceptuales al mundo, los que, independientemente de que estemos o no de acuerdo con su conceptos, resultan paradigmas dentro de la filosofía contemporánea y la antropología social.
 
Sus concepciones acerca del modelo socialista – creo que está de más precisar aquí que Marx no es inventor, ni siquiera pionero de los movimientos socialistas, independientemente que en nuestros días se le ha sobredimensionado a partir de sus especulaciones y conceptos en relación con dicha tendencia. Hubo movimientos socialistas y tendencias socialistas que precedieron a las doctrinas de Marx– quedarán como elementos conceptuales de referencia; pero jamás trascenderán toda vez que su praxis es inaplicable, por no decir imposible.
 
Con estas ideas pretendo no solo hacer una evocación a su figura en el marco del bicentenario del natalicio del “gran pensador del mundo del trabajo”, sino una exhortación a que se le respete – cuya exhortación es válida para honrar también a José Martí–, lo que equivale a decir que no se le ataque y se le culpe de los males de aquellas naciones a las que se les impuso el comunismo.

No fue Marx el que lo hizo, sino Stalin, Lenin, Castro, Chávez, entre otros tantos cuya lista sería interminable, los que desvirtuaron sus preceptos y aplicaron a su antojo lo que dicen haber interpretado del marxismo. No es justo que sigan apareciendo caricaturas burlescas que desacreditan su figura, y mucho menos que los ignorantes comenten sin conocimiento de causa culpándole de los desaciertos de lo que él jamás vio concretado en la práctica.
 
Quien escribe estas líneas no es marxista, ni comparte las ideas de ninguno de los mal llamados simpatizantes del socialismo; pero si trato de poner en práctica aquello que sabiamente Aristóteles desarrolló en su extensa obra bajo la denominación de principio de la justicia.

Ser justos significa ser capaces de situar a cada cual en su lugar, y si bien no es justo que se diga que Marx ha sido el pensador que más influyó en el pensamiento de estos tiempos, toda vez que esto presupone la negación del merecido lugar de Hegel, Schelling, Fichte, Kant, Feuerbach, Krause – por solo citar a unos pocos de la filosofía alemana contemporáneos de Marx–, tampoco es justo que se le asocie a las barrabasadas de aquellos inescrupulosos que han estado engañando a las masas proletarias, a las que teóricamente Marx defendía – aunque desde la distancia, y esto último no es ser irrespetuoso, sino exponer la verdad con un sentido ético–, mediante la tergiversación absoluta de su enseñanza.   



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Mayo 04, 2018, 02:58:04 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.


   
                                                   Más Séneca y menos ansiolíticos
                                                          por antonioguerrero


Vanidad sin control, obsesión por la seguridad, aceleración tecnológica, ... ¿Qué tiene que decir el renovado interés editorial por el estoicismo sobre el mundo en el que vivimos?
Juan Arnau


Cultiva el espíritu porque obstáculos no faltarán. El consejo de Confucio podría haberlo firmado cualquiera de los filósofos estoicos. Una versión moderna de esta máxima se la debemos a Woody Allen: “Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”. Un poeta barcelonés la remató con un verso lapidario sobre el inexorable juicio del tiempo: “Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde”. Esos son, a grandes rasgos, los tres vértices del estoicismo antiguo, que parece resurgir en nuestros días. ¿Se trata de un espejismo? Las sociedades modernas se encuentran dominadas por la rentabilidad tecnocrática del selfie, la autoindulgencia (todo nos lo merecemos, sobre todo si hay desembolso) y el capricho. Se trata de fabricar un ego frágil e injustificadamente vanidoso. Una situación que supuestamente podría remediar una buena dosis de estoicismo. Dado que no podemos controlar lo que nos pasa y vivimos totalmente hacia afuera, atemorizados y estresados, dado que somos más circunstancia que nunca, quizá pueda ayudarnos esta antigua filosofía que inspiró a Marco Aurelio, un hombre que, dada su posición, conoció el estrés mejor que nadie.

Pero en ese desplazamiento, en esa búsqueda de inspiración en el pasado grecolatino, se corre el riego de confundir, y de hecho se hace, estoicismo con voluntarismo, tan vigente y puritano. La cultura del esfuerzo y la búsqueda del éxito dominan las sesiones de coaching, que es, según sus proponentes, el arte de ayudar a otras personas a cumplir sus objetivos o a “llenar el vacío entre lo que se es y lo que se desea ser”. No cabe mayor traición al legado estoico. El voluntarismo reseca el alma y uno de los fines del estoicismo es recrearla. Lo que llamamos “retos” o “metas” no son sino anteojeras que no permiten ver más que un único aspecto de la realidad y uno acaba estrellando el avión contra la montaña, como en el caso de Germanwings. Esas metas nos trabajan por dentro y parecen diseñadas para excluir la contemplación y la observación atenta y desinteresada. Frente a la tiranía de la meta, los estoicos pretendían desembarazarse de pasiones demasiado apremiantes y acaparadoras. De hecho, uno de sus signos distintivos fue considerar la poesía como medio legítimo de conocimiento. La lírica nos mantiene en una actitud abierta y nada sabe de metas y objetivos. La poesía era para los estoicos, sobre todo la de Homero, genuina paideia. Entender esto requiere ganar una libertad interior, no estar eternamente abducidos por el circo o las pantallas, una independencia moral, no la opinión general o el vocerío de Twitter, y trascender la dependencia de la persona respecto a su parte animal (en el supuesto de que el hombre es ese ser singular que, como decía Novalis, vive al mismo tiempo dentro y fuera de la naturaleza). Con ese “cuidado de sí”, que Marco Aurelio llamaba meditaciones, era posible lograr una autarquía ética que tendría una importancia decisiva en el pensamiento político griego.

No quedan muy lejos algunos ejemplos de estoicismo moderno. Wittgenstein cuenta que de joven experimentó esa sensación de que “nada podía ocurrirle”. Era un modo de decir que, ocurriera lo que le ocurriera (una bala perdida, un cáncer), sabría aprovechar la experiencia. Una actitud que le permitió asumir el puesto de vigía en medio del fuego cruzado durante la primera gran guerra. Algo parecido encontramos en Simone Weil, siempre arriesgándose, ya fuera en la fábrica de la Renault o en los hospitales de Londres, con la humildad como valor supremo, que hace que el ego no apague la llama de lo divino. Curiosamente, la actitud de estos dos grandes filósofos, en los que reviven los viejos ideales grecolatinos, contrasta con algunas obsesiones actuales. Desde el miedo al propio cuerpo, que requiere un examen continuado, hasta la obsesión por la seguridad (to feel safe, to feel at home). Como si un escáner o un refugio pudieran otorgar esa tranquilidad, como si hubiera que encerrarse para sentirse seguro. Mientras un mandatario reciente se preguntaba cuánto dinero necesitaba para sentirse seguro y, al no hallar la cifra, se consagró a amontonar capitales, Wittgenstein se exponía en la trinchera y Weil en la columna de Durruti.

Imaginen a Zuckerberg abrazando esta filosofía; pues bien, eso es lo que hizo el emperador Marco Aurelio

El estoicismo supone, como apuntó Zambrano, la recapitulación fundamental de la filosofía griega. En este sentido fue y es tanto un modo de vida como un modo de estar en el mundo. Zenón de Citio, natural de la colonia griega de Chipre, figura como fundador de la escuela. Tenían algo en común con los cínicos, sobre todo la vida frugal y el desprecio de los bienes mundanos, y reflexionaron sobre el destino y la relación entre naturaleza y espíritu. Hubo un estoicismo medio (platónico, pitagórico y escéptico), pero los que dieron fama a la escuela fueron sus representantes romanos: un emperador, un senador y un esclavo. Todos ellos surgieron, como ahora, al abrigo del Imperio. Aquel imperio era militar, el de hoy es tecnológico. Imaginen ustedes a Zuckerberg abrazando el estoicismo; pues bien, eso es lo que hizo el emperador Marco Aurelio. Séneca nació en la periferia del Imperio, en la colonia bética de Hispania, pero fue una figura fundamental de la política en Roma, senador con Calígula y tutor de Nerón. Epicteto había llegado a la ciudad siendo un esclavo. Cuando fue liberado fundó una escuela, y aunque, siguiendo el ejemplo de Sócrates, no escribió nada, sus discípulos se encargarían de transmitir su legado.

Moralistas y contemplativos, todos ellos defendieron la vida virtuosa, la imperturbabilidad y el desapasionamiento, sentimientos todos ellos muy poco rentables para una sociedad del entretenimiento. El estoicismo conquistó gran parte del mundo político-intelectual romano, pero, a diferencia del 15-M, no cristalizó en “partido”, sino que se decantó en norma de acción y su influencia alcanzaría a grandes filósofos como Plotino o Boecio. No entraremos a describir su refinada lógica, pero merece la pena recordar que la subordinaban a la ética. Al contrario de hoy, al menos en el mundo financiero, donde el algoritmo domina la moral. Destaca en ella su doctrina de los indemostrables, probablemente de origen indio. Concebían el alma como un encerado donde se graban las impresiones. De ellas surgen las certezas (si el alma acepta la impresión) y los interrogantes (si es incapaz de ubicarla). Para los estoicos, el mundo era, como para nosotros, sustancialmente corporal, pero su física no niega lo inmaterial. Concibe la naturaleza como un continuo dinámico, cohesionado por el pneuma, un aliento frío y cálido, compuesto de aire y fuego. Heredaron de Heráclito el fuego como principio activo y primordial, del que han surgido el resto de los elementos y al que regresarán. Como el humor o el llanto, el pneuma no se desplaza, sino que se “propaga”, contagiando alegría o enfermedad.

Hoy no estaría de más poner en práctica algunos de sus principios. El imperativo ético de vivir conforme a la naturaleza, que nuestro planeta agradecería. El ejercicio constante de la virtud, o eudemonía, que permite el desprendimiento. Y, finalmente, lo que Nietzsche llamó el amor fati, la aceptación y querencia del propio destino, remedio eficaz para todo aquello que produce desasosiego. No puede decirse que estos principios proliferen en nuestros días. Si un viejo estoico pudiera asomarse a nuestro tiempo, vería, en las grandes desigualdades propiciadas por la economía financiera, un descuido de sí, un olvido de esa autonomía moral que evita que se desaten emociones como el miedo y la vanidad, que crean la codicia. Emociones contrarias a la razón del mundo que, en nuestro caso, es la razón del planeta

Fuente:
https://elpais.com/cultura/2018/04/27/babelia/1524838978_764302.html
antonioguerrero | abril 29, 2018 en 10:37 am | URL: https://wp.me/p5OYFZ-n0


                   


Notas explicativas añadidas al escrito anterior.

Vivir estoicamente


Después de analizar la física y la ética, llegamos a la puesta en práctica del modo de vida de los estoicos. Hasta ahora, hemos visto que, sumergidos en la vorágine del universo, nuestra vida moral es lo único sobre lo que podemos aún ejercer un control. Es la única manera que tenemos de hacer el bien:

La experiencia estoica consiste en una aguda toma de conciencia de la situación trágica del hombre condicionado por el destino. Al parecer, no somos libres de nada, pues no depende en lo absoluto de nosotros ser bellos, fuertes, saludables, ricos, experimentar placer o evitar el sufrimiento. Todo eso obedece a causas externas a nosotros. Una necesidad inexorable, indiferente a nuestro interés individual, disipa aspiraciones y esperanzas; estamos librados sin defensa a los accidentes de la vida, a los reveses de la suerte, a la enfermedad, a la muerte. Todo en nuestra vida se nos va de las manos. De ello resulta que los hombres se encuentran en la desdicha porque intentan con pasión adquirir bienes que no pueden obtener, y huir de los males que sin embargo les son inevitables. Pero existe algo, una sola cosa, que depende de nosotros y que nada puede arrancarnos: la voluntad de hacer el bien, la voluntad de actuar conforme a la razón. Habrá pues una oposición radical entre lo que depende de nosotros, lo que por consiguiente puede ser bueno o malo, porque es objeto de nuestra decisión, y lo que no depende de nosotros, sino de causas externas, del destino y que es pues indiferente. La voluntad de hacer el bien es la ciudadela interior inexpugnable, que cada quien puede edificar en sí mismo. Es ahí en donde encontrará la libertad, la independencia, la invulnerabilidad, y, valor eminentemente estoico, la coherencia consigo mismo.

Pierre Hadot, ¿Qué es la filosofía antigua?

La coherencia consigo mismo es lo que le queda al estoico. Y es cierto que, cuando uno es coherente consigo mismo, cuando pensamiento y acción concuerdan completamente, la tranquilidad de espíritu llega. Por eso encontramos exhortaciones a pensar y vivir de modo que no tengamos nada que esconder tanto en Marco Aurelio como en Séneca.

Hay dos ejercicios básicos para un modo de vida estoico: la concentración en el presente y la elevación por encima de las cosas.


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Mayo 01, 2018, 11:38:05 am por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                     Día Internacional de los Trabajadores. ¿Festividad comunista?
                                            Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


En nuestros tiempos el homenaje a los hombres de Haymarket va quedando como elemento cada vez más simbólico y carente de sentido práctico toda vez que las necesidades de los trabajadores – que era el principal motivo por el cual se reunían y marchaban con pancartas y proclamas– se tratan de resolver por otras vías y otros medios más eficaces y acorde a estos tiempos.


               


Santa Cruz de Tenerife. España.- Este día en muchos países del mundo se está celebrando – porque es una celebración festiva a pesar de los sanguinarios hechos que dieron lugar a esta efeméride– el Día Internacional de los Trabajadores.

Lamentablemente, en la actualidad estamos inmersos en una rara sensación, mezcla de apatía política, ignorancia, trivialidad, y lo peor, en un dogmatismo acérrimo que conduce a muchos a ver sombras de posibles enemigos políticos con pretensiones de dominar al mundo con una expansión que, a modo de plaga se difunde por todas partes, llevándolos a adoptar posturas enfermizas con un permanente estado defensivo que los torna coléricos y agresivos.

Cuando se llega a la decepción generalizada, estado más allá de situaciones concretas aisladas, sin que seamos capaces de identificar la verdadera causa de nuestros males, entonces surge de manera cuasi refleja un mecanismo defensivo que consiste en culpar a otros, y esto nos hace caer en estados de delirio en los que el enemigo imaginario nos asecha continuamente.

Dejando a un lado aspectos conceptuales sobre globalización, populismo, izquierdismo, centro-derechismo, tendencias progresistas, etc., detengámonos en unas pocas ideas para no hacer extremadamente extenso este comentario y no apartarnos demasiado de su idea eje en torno al primero de mayo.

Vivimos en un mundo polarizado desde el punto de vista político, y aunque algunos filósofos y teóricos de nuestros días consideran que el gran dilema socialismo versus capitalismo perdió su vigencia, no creo que esto sea cierto. La polarización se mantiene. La instauración de gobiernos de tipo socialista en varios países latinoamericanos a pesar del conocido fracaso del antiguo bloque socialista europeo y el desmoronamiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, así como las tendencias actuales para hacer renacer el socialismo en algunas naciones de dicha región, lo demuestran.

Recientemente Daniel Innerarity, catedrático de Filosofía Política e investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco, con sobradas razones expresó: “La política ha entrado desde hace algún tiempo en una zona de señalización insuficiente como cuando un conductor se adentra en una ruta desconocida, en transformación o en lugares no transitados antes por nadie. A partir de ese momento las señales binarias confunden más de lo que orientan, donde antes había una evidencia ahora tenemos una paradoja, aumentan las zonas sin cartografiar, proliferan las cosas que no son lo que parecen y todo se llena de efectos secundarios”.

En medio de la incertidumbre política, y con esta tendencia a ver la sombra enemiga por todas partes, es lógico que nos preguntemos entonces: ¿Es una festividad comunista el día de los trabajadores?

Muchos podrán responder afirmativamente a esta interrogante, en su mayoría aquellos que suelen dar opiniones de todo y sobre todos sin conocimiento de causa, y asumiendo las cosas muy a la ligera.

Lo primero que se impone para tener una idea clara y precisa acerca del primero de mayo – fecha de carácter universal toda vez que en una gran cantidad de países se celebra el día del trabajo en esta fecha– es ir no solo a los orígenes de esta efeméride, sino a algunos de sus elementos precedentes. Esto nos permitirá comprender el porqué se le ha asociado a aquello que tenga que ver con ideas de tipo socialista como enfrentamiento de clases sociales, reformas proletarias, Internacional Comunista, entre otras cosas, que de manera un tanto superficial algunos suelen encasillar dentro de las modalidades de este tipo.
 
Es cierto que los movimientos socialistas tuvieron a través de los años una participación muy activa en relación con esta festividad, lo que no significa precisamente que este día sea una celebración comunista, aunque todo parece indicar que de manera inevitable se le seguirá asociando a estas corrientes.

El hecho de que la exigencia de una jornada de trabajo no superior a las ocho horas fuera propuesta veinte años antes de los hechos de Haymarket – acciones de protestas protagonizadas por trabajadores estadounidenses el primero de mayo de 1886 en Chicago, los que terminaron con una gran represión, y con la aplicación de la pena de muerte a cinco de sus líderes, cadena perpetua a dos de ellos, mientras que otro se suicidó en prisión– por el Congreso de la Internacional celebrado en Ginebra en 1866, y repetido en 1889 por el Congreso Obrero de París, no significa que el sentido de esta fecha sea eminentemente comunista.


             


El origen del día de celebración se remonta a 1886, por la sangrienta historia acaecida en Chicago, Estados Unidos, a raíz de las manifestaciones obreras. Los trabajadores habían iniciado una lucha para lograr una jornada laboral de ocho horas, bajo el convencimiento de que las 24 horas del día, ocho horas deberían ser para trabajar, ocho para dormir y ocho para el hogar.
 
De cualquier modo jamás podrá separarse el hecho de que fuera durante la celebración de la Segunda Internacional, en 1889, que se estableciera el primero de mayo como Día de los Trabajadores por acuerdo del Congreso Socialista de dicha Segunda Internacional, y que esta última adoptara a partir de 1893 una orientación socialista y marxista toda vez que fueron expulsados los anarquistas de su seno. (Los líderes de las acciones de Chicago han sido ubicados dentro de la tendencia filosófica sociopolítica anarquista; aunque tal vez solo por el hecho de su rebeldía y no tanto por su verdadero sentido de militancia) 
 
El ambiente de la Segunda Internacional estuvo matizado por el antagonismo entre sus dos polaridades más extremas. Por un lado su grupo más radical, compuesto por los marxistas ortodoxos que eran partidarios de una revolución como fórmula para destruir el capitalismo y cambiar la sociedad, lo que asumirían los líderes socialistas de la antigua URSS a partir de 1917 con el establecimiento del primer imperio socialista en el mundo.
 
Por otra parte se encontraba el grupo más conservador, cuyos integrantes eran partidarios de reformas sociales y políticas, de ahí que se les llamara revisionistas, por cuanto hacían especial énfasis en revisar algunos puntos de las teorías marxistas, entre los que se destacaban la lucha de clases y el materialismo histórico propuestos por el alemán Karl Marx. Su principal líder, Eduard Berstein, era partidario de poder llegar al socialismo a través de una vía pacífica con la participación de los trabajadores en el parlamento.
 
En 1890, Federico Engels destacó en el prefacio a Manifest der Kommunistischen Partei, conocido como El Manifiesto Comunista, a las fuerzas del proletariado, se refirió a un ejército de proletarios, y retomó la célebre frase “proletarios de todos los países están unidos”, (así de esta forma en que aparece escrita ahora) que en realidad no le pertenece ni a él, ni a Marx como se cree, sino al también alemán Karl Shapper: “Proletarier aller Länder, vereinigt euch!", cuya traducción es “proletarios de todos los países uníos”, ahora como una exhortación y no como una referencia como la escribiera Engels en El Manifiesto Comunista.

Así las cosas, el primero de mayo está estrechamente vinculado al socialismo, por cuanto su proclamación oficial como festividad de los trabajadores fue hecha en un evento socialista y en medio de un ambiente de reclamos y proclamas de este tipo.
 
No obstante, ya los tiempos de Berstein, Luxemburgo y Marx pasaron, y lo cierto es que los que trabajamos y encontramos en el trabajo no solo la forma de ganarnos el sustento, sino la posibilidad de ser útiles y de cumplir con nuestro rol como entidades sociales, hemos de ser abiertos de mente y no rechazar dicha festividad, la que al fin de cuentas, se instauró – dejando a un lado la postura política de sus autores– en memoria de aquellos que defendieron una noble causa en beneficio de los representantes del noble mundo del trabajo.
 
¿Es que acaso no es justo que los trabajadores tengan un limitado número de horas dedicadas a la realización de sus labores, se acojan a seguros sociales que los beneficien cuando por enfermedad o accidente quedan incapacitados, o que existan campañas educativas para la prevención de accidentes laborales y enfermedades profesionales, entre otros tantos aspectos que pueden contribuir a su bienestar?
 
No se trata de ser capitalistas, socialistas, apolíticos, marxistas, materialistas, socialdemócratas, comunistas, ateos, o cualquier otra invención, sino de reconocer a aquellos que trabajamos y somos útiles, cada cual a su manera, como sabe y como puede hacerlo, aunque en nuestros tiempos el homenaje a los hombres de Haymarket va quedando como elemento cada vez más simbólico y carente de sentido práctico toda vez que las necesidades de los trabajadores – que era el principal motivo por el cual se reunían y marchaban con pancartas y proclamas– se tratan de resolver por otras vías y otros medios más eficaces y acorde a estos tiempos, en los que ese marcado antagonismo entre explotadores y explotados en el que insistieron los socialistas en el pasado ha ido quedando solo como leyenda, lo que no significa que en nuestros días trabajar sea el reino de los cielos, ni que todas sus necesidades estén resueltas, sino que las vías y métodos para su solución adquieren otras dimensiones en el contexto de nuestra contemporaneidad.    




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Abril 29, 2018, 01:32:16 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                                        Crónica de la ilusión comunista

El historiador británico Gareth Stedman Jones sitúa en una monumental y rigurosa biografía las ideas de Karl Marx más allá del mito y en el contexto en que surgieron.



               


Karl Marx (1818-1883). Estemos de acuerdo o no con sus doctrinas, sin duda, contribuyó al esclarecimiento de una serie de aspectos de carácter social en relación con el mundo de los trabajadores, a pesar de que al parecer anduvo de prisa y en la sombra, como diría José Martí; así como a las definiciones conceptuales de ciertas categorías aplicables a la sociología y a la antropología social.
 
La alienación, la lucha de clases, la plusvalía, el capital. El trabajo como valor, el materialismo histórico, el choque entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción. La dictadura del proletariado, el comunismo. Esta ensalada de conceptos remite, sobre todo, a un pensador, Karl Marx (el otro, siempre en segundo plano, es su amigo Friedrich Engels). Vino al mundo en Tréveris, al sureste de Renania, el 5 de mayo de 1818, y doscientos años después de su nacimiento su descomunal obra sigue sometida al escrutinio. La biografía de Gareth Stedman Jones tiene el enorme valor de quitarle al personaje los lastres que lo han convertido en el gran mito de la revolución para devolver su pensamiento al mundo en el que surgió. Karl Marx. Ilusión y grandeza (Taurus; traducción de Jaime Collyer), más de 800 páginas, transita de su vida privada a la pública, de sus estudios a barullo de la política, bucea en sus referentes, da cuenta de sus desafíos, y muestra las contradicciones y los logros de aquel lejano filósofo y hombre de acción, cuya ideas terminaron por transformar radicalmente el mundo en una dirección que ni siquiera llegó a imaginar.

Prusia, hacia 1835. Es la época en la que Marx estudia en Bonn y Berlín y entra en contacto con las ideas de los jóvenes hegelianos. “La crítica de todos estos pensadores radicales a las limitaciones del cristianismo para transformar el mundo prenden en el joven Marx”, explica Stedman Jones, catedrático de Historia de las Ideas en la Universidad de Londres. “Hay también otros elementos que influyen en un ambiente cargado por el interés en la cuestión social. Ni la revolución de 1830 en Francia, que no conduce a una verdadera república sino a una monarquía que solo facilita mayores derechos a una minoría, ni las reformas en Inglaterra, que no logran ampliar el sufragio a amplias capas de la población, han producido cambios considerables”. Así que los obreros empiezan a organizarse. El joven Marx empieza a escribir en revistas.

La familia de Marx era judía, pero su padre se bautizó en la Iglesia evangélica de Prusia en algún momento entre 1816 y 1819. Karl se casó en 1843 con Jenny Westphalen, una joven de una familia aristocrática que luego formó también parte de la Liga de los Comunistas. Tuvieron siete hijos, de los que murieron cuatro siendo niños y solo sobrevivieron tres mujeres, dos de las cuales terminarían más adelante suicidándose. Desde muy pronto vivió con ellos Lenchen, una criada que heredaron de la familia Westphalen, y que tuvo un hijo con Marx. La pobreza fue la gran pesadilla que los acompañó durante largos trechos de su vida. Sin la ayuda económica de Engels, que procedía de una familia de un rico industrial, Marx no hubiera podido consagrarse a su obra.

“Era un pater familias que quería controlarlo todo”, cuenta Stedman Jones. “Una de sus hijas se enamoró de un communard francés, pero Karl y Jenny preferían que se casara con alguien más respetable. Así que no le permitían verlo. La muchacha tuvo que encontrar un trabajo en Brighton para mantener la relación, pero hasta allí llegó la mano de su madre. Y aquello no prosperó. Quisieron siempre mantener la imagen de una familia burguesa respetable. Cuando Lenchen quedó embarazada, los Marx decidieron contar que el responsable era Engels. Y este, en su lecho de muerte y como no podía hablar porque tenía un cáncer de lengua, escribió con tiza en una pizarra: ‘Yo no fui el padre, el padre fue Marx”.

Transformar el Estado prusiano en un Estado racional no termina de funcionar, los periódicos radicales son cerrados, y Marx se traslada a París. Allí va a soldar su amistad con Friedrich Engels durante unos intensos días del verano de 1844. Marx es el editor de una publicación en el exilio, los Anales franco-alemanes, donde llega un texto de Engels que cuestiona la economía política del capitalismo y donde recoge la crítica a la propiedad de Proudhon. Sus ideas le interesan. Van a conectar: es hora, no solo de interpretar el mundo, sino de transformarlo. “Son personas muy distintas en lo que toca a su formación política y teórica. Engels conecta con las inquietudes sociales del socialista utópico Robert Owen y no sabe nada de Hegel, inspiración central de Marx. Pero a ambos les interesa Feuerbach, que ha mostrado las limitaciones del cristianismo y considera que es tarea del movimiento obrero la de restaurar el verdadero humanismo”. Ha llegado la hora de emancipar a la clase obrera. Marx y Engels empiezan a trabajar en el Manifiesto comunista, que el primero completa en enero de 1848.

En febrero estalla la revolución en Francia, y poco después se proyecta por otros lugares de Europa. “No es tanto lo que quiera hacer el proletariado sino lo que le toca hacer como clase, eso es lo que defienden”, observa Stedman Jones. Pero otro pensador, Max Stirner, critica esa lectura: “¿Cómo que es una prioridad de los trabajadores emancipar a la humanidad? Eso suena a cristianismo. Marx se afana en responderle, pero no llega a ser convincente. Es cosa de la lucha de clases, viene a decir, pero es no es más que un anhelo. No una realidad, como pretende su teoría”.

Fracaso y comuna

La revolución fracasa. “Los trabajadores lucharon entonces por el sufragio universal y por tener empleo, aquello no tuvo nada que ver con un alzamiento del proletariado contra la burguesía. Lo que pretendían era ser reconocidos como ciudadanos de la república”, dice Stedman Jones. Marx se traslada entonces a Bruselas, empieza a trabajar en El capital, sigue vinculado a los movimientos obreros. Con el tiempo surge la Primera Internacional, las luchas del proletariado empiezan a canalizarse con los socialdemócratas. Marx se convierte en un mito cuando defiende, en 1870, a la Comuna de París. En 1883 muere en Londres, donde se había instalado definitivamente en 1849.

“Es Engels el que defiende que el capitalismo va a derrumbarse por sus propias contradicciones”, explica Stedman Jones. “Marx no cree que la revolución vaya a ser un acontecimiento. No es la toma de la Bastilla, sino más bien un proceso, una transición que se parece más bien a la que hubo del feudalismo al capitalismo”.

¿Y cómo imaginaba el comunismo? “Los que se llamaban comunistas, allá por 1840, eran los que creían en compartir la propiedad. Engels era uno de ellos. Marx, no. Él pensaba, más bien, en un regreso a los orígenes de la sociedad. Cuando entre aquellos lejanos cazadores y recolectores había más recursos que personas, una cierta abundancia, no tenía sentido hablar de propiedad, que es algo que solo surge cuando hay escasez. Todo esto es de Adam Smith. La fantasía de Marx era que la sociedad industrial generaría tantos recursos que ya no haría falta ni propiedad, ni leyes, ni gobiernos, ni Estado”. De ese proyecto, ya luego vino todo lo demás.

Fuente:

https://elpais.com/cultura/2018/04/04/actualidad/1522865179_665829.html

Esta entrada fue publicada en Artículos, Miembros de la REF, Opinión el 23 abril, 2018 por antonioguerrero.


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Abril 13, 2018, 01:11:09 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

           Corrupción en Latinoamérica, el gran mal de estos tiempos. Actualizado.
                                       Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


A propósito del tema eje de la VIII Cumbre de Las Américas: “Gobernabilidad democrática frente a la corrupción”.


               


Santa Cruz de Tenerife. España.- Todo parece indicar que la corrupción es algo muy peculiar en los políticos de estos tiempos, los que – independientemente de su postura política y de su militancia en bandos de derecha, de izquierda, o de centro-derecha, y en cualquier latitud del orbe donde se encuentren– en su afán muy personal y una ambición desmedida olvidan el cumplido de promesas hechas durante las campañas presidenciales para a cambio seguir el sendero del progreso económico individual, aunque al final de sus mandatos dejen a sus naciones inmersas en la peor situación económica y con sendas deudas.
 
Pero dejando a un lado – no porque estén exonerados de culpabilidad y responsabilidad– a los políticos del viejo continente y aquellos que nos resultan tan distantes, no solo por la lejanía geográfica, sino porque apenas llegan a nosotros noticias de lejanos parajes de sitios como Asia y Oceanía, en los que también hay políticos corruptos, ocupémonos del asunto en el contexto de nuestra región, esa extensa zona tan desigual en lo geográfico como en lo social y lo económico, que José Martí, el colosal cubano bautizó como “Nuestra América”, y de la que tanto hemos de aprender, como nos enseñó la pedagoga y trovadora cubana Teresita Fernández.
 
De un tiempo acá todos los medios, con sobradas razones dada la magnitud de los hechos, se han enfocado en Brasil toda vez que la nación está siendo sacudida, ya sea por el escándalo Odebrecht y su repercusión continental, o por las serias implicaciones de sus mandatarios en asuntos muy sucios que los vinculan a hechos que tienen como base la corrupción.
   
Resulta sorprendente que de un día para otro el panorama sociopolítico de la gigantesca nación cambiara a partir de una imagen perceptiva diferente de dos de sus líderes, los que a pesar de todo fueron elegidos en procesos eleccionarios de una manera democrática – hasta tanto se pueda demostrar lo contrario–, lo que significa que el pueblo brasileño depositó toda su confianza en ellos, y esto aumenta su criminalidad, por cuanto, a los sendos cargos que han de sostener sobre sus espaldas se ha de sumar el peor de todos, el de la traición a su nación y a sus pueblos.
 
Dilma Rousseff y Luiz Ignacio (Lula) Da Silva son figuras paradigmáticas si de escándalos de corrupción se trata. Resulta no solo paradójico, sino incoherente e inaceptable que la presidenta de una nación sea destituida, y que un expresidente del mismo país ya esté en prisión hace solo unos días.
 
Recordemos que Dilma Rousseff  fue destituida de manera escandalosa del cargo de presidenta, toda vez que fuera acusada en el Congreso por violación de normas fiscales, con lo que “maquillaba” el déficit presupuestal, independientemente de sus implicaciones al dictar tres decretos y ampliar gastos sin aprobación legislativa, ignorando las metas fiscales aprobadas previamente por el Congreso.

Luiz Ignacio (Lula) da Silva, declarado culpable y sentenciado a prisión en julio de 2017, en primera instancia a nueve años y seis meses, con lo que se convirtió en el primer expresidente condenado por corrupción pasiva en la historia de Brasil, aunque esta sentencia fue ratificada y elevada a doce años en una segunda instancia al encontrársele culpable de los crímenes de corrupción y lavado de dinero.
 
Pero si bien resulta incoherente que cosas como estas estén ocurriendo en nuestros días en el contexto de nuestro continente, es inaceptable que algunos asuman actitudes defensivas respecto a aquellos que han sido juzgados por tribunales e instancias dentro de toda la legalidad que desde el punto de vista jurídico está establecido para estos casos.

Téngase en cuenta que Lula Da Silva se mantuvo hasta hace poco en los primeros lugares de la popularidad como aspirante a la presidencia de Brasil según la estimación de varias encuestas nacionales, y que ambos son defendidos por muchos que al parecer determinaron vivir bajo los efectos hipnóticos del comunismo, tendencia que de una manera tan sui generis justifica siempre todo lo mal hecho y se opone de manera categórica a la justicia y al orden lógico y coherente del mundo. 
   
No obstante, tanto la Rousseff como Da Silva son cuasi “santos” si se les compara con algunos líderes de la región como Nicolás Maduro y Raúl Castro, y en menor medida con Rafael Correa – por cuanto a este último no se le puede acusar de las muertes de cientos de personas como en los casos de Maduro y Castro, aunque si de una desorbitante corrupción en su país–. Sin embargo permanecen impunes a pesar de su reconocido historial criminal.

Las grandes acusaciones hechas a Nicolás Maduro no han logrado concretarse como actos, por lo que el ignorante y perverso dictador sigue haciendo de las suyas a pesar del aislamiento en que ha quedado gracias a la labor sostenida de organismos como la Organización de Estados Americanos, OEA, el Parlamento de la Unión Europea, y más recientemente el Grupo de Lima, cuya labor ha sido determinante para lograr su total proscripción. No obstante, permanece libre a pesar de las acusaciones por haber cometido crímenes de lesa humanidad, por sus vínculos con el narcotráfico mundial, así como por las grandes violaciones del orden constitucional y democrático de Venezuela.
     
Por otro lado Evo Morales, de Bolivia, y Raúl Castro, de Cuba, han sido cuestionados recientemente sobre una presunta implicación en el narcotráfico. El diario boliviano Los Tiempos reseña una historia que aparece publicada en la revista brasileña Veja donde se afirma que la Agencia Antidrogas de Estados Unidos, DEA, tiene información de que Cuba es un centro importante para el envío de cocaína boliviana a México y los Estados Unidos, independientemente de las serias implicaciones del régimen cubano en múltiples delitos de corrupción; aunque con la suerte siempre de su lado por no haber sido sentenciados debidamente, y continuar difundiendo ante el mundo los llamados “logros” de la revolución cubana, en los que muchos siguen creyendo.

En la Cumbre de las Américas, tenida que está teniendo lugar por estos días en Lima, Perú, Raúl Castro, el presidente cubano deberá responder  a la petición que ha hecho la comisión internacional Justicia Cuba por sus sendos crímenes de lesa humanidad, toda vez que consideran que al régimen cubano se deberá llevar a un tribunal internacional y no invitarle a un foro de carácter democrático, aunque hasta el presente no se tiene confirmación de la presencia del cansado general en lo que pudiera ser su última presentación en escenarios internacionales como presidente de Cuba.
         
Pero si tratamos el tema de la corrupción, en Ecuador se ha llegado a dimensiones inusitadas, pero me limitaré en esta ocasión a mencionar solo los últimos acontecimientos en este sentido, sin que falte un necesario recordatorio en relación a Jorge Glas, quien fuera el vicepresidente del país, cargo que solo ocupó unos dos meses por haber sido acusado por sus implicaciones en el caso del escándalo de la constructora brasileña Odebrecht,  y sentenciado además de autor por delitos de peculado, enriquecimiento ilícito, cohecho, delincuencia organizada, y lavado de activos, y como coautor por testaferro.
 
Pero lo más novedoso en la nación andina es que este lunes, 9 de abril, el actual contralor, Pablo Celi, precisó que el expresidente de la República Rafael Correa*, sus ministros de Finanzas, subsecretarios de Financiamiento Público, director nacional de Seguimiento y Evaluación de Financiamiento público, así como el coordinador general jurídico del Ministerio tienen responsabilidad penal dentro de la auditoría de la deuda interna y externa que realizó la Contraloría General del Estado durante más de nueve meses, y en los informes presentados se precisa que se habrían cometido delitos que serían castigados con cárcel, lo que ahora debe ser determinado por la Fiscalía del Estado.

Y como es lógico la principal paradoja del encuentro de las naciones del continente es justamente que en el país que sirve como sede, su presidente, Pedro Pablo Kuczynski, PPK, dimitió al presentar formalmente su renuncia a solo unos días del inicio de la Cumbre de Lima, con lo que se convirtió en el primer presidente en ejercicio en caer bajo los efectos del escandaloso caso Odebrecht.

Así andan las cosas por “Nuestra América”, región donde se está celebrando  la Cumbre de sus pueblos, pueblos muy desiguales no solo desde el punto de vista cultural y étnico, sino en lo social y lo político, y donde algunas naciones emergen de sus dificultades y penurias para alzarse victoriosas, mientras otras se hunden cada vez más en las profundidades de la miseria y los abismos del aislamiento porque sus gobernantes carecen de aquellas virtudes necesarias para poderlas conducir por el buen camino, entre las que sobresale la corrupción, el eje de los temas a abordar en el encuentro.
 
*El cínico exmandatario ecuatoriano está haciendo una defensa de Lula Da Silva, actualmente tras las rejas, y cuando el caso Rousseff fue su primer aliado al pronunciarse a su favor a solo unas horas de haber sido sentenciada y expulsada de la presidencia de Brasil.




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Abril 05, 2018, 12:23:53 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.


                                       Haga de su hijo un gran filósofo
                                             por antonioguerrero


Jordi Nomen plantea aprovechar aquello que los niños tienen en común con los pensadores, capacidad de asombro y admiración, para fomentar su espíritu crítico
Carles Geli




Se trataba de dibujar el silencio. Y plasmó un pájaro. “Cuando voy al bosque, todo es silencio: solo está su canto y nada más”, explicó. El silencio, por exclusión. Podría haberlo planteado un filósofo, pero fue un alumno del profesor de Filosofía y Ciencias Sociales Jordi Nomen, un niño, porque estos tienen curiosidad y admiración, las mismas cualidades de todo gran pensador: ambos miran igual el mundo. Por ello cree Nomen (Barcelona, 1965), cual particular Prometeo, que hay que dar el fuego de la filosofía cuanto antes a los infantes, para que así “aprendan a pensar por ellos mismos, para convertirlos en ciudadanos críticos, creativos, para que lleven una vida menos impulsiva y más autónoma”, sostiene. Y tiene un método, a partir de una supuesta sacrílega trinidad antipedagógica, cuentos-juego-arte, que desarrolla en el libro El niño filósofo (Arpa).

La premisa de Nomen es que tenemos una inteligencia filosófica. “Huyo de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, que dice que te dediques a lo que sirves; yo creo que la inteligencia se puede trabajar, estimular, es una capacidad que puede ser entrenada”, afirma. Con eso, y pertrechado con las ideas del filósofo y educador norteamericano Matthew Lipman (creador del programa Filosofía para niños a partir de novelas filosóficas, que les permiten abordar temas de la vida cotidiana), el autor ha escogido a 12 filósofos que ha asociado a 12 preguntas frecuentes que se plantean los niños sobre la vida. Así, Platón responde a si debemos actuar con la cabeza o el corazón; Séneca, a si hay que tener miedo a la muerte; Montaigne, a si es importante tener buenos amigos o Arendt a qué es la maldad, por ejemplo.

A una breve introducción del personaje y su pensamiento le sigue un relato y una propuesta de juego (un baile de minué para testar a Spinoza sobre cómo se puede conseguir la alegría; escoger una pareja independientemente de que en la frente tenga pegado un atributo moral sin que él lo sepa para decidir, vía Kant, qué debemos hacer en cada momento; continuar un dibujo iniciado por otro, pero del que apenas divisamos un centímetro, para responder a Nietzsche si es necesario ser creativo para vivir…). Cierra cada capítulo una oferta plástica y el análisis de una obra artística (unas creativas imágenes de Chema Madoz para el Rousseau que inquiere para qué sirve la educación; unas fotografías de una familia norteamericana y otra del Chad con sus cestas de comida semanal para ilustrar al Erich Fromm de si es más importante tener o ser…).

A los profes no se nos enseña a escuchar

Admite Jordi Nomen que su método —que ya compendió en formato de libro en catalán el año pasado, que lleva tres décadas practicando y que fomenta en el marco de GrupIREF, grupo de investigación y enseñanza de la Filosofía para niños— demanda un profesorado distinto y un cambio de programa educativo notable. “A los profesores no se nos enseña a preguntar, a escuchar ni a responder, ni tan siquiera a ser dúctiles a cambiar de opinión… Y todo eso es lo que conforma el diálogo socrático”. A ello y a la habilidad de pensamiento (“nunca pensamos cómo estamos pensado”), añade la necesidad de saber crear una comunidad, una atmósfera (“requerimos confianza en el grupo porque los niños se mojan, se desnudan”) y llegar a la mayoría de las decisiones por consenso (“es prioritario en democracia y cuando se logra en clase es mágico: se produce un silencio porque se dan cuenta de que lo han logrado cuando parecía imposible; genera bienestar”).

Como “pensar es más lento que aprender de memoria y reflexionar, que es volver a mirar, o estimular requiere tiempo”, admite Nomen que cuesta que esa metodología se vaya implantando, a pesar de que cree que empieza a notarse ya más en Primaria (“los profesores son más flexibles, de siempre”) que en la Secundaria (“implica cambiar el currículo y la metodología, temarios, objetivos… Ningún profesor de filosofía discute qué dicen los filósofos: se intenta que los alumnos los entiendan más o menos y se les examina de ello”).

Las reflexiones están enfocadas para niños de entre 9 y 12 años, y siempre bajo el formato de diálogos socráticos en clase. “No son debates, donde hay una posición A contra B, sino diálogos, que implica no posiciones fijas sino dar razones y argumentar”, insiste Nomen, que justifica que las historias sean de naturaleza muy distinta (fábulas tradicionales, un Chéjov, un Jorge Bucay…) y no de los filósofos en cuestión: “Se trata de que sus ideas se puedan utilizar más allá de sus libros; además, sus textos no siempre son de la comprensión de los niños; por eso utilizo lo que tienen más cerca, lo que hacen todo el día: el cuento, el juego, el arte; lo importante es que lleven a aprender a pensar”.

También es consciente el autor, en un descanso entre dos clases en el colegio Sadako de Barcelona donde imparte (“es una escuela inclusiva: aquí el niño es el centro de la educación”), de que son tiempos que “caminan hacia una menor curiosidad intelectual” y de que, si se les enseña a pensar, los niños son más conscientes, pero, en consecuencia, menos felices, algo que parece sacrílego. “La felicidad está sobrevalorada y mal explicada: la felicidad entendida como plenitud total, completa y continuada, es una engañifa, no existe, y darse cuenta de eso es ser lúcido; hay que revindicar la alegría, que es concreta y de hoy”. Además, hay que luchar contra el concepto de inutilidad práctica de la Filosofía en una sociedad cada vez más mercantilista. “No hay que practicarla tanto por utilitaria por razón laboral como porque sin ella es difícil lograr un poco de plenitud; o, al menos, para ser conscientes de que la plenitud tiende a desestabilizarse fácilmente, que no es permanente”.

Los griegos llamaban idiotés a aquellos faltados de juicio crítico y que no participaban en política. “La filosofía ha de ser un tábano, ha de obligar a los otros a dar explicaciones, ha de interrogar a nuestra sociedad, como hace hoy el coreano Byung-Chul Han”, dice Nomen. El pensar, sostiene, ayuda a frenar la aceleración loca de la vida digital y “a crear una ciudadanía crítica que evitará que la democracia caiga pervertida por intereses económicos, como vemos”. Tiene claro el también profesor de Ciudadanía de la Universidad Autónoma de Barcelona quién no quiere ese ciudadano crítico: “Ese poder que se plantea no dar explicaciones de nada, por ejemplo; toda la sociedad debería estar interesada en crear niños así si no queremos que la democracia se pierda”.

“Una vida vivida sin reflexión no vale la pena”, defendía Sócrates, como recuerda Nomen, quien atribuye a todo pensador crítico una postura humilde, pero de carácter, alguien que es sincero y “abocado a la acción: ser ciudadano es eso, participar en la vida de la ciudad porque no todo acaba en el voto, como nos quieren hacer creer… Pero si no se trabaja en la familia y en la escuela, no salen ciudadanos críticos. Hay que educar en la razonabilidad, el sentimiento, que no en el impulso, y en la acción”. Y ahí asoma Pitágoras: “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”. Pero para todo eso no queda, alerta Nomen, demasiado tiempo más: “Es el momento para que no se pierda del todo; si no se hace ahora, se acabará el espíritu crítico”.

El niño filósofo

Fuente:

https://elpais.com/cultura/2018/03/23/actualidad/1521830362_563550.html

antonioguerrero | marzo 24, 2018 en 6:47 pm | URL: https://wp.me/p5OYFZ-mx


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Abril 05, 2018, 11:47:24 am por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                                  Castilla habla: la filosofía de Miguel Delibes
                                                por antonioguerrero
                                             Jaime Fdez-Blanco Inclán


“Me percaté entonces de que la alegría es un estado del alma y no una cualidad de las cosas. Que las cosas en sí mismas no son alegres ni tristes, sino que se limitan a reflejar el tono con que nosotros las envolvemos”. ¿Puede, pues, la mirada del sujeto modificar el objeto?, le preguntaríamos hoy a Miguel Delibes al recordar estas palabras de La sombra del ciprés es alargada. Este 12 de marzo de 2018 se cumplen 8 años de su muerte.


             


Miguel Delibes (Valladolid, 1920-2010) es probablemente uno de los autores españoles que mayores cotas de simpatía, respeto, cariño y admiración despierta, tanto durante sus más de 50 años como literato como tras el fin de su carrera y su muerte. Miembro de la Real Academia Española de la Lengua (sillón E, desde 1973), ganador de innumerables premios (el Nadal, el Cervantes, el Príncipe de Asturias de las Letras, el Nacional de Narrativa, etc.), homenajeado por universidades, ciudades y países, venerado tanto por lectores contumaces como por simples curiosos, Delibes se presentaba como un personaje singular capaz de ganarse, casi sin quererlo, el afecto y la devoción de cuantos tuvieron la oportunidad de leerlo y conocerlo.

“¿Qué pensamiento hizo de Delibes ese ejemplo que tantos tratamos de seguir? La obra de Delibes, pese a mantenerse en unos contextos relativamente concretos, hace gala sin embargo de una variedad y profundidad difícilmente igualable, siempre marcada por un compromiso ético, unos valores y unos principios, inalterables: autenticidad, humildad, justicia y lealtad se dan la mano en la prosa de Delibes, con una coherencia entre autor y texto que pocos han logrado.

“He sido fiel a un periódico, a una novia, a unos amigos…, a todo en lo que me he metido. A la pasión periodística, a la caza. Desde chico he sido fiel a todas esas cosas, y lo mismo que hacía de chico, lo he hecho de mayor”, dijo. Nosotros podríamos añadir: a una editorial (Destino), a una ciudad (Valladolid) y a un paisaje, el castellano. Porque hablar de Delibes es hablar, ante todo, de Castilla y los castellanos. Conocedor de la flora y fauna de su región, enamorado de sus gentes, sus costumbres y su entorno, Delibes es probablemente el escritor que mejor supo retratar la Castilla del siglo XX, su habla y su espíritu.

Si su región es un punto dominante en su obra, no lo es menos el mundo rural, el pueblo y el campo, que se funde con el anterior y que el autor reivindicaba, junto a la naturaleza, como reductos de la autenticidad y la integridad del ser humano. Delibes criticó con esta defensa de lo rural el progreso desordenado, pero no por el desarrollo en sí mismo, sino esa civilización que entonces se formaba, centrada en el consumo innecesario, el placer y la alineación. El camino, Las ratas, El disputado voto del señor Cayo, Viejas historias de Castilla la Vieja, etc., nos muestran esa ruptura del hombre con el pueblo y el campo, esa despersonalización del ser humano que lo convierte en una masa amorfa, sumisa, cómplice del sueño irracional de la hedonista sociedad actual.

“Si el cielo de Castilla es alto es porque lo habrán levantado los campesinos de tanto mirarlo”

No serán en cualquier caso los únicos temas en los que se enfoque la obra de Delibes, que tocó también la crítica dolorosa al vasallaje de reminiscencia medieval (Los santos inocentes); la renovación del pensamiento, la tradición y la moral católica (Cinco horas con Mario, El hereje); la pasión por la caza como ejemplo de la vuelta del ser humano a su origen prehistórico (Diario de un cazador, Con la escopeta al hombro); el realismo costumbrista de La hoja roja o ese bellísimo canto al amor que es Señora de rojo sobre fondo gris, donde podemos atisbar, en la relación de sus personajes, la devoción de Delibes por su esposa, Ángeles de Castro, cuya muerte en 1974 afectó profundamente al escritor, quien la definiría como “la mejor mitad de mí mismo” y a la que el filósofo Julián Marías, amigo de la familia, describió como “esa mujer, maternal y niña a la vez que con su sola presencia aligeraba la pesadumbre de vivir”, y la tremenda influencia que la energía y la fe de su mujer tuvo en su éxito.

El pensamiento de Delibes

Se intuye en Delibes, en su persona y su obra, una especie de marcado estoicismo basado en la moral personal, en los valores y los principios como piedra angular. O, si se quiere, una mirada cínica ante la vida y el mundo que toca vivir, llena de denuncia y respeto por la honradez y la autoexigencia, cansada de ese utilitarismo que, a fuerza de citarlo, deviene en oportunismo barato de “fin que justifica los medios”.

Delibes parece sentir que su visión de la existencia no casa con los tiempos que le tocan vivir, refugiándose por ello en los pequeños placeres de la vida: la familia, el campo, la lectura, la escritura. Sus personajes hablan de un tiempo que es y no es  –a la vez– el propio, con unos vicios y virtudes de los que él quiso dejar constancia. Y eso, en aquella España de la posguerra, no era precisamente fácil. Numerosos fueron sus desencuentros con la censura franquista, y famosa su renuncia al periodismo tras la imposibilidad de decir aquello que consideraba que debía ser dicho. Delibes encontró en la literatura ese altavoz privilegiado, porque a menudo la ficción permite decir, oculta bajo su paraguas de irrealidad, aquello que en la no ficción se torna imposible. Y habló. Sobre el abandono de los pequeños pueblos de Castilla, sobre el despertar de la conciencia ecológica o la unión necesaria del hombre y la naturaleza, los valores y las creencias.

Es también patente su búsqueda del individualismo, el ser quien se es, alejado de la masa y el colectivo que impide a las personas alcanzar su propia plenitud. Ese Daniel “el mochuelo” que siente que al abandonar su pueblo para estudiar en la ciudad está perdiendo la esencia de sí mismo (El camino). O Mario, cuya furibunda intransigencia, fruto de su radical conciencia, termina por sentenciarlo, como bien le echa en cara su esposa: “No es eso, Mario, calamidad. Que para vivir en el mundo hay que ser mucho más flexible…” (Cinco horas con Mario). O Azarías, un hombre con las facultades mentales disminuidas que por su misma condición representa el único ejemplo de libertad e independencia en el cortijo del señorito Iván (Los santos inocentes).

“Los hombres necesitan siempre de un hazmerreír para eclipsarse a sí mismos de la propia ruindad de sus barros”

Aprecia el lector en Delibes ese carácter particular del castellano viejo, austero en la bonanza y melancólico en el éxito. Un hombre que se resguarda de puertas para adentro y que usa a sus personajes para expresarse, consciente de unas debilidades y flaquezas propias en las que nadie alrededor parece reparar. Y la impresión que queda cuando uno se asoma a esa vida y obra es la de un hombre eminentemente bueno, preocupado por todo menos por él mismo y que hace gala de una fuerte modestia sobre aquello que en la vida ha alcanzado.

El final de su vida

Delibes moría el 12 de marzo de 2010, en Valladolid, víctima de un cáncer con el que luchaba desde hacía tiempo. Su muerte despertó una ola de reconocimiento en toda España, algo que, por otra parte, no le había faltado en vida. Miles de personas se acercaron a la capilla ardiente en su ciudad natal, que depositó sus cenizas en su panteón de los hombres ilustres y que quiso tener el detalle de otorgarle el derecho a trasladar al mismo los restos de su esposa, Ángeles, para que pudieran descansar juntos.

“Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales”

Gozó de reconocimiento también en Madrid, en sus pueblecitos de Sedano (Burgos) y Molledo (Cantabria), en periódicos y televisiones, entre lectores y amigos, todos con el recuerdo del hombre al que así retrataba la editora y escritora Esther Tusquets unos años antes: “Lo encontré formidable. Lúcido, rápido de mente. Interesándose por todo (interesándose, como siempre, por los demás), acordándose sin problemas de cuanto surgía en la conversación. Más cáustico, eso sí, manifestando sin empacho cuanto se le ocurría, acaso más tajante en sus afirmaciones. Ha alcanzado ese punto –pensé con envidia– en que uno está más allá del bien y del mal. Pero me alegró sobre todo ver que era tan querido: hijos, nietos, parientes, amigos, todos prodigándole a chorro cariño, respeto y cuidados. No creo que casi nadie pase los últimos años de su vida rodeado de tanto amor, tanto genuino amor. De tan, por otra parte, merecido amor.”

Fuente:   Filosofía&Co

https://blogs.herdereditorial.com/filco/castilla-filosofia-pensamiento-delibes/

 


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Abril 05, 2018, 11:04:01 am por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.


            La Resurrección y la Vida, una de las grandes abstracciones del Cristianismo.
                                                  Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


A propósito del Domingo de Resurrección y dentro de la octava de la festividad más importante del mundo de la Cristiandad.


                 


Santa Cruz de Tenerife. España.- “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí aunque esté muerto vivirá, y todo aquel que vive y cree en mí no morirá jamás”. (Del Evangelio de San Juan)

Estas palabras son atribuidas a Jesucristo, según se narra en el Evangelio de San Juan, y al referirme a palabras atribuidas lo hago con el mayor cuidado, sabiendo que algunos podrán malinterpretarme y verme desde la óptica de un hombre escéptico, y en el peor de los casos, ateo, algo bien distante de mi postura religiosa, o más bien filosófica que, aunque alejado de la parte exterior de la religión, los ceremoniales, las adoraciones, y la asistencia sistemática a ciertos oficios me considero eminentemente religioso en su sentido más trascendental, esto es, en la acepción del término procedente del latín religare, que significa la reunificación del hombre con Dios, o al menos, un intento de aproximación y reunificación de la conciencia individual humana con la conciencia inconmensurable de la Deidad.
   
El escepticismo, en mi opinión, no es para nada negativo, por cuanto presupone una necesidad de cuestionamiento reflexivo constante, lo que no significa necesariamente la negación de Dios, sino poner en duda su existencia – que según los cánones de la Iglesia tradicional es cuasi lo mismo– toda vez que no ha sido posible demostrar su existencia – lo cual no significa una negación de la posibilidad de su existencia–, al menos de la forma en que acostumbramos a que se nos demuestren las cosas mediante pruebas y registros materiales, algo que resulta aplicable a las cosas terrenales del mundo material, pero son un verdadero absurdo en el mundo del espíritu, que también tiene leyes, leyes divinas, tal vez no demostrables aunque perceptibles como consecuencia de su razón de ser.

En mi caso particular lo escrito respecto a las palabras atribuidas al Cristo no es en sí poner en duda la existencia de una enseñanza que, según se cree fuera transmitida oralmente, y luego reunida por sus discípulos y aquellos que estuvieron más cerca de él en los tiempos de la antigua Palestina, sino por el concepto acerca de que lo narrado por los evangelistas está sujeto a la visión muy particular de cada uno de los autores, los que henchidos de amor hacia su maestro pudieron haber idealizado demasiado la figura del Cristo Redentor, sin que faltaran ciertos hechos de los que no se tiene demostración histórica que nos permita comprobar una realidad que ha sido aceptada muchas veces por aquello que la iglesia ha llamado fe, y que ha sustentado por muchos siglos la mayoría de las hipótesis relacionadas con la existencia del hombre que transformó los rígidos esquemas del Judaísmo.

Pero dejando a un lado el controversial tema de la autenticidad de los hechos narrados en los Evangelios y la idea de un posible escepticismo en aquellos que como yo, con un pensamiento mas especulativo que por fe religiosa nos acercamos con frecuencia a temas como estos, retomemos las palabras que según San Juan dijera el joven maestro a Martha, la hermana de Lázaro, el muerto que según la enseñanza primitiva del Cristianismo fuera resucitado por Jesús. 

Cuando el Redentor se considera a sí mismo la Resurrección y la Vida se está refiriendo a una concepción trascendental desde el punto de vista religioso y filosófico, algo que no podemos separar en el contexto del Evangelio del discípulo amado, toda vez que en su Prólogo – donde se halla resumido el gran misterio del Verbo, lo que los antiguos griegos ya habían definido como el Logos–  se expresa también la idea de su existencia aun antes de la creación de los mundos: “Ἐν ἀρχῇ ἦν ὁ λόγος, καὶ ὁ λόγος ἦν πρὸς  τὸν  θεόν,  καὶ  θεὸς  ἦν  ὁ  λόγος”. (En el principio era el Verbo y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios)

De ahí que el propio Redentor – como Verbo hecho carne y habitando entre los hombres: “Καὶ  ὁ  λόγος  σὰρξ ἐγένετο  καὶ  ἐσκήνωσεν  ἐν  ἡµῖν”– expresara que no solo era la Resurrección sino también la Vida, esto es, el Logos creador de los cielos y de la tierra, con lo que establecía su condición divina como Dios, amén de la reafirmación de su condición humana como Avatar Divino: “y el verbo se hizo carne y habitó entre los hombres”.

Es por esto que el Cristo no solo debe ser considerado como el maestro que nos dejó una serie de enseñanzas éticas y morales respecto a cómo debe ser el paradigma humano, sino como la Vida misma del Universo que palpita desde lo más recóndito de su existencia, por cuanto, es justamente su Vida quien sostiene la vida de todos los mundos y de todas las criaturas expresadas y latentes en el universo – principio de la Inmanencia Divina que la Filosofía del Cristianismo sabiamente fue desarrollando a través de su evolución desde los primeros siglos de la era cristiana hasta alcanzar su clímax con el período brillante de la Escolástica–.

Estas concepciones ofrecidas por Juan, el discípulo amado,  justo con el nacimiento del Cristianismo como religión, fue adquiriendo en el transcurso de los próximos siglos de la era cristiana la connotación de cuerpo doctrinal, algo que resultó vital en la Filosofía del Cristianismo, por cuanto, el Cristianismo primitivo tuvo un carácter eminentemente popular  – por lo del arraigo entre los pobres, humildes e iletrados– y no estuvo matizado por la abstracción filosófica, al menos inicialmente, aunque luego se fueran conformando las bases de la Filosofía del Cristianismo a partir de las Apologías de los primeros padres de la naciente iglesia hasta adquirir dimensiones colosales durante el esplendor de la Patrística, y más tarde con la Filosofía Escolástica. 

Pero qué significado tiene entonces la idea atribuida al propio Cristo respecto a que era la Resurrección. ¿Acaso se evoca el concepto del renacer espiritual cuando el hombre se despoja de sus vestiduras mortales, o es que se nos intenta transmitir otra enseñanza más allá de su aplicación al contexto humano, y por tanto perceptible en todo el universo?

Recordemos que el concepto de la existencia de un cuerpo material y uno espiritual más tarde fue asumido y difundido por el Apóstol San Pablo, el verdadero promotor del Cristianismo, quien se refirió en su Epístola a los Corintios a un cuerpo natural, corruptible y mortal y a otro de naturaleza espiritual que es incorruptible e inmortal; pero en las Sagradas Escrituras Cristianas no aparece, al menos de modo explícito la posible aplicación de esta idea más allá del hombre.   

¿Será que el Instructor y Redentor de la humanidad prefirió darnos ciertas pautas acerca de aquello que jamás cesa ni se aniquila, sino que se regenera en virtud de una ley inherente no solo en el hombre sino en todo el universo? “πάντα  δι᾽  αὐτοῦ  ἐγένετο,  καὶ  χωρὶς αὐτοῦ ἐγένετο οὐδὲ ἕν.  ὃ γέγονεν, ἐν αὐτῷ ζωὴ ἦν, καὶ ἡ ζωὴ ἦν τὸ φῶς τῶν ἀνθρώπων” (Por Él, todo fue hecho, y sin Él nada se hizo de lo que ha sido hecho. En Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres)

De cualquier modo, la Resurrección que la Iglesia Católica ha recordado este domingo – y que como toda festividad importante desde el punto de vista litúrgico tiene una octava, es decir, se conmemora durante los siguientes ocho días– seguirá siendo una abstracción cuyo principal misterio es la simbólica desaparición del cuerpo de Jesús una vez que fuera sepultado luego de su agonía en la cruz y de su muerte mística, también recordadas por estos días mediante el viernes y el sábado santo.

Estas palabras del Cristo-Jesús han de ser retomadas y asumidas tratando de develar su significado más trascendental, esto es, más allá de las propias palabras y más allá de la desaparición de su cuerpo mortal.

La Semana Santa debe estar muy por encima de las sendas procesiones que en su nombre tienen lugar, de las tradiciones y actos populares, bien lejos de la superficialidad  de viajes y excursiones aprovechando que estos días son considerados festivos, si es que creemos realmente en el Cristo Resucitado que trató de enseñarnos que él es la Resurrección y la Vida.     

Dos notas necesarias:

Las citas en castellano no son tomadas de manera literal de las Sagradas Escrituras, sino que las he copiado tal y como vinieron a mi mente, por lo que el lector podrá remitirse a las fuentes originales para comprobar su autenticidad, pero sabiendo que puede haberse omitido alguna palabra o que la que aparezca en mi escrito no sea justamente la que encontrará en la referencia consultada.

La utilización de frases en griego no pretenden en modo alguno dar la idea de una erudición de la que carezco, sino que están asumidas con la intención de precisar que muchas frases no encuentran una traducción al castellano lo más cercana a lo ideal que pueda mostrarnos su real significado.  De ahí que el uso de Verbo y palabra resulte controversial cuando se pretende abordar las concepciones referentes al Logos, que lo que más se le aproxima es Verbo y no palabra como se pretende muchas veces imponer con fines de popularización de la enseñanza del Cristianismo, con lo que se adultera el verdadero significado del término y más allá del término, del concepto.


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Marzo 20, 2018, 02:00:13 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.


                        Instrucciones para sobrevivir a la perplejidad política
                                               por antonioguerrero


Vivimos en una era de incertidumbre y decepciones en la que pensar en el largo plazo cada vez es más difícil


           


Daniel Innerarity es catedrático de Filosofía Política en la Universidad del País Vasco.

El siglo XXI se estrenó con la convulsión de la crisis económica, que produjo oleadas de indignación pero no ocasionó una especial perplejidad; contribuyó incluso a reafirmar nuestras principales orientaciones: quiénes eran los malvados y quiénes éramos los buenos, por ejemplo. El mundo se volvió a categorizar con nitidez entre perdedores y ganadores, entre la gente y la casta, entre quién manda y quién padece a los que mandan, al tiempo que las responsabilidades eran asignadas con relativa seguridad. Pero el actual paisaje político se ha llenado de una decepción generalizada que ya no se refiere a algo concreto sino a una situación en general. Y ya sabemos que cuando el malestar se vuelve difuso provoca perplejidad. Nos irrita un estado de cosas que no puede contar con nuestra aprobación, pero todavía más no saber cómo identificar ese malestar, a quién hacerle culpable de ello y a quién confiar el cambio de dicha situación.

1. El final de las certezas

Que nos han abandonado algunas certezas es algo que puede comprobarse comparando nuestras previsiones y lo que realmente ha sucedido; si consideramos la seguridad de la que han disfrutado muchas generaciones y civilizaciones menos informadas que la nuestra, con una tradición más rígida que compensaba la escasez de libertad con una orientación aplastante. También hay desconcierto en relación con qué hacer con ese poco de lo que estamos seguros; hay incertidumbre teórica y también incertidumbre de la voluntad: apenas conocemos la realidad y tampoco sabemos muy bien si es algo a lo que hay que adaptarse o que debe combatirse. Hechos, teorías, relatos y expectativas tienden a mezclarse y generar confusión. ¿Qué tienen en común la llamada posverdad, el desprecio hacia los hechos y la facilidad con que nos rendimos a las teorías conspirativas, cuyo principal defecto es que explican demasiado?

2. La desregulación emocional

Hemos pasado mucho tiempo examinando cómo debería racionalizarse el diálogo y la convivencia, mientras lo ignorábamos casi todo acerca de cómo se estaban configurando los nuevos espacios emocionales de las sociedades democráticas. Esos estados de ánimo, menos encuadrados que nunca en entramados institucionales estables o tradiciones poderosas, son ahora, al mismo tiempo, fuentes de conflicto y vectores de construcción social. En el gobierno de las emociones colectivas se contiene una fuerza que es clave para la transformación de las sociedades democráticas; nos jugamos ahí muchas más cosas que en la vida política formalizada. El combate contra la perplejidad política ha de empezar con un examen de nuestro paisaje afectivo. El desconcierto político tiene más que ver con la incapacidad de reconocer y gestionar nuestras pasiones que con el orden de los conocimientos.

3. La política, en una zona de señalización escasa

El mundo está lleno de informaciones acerca de cómo conducirse en él: mapas, indicaciones, referencias, brújulas y otros sistemas cada vez más sofisticados nos indican dónde estamos, hacia dónde nos dirigimos y cuál es la naturaleza de los elementos con los que nos iremos encontrando en nuestro desplazamiento. Las cosas se complican cuando no se trata de espacios físicos sino políticos, en los que hay una dimensión de sentido e interpretación que es menos evidente e implica juicios de valoración: entonces lo que nos interesa son asuntos como saber en qué consiste la legitimidad, si algo es democrático, quién tiene la autoridad de decidir qué o a quién imputar determinadas responsabilidades. Hemos entrado en un tiempo histórico en el que todos estos asuntos se han vuelto especialmente controvertidos. La política ha entrado desde hace algún tiempo en una zona de señalización insuficiente como cuando un conductor se adentra en una ruta desconocida, en transformación o en lugares no transitados antes por nadie. A partir de ese momento las señales binarias confunden más de lo que orientan, donde antes había una evidencia ahora tenemos una paradoja, aumentan las zonas sin cartografiar, proliferan las cosas que no son lo que parecen y todo se llena de efectos secundarios.

4. La democracia en la era de Trump

En el inventario de cuanto nos ha producido especial perplejidad política ocupa un lugar destacado la elección en noviembre de 2016 de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Pero que algo nos haya sorprendido no quiere decir que no pueda explicarse, que no responda a cambios sociales y políticos insuficientemente advertidos por quien se sorprende ante uno de sus efectos. ¿Cuáles son esas cosas en las que se han producido transformaciones sociales profundas, que indignan a buena parte de la sociedad y que no acaban de ser adecuadamente interpretadas? Yo las sintetizaría en tres procesos que son particu­larmente visibles en la sociedad estadounidense, pero que tienen manifestaciones muy similares en otras sociedades: una política degradada, que no es concebida como el ejercicio de las virtudes públicas, y que da la impresión de ser el oficio de un círculo cerrado de privilegiados que se dedican al ejercicio de la intriga; un modelo de capitalismo virtual acelerado que ofrece muchas oportunidades a algunos, pero que destruye ámbitos completos de empleo y que resulta literalmente insufrible para muchos trabajadores; y en tercer lugar, un dualismo también en referencia al fenómeno multicultural, celebrado idílicamente por quienes no experimentan más que sus beneficios, y temido en exceso por quienes lo viven en sus dimensiones más conflictivas.


5. Configurar sistemas inteligentes

La principal tarea del gobierno de la sociedad del conocimiento consiste en crear las condiciones de posibilidad de la inteligencia colectiva. Sistematizar la inteligencia, gobernar a través de sistemas inteligentes debería ser la prioridad de todos los niveles de Gobierno, instituciones y organizaciones. Gobernar entornos complejos, hacer frente a los riesgos, anticipar el futuro, gestionar la incertidumbre, garantizar la sostenibilidad o estructurar la responsabilidad nos obliga a pensar holísticamente y a configurar sistemas inteligentes (tecnologías, procedimientos, reglas, protocolos…). Sólo mediante tales dispositivos de inteligencia colectiva es posible acometer un futuro que ya no es la pacífica continuación del presente, sino una realidad intransparente, llena de oportunidades por la misma razón por la que contiene también riesgos potenciales de difícil identificación. Ese mismo principio de gobierno inteligente debería presidir la manera de relacionarnos con nuestros dispositivos tecnológicos para hacer frente a las nuevas ignorancias que, en una sociedad compleja, nos vemos obligados a gestionar.

6. Lo que nos espera

Cuando uno es un filósofo y no un vidente, las recomendaciones acerca de cómo divisar el futuro no serán apuestas proféticas ni aseveraciones demasiado rotundas; me conformo con dar alguna indicación que mejore nuestras disposiciones a enfrentarnos con un tiempo que, por su propia naturaleza y pese a los tahúres del porvenir, nos es fundamentalmente desconocido. Reflexionemos sobre el modo como se producen los cambios, pensemos en la curiosa paradoja de que escudriñar el futuro es una tarea ineludible y de resultados escasos, consideremos qué estado de ánimo es más razonable a la hora de enfrentarse al porvenir. El futuro es algo que por principio no podemos conocer, pero podemos comportarnos razonablemente con él.

Daniel Innerarity es catedrático de Filosofía Política e investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco. Extracto de su libro Política para perplejos (Galaxia Gutenberg), que saldrá el 28 de febrero.

Fuente: antonioguerrero | marzo 18, 2018 en 10:00 am | URL: https://wp.me/p5OYFZ-mu


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Marzo 11, 2018, 04:11:31 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                No sueñen: el consumismo no desaparecerá”: Gilles Lipovetsky
                                                      por antonioguerrero


SEMANA habló con Gilles Lipovetsky, sus sentencias son contundentes.[/b]


             


     Gilles Lipovetsky,el filósofo del individualismo, de la soledad y del consumismo.

Tiene 72 años y es uno de los filósofos y pensadores franceses más importantes de la actualidad. Desde sus primeros libros, publicados en los años ochenta, el francés Gilles Lipovetsky se ha interesado en los temas que aquejan a la sociedad moderna y a la cultura occidental. De eso precisamente habla en sus nuevos libros (De la ligereza, La estetización del mundo y El Occidente globalizado) y en entrevista con SEMANA.

SEMANA: Uno de sus temas de reflexión es la soledad. Y usted cree que esta cada vez se acentuará más. ¿Qué pasará entonces con el concepto de familia y sociedad?

GILLES LIPOVETSKY: Las ciudades de hoy están marcadas por costumbres individualistas, que conducen a un sentimiento de soledad creciente. Los divorcios se volvieron frecuentes en los países desarrollados, y en ciudades como París o Nueva York uno de cada dos hogares es unipersonal. Y surgen fenómenos, muy notorios en Francia, como la multiplicación de mascotas, que compensan un poco el sentimiento de soledad. Para mí esta no es una situación transitoria: la individualización de la cultura y de los comportamientos hacen que la soledad esté condenada a desarrollarse mucho más en el futuro. Sin duda, es uno de los dramas del mundo actual.

SEMANA: Esto significa que cambiarán las relaciones, ¿estas hacia dónde van?

G.L.: Cada vez serán más efímeras, las tradiciones y la religión poco ayudan a orientar los vínculos. Antes hacían que la gente tuviera un determinado modo de vida; la existencia individual era comunitaria. Pero desde el momento en que no hay una pertenencia comunitaria obligatoria, inevitablemente los individuos se separan.

SEMANA: Pero usted dice que hoy es más fácil conocer gente…

G.L.: Sí, hoy se conocen más personas, más que en cualquier momento de la historia, pero están ligadas menos tiempo. Se tienen nexos en el trabajo, en la familia, en asociaciones, pero los individuos se sienten solos. Antes las uniones entre hombres y mujeres, por ejemplo, se basaban en modos de vida similares, las expectativas no eran altas y vivían juntos porque estaban obligados. No había otra manera. Hoy los individuos buscan la felicidad y se separan si no la encuentran.

SEMANA: ¿Algunos creen que por esto hoy son más fuertes, por ejemplo, el feminismo o la comunidad LGBTI?

G.L.: Hay asociaciones que no se explican solamente por la soledad. El feminismo, por ejemplo, lucha por las desigualdades entre hombres y mujeres, y contra la violencia. Hay otros grupos, como ocurre en Francia, que luchan contra la misma soledad: las personas cuando se sienten mal, deprimidas, acuden a ellos. En esta sociedad contemporánea e hipermoderna, los LGBTI ya tienen lugares de encuentro, antes estaban aislados. Sí, esta es una señal de una posibilidad de una soledad menor.

SEMANA: ¿Y por qué internet no ayuda?

G.L.: Con internet se conoce gente. Sin embargo, investigaciones demuestran que en algún momento surge una gran decepción. La paradoja es que pese a la red y a los teléfonos inteligentes, no disminuye el sentimiento de soledad y de frustración. Nada supera a la realidad.

SEMANA: Se creería que las redes sociales son un paliativo contra la soledad…

G.L.: Venden la imagen de ser un escape a la soledad. Sin embargo, en Facebook puedes tener cientos de amigos, pero a esos amigos se les ve poco o a veces ni siquiera se les conoce. Las redes sociales no podrán combatir la soledad que se avecina en el mundo. Tal vez ofrezcan la posibilidad de estar solos menos tiempo. Apenas serán una herramienta.

SEMANA: ¿Y en todo este contexto qué pasa con los hijos, con los niños?

G.L.: Desde los años sesenta en las sociedades contemporáneas hubo una gran revolución que cambió el comportamiento de los padres frente a sus hijos. La idea es que hoy crían niños para que sean felices, sus padres buscan satisfacerlos. Pero esta revolución educativa tiene, según psiquiatras y psicoanalistas, un gran número de niños hiperactivos que no soportan la realidad, no toleran la frustración. No vamos por buen camino. No pido volver a la educación autoritaria, pero el niño ‘rey’, el que hace lo que quiere, es un problema muy serio para la evolución.

SEMANA: Hablando de futuro, ¿qué efectos podrá tener la frivolidad (tema que usted estudia) en la política y en la sociedad?

G.L.: La frivolidad del consumismo tiene cosas positivas: nos permite viajar, tener muchas distracciones, conocer placeres renovados. ¿A quién no le gusta eso? Pero la frivolidad debe tener límites. Paralelamente, habría que reforzar el sistema escolar, una educación que les dé a las personas más horizontes. El hombre no es solamente un consumidor y por eso debe ser capaz de inventar, de crear, de hacer un trabajo inteligente, de amar el arte. El consumismo no desaparecerá, no sueñen que ocurrirá, pero debemos fijarle límites y no límites autoritarios, sino proponiendo otras cosas y esas cosas son la cultura, la formación y la escolarización.

SEMANA: ¿Y en la política?

G.L.: Hoy estamos en democracias más estables, donde hay menos violencia colectiva, donde no se legitima el uso de la fuerza o un golpe de Estado. La idea de revolución ha desaparecido prácticamente y estamos en sociedades democráticas donde las costumbres se pacificaron. Yo no hablaría de frivolidad en la política, pero sí de políticas de seducción. Los políticos intentan conquistar a través de su imagen con promesas electorales, pero hoy vemos, como nunca, que no seducen a la gente. Cada vez hay más sospechas y rechazo hacia una clase política que horroriza al electorado. Y tiene mucho que ver su falta de coraje, de compromiso y de orientación.

SEMANA: ¿Y qué pasó con el debate socialismo versus capitalismo?

G.L.: Se acabó. En Europa todos los partidos socialistas están en decadencia. El nuevo debate hoy es entre progresistas que quieren cambiar al mundo y populistas que están contra la globalización. En el futuro los conflictos serán entre las personas que quieren el cambio y las que no. A pesar de todo es necesario para la democracia que haya alternancia. En el caso francés tenemos un fenómeno nuevo: un presidente (Emmanuel Macron) que logró superar la contienda entre izquierda y derecha, pero debe ser por un periodo corto porque una democracia necesita cambios. Si no hay oposición parlamentaria, en términos de gobernabilidad, habrá entonces movimientos de oposición de la sociedad en las calles, lo que no es un buen síntoma.

SEMANA: ¿Qué viene entonces?

G.L.: No creo a futuro en democracias pacificadas, donde no haya oposición o donde habrá solo un punto de vista. Al contrario de lo que pensaba Herbert Marcuse en los años sesenta, no estamos en la sociedad unidimensional, pues ahora hay numerosas fracturas y no solamente económicas. Hoy los ciudadanos no se ponen de acuerdo sobre el matrimonio gay, la pena de muerte, la política sobre la inmigración o la política sobre las drogas. Hay debates de sociedad que estarán muy activos y muy vivos en el mundo que vendrá. No estamos yendo hacia una sociedad uniforme.

SEMANA: ¿Por qué la moda marca de esa manera el devenir de la sociedad?

G.L.: La humanidad vivió mucho tiempo sin moda, pero el capitalismo de consumo la avivó y amplió su concepto. Antes solo se veía en la cultura y en la ropa, pero hoy la moda está en todas partes: en los smartphones, en los carros, en los deportes, en el turismo, o sea, hay una renovación permanente de los modelos. No creo que la veamos retroceder porque al hombre contemporáneo le gusta la novedad. Sucede que antes vivíamos en sociedades tradicionales donde los hombres podían vivir sin moda, no era una aspiración, pero cuando las tradiciones dejaron de gobernar la vida cotidiana, hombres y mujeres buscaron tener cosas nuevas.

SEMANA: Y los medios son su gran propulsor...

G.L.: Los medios son el eco de la moda. Los medios de masas y la publicidad fomentan la lógica de la moda, la renuevan rápida y sistemáticamente. La televisión, por ejemplo, no puede proponer todo el tiempo los mismos programas, las mismas películas, los mismos juegos. Hoy en día hay un apetito de novedad que no está solamente en los objetos, sino también en los programas, especialmente los que son difundidos por los medios como radio, televisión o cine. Estamos en una sociedad de renovación permanente.

SEMANA: ¿Es posible una sociedad que no sea consumista?

G.L.: Sí, las sociedades de miseria. En algunos países de África millones y millones de personas viven con dos dólares en promedio por día, ahí la lógica de la moda no gana ni gobierna. Reina la lógica de la supervivencia. Hoy no podemos tener una economía dinámica y de crecimiento que no esté centrada en el consumismo. Y este es inseparable de la moda.


Fuente:

http://www.semana.com/cultura/articulo/gilles-lipovetsky-el-filosofo-del-individualismo-de-la-soledad-y-del-consumismo/529649

antonioguerrero | marzo 11, 2018 en 8:28 am | URL: https://wp.me/p5OYFZ-mp


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Febrero 17, 2018, 11:26:52 am por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.


                      Giordano Bruno. Filósofo y Científico. Algunas de sus ideas.
                     
                       A propósito del aniversario 418 de su quema en la hoguera
                                           un día como hoy 17 de febrero.
                                       
                                           Por. Dr. Alberto Roteta Dorado.



             


El mundo entero, y de manera particular los filósofos, y por qué no admitirlo, también los hombres de ciencia,  debemos recordar hoy a Giordano Bruno (1549-1600), el noble y humilde monje que la inquisición de la Iglesia Católica condenó despiadadamente y quemó vivo en la hoguera en Roma, un día como hoy 17 de febrero de 1600.

Astrónomo, filósofo, matemático y escritor italiano un tanto olvidado en nuestros días, pero de un valor extraordinario por sus aportes al pensamiento filosófico y a la ciencia de su tiempo. 

La Inquisición lo acusó inicialmente por sus ideas antidogmáticas, que ya le habían costado el hábito dominico. Rechazó la virginidad de María y la transubstanciación. Sus reflexiones sobre cuestiones de cosmología, y su atracción por la magia dieron gradualmente lugar a una impresionante lista de acusaciones.

En febrero de 1593, Bruno fue encarcelado en las prisiones del Santo Oficio. El juicio se prolongó durante otros dos años antes de tomar la decisión de realizar un estudio en profundidad de sus obras, que fueron censuradas y posteriormente quemadas en la plaza de San Pedro.

Desde su celda, Bruno terminó de escribir una declaración para su defensa, y presentó su alegato final el 20 de diciembre 1594 ante el Santo Oficio. El juicio fue interrumpido durante seis meses, tiempo durante el cual Bruno continuó defendiendo activamente su teoría de los infinitud del universo, a veces afirmando que estaba dispuesto a retractarse, y otras declarando que era fiel a sus ideas. Por lo tanto, el cardenal Belarmino elaboró una lista de las teorías consideradas heréticas, sobre las que Bruno de nuevo vaciló antes de negarse categóricamente a renunciar a ellas.

Autor de varias obras de contenido filosófico entre las que se destacan: De la causa, principio, et Uno, De l'infinito universo et Mondi,  Spaccio de la Bestia Trionfante, De magia, De triplici minimo et mensura, De monade numero et figura, De innumerabilibus, immenso, et infigurabili, De imaginum, signorum et idearum compositione, De rerum principiis et elementis et causis


               


A continuación os ofrezco una selección de citas del extraordinario filósofo, en mi opinión las figuras más representativas del Naturalismo Renacentista.

“El mundo vive porque Dios está en todo el universo y en cada una de sus partes –la mente en cada cosa”–.

“Mientras que el aspecto de las cosas es dudoso, Él es más íntimo a todas que puedan serlo ellas mismas, principio vivo del ser, fuente de todas las formas, Espíritu, Dios, Ser, Uno, Verdad, Destino, Verbo, Orden”.

“No se puede llegar a Dios por sus efectos, de la misma manera que no se puede conocer a Apeles por sus estatuas. Dios está sobre la esfera de nuestra inteligencia; y es más misterioso atenerse a la revelación que intentar conocerlo. (…). Consideramos el principio y  la causa, por cuanto, en el efecto, o está la misma naturaleza, o por lo menos, resplandece en el ámbito y seno de aquella”.

“Porque siendo la creación proporcional al poder del creador, el universo ha de ser tan infinito y eterno como el creador, y cada forma engendra de su propia esencia otra forma”.

“No hay muerte, pero tampoco permanencia de las individualidades numéricas”. 

 “Sólo permanece la sustancia única (la materia - alma universal) mutándose en nuevas individualidades”.

“La composición se disuelve, la complexión se cambia, la figura se muda, el ser se altera, la fortuna varía, permaneciendo siempre los elementos lo que son en sustancia y perseverando el principio material único (que es la verdadera sustancia de las cosas, eterna, ingenerable, incorruptible) en aquello mismo que fue siempre”.

"Ciego quien no ve el sol, necio quien no lo conoce, ingrato quien no le da las gracias, si tanta es la luz, tanto el bien, tanto el beneficio, con que resplandece, con que sobresale, con que nos favorece, maestro de los sentidos, padre de las sustancias autor de la vida".

"...donde no se juzgue suma sabiduría al creer sin discreción, donde las imposturas de los hombres se distinguen de los consejos divinos, donde no se juzga acto de religión y piedad sobrehumana el pervertir la ley natural..."

"Dios es omnipotente y perfecto y el universo es infinito; si Dios lo conoce todo entonces es capaz de pensar en todo, incluido lo que yo pienso. Debido a que Dios es perfecto y conoce todo, debe crear lo que yo pienso. Yo puedo imaginar un infinito número de mundos parecidos a la tierra, con un jardín del Edén en cada uno. En todos esos jardines la mitad de los Adanes y Evas no comerán del fruto del conocimiento y la otra mitad lo hará; de esta manera un infinito número de mundos caerá en desgracia y habrá un infinito número de crucifixiones. De aquí puede haber un único Jesús que irá de mundo en mundo o un infinito número de Jesuses. Si hay un solo Jesús la visita a un número infinito de mundos tomará una infinita cantidad de tiempo, de este modo debe haber un infinito número de Jesucristos creados por Dios".

"Hay un solo espacio general, una vasta inmensidad única a la que podemos llamar libremente vacío: en él están los orbes innumerables como éste en el que vivimos y crecemos, declaramos que este espacio es infinito, ya que ninguna razón, conveniencia, percepción sensorial ni naturaleza le asigna un límite".



               


“Creo que el universo es infinito como obra del divino é infinito poder, porque hubiera sido indigno de la omnipotencia y de la bondad de Dios crear un solo mundo finito pudiendo crear, además de este mundo, infinitos otros. Por lo tanto, declaro que hay infinitos mundos parecidos al nuestro, el cual, de acuerdo con el sentir de Pitágoras, creo que es una estrella de naturaleza análoga a la luna, a los otros planetas y demás astros, cuyo número es infinito, y que todos estos cuerpos celestes son mundos innumerables que constituyen el universo infinito en el espacio infinito, y esto es lo que llamo universo infinito con innumerables mundos; y así tenemos dos linajes de grandeza infinita en el universo y una multitud de mundos”.

“El mundo es eterno” (…) “hay infinitos mundos que Dios crea continuamente, porque puede hacer cuanto quiere”.

“A la correlación, semejanza, adecuación, e identidad con el infinito no te acercas más con ser hombre que con ser hormiga, con ser estrella en vez de hombre; no te acercas más a ese ser siendo sol o luna que hombre u hormiga; y por tanto en el infinito todas estas cosas son indistintas”.

“Deben existir innumerables individuos, que son estos grandes animales (de los cuales uno es la tierra, divina madre que nos ha engendrado y nos alimenta y que más tarde nos volverá a acoger), y para contener a estos innumerables se necesita un espacio infinito. Por consiguiente, así como ha podido y puede existir y es bueno que exista este, no es menos bueno que existan, como pueden existir, innumerables mundos semejantes a este”

“Los infinitos mundos del universo, en tanto animales, no difieren en la especie y pueden llegar incluso a encontrarse habitados por seres inteligentes similares a los hombres. Su animación quita toda posibilidad de remitir su movimiento a algún motor extrínseco. El alma del mundo está en todo y por entero en cada cosa”








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Febrero 17, 2018, 08:27:14 am por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                                            Giordano Bruno, el filósofo olvidado.                                         
                       A propósito del aniversario 418 de su quema en la hoguera
                                               un día como hoy 17 de febrero.
                                               Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.



             


Santa Cruz de Tenerife. España.- Ya muy pocos lo recuerdan. Tal vez cualquier político, deportista, artista o escritor sea mucho más evocado en el día de su muerte que el noble monje italiano que fuera quemado en la hoguera según las disposiciones de la Iglesia Católica en una época que lamentablemente sufrió los embates de la rectitud e incomprensión de su inquisición; algo de lo que no se podrán apartar jamás aunque pasen los siglos y algunos pretendan sepultar el daño hecho mediante el perdón, el arrepentimiento y una posible “apertura” que muchas veces no deja de ser un simple cumplido.
 
La iglesia sabe perfectamente bien – aunque predica concepciones diferentes por puros convencionalismos, y lo peor, por conveniencias–  que el arrepentimiento y el perdón no son suficientes para quedar impunes ante una terrible matanza, de la que solo tenemos una visión parcializada, llegando hasta nuestros días la referencia de aquellos que tuvieron cierta notoriedad como para figurar en biografías, compilaciones, selecciones o pequeñas citas de lo que otros dijeron o pretendieron decir, y que tan solo son un ápice del gran iceberg que provocó la mal llamada santa inquisición.
   
Hay una ley que de manera sabia – como ley al fin– trata de poner en orden y quietud todo lo que se desajusta como consecuencia de los actos de los hombres, ya sean cometidos para bien o para mal; pero siempre y de manera inequívoca sitúa cada cosa en su justo lugar.
 
Es en virtud de dicha ley que aquel que fue sentenciado injustamente por pensar de una manera diferente y poco usual en su tiempo – con lo que se adelantaba a sus contemporáneos–, más allá de las rígidas normas establecidas por quienes lo juzgaron, pasó a estados de conciencia inusitados y se halla en la cúspide de una bien ganada gloria como no lo podrán estar jamás aquellos que no lo comprendieron, que no se apiadaron de él, y que lo exterminaron del mundo terrenal, lo que fuera uno de los actos más terribles de la historia.


             


Giordano Bruno (1549-1600), ha sido un personaje que no solo ha sido injustamente quemado por la inquisición por herejía, sino que no se le ha prestado la debida atención dentro del estudio del pensamiento filosófico y científico. Las breves referencias a su enseñanza y la brevedad con que se le presenta en los tratados de filosofía y los grandes diccionarios enciclopédicos especializados en las ciencias humanísticas así lo demuestran.
 
Al parecer no fue suficiente que el humilde monje italiano se cuestionara acerca de la existencia de vida en otros mundos – algo a lo que la ciencia de estos tiempos le presta una marcada atención y se llevan a cabo múltiples investigaciones en las que se invierten millonarias cifras de dinero–, o que no retuviera para sí, sino que lo diera a conocer al mundo, sus conceptos respecto a un universo infinito, carente de límites en la plenitud de un eónico espacio aun por descubrir en la mayor parte de su extensión: “el mundo es eterno” (…) “hay infinitos mundos que Dios crea continuamente, porque puede hacer cuanto quiere”, con lo que trascendió además las concepciones estáticas referentes al cosmos para dejarnos como legado la idea de una constante renovación de todo lo existente y de un dinamismo universal más allá de nuestra comprensión.

Según Bruno el mundo es infinito, porque su causa, esto es, la mente sobre las cosas, es infinita y también es infinita la vida, porque nada perece. El mundo vive porque Dios está en todo el universo y en cada una de sus partes, esto es, la mente en cada cosa. Algo que amplía en esta contundente declaración que demuestra su genialidad y que la mística rusa Helena Blavatsky cita en su obra Isis sin Velo:

“Creo que el universo es infinito como obra del divino é infinito poder, porque hubiera sido indigno de la omnipotencia y de la bondad de Dios crear un solo mundo finito pudiendo crear, además de este mundo, infinitos otros. Por lo tanto, declaro que hay infinitos mundos parecidos al nuestro, el cual, de acuerdo con el sentir de Pitágoras, creo que es una estrella de naturaleza análoga a la luna, a los otros planetas y demás astros, cuyo número es infinito, y que todos estos cuerpos celestes son mundos innumerables que constituyen el universo infinito en el espacio infinito, y esto es lo que llamo universo infinito con innumerables mundos; y así tenemos dos linajes de grandeza infinita en el universo y una multitud de mundos".

O quizás sus conceptos sobre los cuerpos que se agitan en el espacio no se tangan en cuenta actualmente por resultar demasiado evidente la existencia de una multitud de centros evolutivos, a los que se les ha ubicado en sistemas solares, galaxias, universos, etc., con lo que también se contribuye a esa desestimación sobre su figura toda vez que se le analiza descontextualizado de su tiempo.
 
Tal vez nuestros hombres de ciencia, independientemente de sus grandes méritos, no se han detenido en algo que ya para ellos resulta muy patente; pero en los tiempos de Bruno – a pesar del impulso que en lo científico, lo artístico, y lo académico ofrecía el Renacimiento– era una osadía cuestionarse lo que ya estaba establecido como ley inmutable y dictaminada por la Iglesia Católica, institución que hoy contribuye al conocimiento científico a partir de sus centros referenciales de investigaciones cosmológicas; pero en el pasado se opuso al avance científico y frenó la especulación filosófica.


               

 
Con marcada influencia de Platón, pero sobre todo de Pitágoras  – Bruno declaraba explícitamente su conformidad con las doctrinas pitagóricas–, fue capaz de aplicar los misterios de los números a la vida humana: “no hay muerte, pero tampoco permanencia de las individualidades numéricas”; como también se refirió a la idea de la eternidad de todo lo existente: “sólo permanece la sustancia única (la materia - alma universal) mutándose en nuevas individualidades”.

Pero donde resulta más notorio su poder especulativo que lo sitúan junto a las más representativas figuras de la filosofía de todos los tiempos – a pesar de que no se le tiene en cuenta como se debe– es en la idea de Dios, al que, según Bruno, hay que buscarlo en la naturaleza y no fuera de ella:  “porque siendo la creación proporcional al poder del creador, el universo ha de ser tan infinito y eterno como el creador, y cada forma engendra de su propia esencia otra forma”, algo que más tarde asumió Spinoza como eje de su doctrina.
 
Giordano Bruno retomó el olvidado concepto de Mónada – del griego monás que significa unidad– que había esbozado magistralmente Pitágoras en relación con sus teorías numéricas y geométricas acerca de Dios y el universo y le ofrece una dimensión colosal al afirmar de manera categórica que Dios es la Mónada de las mónadas, la entidad de todas las cosas existentes tanto manifestadas como no manifestadas, la gran sustancia de todas las sustancias, o como nos expresó en su obra De Inmenso: “Mientras que el aspecto de las cosas es dudoso, Él es más íntimo a todas que puedan serlo ellas mismas, principio vivo del ser, fuente de todas las formas, Espíritu, Dios, Ser, Uno, Verdad, Destino, Verbo, Orden”.

Pero al parecer estas concepciones van quedando solo como simples aspectos referenciales que se mencionan con rapidez extrema en las clases de Historia de la Filosofía, cuyos estudiantes inmersos en un mundo de rapidez extrema, de consumismo excesivo y, aunque parezca paradójico, de total incomunicación luego lo olvidan; y lo peor, se omite demasiado al autor de dichos conceptos como si no bastara que defendiera la idea del movimiento de la tierra sobre sí misma “para renovarse”, o que en el Universo convergen todas las posibles hipóstasis: Dios, alma del mundo, inteligencia, materia.





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Febrero 16, 2018, 04:39:13 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

   
                                       El joven Karl Marx’ en el Halcón Milenario
                                                        por antonioguerrero

A la película le pasa un poco como con 'Star Wars': el protagonista, Luke Skywalker, resulta predecible y redicho, pero es la excusa para que intervengan personajes memorables



           


Al principio de El joven Karl Marx se ve un bosque en el que unos campesinos alemanes recogen leña. Un anciano reprende a un niño que estaba intentando arrancar una rama de un árbol, pues solo se llevan la leña caída. En ese momento aparecen a caballo unos soldados armados que masacran a los campesinos. Mientras, se oye una voz en off que resulta ser la de un Marx veinteañero leyendo un manuscrito en la redacción de un periódico de Colonia en 1843, inmediatamente antes de que el ejército irrumpa para clausurar la publicación. Se trata del Rheinische Zeitung, un diario liberal crítico con el absolutismo prusiano en el que Marx publicó una serie de artículos denunciando los cambios legislativos que criminalizaron el derecho consuetudinario a recoger leña de los campesinos de la región de Mosela. Es un tema del que Marx prácticamente no se volvió a ocupar hasta que lo recuperó en El capital,donde relaciona el origen del mercado de trabajo capitalista con la expropiación violenta de los bienes comunes tradicionales. Del mismo modo, durante mucho tiempo los intérpretes de Marx apenas prestaron atención a esta cuestión. En cambio, en las últimas décadas, los “comunes” ocupan un lugar crucial tanto en la práctica política como en la obra de autores marxistas como David Harvey, economistas como Elinor Ostrom o historiadores como Peter Linebaugh o Silvia Federici.

Y ese es solo el primer minuto de la película.

Con El joven Karl Marx pasa un poco como con Star Wars. El protagonista, Luke Skywalker, resulta predecible y redicho, pero es la excusa para que intervengan personajes memorables, como Han Solo o Darth Vader. El Marx de El joven Karl Marx se pasa toda la película con media sonrisa irónica y cara de creerse mucho más listo que el resto de la humanidad (un retrato bastante fiel, probablemente). Pero es un formidable médium de personajes y situaciones históricas que se suceden como una catarata a lo largo de las dos horas de película. El Han Solo de El Joven Karl Marx es, sin duda, el joven Engels: divertido, empático, valiente un poco alocado y con un gran olfato sociológico. Si no hubiera sido por La situación de la clase obrera en Inglaterra -un informe que aún hoy resulta impresionante y que Engels redactó a los veinticinco años gracias a la colaboración de su compañera, Mary Burns— hoy recordaríamos (o más bien no) a Marx como un filósofo posthegeliano particularmente sarcástico. Pero la película también consigue que Jenny Marx, Bakunin.


               


Salvo una secuencia ridícula en la que se escucha una música bélica mientras Marx lee tranquilamente —como si en vez de estar tomando notas para Miseria de la filosofía se estuviera preparando para una misión de comando—, Raoul Peck logra la proeza de introducir cuestiones teóricas de largo alcance con mucha naturalidad. Así, por ejemplo, la influencia del romanticismo en la ruptura generacional de Marx con el universo burgués de su familia se sugiere en una breve y emotiva conversación entre Jenny y Engels. Y, sin duda, debemos a El joven Karl Marx la mejor interpretación de la famosa undécima tesis sobre Feuerbach: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Es un lema irritante, al borde de la literatura motivacional, que en la película, muy verosímilmente, Marx pronuncia completamente borracho, es de suponer que inmediatamente antes de entonar el equivalente renano del Asturias, patria querida.

Especialmente, El joven Karl Marx consigue mostrar con mucha fidelidad lo doméstica e intempestiva que resultó la intervención de Marx y Engels y lo improbable que fueron sus efectos. El proletariado al que interpelaban no existía, como tampoco el partido cuyo manifiesto escribieron. Se dirigían a minúsculas agrupaciones de trabajadores que se sentían mucho más cercanos al lenguaje religioso de Wilhelm Weitling que a la gran teoría alemana. La película muestra a Proudhon o a los líderes unionistas como políticos hábiles y prudentes, mientras Marx y Engels irrumpían en los movimientos políticos como elefantes en una cacharrería. Y esa es justamente la épica que alimenta El joven Karl Marx. El milagro de que dos jovencísimos pequeñoburgueses con un contacto remoto con las condiciones de vida y las organizaciones de trabajadores consiguieran poner en marcha un movimiento que desbordó completamente la política antagonista de su tiempo y ha inspirado las ambiciones emancipadoras de millones de personas de todo el mundo a lo largo de siglo y medio.

Fuente:

https://elpais.com/cultura/2018/01/27/actualidad/1517066304_935792.html


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Febrero 14, 2018, 03:49:48 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

   
“Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose”

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, un destacado diseccionador de la sociedad del hiperconsumismo, explica en Barcelona sus críticas al “infierno de lo igual”



                 


Las Torres Gemelas, edificios iguales entre sí y que se reflejan mutuamente, un sistema cerrado en sí mismo, imponiendo lo igual y excluyendo lo distinto y que fueron objetivo de un atentado que abrió una brecha en el sistema global de lo igual. O la gente practicando binge watching (atracones de series), visualizando continuamente solo aquello que le gusta: de nuevo, proliferando lo igual, nunca lo distinto o el otro... Son dos de las potentes imágenes que utiliza el filósofo Byung-Chul Han (Seúl, 1959), uno de los más reconocidos diseccionadores de los males que aquejan a la sociedad hiperconsumista y neoliberal tras la caída del muro de Berlín. Libros como La sociedad del cansancio, Psicopolítica o La expulsión de lo distinto (en España, publicados por Herder) compendian su tupido discurso intelectual, que desarrolla siempre en red: todo lo conecta, como hace con sus manos muy abiertas, de dedos largos que se juntan mientras cimbrea una corta coleta en la cabeza.

“En la orwelliana 1984 esa sociedad era consciente de que estaba siendo dominada; hoy no tenemos ni esa consciencia de dominación”, alertó ayer en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), donde el profesor formado y afincado en Alemania disertó sobre la expulsión de la diferencia. Y dio pie a conocer su particular cosmovisión, construida a partir de su tesis de que los individuos hoy se autoexplotan y sienten pavor hacia el otro, el diferente. Viviendo, así, en “el desierto, o el infierno, de lo igual”.

Autenticidad. Para Han, la gente se vende como auténtica porque “todos quieren ser distintos de los demás”, lo que fuerza a “producirse a uno mismo”. Y es imposible serlo hoy auténticamente porque “en esa voluntad de ser distinto prosigue lo igual”. Resultado: el sistema solo permite que se den “diferencias comercializables”.

Autoexplotación. Se ha pasado, en opinión del filósofo, “del deber de hacer” una cosa al “poder hacerla”. “Se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede”, y si no se triunfa, es culpa suya. “Ahora uno se explota a sí mismo figurándose que se está realizando; es la pérfida lógica del neoliberalismo que culmina en el síndrome del trabajador quemado”. Y la consecuencia, peor: “Ya no hay contra quien dirigir la revolución, no hay otros de donde provenga la represión”. Es “la alienación de uno mismo”, que en lo físico se traduce en anorexias o en sobreingestas de comida o de productos de consumo u ocio.

‘Big data’.“Los macrodatos hacen superfluo el pensamiento porque si todo es numerable, todo es igual... Estamos en pleno dataísmo: el hombre ya no es soberano de sí mismo sino que es resultado de una operación algorítmica que lo domina sin que lo perciba; lo vemos en China con la concesión de visados según los datos que maneja el Estado o en la técnica del reconocimiento facial”. ¿La revuelta pasaría por dejar de compartir datos o de estar en las redes sociales? “No podemos negarnos a facilitarlos: una sierra también puede cortar cabezas... Hay que ajustar el sistema: el ebook está hecho para que yo lea, no para que me lea a mí a través de algoritmos... ¿O es que el algoritmo hará ahora al hombre? En EE UU hemos visto la influencia de Facebook en las elecciones... Necesitamos una carta digital que recupere la dignidad humana y pensar en una renta básica para las profesiones que devorarán las nuevas tecnologías”.

Comunicación. Sin la presencia del otro, la comunicación degenera en un intercambio de información: las relaciones se reemplazan por las conexiones, y así solo se enlaza con lo igual; la comunicación digital es solo vista, hemos perdido todos los sentidos; estamos en una fase debilitada de la comunicación, como nunca: la comunicación global y de los likes solo consiente a los que son más iguales a uno; ¡lo igual no duele!”.

Jardín. “Yo soy diferente; estoy envuelto de aparatos analógicos: tuve dos pianos de 400 kilos y durante tres años he cultivado un jardín secreto que me ha dado contacto con la realidad: colores, olores, sensaciones... Me ha permitido percatarme de la alteridad de la tierra: la tierra tenía peso, todo lo hacía con las manos; lo digital no pesa, no huele, no opone resistencia, pasas un dedo y ya está... Es la abolición de la realidad; mi próximo libro será ese: Elogio de la tierra. El jardín secreto. La tierra es más que dígitos y números.

Narcisismo. Sostiene Han que “ser observado hoy es un aspecto central de ser en el mundo”. El problema reside en que “el narcisista es ciego a la hora de ver al otro” y sin ese otro “uno no puede producir por sí mismo el sentimiento de autoestima”. El narcisismo habría llegado también a la que debería ser una panacea, el arte: “Ha degenerado en narcisismo, está al servicio del consumo, se pagan injustificadas burradas por él, es ya víctima del sistema; si fuera ajeno al mismo, sería una narrativa nueva, pero no lo es”.

Otros. Es la clave de sus reflexiones más recientes. “Cuanto más iguales son las personas, más aumenta la producción; esa es la lógica actual; el capital necesita que todos seamos iguales, incluso los turistas; el neoliberalismo no funcionaría si las personas fuéramos distintas”. Por ello propone “regresar al animal original, que no consume ni comunica desaforadamente; no tengo soluciones concretas, pero puede que al final el sistema implosione por sí mismo... En cualquier caso, vivimos en una época de conformismo radical: la universidad tiene clientes y solo crea trabajadores, no forma espiritualmente; el mundo está al límite de su capacidad; quizá así llegue un cortocircuito y recuperemos ese animal original”.

Refugiados. Han es muy claro: con el actual sistema neoliberal “no se siente temor, miedo o asco por los refugiados sino que son vistos como carga, con resentimiento o envidia”; la prueba es que luego el mundo occidental va a veranear a sus países.

Tiempo.Es necesaria una revolución en el uso del tiempo, sostiene el filósofo, profesor en Berlín. La aceleración actual disminuye la capacidad de permanecer: necesitamos un tiempo propio que el sistema productivo no nos deja; requerimos de un tiempo de fiesta, que significa estar parados, sin nada productivo que hacer, pero que no debe confundirse con un tiempo de recuperación para seguir trabajando; el tiempo trabajado es tiempo perdido, no es tiempo para nosotros”.

SU ÚLTIMO LIBRO 'LA EXPULSIÓN DE LO DISTINTO'

https://elpais.com/cultura/2018/02/07/actualidad/1517989873_086219.html


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Febrero 10, 2018, 09:44:34 am por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                        ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                        Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

                   ELECCIONES DEL 2018 EN CUBA Y LATINOAMÉRICA. PRIMERA PARTE (3)


               


Colombia se convierte en un país de extrema vulnerabilidad con la participación de las FARC en los asuntos políticos de la nación. Santos, no el peor, pero sí el más contradictorio.

Aunque ya se había anunciado su participación como candidato presidencial de manera pública en un acto en el que el líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, Rodrigo Londoño, alias Timochenko, no estuvo presente por razones de enfermedad, un silencio relativo siguió a este acontecimiento hasta que el domingo 28 de enero presentó formalmente su candidatura a las elecciones de este año, lo que el exguerrillero considera “una renovación de la política colombiana”.

Esto lo veíamos venir desde hace algún tiempo. El hecho de que uno de los temas tratados en las sendas rondas de negociaciones que tuvieron lugar en La Habana durante alrededor de cuatro años, y que tuvieron como finalidad lograr el acuerdo de paz en Colombia, fuera la posibilidad de participación de las FARC en la vida política del país, dejaba en evidencia el inminente protagonismo de algunos de los narcoguerrilleros en las próximas contiendas electorales de una nación que constituye en este momento un punto extremadamente vulnerable para Latinoamérica.

Justo cuando la región está experimentando un viraje rotundo respecto a su línea política, toda vez que la tendencia izquierdista ha quedado prácticamente desaparecida, a  excepción de los remanentes de Bolivia y Nicaragua, y como es lógico, los considerados “paradigmas”, Cuba y Venezuela -cuyas situaciones no han tenido límites en los últimos tiempos-, se alza Colombia con un candidato presidencial con antecedentes criminales, el cual, según las estimaciones de la mayoría de los analistas serios, pudiera llevar al país a la ruina, y hasta le han vaticinado un futuro similar al de Venezuela.

Pero no nos adelantemos a los acontecimientos, por cuanto todo lo que se ha hecho hasta ahora es especular, y lo cierto es que una candidatura es solo esto, una candidatura, lo cual puede concretarse como acto y aparecer Colombia con un presidente asesino -no sería raro que esto ocurriera en Latinoamérica si tenemos en cuenta los antecedentes de los cubanos Fidel Castro y Ernesto Guevara (de nacionalidad cubana por decreto aunque nacido en Argentina), quienes al asumir las riendas del poder en la Cuba de 1959 ya contaban con un historial de crímenes-, algo que no creo que pueda ocurrir, al menos por las vías legales de una votación y conteo con la transparencia adecuada que debe existir en estos eventos, dada la poca aceptación que el cabecilla de las FARC tiene entre los colombianos.

Entre los cientos de comentarios de lectores que aparecen en los principales diarios colombianos en contra de Londoño, el siguiente es el que de una manera muy precisa resume el sentir de la nación suramericana: “¡Qué horror sólo imaginar tener de Presidente de tu país a un terrorista asesino como Timochenko! El pueblo, la nación colombiana, votó NO a ese tipo de paz en un referéndum, pero los políticos y los terroristas-asesinos han vulnerado su decisión soberana”.

No obstante, las posibilidades de que se cometan acciones fraudulentas son una realidad, sobre todo si se tiene en cuenta las aspiraciones de muchos que están detrás de un  escenario que parece ser algo que en realidad no es. Como todos saben, Juan Manuel Santos, si bien no es el peor personaje de la región, si es el más contradictorio. Lo mismo aparece inesperadamente en La Habana para negociar con el dictador Raúl Castro una intervención pacifista en Venezuela que pueda solucionar el gran conflicto político de aquel país, que en una ceremonia donde se le hace entrega del Premio Nobel de la Paz, que arremete -y con muchas razones y en esto nadie podrá quitarle sus méritos- en contra de Nicolás Maduro, aunque por otra parte se le acusa de ciertas implicaciones en el narcotráfico colombiano, o de su debilidad por ceder a las peticiones de las FARC; y es justamente Santos, por ser el presidente de Colombia, quien está en el centro del conflicto que nos dejó el otro conflicto, es decir, de la inclusión de las FARC, el reconocido movimiento terrorista y narcotraficante, en la política del país, a cambio de un aparente acuerdo de paz que se supone pondría fin al conflicto armado más añejo del continente, y que ha marcado para siempre la vida de cientos de colombianos víctimas de las acciones guerrilleras.

Timochenko llegó a la localidad bogotana de Ciudad Bolívar, en el sur de la capital colombiana, con ciertos bríos, y como es lógico con las acostumbradas charlas de los políticos en tiempos de campaña, solo que el ya viejo y enfermo guerrillero en vez de prometer obras sociales y acceso público a instalaciones de sanidad está cuestionando a la tradicional política colombiana con sus alternancias de "viejos y corruptos partidos" en la política, a los que sucedieron otros movimientos "siempre encabezados por reconocidos caudillos".

Para Londoño la sustitución de los partidos Liberal y Conservador, que monopolizaron la política colombiana hasta 2002, por otros movimientos, apenas supuso una renovación "en apariencia", puesto que considera que "en realidad la hundieron aún más en el fango" de la podredumbre. Por eso, propuso a la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), nombre del partido que conformaron tras desarmarse como guerrilla conservando sus iniciales, como renovador de "la vieja clase política". “Venimos a proponer un despertar general, una toma de conciencia, en el sentido de que cambiar las cosas es posible", expresó Londoño en su primer acto público de campaña previo a la presentación de su candidatura, lo que huele a socialismo distorsionado a la usanza latinoamericana.

Pero dejemos a Londoño a un lado, por cuanto, no es el único candidato y como ya dije antes, su aceptación popular es insignificante -según los resultados de la Gran Encuesta 2018-Yanhaas, contratada por la Alianza de Medios, ocupó uno de los últimos lugares con solo el 1%. Analicemos pues algunas de las propuestas que en breve estarán disputándose la presidencia de una nación en la que no solo se trafica drogas y cuenta con una terrible historia de luchas absurdas, sino donde también se preserva su cultura, sus tradiciones, su sentido de la religiosidad, y donde su gente es muy hospitalaria y amable a pesar del temor que siempre experimentamos al andar por sus calles y encontrarnos constantemente con los uniformados armados por doquier, aun en los sitios céntricos de sus más importantes ciudades.

Colombia cuenta con una puntuación de 6.55 dentro de la región, ocupando el puesto número 52 en el ranking mundial,  por lo que está dentro de las naciones con categoría de  democracias imperfectas, al igual que Paraguay y México, y por tanto, con las mismas características de estos últimos países en este sentido. Los colombianos acudirán a las urnas no solo para elegir al próximo Congreso (el 11 de marzo) y al nuevo presidente (25 de mayo, en primera vuelta), sino para escoger el modelo con el que se desarrollará Colombia en los próximos 4 años, donde el tema de la paz constituye el eje de dicho modelo.

Los candidatos que se encuentran en los primeros lugares según las últimas encuestas son: Sergio Fajardo (15%), por Coalición Colombia, movimiento resultante de la fusión del Partido Verde de orientación centro-derecha con el Polo Democrático, de tendencia izquierdista. Fajardo se desempeñó como alcalde de Medellín y gobernador de Antioquia. Le sigue Gustavo Petro (13%), representante de Colombia Humana, procedente de la izquierda, quien ha sido senador de la República y alcalde de Bogotá. Se estima que sus posibilidades de crecer son pocas y que para marzo su puntuación pueda decrecer. Su base social es pequeña, pero leal a los interesas de los colombianos.

Otros candidatos con posibilidades de ser electos son Germán Vargas (7%), sin precisar la coalición partidista, con una trayectoria destacada en la política colombiana que incluye su puesto como vicepresidente de la República (2014-2017), Ministro de Vivienda, Ciudad y Territorio, Ministro del Interior y Presidente del Senado. Vargas ha presentado un ambicioso paquete de propuestas para reformar el país en temas cruciales como la salud, la educación, la economía, entre otros. Finalmente  Iván Duque (6%) aspirante del Centro Democrático, senador de la República entre 2014 y 2018, candidato de la derecha más extrema y líder político de radical oposición al acuerdo con las FARC. Por ahora se cree que el Centro Democrático aumentará sus escaños, aunque la pregunta de los analistas colombianos es hasta donde podrá ser el tamaño del aumento como para lograr un triunfo definitivo; pero sin duda, un buen candidato que pudiera poner freno a la intromisión de las FARC en los designios de la nación.

Otros candidatos muestran una puntuación demasiado baja como para poder llegar a escalar lugares más significativos en las próximas semanas, entre los cuales se encuentra Timochenko, que no deja de ser una amenaza por lo que representaría para la nación suramericana, y ante todo para un pueblo cansado de las malignas influencias de uno de los ejércitos guerrilleros más corruptos de la historia continental.

Si bien Timochenko apenas logra tener una puntuación que rebasa el 1%, su presencia en las candidaturas constituye per se un verdadero escándalo moral, que esperamos no trascienda más allá de esto y no logre jamás concretarse como acto si es que no queremos que aparezcan más réplicas del engendro castro-chavista por estos lares.

          (Continuará)

Publicado en Cubanálisis.                                 


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Febrero 04, 2018, 06:26:36 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.


      Cubanálisis El Think-Tank ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                         Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

            JOSÉ MARTÍ, FALSEADO POR EL CASTRISMO, DESCONOCIDO POR EL EXILIO
                                                            Tercera parte.



             


La tergiversación de su legado y la manipulación de su enseñanza

Decir que todo lo que se ha hecho, se ha escrito, o se ha dicho sobre Martí es excepcional, sería mentir, y no voy a caer envuelto en la trama de la pasión por el hecho de ser un fervoroso martiano. He destacado lo que considero correcto, bueno, y por qué no admitirlo, lo de excelencia -el colosal Ismaelillo musicalizado por Teresita Fernández o la pintura de Carlos Enríquez sobre su muerte-; pero prefiero omitir todo lo malo, lo disparatado, lo tergiversado, lo adulterado, lo grotesco, etc., que se ha hecho, o dicho, sobre el más extraordinario de los cubanos de todos los tiempos; y en este sentido, sigo la propia enseñanza del Maestro, quien destacó y tuvo palabras de elogio para todo lo bueno que percibió, pero supo guardar silencio antes de agredir con su sabia palabra y su pluma sin igual toda la mediocridad que también pudo contemplar por doquier.   

Una sumatoria de citas martianas entresacadas de su contexto y moldeadas a capricho para defender alguna tesina universitaria, o para presentar en algún concurso estudiantil no es digno mencionarse en un estudio de este tipo, y por tanto, quedan excluidos de este análisis, limitado a destacar aquellas investigaciones trascendentales.

El cine pretendió tratar la infancia de José Martí y lo intentó, pero solo fue eso: un intento de aproximación. Un padre sobrevalorado, escenas innecesarias relacionadas con la cotidianeidad del Martí adolescente -que como es lógico hizo lo que todos los adolescentes- entre otros desaciertos, caracterizaron al malogrado filme “José Martí: el ojo del Canario”, obra que pasó sin penas ni glorias, y por lo tanto sí merece ser sepultada en el olvido.

La utilización de frases y citas sacadas de su contexto de forma reiterada en discursos políticos, actos públicos, etc. es otro de los males que deben ser suprimidos, si es que queremos verdaderamente a Martí. Una frase repetida y traída alejada de su contexto no nos hace martianos, y no nos aproxima a la grandeza de la obra del genial cubano. Por ejemplo: “Con todos y para el bien de todos”, “Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”, “Viví en el monstruo y le conozco las entrañas”, “el norte revuelto y brutal que nos desprecia”, por solo citar algunas de las más utilizadas y manipuladas.

Afirmar que Martí hizo de todo y habló de todo porque sabía de todo, es otra de las terribles euforias que matizan a algunos, que tal vez, con buena intención, pero con desconocimiento del pensamiento del Apóstol,  intentan tratar temas como Martí y el deporte, Martí y la economía, Martí y la geografía, y hasta Martí y el turismo, lo que resulta risible, y solo nos da la medida de la mediocridad a la que se ha llegado en nuestros días.

Convocar a eventos que tienen que ver con la protección medio-ambiental, la globalización, el neoliberalismo, etc., utilizando el nombre del cubano universal, es otro de los males. Estos temas, llamados con frecuencia “temas de actualidad” pudieran resultar de importancia en el terreno social o político, y por lo tanto deben ser abordados; pero no es necesario que se utilice el pensamiento martiano para desarrollarlos.

Después de más de medio siglo, resulta un tanto difícil poder borrar de las estáticas mentes de muchos cubanos la idea de que el ejemplar Maestro fuera el “autor intelectual” de determinados sucesos relacionados con las luchas y enfrentamientos de los “rebeldes” contra los gobiernos de la primera mitad del pasado siglo veinte; no obstante, con el transcurso del tiempo se irá borrando la absurda expresión, porque las nuevas generaciones -me refiero solo a los que pueden pensar y saben pensar- tienen una perspectiva muy diferente de las cosas y están asumiendo con responsabilidad la interpretación del legado martiano; aunque por desgracia solo lo hace una exigua minoría.

La imposición del castrismo. Una “sociedad cultural” se apodera del Maestro

Ante el fracaso de los movimientos juveniles martianos, los talleres y círculos de interés, entre otros tantos simulacros, que más allá de la enseñanza del Apóstol, tienen el objetivo de adoctrinar, a su forma, a las nuevas generaciones de cubanos, y siempre desde la óptica de un socialismo jamás encontrado en la enseñanza martiana, a las autoridades encargadas de “encausar” el pensamiento colectivo de la nación no les quedó otra opción que tomar las riendas del ideario martiano con mayor rigor.

Determinaron crear una sociedad cultural con el nombre del hombre de Dos Ríos. La Sociedad Cultural José Martí, es un instrumento político dirigido por la alta jerarquía comunista de Cuba, los que utilizando la figura del doctor Armando Hart, ya muy anciano en el momento de la creación de dicha sociedad, se las agenciaron para tener otra forma de desvirtuar el pensamiento del extraordinario cubano.

La Sociedad Cultural José Martí, tras la “consulta” a los miembros de su Comité Nacional y en cumplimiento de lo establecido en los Estatutos de esta organización, y a propuesta de su presidente, el Dr. Armando Hart Dávalos, eligió y designó como vicepresidente a  René González Sehwerert,* considerado en Cuba un héroe, pero acusado en territorio norteamericano de espía y agente extranjero no declarado, por lo que cumplió prisión en cárceles de alta seguridad de Pensilvania y Carolina del Sur.

Con estos directivos, además de otros líderes comunistas, está de más detenernos en analizar el carácter y los propósitos de esta institución que ha estado utilizando el nombre de nuestro Apóstol durante sus veintidós años de existencia, - fundada el 20 de octubre de 1995 - y aunque se insiste en su autonomía, su carácter “no gubernamental” y su misión divulgadora del pensamiento martiano, también han establecido como prioridad  “defender el derecho a la palabra, la crítica, la participación y el debate franco y  constructivo dentro y con la Revolución”.

Necesidad de mostrarlo en su real dimensión

Para poder amar a Martí -lo que realmente merece por ser bendito, por la pureza de sus ideales, por su nobleza, por su total entrega, no solo para lograr la independencia patria, sino por enseñar un camino de rectitud y de lealtad- hay que redescubrirlo e intentar encontrarlo en su real dimensión. Solo estudiando a Martí directamente, esto es, consultando la grandeza de su enseñanza en su estado virginal, desprovista de las adulteraciones y manipulaciones forzadas que el régimen comunista cubano ha hecho, podremos llegar a comprenderlo en su esencialidad.

Es cierto que, tal vez, lo hemos idealizado demasiado  -por lo que, injustamente, no le perdonamos lo que es propio de los humanos-, y con mucha razón y sobrados motivos. José Martí seguirá estando presente en la pintura, en la escultura, en el cine, en la música popular y de concierto, en la literatura, y ojalá pudiera estar también en los colegios, los hogares, las calles y las plazas; pero en su verdadero sentido, bien distante de aquellos conceptos que a la fuerza, y de manera despiadada, los encargados de velar por el pensar de los cubanos han estado tergiversando y manipulando por casi seis décadas.

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* René González es piloto e instructor de vuelo, lo que estudió entre 1979 y 1982 en Pinar del Río -según las diferentes fuentes que he consultado-, por lo que se trata de una carrera técnica de solo tres años y no una universitaria, independientemente de que el medio oficialista cubano Ecured lo clasifica como universitario; pero esto no es lo más importante, sino el cargo que le han designado completamente ajeno a su perfil.  Quizás los múltiples directivos con que cuenta esa organización oficialista -totalmente politizada y controlada por el régimen cubano- al saber las posibles lagunas del piloto en relación con el pensamiento martiano, le han designado que se ocupe de aspectos tan insignificantes como los encuentros con diferentes instituciones martianas, y los Ministerios de Cultura, Educación Superior y Educación, para atender la labor con los niños y jóvenes, así como el trabajo de los clubes martianos, los consejos municipales y las Juntas Provinciales de dicha Sociedad, lo que resulta ser un invento que queda plasmado en actas y documentos, aunque jamás de lleguen a concretar como acto. 

Escrito para Cubanálisis, medio que lo publicó el 29 de enero de 2018. 
http://www.cubanalisis.com/ART%C3%8DCULOS/ROTETA%20DELGADO%20-%20JOS%C3%89%20MART%C3%8D%20OCULTADO%20POR%20EL%20CASTRISMO....htm


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Febrero 03, 2018, 08:51:33 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.


    Cubanálisis El Think-Tank  ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                       Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

             JOSÉ MARTÍ, FALSEADO POR EL CASTRISMO, DESCONOCIDO POR EL EXILIO

                                                            Segunda parte.


               


Su trascendencia a través de la literatura

En la literatura sería interminable la lista de todos los que con sinceridad y devoción, amén de la calidad en el tratamiento de los diversos temas dentro del legado martiano, han tratado la vida y la obra de José Martí. Me limitaré solo a los de mayor trascendencia. En primer lugar la biografía de Jorge Mañach, con sus realidades y sus idealizaciones, con mucho de histórico y algo de novelado, pues el autor dejó que la pasión con que amara al Apóstol cubano le llegara, más que a su intelecto, a su alma; pero de cualquier modo una buena biografía. “Martí: el Apóstol”, la obra de este tipo más completa en su momento; aunque superada más tarde, no por restarle méritos al apasionado autor, sino porque la investigación histórica permitió la obtención de numerosos datos que sirvieron de fundamento a aquellas pocas obras de este tipo que aparecieron más tarde.

El título de esta obra nos ofrece per se el más grande y trascendental significado del autor del “Ismaelillo”, por cuanto, Martí representa un apostolado en el sentido más amplio del término, y es Apóstol, no solo de su patria, sino de América; y esto no es sobredimensionar su excelsitud, sino darle el justo lugar que le corresponde, toda vez que nadie como él supo y pudo comprender, y asimilar, el verdadero sentido de la praxis latinoamericana, el primero en hablar de una América española y una europea, el introductor del término nuestra América, el que vislumbró desde su tiempo y su contexto no solo el peligro que corrían nuestros pueblos, sino la grandeza de su cultura y de sus tradiciones.

Mañach, uno de nuestros más grandes intelectuales, olvidado y casi sepultado por el simple hecho de no ser marxista, ni haber militado en el régimen castrista, estudió suficientemente a Martí como para entregarnos una biografía, que es un verdadero paradigma, así como numerosos ensayos dedicados a resaltar uno u otro aspecto de la vida y obra del Apóstol. No obstante, no logró percibir ciertos aspectos de vital importancia dentro del pensamiento martiano, y de manera particular omitió al Martí filósofo, algo que es innegable al analizar el pensamiento martiano. Tal vez se vio atrapado por aquel ímpetu de querer sobredimensionar lo poético, con lo que atenuó lo filosófico, que tanto abunda en Martí.

Pero destacar a Mañach y dejar a un lado a Manuel Isidro Méndez sería injusto. El extraordinario martiano fue otro de los que contribuyeron a difundir el pensamiento del genial cubano, algo que hizo a través de la agrupación de referencias del pensamiento martiano; y no solo esto, sino que es el autor de la primera biografía de José Martí, y está considerado como un especialista en el estudio e interpretación de la obra martiana. En 1938 escribió en Cuba su obra titulada: "Martí. Estudio crítico-biográfico", con la cual obtuvo el segundo lugar en el Concurso Literario Interamericano de la Comisión Central Pro-monumento a Martí, efectuado en La Habana al siguiente año, y publicada en 1941. Su obra “Ideario de Martí”, editado en La Habana en 1930, es la primera recopilación, que a pesar de su brevedad, es un intento de difundir la enseñanza martiana.

En 1943 apareció uno de los primeros textos que pretendían ofrecer una selección de citas martianas agrupadas por temáticas. Este primer trabajo fue el fruto de las investigaciones del historiador cubano Carlos A. Martínez-Fortún y Foyo, quien publicó en La Habana su texto: “Código Martiano o de Ética Nacional”, obra que ha pasado a integrar el grupo de los trabajos olvidados, no vueltos a editar en Cuba, no obstante a su valor histórico y práctico. Su autor agrupó numerosas frases tomadas de la obra de José Martí en temáticas, por lo que el lector o estudiante pueden encontrar con facilidad los juicios que hiciera el autor de “Versos Libres” sobre determinados aspectos de la ciencia, la política, la religión, la patria, la literatura, etc.   

Un lugar aparte merecen los estudios realizados por el ensayista y profesor Medardo Vitier en los primeros cincuenta años del pasado siglo, quien logró sintetizar en su “Martí: Estudio integral”, lo mejor de su investigación. En dicho estudio por primera vez se trata con sabiduría el tema de la filosofía martiana. Lo no comprendido por Mañach, llega a esclarecerse gracias a la agudeza del gran pensador cubano, lamentablemente olvidado en nuestros días.

Destaca su paso por las aulas universitarias españolas, su labor pedagógica en Guatemala como catedrático de Historia de la Filosofía y alguna que otra referencia escrita de su obra, pero insiste en su capacidad filosófica como “forma de aptitud notoria en Martí”. No lo llega a definir como un filósofo; sin embargo, se arrepiente de no haberlo incluido en su texto “La Filosofía en Cuba”.

Otro de los autores que debe considerarse al tratar la trascendencia martiana desde la óptica de los creadores es Luis Rodríguez-Embil, quien se destaca con su estudio crítico-biográfico “José Martí, el Santo de América”, obra no vuelta a editar en la Cuba reprimida de estos tiempos. El destacado intelectual cubano encuentra no solo al Martí filósofo que tanto trabajo les costó encontrar a algunos, sino también al místico que pretenden ocultar y otros se niegan a descubrir en nuestros días.
 
Rodríguez-Embil lo llama místico práctico y realista activo,  “de tradición y cultura occidentales, de cepa teresiana y española. Como tal, una de las fuerzas mayores de este mundo”,  que encuentra el camino de la santidad por la “acción, el pensamiento y la aceptación heroica de su destino”, palabras que considero determinantes, y que a modo de códigos, nos permiten tener la verdadera visión del más genuino de los cubanos de todos los tiempos. Su concepto acerca de una santidad a través del sendero de la acción, del pensamiento y de la aceptación de su destino con heroísmo, es tal vez, el de mayor complejidad, pero al mismo tiempo el más completo que se ha dado del héroe cubano.

Ningún otro autor llegó tan lejos en profundidad y precisión. Ha limitado la formación y proyección filosófica martiana al occidente, lo que resulta muy acertado. Independientemente del dominio que tenía Martí de las enseñanzas del oriente, es genuinamente occidental en su pensamiento especulativo, tanto en lo formal o estilístico como en su contenido; pero apreció además aquella fuerza española, que no solo llegó al Apóstol a través de sus estudios universitarios en aquel país, sino de su profundización en autores poco usuales, como es el caso de Jaime Balmes o la fuerte influencia del Krausismo, que a pesar de sus raíces alemanas, fue un movimiento de fuerte arraigo español.

Investigadores y escritores del continente, como la chilena Gabriela Mistral y el argentino Ezequiel Martínez Estrada han realizado acertadas investigaciones en torno al pensamiento martiano, sin olvidar a Rubén Darío, que lo llamó maestro. La primera lo calificó con pasión como “el mejor hombre de nuestra raza”, y sus escritos sobre “Ismaelillo” han trascendido su tiempo. El segundo, con una visión más pragmática del héroe de Dos Ríos en su libro biográfico y crítico, publicado por “Casa de las Américas” en los sesenta del pasado siglo, “Martí Revolucionario”, trata con sinceridad y sentido crítico, y a la vez con precisión histórica, múltiples matices del Martí hombre, escritor, político y maestro.

La segunda mitad del siglo veinte nos sorprende con algunos estudios biográficos de elevada dimensión: me refiero a “Cesto de llamas: biografía de José Martí”, de Luis Toledo Sande, y “Vida y Obra del Apóstol José Martí”, de Cintio Vitier. Ambos con precisiones históricas necesarias, así como valoraciones sinceras y concretas, desprovistas de adornos y sutilezas innecesarias, logran adentrarse en la controversial vida, y ante todo, en la grandiosa obra del maestro. En Toledo Sande resultan significativos los capítulos dedicados a su estancia en España, así como su paso por México. En Vitier se destacan los dedicados a la crítica, al teatro y a la oratoria.

Apartándonos de la influencia que pudiéramos tener al saber de su lealtad al régimen, y dejando a un lado ciertas valoraciones demasiado forzadas que, a modo de complacencia con aquellos a quienes debe obediencia ha hecho, hemos de admitir  que el poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar ha trabajado con profundidad la temática martiana. Un excelente texto dedicado fundamentalmente al análisis de su obra, es “Introducción a José Martí”. Se destacan en este imprescindible texto los ensayos: “Introducción a la Edad de Oro”, “Martí en su (tercer) Mundo”, “Nuestra América: Cien años”, y “Forma y pensamiento en la obra martiana”.

Nuestro novelista mayor, Alejo Carpentier, trata en las páginas finales de su obra “La Consagración de la Primavera”, algunos aspectos de la obra martiana y nos evoca su llegada a tierras del oriente cubano en los días que precedieron a su muerte. Resulta significativo que el gran escritor que dijo haber admirado a Martí apenas abordara al héroe cubano en su obra. A través de sus escritos ensayísticos, en sus múltiples entrevistas y conferencias, Alejo Carpentier hace referencia a José Martí; aunque en honor a la verdad no hizo valoraciones concretas y profundas, sino solo lo menciona y lo califica como “hombre continental”, “intérprete de América“, “visionero en todo, vidente, diría profeta”, “el hombre que más profundamente, más ecuménicamente sintió, en su siglo, lo americano”, amén de destacar sus dotes de escritor y de orador.

Es en la novela “La Consagración de la Primavera”, su gran obra enciclopédica, que Carpentier dedica unas páginas a resaltar la grandeza de José Martí. En su capítulo trigésimo sexto, casi al final de la novela aparece la trascendental figura de las Américas, cual magistral legado carpenteriano, y lo hace a través de Vera, su protagonista:

“Y es cultura, asombrosa cultura, la que me llega ahora, asombrosa por su vastedad, en la obra de José Martí, cuyos escritos me va trayendo el médico ahora, día a día, señalándome, lo que más puede interesarme, de inmediato en el mundo del prodigioso cubano, al cual solo me había asomado, hasta el momento, a través de uno que otro poema. Y voy descubriendo maravillada, el pensamiento de un hombre que por tener que buscar símiles en los estratos de mi formación europea - se me asemeja un tanto a Montaigne, por lo enciclopédico de su saber, y también a Giordano Bruno, por la audacia agorera de sus ideas, su inconformismo, su ímpetu, su combatividad. Todo lo sabía. Todo lo había leído. Sus ensayos van, con total entendimiento de hombres y de épocas, de Víctor Hugo a Emerson, de Pushkin a Darwin, de Heredia a Walt Whitman, de Baudelaire a Wagner. Vislumbra en Gustave Moreau lo que, medio siglo más tarde, verán los surrealistas. Exalta a los primeros impresionistas, destacando a Manet y Renoir, señalando cuales habrán de ser sus obras maestras sin un error de elección, cuando ya Zola, defensor inicial de la escuela, abandona una causa que ya rebasa su entendimiento. Escribe un ensayo de fondo -¿Cómo?- Acerca de Bouvard et Pecuchet, varias semanas antes de que empezase a publicarse el texto de la novela póstuma de Flaubert. Y todo esto en una prosa como pocas veces se haya escrito otra igual, tan rica, tan original, tan sonora en castellano. Pero aún no conozco sus discursos, sus textos políticos, su epistolario… “la iré guiando poco a poco” - me dice el doctor- porque así, de entrada, y sin hilo conductor se perdería usted en una profusión de páginas que guardan una relación entre sí por encima de otras que  solicitarían su atención de modo distinto cuando, en realidad, todo se inserta en una inquebrantable unidad de pensamiento… por lo pronto lea estos ensayos” … y me entrega un tomo donde a lápiz ha marcado unos títulos en el índice: “Ahí está  planteada toda la problemática de América Latina”. Empiezo a leer y al cabo de unos párrafos hay frases que se me fijan en la memoria, por lo relacionadas con mi propia experiencia. Sobre todo aquellas en que se habla de dar en estas sociedades, lugar suficiente al negro “ni superior ni inferior por negro, a ningún otro hombre. ¡Sí lo sabré yo! Y aquella otra acerca del  “desdén del vecino formidable que no la conoce” y es “el peligro mayor de nuestra América”…

Paso al diario de campaña.- Martí, puesto ya en los umbrales de la muerte, desembarca en este suelo para llevar su ya larga lucha de patriota al terreno inmediato e incierto, del campo de batalla.- Y el 11 de Abril de 1895, apunta, en estilo telegráfico: “nos ceñimos revólveres. Rumbo al abra. La luna asoma, roja, bajo una nube.- Arribamos a una playa de piedras, La Playita”… (Y pocos días después, Martí caería en Dos Ríos.) Pido a mi amigo que me lleve a ese lugar histórico.- Y, a él llegamos, al día siguiente, tras de muchas tribulaciones por caminos enlodados. Junto a unos farallones, hay un paisaje de costa, acaso más adusto que otros vistos aquí desde mi llegada, donde las olas se hacen particularmente sonoras al retroceder sobre las gravas”.

Y como es de suponer, José Lezama Lima, abordó la emblemática figura de José Martí a través del ensayo y la poesía: “Secularidad en José Martí” en el caso del primer género, y “La casa del Alibi”, en el del segundo. Justo en el año del centenario del natalicio de José Martí el célebre autor de Paradiso escribió: “Orígenes reúne un grupo de escritores reverentes para las imágenes de Martí. Sorprende en su primera secularidad la viviente fertilidad de su fuerza como impulsión histórica, capaz de saltar las insuficiencias toscas de lo inmediato, para avizorarnos las cúpulas de los nuevos actos nacientes”.

Con lo que destaca la excelsa figura del Apóstol y el impacto generacional de su enseñanza, como muestra de un despertar por el conocimiento y la interpretación de su colosal obra. Lezama Lima tuvo un sentido visionario respecto a aquella universalidad que aún en 1953, independientemente de la repercusión y el impacto de su repentina muerte hacia el final del siglo XIX, y las primeras décadas del XX, le faltaba concretarse como acto, de ahí que en ensayo antes citado expresó también: “Tomará nueva carne cuando llegue el día de la desesperación y de la justa pobreza”, algo que deberá descifrarse -el día de la desesperación, ¿cual pobreza?-; pero con la sapiencia requerida y la profundidad necesaria que resulta imprescindible al abordar la obra de ambos, de Martí y de Lezama.

En su poco conocido poema “La casa del Alibi”, entre símbolos, números, imágenes y símiles, y con su acostumbrada abstracción -algo muy arraigado en Lezama- nos traslada a un hermético mundo donde renace triunfante la figura del Apóstol: “Pues José Martí fue para todos nosotros la última casa del Alibi, que está en la séptima luna de las mareas y la penetran los ejércitos y se deshace penetrándonos”.

Dulce María Loynaz, la fina escritora cubana que olvidaron en su propia patria, en 1951, cuando apenas había transcurrido poco más de medio siglo de la muerte del más extraordinario de los cubanos, resaltaba la grandeza de José Martí. En la ciudad de La Laguna, en Tenerife, Islas Canarias, durante un acto en el que la poetisa dictara una breve conferencia, devenido ensayo literario, y conocido como “Mujer entre dos islas”, calificaba al genial cubano como “uno de los espíritus más puros que han florecido sobre la tierra, uno de los más hermosos ejemplares que dan todavía razón y destino a la humanidad”.

En el mismo ensayo precisó que Martí fue nuestro, es decir, de los cubanos, pero la autora de “Un verano en Tenerife” fue mucho más lejos al sobredimensionarlo -con aguda justicia y exquisita valoración, y no por cumplidos y halagos superficiales- y afirmar que “hoy pertenece ya al acervo común de todos los hombres honrados de la tierra”, y al enseñarnos que “José Martí es el alma de una doctrina de amor y de fe que se hizo para un país; pero que sirve para el mundo entero”.

De igual forma, la Loynaz, justo en el año del centenario del natalicio martiano, en la Universidad de Salamanca ofreció una lectura de su ensayo “Influencia de los poetas cubanos en el Modernismo”, en el que hace una valoración crítica sin igual sobre los aportes de Martí a las letras hispanoamericanas, y de modo particular al Modernismo.

 Continuará.

Escrito para Cubanálisis, medio que lo publicó el 29 de enero de 2018.
http://www.cubanalisis.com/ART%C3%8DCULOS/ROTETA%20DELGADO%20-%20JOS%C3%89%20MART%C3%8D%20OCULTADO%20POR%20EL%20CASTRISMO....htm
 


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Febrero 02, 2018, 01:30:32 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                            ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                             Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

             JOSÉ MARTÍ, FALSEADO POR EL CASTRISMO, DESCONOCIDO POR EL EXILIO



               


La figura de José Martí constituye un inigualable paradigma no solo dentro de la historia nacional cubana, sino por lo que representa en el contexto latinoamericano, amén de sus aportes trascendentales que le confieren un carácter universal, y aunque al mítico hombre de Dos Ríos algunos le han querido desplazar de su merecido protagonismo, para en su lugar colocar a otras figuras posteriores a él, y que lograron, ¿por qué no admitirlo?, su universalidad  -algo que no necesariamente se conquista por méritos, valores, y virtudes, sino por las antítesis de estos conceptos, y tal es el caso de aquel, cuyo nombre prefiero omitir hoy para que no aparezca vinculado al de José Martí, el verdadero líder histórico de la nación cubana- , jamás lo han logrado, por cuanto, al legendario hombre santo se le respeta y hasta se le venera, algo que tratándose de él lo aceptamos como digno, por lo que representa el colosal hombre que se inmoló, cual redentor de todos los cubanos, en lo que fuera su mayor acto de sacrificio.

De ahí que los cubanos lo sentimos muy cerca, como si jamás se nos hubiera ido hacia otras dimensiones, más allá de lo perceptible, al menos los del final del siglo diecinueve que le conocieron directamente o que supieron de su excelsa existencia y de su fugaz paso por el suelo patrio, los de las primeras décadas del siglo veinte, que crecieron bajo la influencia de la enseñanza del inspirador hombre -ya comenzaba pues su mitificación como algo más allá de lo comprensible, de lo terrenal y de lo humano, aunque al propio tiempo comprendido, terrenal y hombre-, y más tarde los que pudieron acercarse a su enseñanza antes de que se apoderan de sus primigenios valores, y los adulteraran de manera desmedida, bajo un nuevo ropaje conveniente para la dura etapa de una patria que dejara de ser nuestra para pasar a manos de la peor dictadura del hemisferio occidental de estos tiempos, y también de aquellos que, a pesar de la manipulación sostenida de su inigualable pensamiento, fuimos capaces de mantenernos leales y firmes al legado del valiente ser que seguirá siendo por la eternidad el más universal y el más simbólico de todos los cubanos, justamente el merecido lugar que le corresponde, y que jamás nadie podrá arrebatarle por mucho que lo intenten. 

No hay opciones en una selección de líderes, de maestros, o de guías. Entre tantos, solo un nombre no admite discusión alguna: José Martí.  Cuando se habla de la figura cimera de nuestra patria todos mencionamos, sin duda, a quien es considerado un Apóstol, calificativo no otorgado hasta el presente a nadie más que al genial hombre de “Nuestra América”.  A pesar del respeto que se le tributa a Antonio Maceo, a Máximo Gómez, a Carlos Manuel de Céspedes, y otros tantos héroes y mártires de las gestas independentistas cubanas del siglo diecinueve, ninguno lo iguala en honores, y esto lo distingue y le ofrece una dimensión sin igual en la historia de la nación cubana.

A José Martí se le venera. Si es realmente un culto o no, no importa, si es una forma de idolatría o no, da igual. Los cubanos no nos cuestionamos estas cosas, solo lo queremos, y cada cual lo quiere a su forma, como puede, y también como quiere, y aunque estos sean tiempos difíciles para los cubanos, a los que, por desgracia, se les ha conducido a un patológico estado de apatía y de rechazo a todo aquello que tenga que ver con la historia patria -por la asociación que de manera súbita se hace con el régimen comunista-, hacia el hombre enorme que nos enseñó a amar lo nuestro se sigue experimentando un misterioso sentimiento inexplicable, mezcla de curiosidad y respeto, y de admiración y cariño, que lo envuelven cada vez más en un misterio que realza su aureola hasta proporciones cuasi místicas.   

De ahí que su vida y el mensaje de su grandiosa obra aparezca en las más diversas manifestaciones del arte, en todos los centros de estudios, y hasta en cada hogar cubano, independientemente de la tergiversación que de manera premeditada y con alevosía se ha hecho de su enseñanza por parte de la dictadura comunista cubana, que de manera  inescrupulosa lo pretenden presentar ante el mundo como el inspirador de las fechorías del régimen castrista, como el antiimperialista por excelencia, y hasta se intentó asociarlo con un socialismo que jamás profesó, y lejos de esto, se pronunció de manera enérgica en su contra. 
Pero no voy a insistir una vez más sobre estos aspectos que, aunque jamás se agotan, ya han sido demasiado tratados, una veces muy bien y con verdadero conocimiento de causa, y otras como lamentablemente suele suceder, desde la óptica del facilismo y la superficialidad, tomando unas tres o cuatro citas martianas y comentando cualquier disparatada concepción, lo que al lado de la elocuencia y la sapiencia del Maestro parece más ridícula aún. Por lo que trataré algunos aspectos muy poco abordados en relación con la influencia y el efecto benéfico que ha causado el autor de “Versos Libres” en ciertas esferas del arte y la literatura, y de modo general, en la cultura cubana, con lo que espero contribuir a la apreciación de la enseñanza del Apóstol de América desde una perspectiva diferente y a su vez amena.

La imagen del Apóstol en las artes plásticas

En las artes plásticas numerosos pintores y escultores han tratado de inmortalizar a quien en sí no necesita ser inmortalizado; pero lo han hecho magistralmente por aquello de que se le ama y se le venera con toda razón. La extraordinaria pintura de Menocal, el gran artista cubano que plasmara la imagen elegante y un tanto envuelta en el misterio del héroe cubano -lo que pudiéramos definir como el Martí clásico, una de sus imágenes más conocida-, fue cediendo su paso a la contemporaneidad con que Carlos Enríquez, el destacado pintor de la vanguardia cubana de la primera mitad del siglo XX, tratara el tema de la controversial muerte del líder cubano en Dos Ríos -quien no asimile el sentido de la muerte martiana, hecho que siempre ha estado envuelto en el misterio, a través de la extraordinaria obra de Carlos Enríquez jamás llegará a comprenderla.

En 1960 Eduardo Abela aborda la enorme figura martiana en un pequeñísimo óleo sobre madera de tan solo 41x34 centímetros, cual símbolo de poder redimensionar su gigantesca imagen en un pequeño óleo, con lo que, tal vez, se propuso destacar aquella humildad y sencillez que lo caracterizaron. Luego, en 1990, Ernesto García Peña lo retrata a través de un Martí campesino, con lo que lo aproxima a las multitudes, lo humaniza -por aquello de una mitificación y mistificación que lo distancian un tanto de los hombres para convertirlo en excelso Avatâra o Arcángel regente. El Martí campesino aparece en la obra de García Peña acompañado de aquel caballo que poéticamente José Lezama Lima resaltó en su poema “La casa del Alibi”. La obra de García Peña recuerda la creación de Jorge Arche, de 1943, en la que pretendió desmitificar un tanto al “Santo de América” a través de su presencia en los campos cubanos.

Nueve años más tarde José Miguel Pérez trata al Maestro como maestro, y lo hace a través de un acrílico sobre tela, donde aparece inmerso en las selvas latinas, bañado por las posibles aguas de la vida, en las que se levanta el rostro del bendito héroe. Ya en pleno siglo veintiuno Águedo Alonso lo incluye en su serie “Rostros Latinoamericanos” y Carlos Guzmán retoma el simbólico caballo para su creación del sin par “El caballo mágico”.

La monumental escultura de la antigua Plaza Cívica de La Habana, -por desgracia convertida en Plaza de la Revolución, centro de los peores actos sacrílegos del comunismo cubano, (recuérdese que en dicha zona también se encuentra el monumental homenaje al Che Guevara)-, el impresionante monumento del Parque Central de la propia capital cubana, o el de los parques principales de las ciudades de Matanzas y Cienfuegos, por solo citar estas dos en el interior del país, el singular “Martí, de cara al sol” del escultor Pedro Suárez, resguardado en el cienfueguero Oasis Teosófico-Martiano, amén de las tantas y tantas esculturas de todas nuestras principales ciudades, son una muestra de esa necesidad de perpetuar a través de la imagen, no solo la figura del más grande de los cubanos de todos los tiempos, sino de hacer valer su obra; por cuanto, cada creación, en el campo de las llamadas artes plásticas, encierra algo de la enorme obra del maestro.

La omisión de ciertos monumentos escultóricos hechos en la segunda mitad del siglo XX no significa desconocimiento del autor, sino no hacer mención a lo que algunos hicieron influenciados por el régimen dictatorial cubano: el ejemplo clásico es el monumento situado en las cercanías de la actual Embajada de Estados Unidos en La Habana, Sección de Intereses en el momento en que fue colocado, en lo que el régimen ha llamado Tribuna Antiimperialista, obra que muestra a un Martí que señala con su mano hacia el norte, por aquello del norte “revuelto y brutal que nos desprecia”, lo que constituye una provocación del régimen cubano y un verdadero sacrilegio a la figura del colosal pensador y político cubano.

La presencia martiana en la música popular y de concierto

Pero ese acudir una y otra vez al hombre que lo dio todo por el deber patrio, no está limitado al mundo de la plástica. En la primera mitad del siglo veinte un compositor y pianista de la altura de Ernesto Lecuona le entregaba a una joven cantante, que recién se iniciaba en el arte, una serie de partituras con la musicalización de algunos de los versos sencillos de José Martí: “Por tus ojos”, “Mucho señora daría”, “La rosa blanca”, “Yo pienso cuando me muero”, entre otros, fueron estrenados por la soprano cubana Ester Borja, quien con el transcurso del tiempo se convirtió en el símbolo de la canción cubana.

Lamentablemente este conjunto de obras de grandes valores estéticos y de exquisita elaboración, tanto poética como musical, permanecen olvidados y en la espera de que algún cantante lírico los retome y los siga cantando con el mismo ímpetu que la afamada cantante cubana lo hiciera durante décadas. Tal vez el binomio Martí-Lecuona no les guste a los recalcitrantes dirigentes de instancias como la UNEAC o el Instituto Cubano de la Música, por lo que la genialidad de estas composiciones ha pasado al olvido forzado.   

En la segunda mitad del siglo veinte una extraordinaria compositora que ya se nos fue a otros mundos, nos entregó un “Ismaelillo”, que cual grandiosa cantata es digna de aparecer entre las obras más logradas de la consagrada trovadora Teresita Fernández. Los tiernos versos renacieron, a veces sutiles e inocentes, a veces enérgicos, y hasta épicos, en el inconfundible estilo de la mítica cantante y compositora, quien con su peculiar cadencia y nostálgica voz nos regaló una obra de altos valores; aunque lamentablemente también olvidada en estos duros tiempos en los que lo bueno pasa a ser fondo museable en la mejor de las opciones -otra sería hacerlos desaparecer.

Hacia la década del setenta algunos jóvenes trovadores, miembros del fenómeno musical cubano conocido como la Nueva Trova -independientemente del matiz político a favor de la revolución cubana y de sus participaciones en actos y marchas a favor del régimen-, presentaron sus composiciones utilizando la inigualable poesía del modernismo martiano. Sara González, Pablo Milanés y Amaury Pérez llevaron a la música popular los versos del considerado Apóstol de Cuba; aunque ni por el hecho de que estos artistas se solidarizaron con el régimen dichas obras son recordadas en nuestros días, algo que es imperdonable.

Téngase presente que una obra de nuestra música popular campesina ya había recorrido el mundo, y lo sigue haciendo. Me refiero a la “Guajira Guantanamera”, composición de dudoso origen, pero se atribuye su melodía al cantor de música campesina Joseíto Fernández, aunque la versión definitiva con la utilización de los versos martianos, pertenecientes a los primeros “Versos Sencillos” de José Martí, fue popularizada mundialmente por el estadounidense Pete Seeger, a quien también se le ha considerado su autor, olvidando así el mérito del compositor cubano Julián Orbón, quien al parecer fue el que incorporó los versos martianos. Dicha obra, la más universal en relación con la poesía martiana, ha sido interpretada por cantantes líricos, juglares y trovadores, y hasta por músicos ambulantes en el legendario Camino de Santiago, símbolo de peregrinación cristiana, y por cualquier sitio del mundo que usted ande, y se sepa que hay un cubano, siempre aparece alguien que le menciona la mundialmente conocida “Guajira Guantanamera”, o sencillamente “La Guantanamera”, como ha pasado a la posteridad.

Recientemente el joven cantor y compositor cubano Adrián Berazaín, con su estilo y siempre dentro de su cuerda tan juvenil, pero con una originalidad respetable, ofreció una canción inspirada en el genial cubano. Pretendió dar una imagen más cercana y a la vez real, despojada de ese misticismo que muchas veces los menos jóvenes damos al llamado “Santo de América”, algo que, por suerte, logró.

Con menos acierto que en la música popular nuestro José Martí ha sido llevado a la ópera. El olvidado compositor cubano Rafael Vega Caso, compuso dos óperas, “Abdala”, basada en el poema dramático homónimo de Martí, y “José Martí”, con textos del propio autor, aunque incluye textos martianos. Al parecer nunca se han interpretado y esperan para ser descubiertas por las actuales generaciones.

El compositor y pianista Hilario González es el autor de una miniópera a capella basada en “Los zapaticos de rosa”. González además utilizó los versos del Apóstol para numerosos lieder, estrenados en Cuba y luego interpretados en otras partes del mundo por la soprano Iris Burguet. También Juan Piñera, utilizó el texto martiano de “Amor con amor se paga” para una ópera en 1987, que al igual que las antes citadas permanecen en un eterno descanso.

Dentro de la música coral, se destaca la compositora Beatriz Corona con varias obras en las que ha utilizado los textos martianos. El pianista y compositor César Pérez Sentenat compuso en 1931 sus “Martianas”, dos pequeñas canciones y un poema cantado con texto de José Martí, y Harold Gramatges utilizó textos martianos para varias de sus obras: “Tríptico”, para soprano y orquesta, “Oda Martiana”, para barítono y orquesta, “Dos canciones”, para coro mixto a cuatro voces, y “Tienes el don”, para barítono.

                                                          Continuará. 

Publicado inicialmente en Cubanálisis.

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Enero 28, 2018, 08:07:08 am por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.


                               José Martí, su rotundo NO a la pena de muerte.
                  A propósito del 165 aniversario del nacimiento del Apóstol cubano.
                                        Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.



             


      José Martí. Obra del artista cubano, radicado en Estados Unidos, Yoandy Carrazana.

Santa Cruz de Tenerife. España.- Cada 28 de enero se convierte en un reto para aquellos que, de una u otra forma, nos dedicamos a compartir con otros mediante la palabra – en este caso la palabra escrita– lo que pensamos, y no se trata de hacerlo por encargo de editores y directores ávidos de contribuir desde sus posiciones a mantener la perpetuidad del colosal cubano, al menos, no es este mi caso; que he escrito muy poco por encargo; aunque sí, mucho por sugerencia. Como tampoco lo es, por el hecho de cumplir formalmente con algo que de manera rutinaria, por cuestión de “efemérides”, se deba cumplir.

Escribir sobre José Martí, quien no por casualidad, ni por obra de un azar que considero inexistente, es considerado Maestro, Apóstol, hombre santo, el más puro de la raza, el que tiene alas de águila y pecho de paloma, el intérprete continental, o como se suele repetir hasta el cansancio – aunque con toda la razón del mundo–, el más universal de los cubanos, es tarea difícil, al menos para aquellos que respetamos al también héroe y símbolo continental, y nos respetamos a nosotros mismos, como bien nos enseñó el Maestro.

Y es difícil porque al acudir a algunas referencias suyas e incorporarlas en nuestro escrito como cita, inevitablemente el lector notará una diferencia abismal en cuanto a estilo se refiere, y aunque seamos o tratemos de ser cuidadosos en el bello arte de colocar la palabra, justo en el sitio donde se debe, a no adornar de modo superficial la idea eje de un tema, y a hacernos cómplices de aquel buen decir –en lo que el Maestro fue un experto–, la comparación es inevitable, y hasta el más grande de los escritores resulta empequeñecido ante la excelsitud de un creador de talla mayor, que no en vano alguien le llamó el príncipe del castellano.

Y no solo en el aspecto formal –que él llamó de manera sabia: la esencia– José Martí resulta un paradigma inigualable; sino en la vastedad de su saber enciclopédico, con lo que podía abordar los más variados temas dentro del arte, la historia, la ciencia, la política, la sociedad, la religión y la filosofía. De ahí mi idea acerca de ese reto, cuyo temor de hacerlo, finalmente resulta superado porque se impone el deber, otro aspecto que el ejemplar héroe de Dos Ríos consideró sagrado, y siendo así, pues dejo a un lado temores y asumo el reto desde una perspectiva sacramental, por cuanto, el deber en Martí es ley, es Dharma.

¿Qué decir de Martí, y sobre Martí, que ya no se haya dicho durante estos 165 años que nos separan de su advenimiento a la existencia material en suelo cubano, y de los 122 años que han transcurrido desde que se despojó de sus vestiduras carnales para pasar a las inmensidades de la inmortalidad? Pero sobre todas las cosas, cómo hacerlo para no caer en las trivialidades con que frecuentemente se le suele asumir por aquellos que, desconociendo la esencialidad de su noble pensamiento, y la excelsitud de su santa palabra, lo hacen por el cumplido simplón del momento, por el estéril encargo, o por el hecho de pretender sobresalir como “martianos” que jamás han sido.

Mis lectores estarán esperando a que les recuerde que el autor de “Versos Libres” no profesó el socialismo; pero ya eso se sabe y se ha tratado hasta el cansancio, además,  ya lo he explicado mucho, y lo he escrito también con relativa frecuencia. El famoso escrito sobre el libro de Herbert Spencer, que ha pasado a la posteridad, más que por la enseñanza martiana en sí, o por la acertada crítica suya respecto al libro del momento de la autoría del destacado antropólogo social, por lo que se ha interpretado que Martí dijo, o quiso decir, sobre un sistema social y un modelo económico incompatible con los ideales del noble cubano. De ahí que acudir, una vez más sobre el asunto, sería llover sobre mojado. 

Como también querrán saber acerca de algunas ideas y frases álgidas que pudieran conducirnos a un cuestionamiento sobre la postura martiana en relación con los Estados Unidos, y la política de los gobiernos norteamericanos  dentro de su contexto histórico y social – segunda mitad del siglo XIX–, lo que de modo premeditado y con alevosía es asumido de manera descontextualizada por la dictadura comunista cubana para mostrar a un Martí a su manera, y con el estandarte del hombre antiimperialista por excelencia que, aún tenemos que estudiar en su real dimensión para entenderlo, y siempre desde la óptica de su momento histórico, algo que ya traté el pasado año cuando me referí a la idea de un Martí que si afirmó: “Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas” – negarlo sería un sacrilegio y jamás caeré en tan maquiavélico acto– , y al propio tiempo dijo: “Amamos a la patria de Lincoln, tanto como tememos a la patria de Cutting”, algo que está desarrollado en mi artículo: “José Martí, el hombre que amó a la patria de Lincoln”. (http://www.cubademocraciayvida.org/web/article.asp?artID=35357)

Pero para no repetirnos, y no caer en lo que tanto me incomoda, y por respeto a ustedes, y en primer lugar a aquel a quien recordamos sobremanera hoy, 28 de enero, voy a referirme a algo muy poco tratado, sin que deje de ser al extremo interesante, y de gran importancia al abordar el pensamiento político y filosófico del más colosal de los cubanos.

José Martí, siendo un adolescente, se pronunció contra la pena de muerte, y llama poderosamente la atención que sus valoraciones y argumentos están basados en postulados filosóficos. Recordemos que desde su primera juventud ya había experimentado el dolor, el sufrimiento y el comienzo de una agonía, que lo acompañarían más tarde en otras etapas de su vida, lo que fue determinante para la gestación de su pensamiento filosófico, su postura religiosa ulterior, y su agudeza política. En su artículo acerca de la pena de muerte, Martí expresó:
 
“Sed lógicos con la naturaleza. Castigad al espíritu culpable, como nosotros lo castigaríamos, al espíritu en esta encarnación, porque ni nosotros la hicimos, ni ella cometió culpas que nos autorizaran a destruirla – y no lo castigaríamos con la crueldad- que entonces seríamos iguales a vosotros, sino con el aislamiento de este cuerpo que, teniendo una vez razón al fin, comparáis exactamente a la gangrena –con el aislamiento, que es el preciso deber de la sociedad sobre el individuo pernicioso, que la obliga a separarlo de la comunión, con cuya concurrencia trastorna y hace daño. Deber y no derecho, porque aunque parezca vulgar este argumento, vulgar y de todos es la idea de Dios y es la más grande de todas las ideas. –La sociedad no anima cuerpos, no crea cuerpos, no tiene sangre que darles. – ¿Cómo, pues, ha de tener derecho para destruir cuerpos que no anima ni crea?” *

El joven Martí se opuso enérgicamente a la pena de muerte; pero su oposición  está respaldada de un profundo análisis de carácter filosófico y ético al cuestionarse la imposibilidad de que lo que no es creador, y no ha dado, no puede destruir aquello que no es el fruto de su acción, es decir, ha partido de una abstracción filosófica, donde involucra los procesos creacionales en un orden universal y particular y los lleva al terreno de la práctica social. Detener el paso transitorio del hombre por la tierra es algo que solo le corresponde al Ser Creador que lo ha determinado y no a ningún hombre en particular, ni a una sociedad en general.
 
La violación de ciertas leyes universales  –las que Martí llamó leyes del mundo espiritual– trae consigo una repercusión, lo que resulta inviolable. Hay una ley en la naturaleza que de manera justa y equitativa todo lo pone en perfecto equilibrio. No se trata de un castigo divino o de un ajuste desenfrenado por capricho, es un intento inherente a lo divino de mantener por la eternidad un orden y una simetría en la apariencia de las formas, cuyo orden es un reflejo de aquel que siempre reina en las inmensidades de lo divino y más allá, en los misterios de lo Cósmico.
 
Para Martí la sociedad no es quien debe asumir una actitud de esa naturaleza. Esta postura ética de hacer siempre el bien de acuerdo con el principio de la justicia, lo que ha sido un elemento protagónico de la filosofía aristotélica, con la que Martí se había relacionado, marca la postura ética martiana a través de su vida. En un alma noble y pura, no hay lugar para el odio y la venganza.
 
En el artículo de juventud citado antes afirmó además: “¿Creéis que haya algún juez que haya firmado impasible la sentencia de muerte de un hombre? No puede haberlo, porque ese hombre sería un monstruo. Y si todas las manos tiemblan cuando la autorizan, y todos los corazones se avergüenzan, y todas las naturalezas la rechazan cuando la palpan tan de cerca, ¿Tendréis valor para sostener que es buena?” *

Os dejo pues a mis lectores, que espero sean, al propio tiempo, amantes del pensamiento del ser más genuino que anduvo por nuestro suelo patrio, estas interrogantes que, a modo de sentencias mántricas, el bendito héroe de Dos Ríos quiso enseñarnos para que fuésemos como él: hombres nobles y puros, incapaces de propagar el mal por el mundo, y con un gran compromiso patrio y universal, que incluye pues, esta colosal enseñanza respecto a la preservación de la vida en toda su magnitud.     

*José Martí. Obras Completas. T XXI, pp. 23-24.




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Enero 28, 2018, 07:19:56 am por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.


                                     José Martí en España, tras sus huellas.
                 A propósito del 165 aniversario del nacimiento del Apóstol cubano.
                                          Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


Santa Cruz de Tenerife. España.- En 1951, Dulce María Loynaz, la exquisita escritora cubana que fuera olvidada en su propia patria con la llegada de la segunda mitad del siglo XX, resaltaba la grandeza del más glorioso de los cubanos de todos los tiempos, y lo hacía desde la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, en Tenerife, la mayor de las islas del archipiélago canario, en un acto en el que la poetisa dictara una conferencia, devenida ensayo literario, conocido como “Mujer entre dos islas”.

Decir que nuestro José Martí fuera el centro de su intervención, sería dejarnos arrastrar por la pasión que siempre nos traiciona cuando tratamos cualquier arista del más colosal de los hombres cubanos, que como bien diría la autora de “Un verano en Tenerife”, fue “uno de los espíritus más puros que han florecido sobre la tierra”, frase que nos hace recordar a otra noble mujer de las letras hispanoamericanas, la chilena Gabriela Mistral, cuya evocación martiana corrió una mejor suerte al no caer demasiado en el olvido.

Para la autora de “Los sonetos de la muerte y otros poemas elegíacos”, Martí fue el hombre más puro de la raza, por lo que ambas coinciden en resaltar aquella cualidad en la que poco nos hemos detenido. Tal vez el heroísmo del bendito ser, sus dotes como orador excepcional, su genialidad como poeta, o aquel sentido visionario – quasi profético– que le caracterizaron, han hecho que dejemos a un lado lo que ambas mujeres, henchidas de un romanticismo tardío que continuaba penetrando profundamente en sus obras, fueron capaces de resaltar con aquella intuición que solo las grandes de la palabra saben y pueden hacerlo: la pureza martiana. Por lo que la idea del hombre puro hemos de añadirla e interpretarla en su sentido más trascendental, a la extensa lista de calificativos dados al Maestro: el príncipe del castellano, el Apóstol, el Santo de América, el Presidente, el Mayor General, el más simbólico de los cubanos, el más universal, el bendito, el sabio insondable, el Arcángel tutelar de Cuba, entre otros.

En el mismo ensayo Dulce María Loynaz precisó que Martí fue nuestro, es decir, de los cubanos, pero la autora, inconforme con limitarlo a un nacionalismo bien ganado y merecido honorablemente, quiso ir mucho más lejos – como suelen hacer los grandes poetas, que llegan a alcanzar estados de plenitudes y arrobamientos, cual verdaderos místicos–  al sobredimensionarlo, y con aguda justicia y exquisita valoración, y no por cumplidos y halagos superficiales, le ofreció un mayor peldaño al afirmar que, “hoy pertenece ya al acervo común de todos los hombres honrados de la tierra”, y al enseñarnos que, “José Martí es el alma de una doctrina de amor y de fe que se hizo para un país; pero que sirve para el mundo entero”,  con lo que lo despojaba de su limitación temporal, esto es, lo descontextualizaba para situarlo más allá de su siglo, y le quitaba ataduras espaciales para destacar su condición de universalidad, más allá de las barreras patrias y continentales.

Su plática en el Ateneo de La Laguna pretendía resaltar la grandeza cultural de Tenerife
dentro del contexto de la gran fiesta del arte, evento que por aquellos días de mediados del pasado siglo se celebraba; pero como oradora inteligente no dejó pasar la ocasión de poder destacar lazos entre las dos islas, Tenerife y Cuba, no a ex profeso y de manera forzada, como suele hacerse con frecuencia, a modo de cumplido, sino porque en realidad existen nexos incuestionables entre ambas islas, y José Martí, el célebre cubano, es el fruto de la creación de una noble tinerfeña – que la oradora comparó con la princesa Dácil, símbolo de la feminidad y de la pureza virginal por estos lares–, como lo han sido a través del tiempo cientos de cubanos, cuyos orígenes se remontan a esta parte del mundo, considerada española, aunque muy cercana a las costas del noroeste africano.

Lo cierto es que Tenerife, más que africana, es española por sobradas razones; fenómeno antropológico que se repite en Cuba, donde las tradiciones de la península –al menos, en los tiempos en que no se había dispersado tanto la esencia de nuestra autenticidad – lograron mayor arraigo que aquello que remotamente nos llegaba desde África. Igual ha pasado en Tenerife, a pesar de que las arenas de los desérticos parajes africanos llegan a sus costas por la cercanía con la parte norte de aquel continente que fuera en viejos tiempos cuna del saber y de la espiritualidad.
 
De ahí que nada más ilustrativo que el hecho de que una mujer de origen canario, y específicamente tinerfeño, fuera la progenitora de aquel, que al decir de la intelectual cubana, fuera “uno de los más hermosos ejemplares que dan todavía razón y destino a la humanidad”.   

Como ya sabéis, José Martí, cuyo aniversario 165 de su natalicio estamos evocando hoy, fue descendiente directo de españoles. Su padre Don Mariano Martí, era natural de Valencia, lugar donde nació en 1815, y su madre, Leonor Pérez, quien nació en Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias, en 1828.
 
Justamente en la mayor de las islas del archipiélago canario se recuerda con respeto a Doña Leonor, y se le han dedicado monumentos y homenajes, por el hecho de ser la madre de José Martí, y por lo que él representa para la historia cubana y universal, y aunque el paso de los años inevitablemente tiende a borrar las huellas de un pasado que ya comienza a dispersarse, la nobleza de aquella madre sufrida por la temprana muerte de su hijo, dejó su impronta en la lejana isla que se pierde en el misterio del Atlántico, bien distante de la Cuba que acogió a José Martí; aunque a su vez, tan cercana, por los nexos que por obra del destino, de lazos kármicos, o de ciertas leyes incomprendidas, pero existentes, nos han unido para siempre. 

La tarja colocada en la céntrica avenida Ángel Guimerá, muy cerca  de su intersección en la calle Puerta Canseco (antes calle de la Consolación), sitio donde la madre de José Martí nació y pasó su infancia, es un ejemplo concreto de cómo se pretende perpetuar la imagen simbólica de la madre del Apóstol de Cuba. Dicha tarja ha sido una idea de la Asociación Canario-Cubana, que lleva el nombre del también prócer de la independencia cubana, por motivo del ciento cincuenta aniversario del nacimiento de Doña Leonor Pérez.


             


“En vísperas de un largo viaje estoy pensando en usted” (…) “Conmigo va siempre en mi creciente y necesaria agonía el recuerdo de mi madre”. Fragmento de una carta de Martí a su madre, que puede leerse en la tarja conmemorativa que Santa Cruz de Tenerife le dedica a Leonor Pérez.


                 


Calle de la Consolación, actual Puerta Canseco, próxima al viejo mercado, lugar donde nació Leonor Pérez, madre de José Martí. Actualmente no se conserva la casa. En sus cercanías se encuentra la tarja que le rinde homenaje.


             


Iglesia Parroquial Matriz de la Concepción, sitio donde fue bautizada, el 18 de diciembre de1828, Leonor Antonia de la Concepción Micaela Pérez Cabrera, la madre del Apóstol cubano. 


                 


Homenaje a Leonor Pérez, obra de la escultura cubana Thelva Marín Mederos, por  encargo de la Asociación Canaria de Cuba. Se encuentra en el paseo Francisco Borges Salas, dentro del céntrico parque García Sanabria.


               


Detalle de la tarja conmemorativa en el monumento a Doña Leonor Pérez en el parque García Sanabria, Santa Cruz de Tenerife. Islas Canarias. España. 

Pero los vínculos de José Martí con España no solo están dados por ser un descendiente directo de españoles, sino porque en este país pasó una parte de su vida. Recordemos que entre 1871 y 1874 vivió en la península, donde cursó sus estudios universitarios, graduándose de licenciado en Filosofía y Letras, y de licenciado en Derecho Civil y Canónico.

Si bien fue en los Estados Unidos de América donde escribió la mayor parte de sus grades ensayos literarios, sus extraordinarios escritos periodísticos, y donde pronunció sus discursos más trascendentales, en España fue donde se gestó su pensamiento filosófico, donde adquirió madurez su visión política, y donde su sentido ético adquirió dimensiones inesperadas, lo que más tarde reflejó en su inmensa obra.

Con menos de veinte años pronunciaba sendos discursos en Logias Masónicas de Madrid, era seleccionado para disertar en Zaragoza, se presentaba en reuniones privadas que, a modo de tertulias, tenían lugar en residencias madrileñas, se publicaban sus primeras obras políticas de corte ensayístico: “El presidio político en Cuba” y “La República española ante la revolución cubana”, amén de que escribiera su drama “Adúltera”.


           


Vista de la tarja colocada en la casa donde vivió José Martí en Madrid entre 1871-1873.


               


Vista actual de la antigua Universidad Central de Madrid, donde Martí estudió los dos primeros años de la carrera de Derecho entre 1871 y 1873.

La influencia de la intelectualidad española de su tiempo, por un lado, y por otro, sus estudios universitarios, pero sobre todo, de lo que de manera autodidacta estudiaba continuamente, fueron determinantes para la conformación de su perfil intelectual que, más allá de un autóctono nacionalismo, se abría paso a la universalidad mediante innovaciones estilísticas literarias– algo que se daba de manera espontánea y sin grandes pretensiones–, lo que le mereció su justo lugar como precursor del Modernismo en las letras hispanoamericanas junto a Rubén Darío, Julián del Casal, Gutiérrez Nájera y José Asunción Silva.
 
Sus valoraciones sobre la enseñanza del filósofo alemán Karl Krause y del religioso y también filósofo español Jaime Balmes demuestran la profundidad de aquel joven que todo lo leía, que todo lo asimilaba, que se refirió a las concepciones aristotélicas sobre materia y forma, que supo desentrañar los misterios numéricos pitagóricos, que se entusiasmó con las interpretaciones cartesianas acerca de la identificación del sujeto con el objeto a partir de la veracidad de la Deidad, que meditó profundamente en las abstractas enseñanzas de Leibniz acerca de las mónadas como unidades primarias y últimas del misterio de la existencia, que se atrevió a desafiar a Fichte respecto a su doctrina de la ciencia, al negar la existencia de la ciencia trascendental en el orden intelectual humano, aunque la afirmara en el orden intelectual absoluto.
 
José Martí fue definido por el intelectual Rodríguez-Embil como místico práctico y realista activo; pero de modo muy particular afirmó que el autor de “Versos Libres” es “de tradición y cultura occidentales, de cepa teresiana y española. Como tal, una de las fuerzas mayores de este mundo”. Ningún otro autor llegó tan lejos en profundidad y precisión, por cuanto, ha limitado su formación y proyección filosófica al mundo occidental, lo que resulta muy acertado, y es justamente por la su exquisita formación en tierras españolas que podemos afirmar de modo categórico y sin temor a errar, que Martí es occidental en su pensamiento intuitivo y por su profundidad filosófica, pero un español de pura cepa, no solo por lo que le llegaba de sus padres, sino porque supo asumir y asimilar la esencialidad de lo mejor del pensamiento filosófico y político de su tiempo durante su estancia en la península.   

Independientemente del dominio que tenía Martí de las enseñanzas del oriente, es genuinamente occidental en su pensamiento especulativo, tanto en lo formal o estilístico, lo que él llamó esencia, como en su contenido; pero apreció además aquella fuerza española, que no solo le llegó a través de sus estudios universitarios en aquel país, sino por su profundización en autores poco usuales, como es el caso de Jaime Balmes, o por la fuerte influencia del Krausismo español.*


           


Avenida José Martí, en las proximidades del puerto de Santa Cruz de Tenerife, capital de Tenerife, Islas Canarias.

Pudiera resultar paradójico que José Martí, cuyos padres fueron españoles, y que además pasó varios años en la península, en los que no solo se graduó de dos carreras universitarias, sino que fue allí, justamente donde se orientara su pensamiento filosófico, al propio tiempo jugara un papel determinante en la gesta independentista cubana del final del siglo XIX contra el dominio español, algo que de manera sabia logra explicarnos la citada autora de “Un verano en Tenerife”. Según Loynaz, Martí jamás negó a España, sino que la amó, “cuando el amor podía dolerle”, y donde experimentó dicha y felicidad, “algunos días de felicidad, quizás los únicos que contó como suyos. No serían muchos, pero si bastantes para hacerle decir”…, y ahora cita los versos martianos: “Allí rompió su corola, la poca flor de mi vida”.
 
Y nos sorprende sobremanera que andando por las viejas calles de las cercanías del puerto de Santa Cruz de Tenerife nos encontremos una humilde calle que lleva el nombre del extraordinario cubano que, aunque pasen los años y los siglos, seguirá erguido, cual verdadero Arcángel luminoso para inspirar a sus hijos, no solo a los de Cuba y Tenerife, las dos islas a las que se refiere la poetisa, sino a todos los hombres del mundo, a quienes dejó su doctrina de amor y de fe.   


*El Krausismo, a pesar de sus raíces alemanas, fue un movimiento intelectual y filosófico limitado a España, desarrollado a partir de las ideas de Krause presentadas en este país por su discípulo directo, el jurista y profesor universitario Julián Sanz del Río. Si bien en tierra alemana no tuvo trascendencia alguna, en España tuvo gran arraigo. El krausismo se basaba en la interpretación de las obras de Karl Krause, quien defendía un panteísmo inspirado en el idealismo alemán y en Spinoza. Krause logró sintetizar desde el punto de vista metafísico la moral de los ideales humanitarios; pero matizados por el misticismo, de ahí la similitud de la perspectiva martiana en este sentido, toda vez que este autor ejerció su impronta en José Martí, como tal vez, ningún otro autor.
 
**Mi gratitud a los nuevos amigos de Tenerife, Dácil Cabrera y Julián Viera, quienes me llevaron a recorrer sitios de interés en Santa Cruz de Tenerife, tras las huellas de Doña Leonor, y a Claudio Godo, quien se ocupó de seguir al Apóstol desde Madrid, los que a su vez fueron los fotógrafos para este trabajo.





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Enero 26, 2018, 03:06:26 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                           «Es muy difícil conocerse a sí mismo, al intentarlo
                              surgen aspectos ocultos que nos incomodan»

                                                  por antonioguerrero

La psicóloga Camen Durán defiende que hay que fomentar valores como la comprensión, la compasión o el respeto


           


Carmen Durán considera que la benevolencia –querer el bien para uno mismo y para los demás, aceptar plenamente a alguien, no juzgar, no condenar ni a los demás ni a nosotros mismos–, es una capacidad del ser humano que pierde fuerza en nuestra sociedad. «Por eso decidí escribir mi último libro: "La benevolencia. El camino del corazón", con el objetivo de concienciar sobre su importancia de este asunto para poder vivir en un mundo mejor».

Explica que todas las personas tenemos la capacidad de ser benevolentes, «lo que ocurre es que la educación actual no la potencia, se inclina más por fomentar la competitividad, por quererse bien a uno mismo, sí, pero solo de forma muy egocéntrica».

¿Cómo se puede cambiar este enfoque, que cada vez es más patente?

La primera escuela para un niño es la familia, aunque se requiere una acción conjunta de centros escolares y padres. Estos deben tener conciencia de que no es tan importante que su hijo sea el mejor de la clase como que sea feliz y desarrolle valores humanos de solidaridad, de compasión, de compresión... Lo que ocurre es que, a veces, el narcisismo de los padres y el desear que los hijos alcancen las metas que ellos no lograron interfiere y ejerce una presión muy grande.

¿Qué consecuencias tiene este empeño de los padres?

Que sus hijos se crean el centro del universo y no vean ni valoren a nadie más en su entorno.

¿Es un reto imposible formar alumnos benevolentes? ¿Cómo se vende ahora que no formen al niño más listo, sino al más feliz?

Cada vez más escuelas toman cierta conciencia y ponen en marcha prácticas que fomentan la cooperación. Con ellas, además, los problemas de violencia escolar se solucionan mejor porque los alumnos trabajan unidos, en equipo. Pero para ello, insisto, hace falta mayor concienciación del mundo docente.

«Cambiar las condiciones de vida, en realidad no sirve de nada si una persona no cambia internamente»

Para quererse más a uno mismo hay que hacer una reflexión profunda hacia el interior del propio ser. ¿Por qué cuesta tanto este ejercicio?

Hay quien dice que el conocimiento de uno mismo nunca es una buena noticia. Y tiene parte de razón. Es muy difícil conocerse a uno mismo porque al intentarlo surgen aspectos que hemos negado y ocultado porque nos han incomodado y el entorno desaprueba. Se tiende a olvidarlos, puesto que es complicado volver a encararlos.

¿Por qué se suele recurrir a esa mirada interior cuando la persona tiene una crisis existencial?

Porque cuando se está feliz nadie se preocupa por plantearse quién soy y qué me está pasando porque no le interesa en ese momento, ya que se siente pleno con otras cosas.

¿Cómo podemos conocernos mejor?

Los asuntos humanos y psicológicos no están divulgados. Ahora mismo, para hacer un proceso de este tipo hace falta un psicoterapeuta. No tendría que ser así si hubiera acceso a un conocimiento generalizado sobre este asunto y fuera, por tanto, más sencillo responder a cuestiones como qué está pasando o qué salidas hay... Este hueco lo intentan suplir libros de autoayuda, pero plantean soluciones muy rápidas que no funcionan porque se trata de asuntos muy complejos.

«La educación actual se inclina más por fomentar la competitividad, por quererse bien a uno mismo, sí, pero solo de forma muy egocéntrica»

¿De qué manera logran, entonces, la información necesaria?

En libros especializados y reflexivos, en cursos de meditación que no implican la asiduidad de una terapia, pero que aportan pequeñas guías en el camino.

En su libro apunta que si no hay un cambio interior, los problemas seguirán repitiéndose: «Cambiar el ser es cambiar nuestra vida, pero cambiar nuestra vida no es cambiar nuestro ser». ¿Somos realmente conscientes de esta afirmación tan evidente?

No, la verdad es que no. Cambiar las condiciones de vida, en realidad no sirve de nada si una persona no cambia internamente. Se volverán a repetir los mismos problemas o circunstancias.

¿Es muy difícil cambiar internamente?

-Sí. Para ello hay que disponer de herramientas que tienen que ver con lo psicológico, con el desarrollo de la dimensión espiritual y del conocimiento de uno mismo. Son temas que no están presentes en la educación actual. La filosofía, por ejemplo, es una asignatura que está erradicada de la enseñanza básica. En la universidad, en el terreno de la Psicología no se aborda tampoco. Resulta, por tanto, muy complicado plantearse «quién soy yo» sin saber qué somos.

¿Las nuevas generaciones lo tienen más complicado en este aspecto?

Desde luego, no van a poder reflexionar sobre estas nociones porque se ha ido tecnificando cada vez más la enseñanza. Nos vamos deshumanizando en este sentido. Hay que darse cuenta de que estas materias son muy importanates para el desarrollo completo de las personas y, por ello, resulta necesario incluirlas en la educación y cultura.

¿Por qué nos cuesta tanto reconciliarnos con nosotros mismos ante estos problemas ocultos?

A menudo nuestro ideal del yo está muy lejano de nuestra realidad y hemos hecho grandes esfuerzos por mantener un ideal que de repente deja de servirnos. Es como cuando estás mal en una empresa y te quieres ir, pero al final te quedas esperando a que te echen y den una indemnización, aunque tengas oportunidades de ir a otra compañía. Aquí pasa lo mismo, se piensa en no renunciar a un ideal porque, a lo mejor, se puede cumplir en algún momento y si renuncio a él se cree que ya nunca más se va a cumplir.

Fuente:
http://www.abc.es/familia/educacion/abci-dificil-conocerse-si-mismo-intentarlo-surgen-aspectos-ocultos-incomodan-201801162109_noticia.html

antonioguerrero | enero 22, 2018 en 1:20 pm | URL: https://wp.me/p5OYFZ-lC


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Enero 19, 2018, 01:26:06 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.


                          La filósofa que combatió el nazismo, Hannah Arendt.
                                               por antonioguerrero


                     La franqueza desgarradora de la pensadora ha superado un millón
                           de visitas en una entrevista en la que habla del pasado y las ideas



               


Cuando estábamos a punto de tirar la toalla y aceptar que en las redes sociales los destinados a triunfar eran, en el mejor de los casos, los vídeos de gatitos, Hanna Arendt llega para demostrar, no solamente que cabalga después de muerta, filosóficamente hablando, sino que la historia, la política y el pensamiento de calidad sobreviven en el nuevo mundo surgido de internet, apenas se les haga un pequeño espacio.

Este vídeo, contiene una entrevista a la filósofa realizada en 1963 por el periodista Günter Gaus y que no había vuelto a ver la luz desde que fue emitida por la televisión alemana, ha superado en Youtube el millón de visualizaciones. Sus traducciones a diferentes lenguas, como el español, también cosechan éxito de espectadores, poniendo de manifiesto las ansias de profundidad y de testimonios fidedignos por parte de los internautas del siglo XXI, a los que Arendt anima a la autocrítica: «No encuentro patriótico a quien ama tanto a su pueblo que se siente obligado de por vida a pagarle el tributo de la adulación». También previene contra el consumismo: «Hoy, el ciclo de trabajo y consumo arroja al hombre contra sí mismo, porque esas dos actividades ocupan en su vida todo el espacio que debería ocupar lo autenticamente relevante».


               


«No encuentro patriótico a quien ama tanto a su pueblo que se siente obligado de por vida a pagarle el tributo de la adulación»

Resulta difícil imaginar que diría hoy Hannah Arendt si supiera lo lejos que llegan sus palabras. Ella, que justificaba su obra escrita explicando: «No me preocupa la influencia que puedan tener mis obras, lo que me preocupa es comprender y escribir forma parte de comprender, forma parte del proceso. Si tuviera la posibilidad de recordar todo lo que pienso, posiblemente no habría escrito nada. Cuando logro desarrollar un pensamiento necesito además expresarlo adecuadamente a través de la escritura. Si después otros comprenden en el mismo sentido que yo, es una doble satisfacción, un sentimiento de liberación y de sentirme como en casa».

Su franqueza gusta a las redes

Su cruda franqueza se adapta con facilidad al tipo de comunicación que requieren las redes y su falta de corrección política resulta de lo más actual, como cuando afirma que «hay determinadas ocupaciones que no son para las mujeres. Cuando una mujer empieza a dar órdenes, eso no tiene buen aspecto, debiera intentar no llegar a tales posiciones si le importa seguir siendo femenina. Personalmente, nunca me ha importado».

Aunque para los internautas alemanes, seguramente lo más valioso de su pensamiento es el testimonio de experiencia de unos años de los que a menudo sus padres y sus abuelos han preferido no hablar demasiado. «Nunca me habían interesado la historia ni la política, pero en 1933 no era posible ya esa indiferencia. El 27 de febrero de 1933, el incendio del Reichstag y todas aquellas detenciones ilegales aquella misma noche, la llamada “detención preventiva”, llevándose a la gente a los sótanos de la Gestapo… lo que se desencadenó aquella noche fue monstruoso y a menudo queda ensombrecido por lo que vino después. Pero para mí supuso una conmoción inmediata y desde ese momento sentí una responsabilidad, pensé por primera vez que no podía quedarme al margen», relata sobre su toma de conciencia política.

Infancia de otro planeta

Los recuerdos infantiles de Hannah Arendt parecen no de otra época, sino de otro planeta. Cuenta cómo creció leyendo a Kant, a Jaspers, a Kierkegard… y para desengrasar poesía griega clásica que todavía en 1963 recitaba de memoria con soltura. «Yo no supe por mi familia que era judía. Mi madre no era religiosa, mi padre murió muy pronto… Mi abuelo era presidente de la comunidad Judía Liberal de Königsberg y me topé por primera vez con la palabra “judío” por los insultos antisemitas de otros niños en la callle. Después fui ilustrada al respecto y, con el tiempo, se convirtió en una cuestión esencial de mi identidad, igual que, todavía en mayor medida, para mi madre. Me considero judía y no me considero alemana», rememora.

«Yo no supe por mi familia que era judía, me topé por primera vez con la palabra “judío” por los insultos antisemitas de otros niños en la callle»

El profesor de culturas digitales de la Universidad de Luneburgo Götz Bachmann, considera que «la entrevista triunfa en Youtube porque es un documento increíble, porque mezcla un gran poder intelectual y una honestidad desgarradora», sugiriendo cuánto pensamiento valioso se perderá en la era digital por el simple hecho de no estar grabado en vídeo.

«Las experiencias de antisemitismo envenenaron el alma de muchos niños», dice en un lúcido recordar de sus primeros años, «la diferencia, en mi caso, es que mi madre era partidaria de no humillarse, de defenderse. Cuando los profesores humillaban a otras niñas, especialmente judías del este, yo tenía instrucciones de levantarme inmediatamente, abandonar el aula y marcharme a casa. Debía informar de lo ocurrido y mi madre, entonces, escribía una de sus muchas cartas de protesta. Yo me quedaba un día sin colegio y aquello me parecía estupendo. Si los comentarios venían de otros chicos, en cambio, no se me permitía quejarme en casa. Tenía que defenderme yo sola. Por eso nunca me afectó demasiado, porque disponía de unas normas de conducta que preservaban mi dignidad. Me sentía completamente protegida».

«La conmoción llegó por la uniformización, no por lo que hicieron nuestros enemigos, sino por lo que hicieron nuestros amigos…»

Hanna confiesa que desde 1931 estaba convencida de que los nazis llegarían al poder, pero precisa que no fue ese el motivo de mayor conmoción para los judíos. «Desde hacía al menos cuatro años era evidente que la mayor parte de los alemanes estaba contra nosotros, ¡no necesitamos que Hitler llegase al poder para eso!. La conmoción llegó por la uniformización, no por lo que hicieron nuestros enemigos, sino por lo que hicieron nuestros amigos…».

En sereno tono de reproche subraya que «la uniformización comenzó como algo voluntario, no como consecuencia del terror. Fue como si en torno a nosotros se abriese un espacio vacío. Yo vivía en un mundo de intelectuales, pero conocía también a personas de otros medios. Y pude comprobar que esa uniformización se extendió mucho antes entre los intelectuales que entre personas de otros medios. Y eso nunca he podido olvidarlo. Abandoné Alemania pensando que nunca más me metería en cosas intelectuales, nunca más quería estar entre semejante gente. No lo sigo pensando con la misma intensidad, pero si tenemos en cuenta que pertenece a lo intelectual el forjar ideas sobre el otro, el hecho de que los intelectuales se uniformasen y forjasen esa idea sobre Hitler resulta, sencillamente, grotesco. Los intelectuales alemanes cayeron en la trampa de sus propias ideas».

«Así supe de Auschwitz»

Tenía 23 años cuando huyó de Alemania. El presidente de la organización sionista la buscó para realizar un trabajo de recopilación, un compendio de todas las expresiones racistas y segregacionistas que se estaban infiltrando en la sociedad alemana a través de la nueva legislación de profesiones. Se trataba de un trabajo ilegal y no quería que ningún sionista se ocupase personalmente de ello porque, en caso de caer, caería con él toda la organización. Debido a esta tarea fue arrestada y pasó ocho días en prisión, tras lo cual abandonó el país de forma ilegal y no regresó hasta 1949. Exiliada en Francia, relata sus trabajos de apoyo a los refugiados alemanes, arrojando excelsa luz sobre la actual polémica por los refugiados en Alemania, y cuenta cómo, ya viviendo en EE.UU., supo acerca de Auschwitz. «Fue en 1943. Mi marido y yo no nos lo creímos... Sabíamos que esa tropa era capaz de lo peor, pero mi marido repetía que tan lejos no podían llegar. Medio año después sí que lo creímos porque vimos pruebas. Y fue como si el abismo se abriese. Todo lo demás podía asimilarse. Eso no».

Fuente:

http://www.abc.es/cultura/libros/abci-filosofa-combatio-nazismo-hannah-arendt-estrella-youtube-201801100128_noticia.html

antonioguerrero | enero 15, 2018 en 1:19 pm | URL: https://wp.me/p5OY



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Enero 14, 2018, 03:31:01 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas filosóficos.

                             Sobre la existencia o no de Dios, una vez más…
                                       Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.-


                               “Es absolutamente necesario persuadirse de la existencia de Dios;
                                                         pero no es necesario demostrar que Dios existe”.
                                                                                                  Immanuel Kant.



               


Santa Cruz de Tenerife. España.- La idea acerca de la necesidad de los hombres de tener una concepción sobre el origen de su existencia, y de modo muy particular, qué o quién pudo ser su creador, es algo que se nos pierde en un remoto pasado.

Todas las civilizaciones, culturas, tradiciones, sistemas filosóficos, y religiones, han hecho, de una u otra forma, con mayor o menor énfasis, referencia a la idea de la existencia de un Ser más allá de toda existencia, y que, sin embargo, es la mayor de las existencias, más allá de lo concebible, y sin embargo formulado, conceptualizado y establecido, más allá de lo terrenal, y al propio tiempo dador de todo cuanto existe y existirá en la tierra.

A este Ser Supremo se le ha dado indistintamente el nombre de Dios, Divinidad, Deidad, Gran Arquitecto, Demiurgo, entre otros tantos calificativos. No obstante, desde los orígenes mismos de la especulación el hombre, tan necesitado de saber acerca del origen de su posible existencia, ha tenido que enfrentarse a múltiples problemas filosóficos, de los cuales el de mayor complejidad es, sin duda, la ausencia de pruebas demostrables sobre la existencia de dicho Ser Supremo, algo que no ha sido tan difícil respecto a probar la existencia de los redentores de la humanidad, a los que se les ha asociado a dicho Ser, por cuanto, las religiones sostienen que son sus hijos o Avatâras, esto es, su propia expresión en cuerpo humano o su encarnación.

Pero dejemos el tema de los Avatâras de la Divinidad a un lado – no porque carezca de valor, sino porque lo abordaré en otro momento-, y fijemos nuestra atención en la idea de la posibilidad de la existencia de un Ser superior, anterior a todo lo manifestado, cuya razón de ser es nuestra propia existencia.
 
¿Qué pruebas tenemos acerca de la existencia de Dios? Las mismas que no tenemos sobre su inexistencia. Sin embargo, afirmar que existe en ausencia de pruebas que lo demuestren es mucho más criticado por aquellos que, dejados arrastrar por un acérrimo escepticismo, ponen en duda el nivel intelectual de los que han llegado a ciertas conclusiones acerca de la necesidad de una entidad que garantice el orden, la simetría y el equilibrio del Universo.
 
En cambio, afirmar categóricamente que Dios no existe, y no tiene sentido la razón de ser de su existencia, es menos criticable, a pesar de que no hay nada que pruebe su inexistencia – el no haber sido visto o escuchado, esto es percibido, desde el punto de vista sensorial, al menos científicamente, no significa que no exista-. No obstante, un grupo significativo de personas se acogen a la idea de que no puede haber una existencia que no haya sido demostrada objetivamente.

Surgen entonces otras interrogantes. ¿Podrá ser posible que a través de los siglos millones de hombres hayan podido errar al afirmar su existencia? ¿Somos quiénes para cuestionar la sinceridad de un grupo considerables de hombres sabios y devotos que al parecer han conquistado determinados estados de autorealización espiritual como para poder percibir su presencia más allá de las sensopercepciones comunes de los humanos? ¿Es que acaso no nos damos cuenta que las afirmaciones científicas acerca de la existencia de una inteligencia para el Universo no son más que la aceptación científica de la realidad de Dios?
 

               


Arash Arjomandi, quien es filósofo y profesor de la Escuela Universitaria Salesiana de Sarrià, EUSS, (UAB), ha afirmado recientemente que “el tema de Dios ha sido, en la historia de la filosofía, un problema por cuanto no se ha podido aportar ninguna prueba racional de su existencia o de su ausencia que no haya sido razonablemente refutada”, algo muy cierto, toda vez que siempre que se ha hecho referencia al controversial asunto se llega a lo que pudiéramos considerar un punto muerto: ausencia de elementos sustanciales concretos que puedan demostrar su existencia o no.
 
Veamos desde el punto de vista filosófico, sin entrar en detalles acerca de la existencia de una filosofía para cada sistema religioso, que se supone sea su propio sustento, ni en los pormenores especulativos que desde el punto de vista religioso se pretenden dar sobre el polémico tema que nos ocupa, es decir, que dejaré la idea de la aceptación de la realidad de Dios por un acto místico de verdadera fe, para dar paso a un análisis especulativo desde el punto de vista filosófico propiamente dicho.
 
El propio profesor Arjomandi ha afirmado que “el argumento ontológico, que afirma que un Ser cuya grandeza sea de tal magnitud que no pueda pensarse ningún otro ser por encima de él debe, necesariamente, existir, pues de no existir podría pensarse en otro Ser superior a él por cuanto ese otro Ser, además de ser pensado, tendría una propiedad más: la existencia”.

Este argumento ontológico está basado en la concepción de una existencia necesaria, una existencia que sería, por tanto, imposible negar, toda vez que su propia negación presupone la existencia de otro Ser Supremo por encima de su propia existencia.
 
Este primer argumento resulta diferente de las demostraciones cosmológicas y físico-teleológicas, las que también resultan necesarias considerar al hacer un análisis especulativo sobre la existencia o no de Dios. Los lectores podrán remitirse a los argumentos ontológicos fundamentados por Descartes y Anselmo, considerados paradigmas en este sentido, aunque lo trataré próximamente en lo que sería una continuidad de este escrito.
 
Para Kant la prueba ontológica de Dios descansa sobre el supuesto de que la existencia es una propiedad analítica, y que ésta es una propiedad positiva del ens realissimum, sin embargo, para él ésta proposición es errónea. Kant hizo un detallado y profundo análisis sobre el argumento ontológico; aunque finalmente consideró que dicho argumento carece de validez objetiva, sin embargo desde el punto de vista práctico es importante.

En este argumento se considera a Dios como el ser supremo “(ens summun); aquí pienso a Dios como un ser que tiene toda realidad, y deduzco, precisamente del concepto de un ens realisimum tal, y de sus atributos, la originariedad y la necesidad absoluta del mismo; este concepto de Dios como ens maximum  es el fundamento de la ontoteología”.
 
Entonces llegamos a un punto en el que nuestra encrucijada adquiere dimensiones inusitadas, por cuanto, un ens realissimum, se considera un ser de tal magnitud que contiene en sí todas las realidades, y si la existencia es una realidad, entonces el ens realissimum también tiene que existir como necesidad para el sustento de dicha realidad.
 
Negar categóricamente la existencia de Dios es atrevido, por cuanto, cabe la posibilidad de negar nuestra propia existencia, y todo parece indicar que existimos como realidades aparentemente aisladas, esto es, con cierta independencia, pero además como partes integrantes de Aquella Realidad Indivisa que algunos se han empeñado en negar.
 
Recordemos la enseñanza de Kant en este sentido: “Si algo existe, sea lo que sea, hay que admitir que algo existe de modo necesario. En efecto, lo contingente sólo existe bajo la condición de otra cosa que sea causa suya. A ésta se aplica, una vez más, la misma conclusión, hasta llegar a una causa que no sea contingente y que, por ello mismo, exista necesariamente sin condición alguna”.

                                            (Continuará)


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 Acerca de mí

Dr. Alberto Roteta Dorado. Cienfuegos, Cuba. Graduado de doctor en medicina, especialista en Medicina General Integral y Pediatría por el Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara y de Máster en Ciencias, especialista de segundo grado en Endocrinología y de segundo grado en Medicina General Integral por la Universidad Médica de Cienfuegos. Ejerció su profesión de médico por más de veinticinco años en Cuba. Profesor auxiliar de Pediatría y Endocrinología, se dedicó al magisterio por más de veinte años. Ha realizado estudios de filosofía, teología, antropología y teosofía. Presidió en su ciudad natal la Fundación Cultural “Oasis Teosófico-Martiano” desde 1993 hasta su salida de Cuba en 2014. Actualmente presidente de honor de dicha institución. Dictó conferencias sobre temas martianos y filosóficos en diferentes instituciones cubanas como: Fundación Cultural “Oasis Teosófico-Martiano”, de Cienfuegos, “Memorial Presidente Salvador Allende”,  de La Habana, entre otras.  Tiene inéditos dos libros de ensayos sobre el sentido de la religiosidad y el pensamiento filosófico de José Martí. Colaborador de medios de prensa como Cubanet, Noticias de Cuba. Ha visitado varios países de América: Perú, Ecuador, Colombia, Costa Rica y Panamá. Radicado en Estados Unidos de Norteamérica.





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