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Sumario de Temas

Publicado por: Dr. Alberto Roteta Dorado
« en: Mayo 05, 2019, 09:07:18 am »

                     ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS.
                             Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

                               VENEZUELA: ESPERANZAS Y FRUSTRACIONES -I-

 
                   


La situación política de Venezuela se tornó mucho más crítica a partir de la llegada al poder de Nicolás Maduro, el hombre puesto al frente de la nación por su predecesor, el dictador Hugo Chávez, previa consulta y aprobación final y/o determinación por parte del régimen comunista cubano, que como se sabe, rige los designios de la nación venezolana desde los inicios de Chávez en sus andanzas socialistas de aparente nuevo tipo.

Hacia el final de 2016, a solo tres años con Nicolás Maduro en la presidencia, la patria de Bolívar pasó del estado de crisis a la condición de caos, lo que hasta el presente no ha logrado superarse, y jamás, mientras se mantenga el régimen chavista en el poder, esta condición se revertirá. Por estos días varios hechos estremecieron los débiles cimientos de un madurismo forzado, lo que contribuyó a fortalecer el mayor descrédito de su deshonrosa gestión como gobernante.

Antes de finalizar el 2016 los cuatro países fundadores de Mercosur, el bloque comercial más importante de Sudamérica, Uruguay, Argentina, Paraguay y Brasil, determinaron suspender a Venezuela de sus derechos como miembro pleno del bloque, luego de haberse cumplido el plazo de tres meses dado para que Venezuela incorporara a su legislación una serie de disposiciones legales de tipo económico, aunque en realidad mezclaron ciertos asuntos de naturaleza política y de derechos humanos, aspecto en el que insistió el canciller de Brasil a través de un comunicado en el que valoró el respeto a los derechos humanos hasta tanto se convenga con al país suramericano las condiciones para restablecer el ejercicio de su derecho.

En septiembre de dicho año -en medio de una tensa situación sociopolítica y un descontento generalizado del pueblo venezolano con el régimen de Nicolás Maduro- tuvo lugar la celebración de la XVII Cumbre del Movimiento de los Países No Alineados (MNOAL), lo que constituyó un verdadero fracaso que estremeció al chavismo desde el punto de vista de su influencia regional.

El evento se realizó bajo una gran tensión ante la dramática situación política de este país, lo que alcanzó su clímax con la histórica Toma de Caracas por parte de los movimientos opositores. El temor a las protestas populares que podrían ocurrir en medio de la cita llevó a que Nicolás Maduro desplegara a 14.000 hombres armados de la seguridad nacional venezolana para controlar a los 550.000 habitantes de la isla Margarita, sitio donde tuvo lugar el evento.

Las continuas manifestaciones en Caracas y otras importantes localidades venezolanas para exigir el revocatorio al presidente, contribuyeron al refuerzo del control y de la militarización de las calles de la isla, lo que no impidió que los pobladores dieran toques de cacerolas durante todas las noches de la fracasada cumbre; aunque Nicolás Maduro en medio de su conocida ignorancia y de su estado de enajenación la calificó como exitosa. De los 120 países miembros, apenas asistieron quince presidentes y tres decenas de delegaciones, lo que contradice los conceptos de Maduro, y en cambio, demuestra la crisis política del MNOAL y el estado de aislamiento en que quedaba el país suramericano.

Pero donde más se aprecia el efecto devastador del chavismo es en el desastre de su economía.  El país obtiene casi el 95% de sus ingresos en el exterior del sector petrolero. La producción de crudo, actualmente representa más del 90 por ciento del ingreso en divisas de Venezuela, lo que ha caído más del 60 por ciento en una década. En diciembre de 2016 insistí en que de no hacerse determinados cambios estructurales en beneficio del país, lo que presupone un giro de 180 grados, la economía venezolana colapsaría por completo, como efectivamente ha sucedido, toda vez que llegó a estados límites con el nivel de inflación más alto del mundo.

En tan solo dos años dicho nivel de inflación pasó de 500% (ya por ese tiempo, la mayor del mundo) a 1’698.844,2 % (sigue siendo la más alta del mundo, según el Fondo Monetario Internacional). La inflación interanual, entre enero de 2018 y 2019, se ubicó en 2’688.670 %, siempre según datos de la Cámara, de contundente mayoría opositora; aunque la Asamblea Nacional, ante la ausencia de cifras oficiales del gobierno madurista, reportó al cierre del 2018 la cifra de 1’299.724%.

Hacia el final de 2018 el Dr. Javier Antonio Vivas Santana, investigador y docente de origen venezolano, con un profundo sentido visionario expresó:

“El país no tiene posibilidades de recuperarse con Maduro en el poder. Es simple. Maduro sale de la presidencia de la República, o nuestra nación irá inexorablemente hacia la autodestrucción. Ese es el futuro, aunque no puede descartarse que tanto el pueblo como la fuerza armada, auténticamente patriota y libertadora, eviten la muerte de Venezuela. El 10 de enero con Maduro en el poder Venezuela entrará en la hambruna del siglo XXI. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea”.

Con lo que se anticipó teóricamente a lo que más tarde Juan Guaidó, el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, fuera capaz de concretar como acto, esto es, las premisas para la instauración de un necesario gobierno de transición que conduzca al restablecimiento del orden constitucional y al renacer de la democracia mediante elecciones libres y transparentes. 

“El 10 de enero con Maduro en el poder Venezuela entrará en la hambruna del siglo XXI (…) Quien tenga ojos que vea”. La entrada triunfal de Juan Guaidó a la escena política de Venezuela.

Luego de una etapa de múltiples manifestaciones pacíficas, en las que la oposición jugó un papel determinante, el régimen de Nicolás Maduro logró mantenerse por la fuerza en el poder. Unas adelantadas “elecciones” parlamentarias, la imposición de la polémica Asamblea Nacional Constituyente -ya se había manipulado previamente al Tribunal Supremo Electoral-, y lo peor, unas fraudulentas elecciones presidenciales, han sido las principales herramientas del chavismo en sus intentos de legitimar la permanencia de Nicolás Maduro en el poder como figura política que garantice la continuidad del chavismo.

Una nueva etapa en la lucha por el derrocamiento del régimen venezolano comenzó justamente con el inicio del 2019. El 10 de enero se supone que se iniciara el segundo período presidencial del dictador Nicolás Maduro, fecha que pudiéramos considerar como símbolo del resurgir de las luchas emancipadoras del pueblo venezolano. Esta vez con una peculiaridad poco común: un joven casi desconocido, aunque con una trayectoria política destacada contra el chavismo desde sus tiempos de estudiante universitario, apareció en la escena política venezolana para convertirse en la figura clave de este nuevo momento histórico.

Juan Guaidó es el presidente interino de Venezuela. Su puesto como presidente del Parlamento le ofrece una connotación trascendental que ya es parte de la historia nacional y regional. Según la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999, en su Capítulo II- Del Poder Ejecutivo Nacional, Sección primera, del Presidente o Presidenta de la República, Artículo 233:

“Serán faltas absolutas del Presidente o Presidenta de la República: su muerte, su renuncia, o su destitución decretada por sentencia del Tribunal Supremo de Justicia; su incapacidad física o mental permanente certificada por una junta médica designada por el Tribunal Supremo de Justicia y con aprobación de la Asamblea Nacional; el abandono del cargo, declarado como tal por la Asamblea Nacional, así como la revocación popular de su mandato. Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional. Si la falta absoluta del Presidente o la Presidenta de la República se produce durante los primeros cuatro años del período constitucional, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Vicepresidente Ejecutivo o la Vicepresidenta Ejecutiva. En los casos anteriores, el nuevo Presidente o Presidenta completará el período constitucional correspondiente. Si la falta absoluta se produce durante los últimos dos años del período constitucional, el Vicepresidente Ejecutivo o la Vicepresidenta Ejecutiva asumirá la Presidencia de la República hasta completar dicho período”.

Lo que visto literalmente no permite o justifica la presencia del presidente de la Asamblea Nacional como presidente del país. No obstante, teniendo en cuenta que esta nueva etapa de Nicolás Maduro se considera ilegítima por parte de dicha Asamblea Nacional, amén del medio centenar de gobiernos de todas partes del mundo que determinaron desconocer al desgobierno de Maduro, entonces la determinación de Juan Guaidó adquiere toda la legalidad posible, por cuanto: “Serán faltas absolutas del Presidente (…) el abandono del cargo, declarado como tal por la Asamblea Nacional, así como la revocación popular de su mandato”.

El desconocimiento y la ilegitimidad permiten declarar que en Venezuela no hay presidente. La figura presidencial bajo la investidura de Nicolás Maduro dejó de existir a partir del 10 de enero. Como ya cité antes: “Es simple. Maduro sale de la presidencia de la República, o nuestra nación irá inexorablemente hacia la autodestrucción”, como bien nos anticipó el joven investigador venezolano que ha resistido estoicamente los embates del chavismo.

Ante esta situación de caos el presidente de la Asamblea Nacional asume el poder del país pues no existe presidente electo, al menos de modo transparente y libre, sino por imposición y manipulación, y sin la confiabilidad de observadores dignos, elemento que Guaidó supo exponer muy bien antes de que Nicolás Maduro llegara a juramentarse para iniciar su segundo mandato, es decir, desconociendo su nuevo período a partir de unas dudosas elecciones, consideradas también ilegítimas y sin reconocimiento por parte de instituciones como la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Grupo de Lima (GL), y con el respaldo de gran parte de la comunidad internacional.

Este desconocimiento del presidente es, sin duda, la principal premisa subjetiva para la intervención de Juan Guaidó. De ahí que el presidente interino asumió el mando del país de modo eventual hasta tanto se pueda establecer un gobierno transitorio previo a la realización de elecciones libres y transparentes. Se trata de una asunción del poder y no de una autoproclamación como suele decirse con frecuencia, ya sea de manera intencionada para desacreditarle ante el mundo, algo que continuamente se hace desde Cuba, el epicentro del comunismo latinoamericano, o desde la propia Venezuela por parte de las diezmadas fuerzas chavistas; pero también por parte de algunos medios de prensa, incluidos los de Estados Unidos y de algunos países de Europa, los que, en su ignorancia y en el afán de publicar por publicar con la inmediatez y dinamismo propios de estos tiempos, hacen gala de errores conceptuales que al final ejercen una maléfica influencia en los receptores de sus reportes y comentarios.

Pero si esto no fuera suficiente aún para comprenderse el difícil asunto de la asunción del poder presidencial por parte de Juan Guaidó como figura máxima del parlamento venezolano, entonces hemos de acudir al Artículo 232 de la Carta Magna venezolana en la que se expresa:

“El Presidente o Presidenta de la República es responsable de sus actos y del cumplimiento de las obligaciones inherentes a su cargo. Está obligado u obligada a procurar la garantía de los derechos y libertades de los venezolanos y venezolanas, así como la independencia, integridad, soberanía del territorio y defensa de la República. La declaración de los estados de excepción no modifica el principio de su responsabilidad, ni la del Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, ni la de los Ministros o Ministras, de conformidad con esta Constitución y con la ley”.

Lo que ha olvidado Nicolás Maduro, o desconoce, dadas sus severas limitaciones intelectuales como para detenerse a revisar artículos de la Constitución, y sobre todas las cosas, interpretar el contenido de dichos artículos. Como todos saben Nicolás Maduro jamás ha garantizado los derechos humanos de una nación que ha sufrido como ninguna en la región los efectos devastadores de un régimen opresor que ha lanzado a su ejército, amén de los centenares de agentes encubiertos y civiles de las fuerzas represivas chavistas contra el pueblo venezolano, sin olvidar que ha permitido y facilitado la injerencia del régimen castrista desde hace casi dos décadas, y de los rusos en los últimos meses, con lo que viola “la independencia, integridad, soberanía del territorio y defensa de la República”.

CONTINUARÁ....